lunes, 31 de diciembre de 2018

Mientras lloraba creí que te perdería

2018 es el año de la muerte, de las despedidas.

De decir adiós a todo lo que era y crecer. Es el año de la muerte de la infancia y la adolescencia, la muerte de la primera juventud. Todo lo que tenía se ha ido y ahora solo queda seguir, de nuevo, vacío.

No hay vuelta atrás ni segundas oportunidades, el pasado no se puede cambiar y nosotros solo podemos asumir esta premisa y caminar el camino que nos toca recorrer, sin arrepentirnos.



El dolor me devora por dentro, con su hambre lobuna y sus fauces de hielo, arrancando poco a poco y a tiras los rincones del corazón hasta que solo queda un espacio vacío, inerte y hecho trizas. Después, un yermo páramo desértico en el que resulta imposible aferrarse a nada. Un tétrico reguero de cenizas del que resulta imposible huir. Como un tributo a pagar cuando ya no queda nada para destruirse.

Que cruel puede resultar la injusticia de un mundo que no es justo y lágrimas y lágrimas que derramar hasta quedarse seco, como un cenicero de cristal hecho añicos y del que tras caer solo quedan eso, polvo y cortes con los que hacer sangrar los dedos.

La mirada triste, pidiendo auxilio, ayuda, solución, tratando de mantenerse a flote en una tormenta de dolor.
La respiración jadeante y la impotencia de no saber qué hacer, de no tener solución, de buscar desesperados una cura contra lo desconocido, contra el tiempo del reloj de arena que actúa sin ningún tipo de compasión.
La mirada triste, agradecida, de haber hecho lo mejor, siempre lo mejor, por y para los demás, como ella, siempre por y para los demás. Agradecida, consciente de que lo hemos intentado todo, ella sabe que lo hemos intentado todo y nos perdona por nadie haber logrado encontrar una solución. Porque no la había. Y ella lo sabe. Y nos mira sonriente y agradecida, como siempre nos ha mirado mientras vivía.

¿Cuánto dolor cabe en un adiós? Y lágrimas y lágrimas que derramar de impotencia, de desesperación. Qué solos nos podemos quedar en un instante, y qué vacíos.
Ojalá poder volver al pasado y cambiarlo, ojalá tener soluciones, ojalá ser todopoderosos. Pero nada de eso sirve ni importa, solo somos frágiles seres tratando de patalear hacia la orilla de la existencia,
y nosotros no lo sabíamos
pero presagiaban tormentas.

Y no nos dimos cuenta del naufragio hasta que ya estábamos a la deriva sin velas ni remos.

Pero ella nos mira, sonriente y agradecida, mientras le acariciamos la barriga -como a ella le gusta- y nos dice que hicimos todo lo habido y por haber, que ha llegado su tiempo y que lo siente mucho, pero que tenemos que aprender a decir adiós nosotros solos.

Siempre solos. Es imposible decir adiós del todo en compañía, alivia, pero hasta que uno mismo no lo ha logrado, no cura.

Y ella nos lo hace ver, sonriente y agradecida, y se va;
frágil, feliz y viva
siempre en nuestros corazones,
por muy usada que esté la frase
por muy coletilla que parezca,
es la verdad,
la única verdad eterna que hay en este mundo de idas y venidas, de muerte y vida,
y sabiendo eso
para decir adiós
bastaría.

Mientras tanto está ella ahí,
feliz, radiante, agradecida,
los ojos de luz
la sonrisa de vida
y las ganas de seguir,
para que siempre resistir sea poesía.

Trufa,
-como decía Elvira-
a los perros buenos no les pasan cosas malas,
porque en mi alma serás siempre mi perra ovejera que ladra contenta y me guía.


Te quiero.

martes, 25 de diciembre de 2018

Libertad

Yo
que soñaba futuros a cortoplazo,
planes sin fin en una noche eterna,
distancias inimaginables a las utopías de la incomprensión
y que daba por hecho
que no había nadie capaz de entenderme
porque no me comprendo ni yo
en esta maraña de desaforadas dudas e inquietudes;
yo
que era todo eso y mucho más

Nunca creí que me toparía por azar aleatorio
con la probabilidad de encontrar estabilidad para tanto caos,
poesía para tanta desidia,
paz para tanta guerra interior
y libertad para tanta jaula de cristal.

