viernes, 14 de agosto de 2026

Gracias C. por abrirte a mí

Echaba de menos sentir que tengo la confianza de un peque y poder ayudarles si tienen problemas.
Iago (Petauroak)



Echaba de menos la sensación de que estoy ayudando a los niños, el saber que puedo cuidarlos, que puedo aportarles, que mi lugar aquí es cuidarlos y darles las herramientas que yo no tuve.

Hoy C, una niña con la que estuve hablando todo el día, en el momento de llamadas discutió con el novio y estaba mal. Y cuando fui a hablar con ella habló conmigo, se desahogó, confió en mí... Y es bonito, que alguien confíe en ti es bonito, es bonito que alguien se atreva a ser frágil contigo. Esa confianza... esa confianza que como director no soy capaz de alcanzar con los acampados es lo que más echaba de menos. Porque es ahí, en ese puente que se tiende entre monitor y peque, donde esa confianza te permite romper cualquier barrera y tú puedes contarle tus vulnerabilidades y ella puede contarte las suyas, construyendo un lugar seguro de confianza en el que ambos dais porque ambos recibís y ambos os sentís bien y capaces de hablar de cualquier cosa y ser escuchados.

No tengo las soluciones para los problemas de nadie, lo sé muy bien y tampoco lo pretendo, pero lo que sí puedo hacer es tratar de brindarles todas las herramientas que yo no tuve y que fui aprendiendo a lo largo de los años. Y quizás, entre todo ese aprendizaje, alguna vez, a lo largo de la vida, recuerde alguna de mis palabras y ese acto de recordarlas le permita enfrentarse a situaciones que sin nuestras conversaciones quizás no podría. No busco ser el héroe de nadie, ni siquiera pretendo que me recuerden. No soy de esos monitores. No necesito ser protagonista de nada. Mi única huella, mi única pegada a la que aspiro dejar es que cuando necesiten herramientas, en cualquier momento de sus vidas, tengan un mayor bagaje emocional del que yo tuve y quizás, así, puedan enfrentarse en mejores condiciones a los problemas que nos rodean en esta existencia que se construye en el día a día.

Y todo eso, es todo eso, justo eso, lo que más me gusta de ser monitor. El saber, el sentir, que mi papel aquí está ayudando a las personas que me rodean. Y que aunque no pueda cuidarlas siempre, si las puedo acompañar de forma invisible, de forma inconsciente, en este viaje que es la vida después del campamento.

Porque para lugar seguro ya está este vínculo bonito que construímos entre acampada y monitora.

Y eso, para mí, es lo que más me importa.





A veces está muy bien recordar qué era lo que nos hacía felices de nuestro trabajo.






Gracias C. aunque no me leas. Me has hecho hoy feliz ayudándote a ser un poquito más feliz.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Verán en San Simón

Desgránase o mes de agosto nesta Illa de San Simón. O verán vai avanzando paseniño, sen que podamos decatarnos do seu devagar se non fose polos reloxos e os calendarios, aínda que en realidad, aquí, no campamento non importan moito eses artefactos do mundo exterior e habitamos a nosa propia realidade, allea ó que acontece fora. Aquí somos máis de fixarnos nas mareas e nos ciclos da lúa para decatarnos de que o mes vai avanzando e que as quendas sucédense.

E é que xa estamos no cénit desta segunda quenda, día 12 de agosto. O tempo pasa tan depresa! Hoxe é o eclipse e á noite as Perseidas, lágrimas de San Xurxo que escintilean e adornan o ceo nocturno como un xogo de vagalumes que quedaron atrapadas nesa inmensidade escura que inunda e custodia os nosos soños.

E pese a esta abstracción temporal na que pode semellar que todo disólvese na similitude das quendas, en realidade acontece todo moito máis diferente do que se poida pensar. Pois ó final cada quenda é un microcosmos propio e diferente, un universo alternativo que non ten comparación: a rapazada é outra e veñen coas súas propias identidades e inquietudes, os monitores son os mesmos mais con novas vivencias, experiencias e aprendizaxes, e mesmo a illa, que poderíamos concluir que é a mesma, ela tamén cambia como cambian as follas que van caendo pouco a pouco, como cambian as correntes, os ventos e as mareas. Mesmiño o propio sol non se vai agochando polo mesmo recuncho a comezos de agosto e a finais de mes, senón que xoguetea, danza e explora novas latitudes.

Todo é idéntico de portas para fora da illa, aínda que en realidade nada é igual: todo cambia, todo muda, todo avanza, nese lento discurrir no que desgránase o mes de agosto nesta Illa de San Simón.

Mentres o verán vai avanzando paseniño, sen que podamos decatarnos de todo do seu avanzar.


