martes, 27 de septiembre de 2022

Desde aquí no se ve nada

Yo creo que se está forzando a sí mismo, poniéndose entre la espada y la pared.
Tekkon Kinkreet -Taiyô Matsumoto



Déjate inundar por la oscuridad,
será la única forma que tendrás de sobrevivir en este barrio. 

No creo que seamos sinceros, pero ¿para qué serlo? 

Seguir adelante es cuestión de perspectiva: 
¿Eres feliz?
No.
Pero sigo vivo. Creo que con eso basta.
O al menos es suficiente respuesta.

Y miles de gotas de sangre corriendo por mi cara.

No es sudor.

Es olvido.

Solo fingí ser uno conmigo,
para luego perderme en este laberinto de tinieblas.

¡Grita!


Cuando lleguen los cuervos
ya no quedará nada de este lugar.



Llevas el rostro marcado por la muerte
y pese a todo,
aquí estamos.

Sucumbiendo ante el tiempo.


Si queréis sobrevivir aquí, debéis volveros muy fuertes.


Déjame respirar, quizás ahí haya respuestas.


Que no se te empañe el corazón...
Eso equivale a la muerte.

Observa bien...
Es el poder de las tinieblas.


Sufres porque te engañas a ti mismo.
Debes liberarte.




¿En qué crees tú?

¿En qué tienes fe?


Tekkon Kinkreet -Taiyô Matsumoto

lunes, 26 de septiembre de 2022

Me cansé

Et j´en ai marre de toi
je sais c´est dur mais c´est comme ça,
mais c´est pas moi, non c´est toi,
moi j´allais bien avant tout ça.

Therapie Taxi - J´en ai marre



Y perdí la suerte
de ti,
fingí la sonrisa
en mí,
y sé que es duro,
pero las cosas son así.

No soy yo,
pero irá bien todo yo solo.

Sé que es duro,
pero las cosas son así.

Desnorté el rumbo
y ya no sé qué hago aquí.


Este es el último día
y gané en olvidos,
sucumbí en derrotas
y no queda ya nada
para aparentar ser feliz.



Estoy solo
conmigo,
y ahora camino solo,
hacia adelante,
siempre solo.

Sé que es duro,
pero no eres tú,
era yo.

Sé que es duro,
pero no soy yo,
eras tú.

Y me salvé yo solo
con mil kilómetros en la ruta,
pensando que todo iría bien,
quitándome las dudas
a base de gasolina y chupas.

Y ya no hay más,
soy yo,
ya te lo he dicho,
que quiero ser feliz.

Y ya no hay más,
soy yo,
que quiero intentar ser feliz.

El lento paso del tiempo cuando nada más que el presente importaba

Echo de menos a mis niños de 4ème del MFR. 

Echo de menos su risa, 
pasar el tiempo hablando con ellos,
jugar al fútbol,
divertirme,
sentir el aire francés,
darles clases de inglés,
grabarlos en teatro,
sentarme a vigilarlos mientras debían ir a sus habitaciones,
los trucos de magia de Diego y su forma de hablar,
las bromas de Timothé,
el oh, oui de Braian,
el juego de ingenio de Kylian,
el respeto y cariño en silencio de Diego el futbolero,
el continuo interés de ... no recuerdo su nombre.

Las noches,
los días,
las tardes,
las mañanas.

Las comidas,
las cenas,
la breve estancia en el colegio durante el confinamiento de mi casa,
permaneciendo allí,
allí durmiendo,
pasando más tiempo del que tenía que pasar,
porque me divertía.

Las tardes caminando entre el frío y el silencio.

Me gusta el silencio de los pueblos. Viviría en un pueblo. Tranquilo. Sin más preocupaciones que el lento discurrir del tiempo. Sin mayores preocupaciones que vivir mi tiempo.

Ver las vacas pastar, los caballos, los gatos, los perros... Los pájaros en el cielo, los murciélagos dibujando la noche con sus vuelos. La vida en pause, como si nada más que el instante importara.