Yo
que era mucho y sigo siendo tanto y a la vez tan poco

Nunca creí que tropezaría con la suerte un martes 13,
con la luz en medio de tanta oscuridad nocturna,
con arte entre tanto desastre,
viaje para demasiada inquietud
y atardeceres
para tantos amaneceres entre la sonrisa de tu mirada.

Yo
que no aspiraba a más que tocar con los pies el suelo
me hallé flotando para conquistar el cielo,
bajar al infierno y sacarte de allí si era necesario,
ser rescatado por tu amor revolucionario,
saltar al vacío con los ojos vendados
sabiendo que siempre estará tu mano para sostenerme
y que cuidarnos es trabajo de dos si ambos quieren.

Y con eso basta
para levantar templos, poemas y batallas,
para atrapar almas y palabras entre verso y verso,
hablo de querernos
hasta el final de nuestros tiempos,
porque así elegimos caminar este sendero;
y mochila a la espalda
y kilómetros y kilómetros en el mapa
y el horizonte bien lejos
donde solo podamos verlo, pero nunca recorrerlo.

Por qué el infinito a tu lado es un instante
¿y para qué quiero yo lo inimaginable?
cuando estás ahí
para mí
dejándome formar parte de la esperanza
que son tus ideas brillando en tu mirada
bailando liberada con toda tu calma.

Das brisa a mi alma
con olor a Atlántico
sin saber que con tu libre sonrisa
a mí todo este mundo me basta.

martes, 18 de diciembre de 2018

On a vendu tes rêves

- Cuando un hombre te mira y dice: <<¿En qué consiste todo, en serio, cuando llegas al fondo del asunto>>, es que lo está pasando muy mal -dijo mientras liaba un cigarrillo-.
Soul Music (Terry Pratchett)





En el portal de los sueños rotos
se acumulan instantes futuros que hacer eternos
entre las curvas de tus labios
dibujé estelas de tiempo,
bucles certeros que perpetuar una y otra vez
hasta soñar que corrompemos los cuentos
y construimos nuestras propias historias a voluntad,
a petición de sí quiero,
sí quiero seguir caminando lejos.

Los recuerdos se arremolinan sin miedo
y solo el tacto de tus dedos
me llevará hacia el infierno ardiendo
en este páramo de cielos inciertos
que forjar sin saber muy bien cómo
y cómo haremos cuando solo queden caídas por delante
y decenas de formas diferentes de levantarse
por nosotros mismos.

Qué será lo que nos haga tropezar tantas veces?

Que podemos sucumbir al terror tratando de tocar las fantasías que a nosotros mismos nos vendemos.

Suspira por dentro
y expira por fuera,
aspira a lograrlo todo,
a conquistarlo todo,
a ganarlo todo,
porque solo así quizás puedas conseguirlo
mientras tanto cae,
cae,
cae,
y vuélvete a levantar lamiéndote las heridas,
parcheando los agujeros,
sobreviviendo sin tener muy claro el motivo, pero haciéndolo
para seguir
y vivir
hasta que llegue el fin.

Podría enumerar tantos motivos
y ninguno sería tan sincero como que escribo por no caerme,
por mantenerme cuerdo,
por hacerte eterna en el viento,
por dar forma a mis demonios que se arremolinan entre los pliegues de mi cuerpo.

Podría saltar al vacío y gritar mi nombre en un fugaz
instante
perdido en los deslices del oscuro agujero negro
al que nos caemos
cuando tiramos una moneda al pozo de los deseos
y nos llevamos por partida doble
la condena,
y en el pecho
forjado a fuego
todos los sellos que nos mantendrán en pie
cuando olvidemos
de donde venimos

hacia donde iremos

cuando solo queramos salir corriendo hacia ninguna parte por temor a mirar atrás y ver nuestro rastro de cenizas

y el último cigarrillo sigue ardiendo en el cenicero

y ya no quedan lágrimas

que me ahoguen cuando solo puedo tomar aire para flotar y respirar
una vez más,
solo una vez más llévame a este sucio baile de dolor
ya luego echaré a caminar y nunca nos conoceremos
tú y yo,
oscuridad y corazón,
luz y alma,
paz que descansa en la palma
de mi mano
que me libera cuando ya no hay forma de lograrlo,
que me salva cuando solo creo haber fracasado.