Mais pronto será setembro e tocará voltar a empezar.

martes, 11 de agosto de 2026

Agosto se mece en San Simón (II)

Está tranquilo el día en el exterior, allá afuera, al otro lado de esta ventana desde la que observo el mundo desde mi oficina, el mundo sigue discurriendo a un ritmo cadencioso, calmado, suave, tranquilo. Le digo oficina, pero en realidad no es tal, pues este espacio de trabajo no resulta ser más que una mesa con otras dos mesas pegadas, mi ordenador y muchos papeles sueltos y desperdigados por toda la superficie de madera tratando de mantener yo el orden en mi propio caos. Una especie de universo en miniatura tendente a la entropía pero que se mantiene unido y cohesionado por fuerzas físicas que tiran de todas direcciones para que el desorden no reine por encima de todas las cosas. Y pese a ello, reina.

Supongo que eso es ser un campamento, un espacio de caos constante donde el orden nunca impera y domina todo la imprevisibilidad y la capacidad para adaptarse a cualquier situación que se presente. Pues el margen de respuesta muchas veces es muy breve.


lunes, 10 de agosto de 2026

Singuilingui bom

En esta noche de luna oscura
creí ver que habría salidas
y ahora aprendí a cantar singuilingui bom
y me creí más de lo que podría ser
cuando en realidad significaba que no había final
y ahora canto de nuevo singuilingui bom
y el mundo brilla como si todo fuese singuilingui bom bom bom.

Mira al cielo mientras la música lo martillea todo
y es que todo se ilumina
mientras se acelera
y gira y no para sin final.

Todo vibra
todo brilla
todo es un vendaval.

Todo brilla, 
todo vibra,
todo es un vendaval.

miércoles, 5 de agosto de 2026

A dónde?

Reina el silencio en la noche
guarda el olvido
de quien no encuentra camino.

Qué vacío,
qué dolor,
qué sin sentido

todo este camino sin rumbo ni orientación.


¿A dónde vamos cuando no queda más sendero que la desaparición?

lunes, 3 de agosto de 2026

Agosto se mece en San Simón (I)

El tiempo se mece en la isla, 
rodeado de todo, rodeado de nada, 
como una pausa latente
intermitente
que sin ser consciente se detiene en el instante que distante se aleja y se contrae y expande.

Arrullados por la brisa, bañados por el mar,
el sol nos cobija
y nos achica la ensenada de la ría
el horizonte de la libertad.

domingo, 26 de julio de 2026

Lo más peligroso no es el estallido, son las fisuras

A veces miro al vacío y el vacío me devuelve la mirada,
sin saber qué busco, encuentro respuestas dependiendo del momento vital en el que me encuentre: estos días
el horror vacui me habla de las relaciones.

De las relaciones y de las casas.

Espacios de memoria colectiva construidas en base a las vivencias de unos pocos individuos, las muchas de las veces apenas solo dos, pero que guardaban en su interior todo un mundo de arte, historia y arquitectura. Un poco así son las casas también. Un poco como las relaciones.

Y cuando todo tiembla y parece venirse abajo, pienso en que nos dejamos engañar por las películas, las series y los libros, por esas discusiones interminables de horas y horas que tiran todo abajo,
lógicamente,
y que parece imposible luego ya de reconstruir. 

Pero eso es más del mundo de la ficción que del mundo real. Porque en el mundo real, las cosas son muy diferentes. Lo más peligroso no suele ser la explosión, el estallido....

* * *

En ocasiones lo más peligroso no es el estallido,
muchas veces, la mayoría de las veces, la verdad, lo más peligroso son las grietas,
esas pequeñas fisuras que lo van resquebrajando todo poco a poco, muy poco a poco,
como hiedras venenosas que se cuelan entre los restos de un edificio,
como esas sombras que al caer la noche lo invaden todo y nuestra imaginación se encarga de dotar de vida.

Es eso, y no otra cosa, lo más peligroso, siempre es lo más peligroso. Porque una pared caída se puede levantar de nuevo, porque un techo que se hunde se puede sostener con un tabique, pero ¿esas grietas? Esas grietas lo devoran todo como termitas destrozando por dentro la madera, y antes de que te des cuenta,
tienes una casa en ruinas, a punto de derrumbarse, que se sostiene solo por la propia presión que ejerce esa misma hiedra venenosa que creció entre las hendiduras y que ahora sostiene el peso de los muros.

Y ahora eso está vivo,
pero cuando muera...
cuando muera y se pudra todo se hundirá por su propio peso
y no quedará nada más que restos y polvo de lo que un día fueron esas paredes que antes todavía contaban sus propias historias y ahora han pasado a formar parte de la memoria colectiva de la historia.

* * *

Polvo, restos, escombros y añicos.

Como una relación que no supimos cómo,
pero que poco a poco se apagó
porque ya nadie sabía cómo tapar
esas pequeñas grietas y fisuras diminutas que lo cubrían ya todo

hasta que todas se conectaron

y solo escuchamos el estallido

de un edificio que se desploma.


Sepultando todo lo que ahí había.