Sentarnos en los muros de piedra de la escuela,
viendo los tractores trabajar,
segando la hierba,
dejándola secar
en balas de heno.

Horas así,
con la música,
los tractores
y el extenso silencio en el que el tiempo no tiene prisa.

Dejándonos descansar en el presente eterno.




*
* *
* * *
* * * *




Echo de menos un poco todo eso.

Vivir allá,
en el campo,
dejando los días pasar,
cuando nada más importaba
que mi bienestar.



Había perdido muchos de esos recuerdos.

Por eso los escribo,
para no perderlos de nuevo.

El otoño ha llegado y trae frío y recuerdos

Hace frío estos días.

Hace frío estos días
y eso sumado a que estoy ordenando toda la habitación y todas las cosas de Francia que todavía me quedaban por guardar, hace que sienta unas irresistibles ganas de viajar.

Camino por las mañanas y huelo el frío aire
y siento que estoy en otros lugares,
en otros sitios.

El otoño ha llegado y la nostalgia viste el corazón.

Me gustaría estar en Francia,
hecho de menos Francia.

Va a comenzar una fase nueva en mi vida
y el vértigo me envía directamente a otros recuerdos,
a otras huellas,
a otras vidas no vividas que no pude vivir,
que no me atreví a vivir,
que solo supe soñar.

Y echo a caminar
por los recuerdos y sus senderos
y me gustaría estar caminando por los campos segados dónde el frío
comenzaría a vestir de invierno la campiña francesa,
los paisajes de animales escondiéndose,
ciervos correteando entre berreas
y conejos saliendo de vez en cuando de sus madrigueras.

* * *

Hace frío.

Y los recuerdos cobran vida en mi pecho:

La nostalgia,
el dolor,
el vacío.

El sucio sufrimiento no curado
que se niega a irse
cuando los pensamientos intrusivos
surcan veloces
mi destruida mente.

* * *

Hace frío.

Y me gustaría estar en otros lugares,
en otros sitios.

Sintiendo el otoño en los campos de colores rojizos.

* * *

Y no me malinterpreten.

No estoy tan mal.

Pero tampoco estoy bien.

Salí herido

y no sé bien cuándo las cicatrices dejarán de ser mi piel.

* * *

Hace frío estos días.






Te crees que salí ileso,
me miras y te piensas que estoy bien.
Ileso - Sharif y G Sony

domingo, 25 de septiembre de 2022

Me devora el olvido

Lo peor que me ha pasado en la vida es la ansiedad y la forma en que vivir al límite me ha hecho perder y olvidar centenares de recuerdos. He perdido meses enteros de mi vida en mi memoria, miles de instantes que me gustaría atesorar y no puedo porque pese a ser recuerdos buenos, el dolor que siento por todo lo malo que había alrededor me impide permanecer mucho tiempo en esa evocación. Mi mente, desesperada, me pide huir y así, me resulta imposible saborear todos esos momentos que podrían alegrarme el alma.
Sufro por no poder vivir mis recuerdos. Me entristece cuando tengo un pensamiento fugaz y durante unos segundos lo recuerdo, porque pese a sonreír, inmediatamente se ven envueltos por un torbellino de oscuridad. Una densa nube negra los devora y solo queda el dolor, la tristeza y el malestar. El puro sufrimiento de que todo era bonito y de repente todo fue puro y simple dolor. El vacío mirándome directamente a los ojos. Y yo incapaz de hacer nada por evitarlo.

Sufro por mí. Por quién fui. Por quién soy.

Sufro por seguir anclado a esa versión de mi mismo que me impide ser feliz, porque ser feliz sería huir desesperadamente hacia adelante y no regresar jamás. Sin perdones, sin segundas oportunidades. Simplemente lanzarme hacia mis sueños y nunca jamás mirar hacia atrás.

Y no puedo. 

Una parte de mí me dice que no puedo.

Y así sigo.

Sufriendo.

Incapaz de revivir todos mis buenos momentos vividos
para permanecer
por siempre
en el asfixiante dolor
del triste recuerdo.