Ya luego echaré a caminar y nunca nos conoceremos,
pero recuerda que el cigarro sigue ardiendo.

Y en mi pecho
              reviven cada noche mis demonios
                           y arden cada mañana en el infierno
                                        que es mi mirada rota frente al cristal del espejo.

Huyamos lejos
para salvarnos de mi informe dualidad.

Huyamos lejos
solo quiero abrir las alas y echar a volar
hacia la libertad.












Del dolor de ser yo.

martes, 11 de diciembre de 2018

Somos nosotros quienes creamos fantasmas cuando somos incapaces de ver la luz

Hoy te escribo esta carta porque tengo que decir adiós al no querer decirte adiós, adiós al fantasma de mi soledad y adiós a ti, aunque estés siempre aquí, te tengo que decir adiós.

Y no sé muy bien qué decir o qué escribir, qué contarte que no sepas ya; que estamos bien, que seguimos adelante y que te echamos de menos. Yo te echo mucho de menos. Me siento mucho más solo desde que no estás, más desamparado; más fuerte también, pero más solo a fin de cuentas, sin nadie en quien sostenerme. Que sé que no es verdad, pero no soy capaz de no sentir eso.

Hoy te escribo porque eso se tiene que acabar, no puedo vivir arrastrando el fantasma de mi propia soledad porque no eres tú, tú no harías eso; soy yo, quien arrastra su propia mente tras de sí y quien inevitablemente se pierde a veces por su propio laberinto.

Y eso, se tiene que acabar de una vez.

Por eso escribo hoy esta carta, para dejarte marchar por mucho que me aferre al recuerdo, por mucho que me inspire esta soledad, por mucho que me retroalimente yo solo a mí mismo; porque por eso tengo que decir adiós, para lograr vivir por mí mismo.


Te echo de menos. Mucho. No sabes cuánto. Echo de menos tu voz y tus sonrisas. Tus palabras en catalán intercaladas entre una ringlera de alegrías. Echo de menos decirte qué andas rosmando y que tú te rías porque justo estabas haciendo eso: rosmar.

Te echo de menos. Mucho. Echo de menos tus besos de buenas noches y quedarnos a ver la tele los dos hasta que te quedabas dormida y te despertabas y decías que era muy grata la compañía, pero que te tenías que ir a dormir, que mañana tenías piscina. Echo de menos discutir por qué hacer de cena y comida; tus patatas fritas, esas que cortabas de forma cuadrada y nadie más sabía hacer; tus filetes empanados y tu tarta de queso, esa tarta de queso de receta única y que por más que he buscado por todos los rincones y cajones, nunca he logrado encontrar ese papelito que vi tantas veces en dónde tenías escritos los ingredientes y la forma de prepararla.

Echo de menos que me cuentes historias de cuando eras pequeña y cuando eras mayor. Como te colabas en la iglesia con tus hermanas y tocabas las campanas y el curo luego os reñía. Como a tu madre le mordió una rata. Como al padrí se lo llevaron los naciones. Echo de menos que me cuentes que no teníais para comer y comíais las mondas de las patatas fritas. Como fuisteis a Vegadeo y luego a Coruña. Como conociste a tu marido. Como os fuisteis a Suiza y como volvisteis. Como te quedaste sola y pudiste con todo tú sola, como saliste adelante con una sonrisa, porque nadie podía plantar cara a la vida como tú. Echo de menos que te quedases en silencio pensando, mirando al infinito, concentrada en los recuerdos, en toda una vida de fantasmas que se han ido arremolinando alrededor hasta quedar tu casa vacía. Y aún así saliste adelante sonriendo. Porque resistir es poesía. Y luego te ríes y dices que si todo eso no hubiese pasado no tendrías unos nietos tan buenos con los que pasártelo bomba jugando al monopoly, a los dinosaurios y a las cartas, y mira que hemos corrido cuando eráis pequeños y yo más joven y jugábamos al escondite como si fuera una niña. Porque con nosotros siempre fuiste una niña. La niña de la mirada siempre sonriente. Y sonríes pensando en todo eso. Y yo sonrío contigo, mientras a mis espaldas queda el mar que baña San Amaro y el Orzán y que recorre con su brisa y salitre todo Monte Alto. Y delante el plato de comida y la nevera siempre llena de yogures por si acaso, hay que aprovechar los saldos de última hora del Día. -Eso me recuerda que ahora hay una tienda en Panaderas que es toda de saldos y productos rebajados, si la hubieses conocido te hubieses puesto las botas con todos los chollos que hay allí-.

Te escribo esto con lágrimas en los ojos, llorando como un niño mientras dejo sobre el papel todas estas palabras. Porque te echo de menos y supongo que siempre te echaré de menos, pero tengo que aprender como sea a sobrellevarlo, porque sino no podrás estar orgullosa de ese nieto del que siempre te alegrabas cuando era capaz de hacer algo por mí mismo y decías: y yo que pensaba que eras un parrulo. Y te reías. Y yo también.

Te escribo porque te tengo que decir adiós, aunque eso me duela tanto que sienta que no soy capaz de hacerlo, pero tengo que dejarte ir y aprender a vivir yo solo. Aunque ya no tenga tu voz y tu risa, aunque ya no tenga tus recuerdos. Aunque el pasado se haya quedado desamparado y sea una nube densa de niebla que poco a poco se va arremolinando a nuestro alrededor mientras ya no queda nadie que pueda hacer memoria de lo vivido.

Te echo de menos. Mucho. No sabes cuánto. Echo de menos estar en el ático y bajar a la sala a hacerte una visita entre descanso y descanso de estudio. Y enseñarte fotos y que tú reconozcas a la gente. Y jugar a la escoba y que me machaques. Y ver la tele merendando. Echo de menos ir de excursión a sitios, a pueblos, al monte, a ciudades, ir de viaje o pasar el día, como hacíamos, como hicimos tantas veces. Te echo de menos con lágrimas en el corazón y el puño en el pecho, tratando de decirte adiós.

Hace unos meses vi en el supermercado a una abuela con su nieto, parecíamos tú y yo o tú y Brais, el niño bailaba y miraba a la abuela y la abuela, sin hacer caso al resto de gente que estaba a su alrededor, se puso a bailar con él, moviendo los brazos, moviendo las caderas, solo le faltó hacer pa pa pa como hacías tú, esas onomatopeyas tuyas tan características. Fue un golpe de recuerdos. Un mazazo. Tuve que irme a un callejón a llorar.

Ahora ya no me pasa. Supongo que voy mejor. Hace un poco menos vi una escena parecida, me impactó menos.

Sonrío a veces.

Pero te sigo echando de menos. Mucho. Una barbaridad. Echo de menos ir por la calle tú, yo y Brais, con Trufa también, grabando vídeos, grabando improvisaciones de rap o haciendo directamente el tonto como siempre hacíamos. Echo de menos también que no estés aquí para Fin de Año y estar allí para Nochebuena. El resto de la familia es horrible y por mí como si no vuelvo a verlos más, pero iba una y otra vez para poder pasar la noche contigo, aunque apenas te pudiéramos ver porque estabas toda la tarde y noche metida en la cocina. Como todas esas heroínas que lo dan todo por su clase, su familia, sin ser capaces ni un segundo por un momento a pararse a pensar en si mismas. Y eso es un acto de valentía y a la vez un castigo del mundo, por haceros vivir eso. Por eso también luchamos.

Por eso lucha tu nieta.

No es tu nieta real, pero como si lo fuera.

Un día vino a Coruña, un lejano Diciembre de 2015 y te dije que iba a venir mi novia. Y tú te reíste y preguntaste si ya había pedido vez en la pensión Fina y yo te dije que sí, y tú: ah, bueno, pues entonces ya está. Y entró por la puerta y te ganó en la primera hora. Todos sabemos que eso de que te pidiera que le hablases en catalán fue la chispa. Luego estaba su sonrisa, tan parecida a la tuya. Tan presente. Tan luminosa. Sois tan parecidas... Guerreras ante la vida. Supongo que por eso estabais tan unidas.