Sufriendo.

viernes, 23 de septiembre de 2022

Construyendo hogar

Pasito a pasito
abriendo senderos,
construyendo caminitos,
dejándonos llegar
a la felicidad
entre nuestros dedos.

Pequeños retazos de abrazos,
besitos sinceros,
futuros que forjar
con trabajo y esmero.

Dejándonos llegar
a dónde nos lleven los sueños.

Dejándonos llegar
a dónde sea como elegimos querernos.

Con cuidados,
comunicación
y afectos.

Desdibujándonos los miedos
bajo el calor de nuestros cuerpos,
de nuestras palabras,
de nuestros actos que son espejos.

Viéndonos
vulnerables
ante los pasos que nos atrevemos.

Lanzándonos
a cometer actos
que pocos nos llamarían cuerdos.

Construyendo hogar
inseguros, pero eligiéndolo.

Construyendo paz
frágiles, pero con el corazón abierto.

Pasito a pasito
abriendo caminitos,
porque queremos llegar
a dónde el otro nos impulse
a soñar más y más lejos.

Que suerte es
con implicación y trabajo
querernos.

lunes, 19 de septiembre de 2022

Frente al folio en blanco solo trato de escapar

Entre los resquicios de nuestras vidas
tratamos de adelantarnos al futuro, 
construyendo recuerdos de a pocos,
sin saber bien cuándo
se sienta la línea que marca
la ligera diferencia entre alguien que lleva toda la vida
y alguien que lleva unos instantes.

¡Como si importasen exclusivamente el número de años!


Y yo me siento frente al ordenador. Hace sol. Y calor. Y yo ahora mismo querría estar en la playa haciendo recuento del tiempo, del verano, del tiempo que ha pasado, de cómo he cambiado. O incluso mejor, querría estar en el campo de trabajo en el que debería estar, si no me hubiese tocado trabajar. Que también digo, para trabajar apenas una hora y media al día, ya me podía haber tocado empezar en octubre. Pero bueno, así es la vida, una constante disonancia entre lo que toca y lo que te gustaría.

Y me resigno pensando eso. Porque bastante infeliz eso ya me hace.

Y ojalá viajar. Es lo único que pienso cada día. Desde que me despierto hasta que me acuesto. Que ojalá viajar y no estar aquí, en este presente que por resignación y falta de decisiones me ha tocado vivir.

Y es que me gusta mucho viajar en otoño, sentir los países cambiando, las ciudades desvistiéndose para ponerse de largo, los árboles deslizando sus hojas y estrenando a sus pies mantos de colores, las primeras heladas, los primeros copos, las primeras noches escapando el vaho entre los rostros.

Y no sé en qué momento bien me empezó a gustar viajar en esta época. No sé si fue a principios de octubre de 2015 en Madrid o si quizás fue por las calles de abrigo de Nantes a finales de octubre de 2016. No sé si quizás fue en Irlanda o si quizás fue en Rumanía y Amberes. O definitivamente en Francia por la costa Atlántica de La Rochelle antes de que nos confinaran por segunda vez.

No lo sé.

La verdad es que no lo sé.

Pero me gusta perderme por las ciudades en otoño con sus miradas de frío y las castañas por los rincones, Portugal subiéndose las bufandas, Vatra Dornei entre montañas cárpatas, Amberes entre el frío de la champaña flamenca, Dublín entre focas y noches que te envuelven sin darte cuenta. Y Nantes. Y Nantes. Y Nantes. Dibujando estelas de sonrisas entre el acento bonito de esa ciudad.

Y yo no lo sé.

Pero solo quiero escapar. 

Coger el coche un fin de semana e irme a recorrer kilómetros y kilómetros por Portugal.

Saltar a un avión y ponerme en un par de horas en Sants.

Huir de esta asfixiante rutina y cruzar el mar hasta Irlanda, Escocia o quizás más allá.

Viajar.

Solo viajar.

Solo quiero eso.

Ir cada vez más lejos

y soñar más y más.