Esa vez, la primera vez que estuvo, cuando se fue me dijiste que era muy maja y muy riquiña, molt maca, como dirían los catalanes, muy riquiña como dirían los gallegos.

Le dijiste que tu casa era la suya y que viniera siempre que quisiera, aunque yo no estuviera. Y cuando hizo eso, un par de años después, con su sobrina te llevaste la alegría del año y estabas que no podías con la felicidad. Me llamaste solo para decírmelo, que Laura había ido a verte con su sobrina. Y parecías otra vez esa niña pequeña que eras siempre que estabas jugando conmigo y con Brais. Supongo que ahí residía la magia: ella también te hacía sentir esa niña de la mirada siempre radiante.

Y el último día cuando no eras capaz de reconocer ya a nadie, te juro que cuando la viste esbozaste una sonrisa. Porque de algún modo sabías que ella estaba ahí y que por muy mal que yo estuviera nunca me caería con su mano agarrando la mía. Y supongo que por eso te fuiste, porque sabías que todos estaríamos bien. Por mucho que doliese. Por mucho que dolería. Por mucho que te echemos de menos cada día desde entonces.

Te echo de menos. Mucho. Te echo mucho de menos. Pero cuando pienso eso, en lo feliz que te hacía ella, en lo felices que fuimos contigo, en lo feliz que eras con tus nietos de Vigo sonrío. Como Trufa dándole al rabo cuando subía corriendo escaleras arriba y te buscaba por todo el pasillo y llegaba junto a ti a la cocina. -No ha dejado de hacerlo, cada vez que va a Coruña te busca como si todavía te fuese a encontrar al final del día. Y se queda desilusinada y confusa, sin saber muy bien hacia dónde ir.-

Un poco como nosotros.

Que no sabemos muy bien hacia dónde ir sin ti.

Y por eso estoy aquí, frente al papel, tratando de encontrar mi camino sin ti. Porque ya no soy la misma persona que hace un año cuando estas líneas no eran algo necesario. No soy la misma persona y estoy aprendiendo a vivir con esa soledad que me acompaña como la sombra que se alza a mis pies. Como el cúmulo de oscuridad y tinieblas que puede ser mi mente cuando no logro mantenerme a flote.

Por eso estoy aquí, diciéndote adiós, porque tengo que comenzar a seguir mi propio sendero sin el peso de tu ausencia. Porque aunque ya no estés, siempre estarás en el recuerdo. Y con eso basta.

Te echo de menos. Te echo mucho de menos, pero te tengo que decir adiós para continuar creciendo.

Te echo mucho de menos. Echo de menos tu voz, tu risa y tu mirada siempre sonriente.

Echo de menos que no fueras recuerdo.

Pero aún así te tengo que dejar ir y yo me tengo que marchar para encontrar por fin mi lugar.

Y ser más fuerte.

Como siempre hubieses querido.


Ha llegado el tiempo de las despedidas. Toca difuminarnos en el viento, en las olas del Orzán y la noche de Monte Alto. En los recuerdos y los olvidos, en el futuro y en el pasado, en todo lo vivido, en todo lo que queda por encontrarnos. Ha llegado el tiempo de las despedidas y como un torrente de fotogramas vienen a mi mente imágenes de tantos y tantos años. Tú. Yo. Brais. Mis padres. Laura. Tú. Tú. Siempre tú. Y tú risa. Te echaré de menos. Mucho. Pero espero que de una forma más sana. Y que cuando piense en ti ya no llore nunca y solo sonría. Como siempre tú hacías. Como nos enseñaste a hacer desde un quinto piso de 95 escalones que subías uno a uno, como se deben superar los obstáculos en la vida. Gracias. Gracias por todo. Gracias por los años. Gracias por la felicidad. Gracias por cuidarnos. Gracias por preocuparte siempre tanto y llamarnos casi a diario -los domingos era obligatorio-. Gracias por los cromos. Gracias por los recuerdos. Gracias por los regalos que guardabas como reliquias en algún rincón del armario. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias por las fotos, los vídeos, los instantes, los veranos, los inviernos, los sueños, las confesiones, la amistad, los juegos, las partidas a nuestras historias y fantasías, los escondites, las tinieblas, las carreras, los partidos, los senderos que siempre recorreremos con tu recuerdo.

Gracias. Gracias por todo. Gracias por hacernos tal y como somos.

Gracias.


Adiós, Yaya.


Te quiero mucho.

Te quiero con todo mi pecho.















jueves, 6 de diciembre de 2018

Estaremos luchando

Soñé con un mundo, hermano, en el que todos ganábamos,
un país sin fronteras y puños levantados,
de utopías rojas y banderas tricolor,
de miradas de futuro y sonrisas de ilusión,
de esperanzas forjadas, de senderos recorridos,
de lograr alcanzar todo aquello en lo que creímos.

Nosotros seremos la lucha.

Siempre en las manifestaciones, amigo,
siempre en la trinchera,
defendiendo posiciones en esta constante guerra,
cultura en la frente - hegemonía en los barrios,
uno, dos, mil centros sociales
y en las calles sueños y puños levantados,
sí, puños levantados.

Nosotros seremos la lucha.

Soñé soñar, camarada,
expandir horizontes al caminar,
acabar con nuestra miseria,
recordar los años robados,
poder enterrar el pasado
y vaciar las fosas,
abrir la política a nuestra clase
y crear conciencia desde las bases;
forjar vanguardia, camarada.

Nosotros seremos la lucha.

Siempre en las huelgas, amigo,
siempre allá dónde haya conflicto creando protestas,
canalizando nuestra rabia y levantando puños,
conquistando nuevas vías,
recordando resistencias,
marcando utopías,
señalando vida allá donde nos la quitan,
alcanzaremos la victoria, camarada,
haremos historia.

Nosotros seremos la lucha.

Soñé un mundo, hermano, en el que todos ganábamos,
quedaba Tierra para los hijos de los hijos,
y nadie tenía miedo por la calle,
la soledad se fugaba
y había condiciones dignas,
con los compañeros que no se rinden
sí necesitamos lucha armada,
y palabras y palabras
y herramientas que nos permitan resurgir revueltas.

Nosotros seremos la lucha.

A los ojos del pueblo trabajador, un sueño, una libertad, una utopía,
a los ojos del pueblo trabajador, un sueño, una libertad, una vida.

Nosotros seremos la lucha, amigo,
nosotros seremos la lucha, esperanza de cada día.

domingo, 2 de diciembre de 2018

¿Dónde está la batalla?

La batalla no se ganará en los escaños.

La batalla se libra en la calle, en el día a día.
La batalla es cultural e ideológica.
La batalla está en los barrios, en los centros de trabajo,
en los colegios, en los institutos,
la batalla está allá donde sea necesario.

La batalla se encuentra en los bares y los telediarios,
en los deportes y en los libros,
en los comportamientos diarios,
en el cine, los deportes, la prensa y las palabras cotidianas.

La batalla vive
siempre que exista alguien plantando cara
para resistir
hasta vencer.

La batalla debe ser el camino a seguir.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Abro el envoltorio y encuentro pequeños tesoros que desgajar

El viento me trae aromas de invierno,
susurros de hielo,
frío en las manos ateridas
que buscan en los bolsillos destierro.

Fachadas de piedra congelada,
caricias de nieve en la punta de la lengua,
sonrisas de luz a las seis de la tarde,
vestido escintilante de luna.

El viento me trae aromas de invierno,
viajes de empañados asientos,
vaho en los labios
y volátiles horas a lo lejos.

Miradas de ciudades inexploradas,
satén de estrellas danzarinas,
artificiales fuegos reflejados de saudade,
dulces leyendas de chocolate que los pasos acunan.

El viento me trae aromas de invierno,
mordisquitos de sueños,
almendras de empedrados pueblos,
valles de ríos que portan cuentos.

Palabras adornando paradas señaladas,
mercadillos que esperanzas renuevan,
callejuelas perdidas hacia cualquier parte,
encantos naturales que brindan instantes fugaces de espuma.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Adiós

Cuando te despides de una serie o un personaje con el que has crecido durante más de 10 años de tu vida es imposible no emocionarse al ser consciente de que ya nunca más compartirás tu vida junto a él, ya no crecerás a su vera, ya no tendrás alguien en quien identificarte. Supongo que es una de las claves de madurar, dejar atrás a quienes te acompañaban de la mano y ya nunca estarán, aprendiendo a caer por ti mismo sin necesidad de que nadie te levante luego. Conviviendo con la soledad y la ausencia de las sonrisas. La indefensión que produce el quedar a la merced del mundo. Porque no te puedes comer el mundo, el mundo te va a comer a ti, y será ahí, entre caída y caída, entre fracaso y fracaso, cuando tendrás que pararte a pensar y asumir que no queda otra que abrir las alas y echar a volar por ti mismo.

Tengo un problema, por muy bien que me vaya todo no soy capaz de ser feliz.

Esas palabras dijo Carlos. Esas palabras diría yo. Esas palabras conllevan tanto implícito... Un dolor tan profundo como desgarrador: el saber que por más que lo intentes no hay forma humana de sentir paz contigo mismo; no, al menos, hasta que te encuentres. Porque te has perdido, no sabes muy bien cómo, pero en algún punto del viaje te has perdido. Y tu voz ya no es tu voz. Y tu esencia ya no es tu esencia. Y ya solo queda tras de ti un puñado de pólvora lista para explotar en cualquier momento y mucho, mucho, dolor.

Tengo un problema, por muy bien que me vaya todo no soy capaz de ser feliz.

Es en ese momento cuando debes buscarte. Echar a caminar, irte muy lejos, y buscarte. Buscarte en ninguna parte. Buscarte en ningún sitio. Sabiendo que siempre podrás volver a tu hogar junto a los que te quieren, pero tratando por todos los medios de encontrar tu rincón en el mundo. Porque solo cuando lo encuentres te encontrarás a ti mismo, y podrás volver a ser feliz definitivamente. Sin medias tintas. Sin incapacidades de ningún tipo.

Es el final de una época. Como cuando te despides de alguien que te ha acompañado durante cientos y cientos de kilómetros en el viaje, como cuando tienes que decir adiós a quien te ha dado la mano durante años. Y no quieres. Pero sabes que aunque no quieras no te queda otra que echar a caminar y aprender a volar por ti mismo.

Quizás ahí, puedas volver a descubrir cómo pasó
y encontrar,
por fin,
a quien eras
cuando todo comenzó.

El eterno retorno nunca tiene final.



Solo principios.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Leer es como mirarse al espejo

Los libros nos hacen volar, transportarnos, llegar a kilómetros de distancia que nunca alcanzaríamos si no fuera por ellos.
Pero también nos encogen el corazón y nos roban la alegría
nos llenan de desazón
y apuñalan directamente al alma
pues en ellos solo vemos lo que buscamos
lo que ya teníamos dentro y no éramos capaces de reconocer en nosotros mismos
por eso
cuando leemos
abrimos camino
hacia nuestro propio destino escrito
en nuestros pasos.

Leemos para soñar con lo que nunca nos atrevimos a alcanzar.

Chuvia do alma

As veces a melancolía peta con todas as súas forzas e enchoupa todo o corazón. E neses intres non hai máis nada que podas facer para evitalo agás deixarte levar polo seu vaivén húmido e saborido.

É ahí e non noutro momento, cando podemos acariciar o tempo nos dedos e sentilo no noso propio peito, tirando de nós cara quen sabe onde.

O vento voará e os recordos levantarán balbordo; e nos, nos trataremos de manternos a flote para non sucumbir á súa enchoupante saudade.

Palabras de Monte Alto

I


Desde lo alto del ático Monte Alto me susurra sus secretos
el Orzán reverbera lejos
y yo me dejo llevar por las líneas de los textos.




II


Te busqué en cada rincón
y me encontré a mí
a esa parte que había perdido
y durante unas horas fui feliz.




III


Puede que sea casualidad o azar,
pero Rosa Aneiros me invita a volar;
yo programo sueños en un papel
y la salida aparece en letras grandes:
                                           VIAJAR.




IV


¿Qué tienes Coruña?
Que eres como ese beso que nunca di.
¿Qué tienes Coruña?
Una mirada perdida con la que sonreír.




V


Sentado junto al mar,
la brisa en mi pelo,
los dedos en el papel,
y yo muy muy lejos.




VI


Recuerdos entre rincones, folios, instantes,
recuerdos cercanos, recuerdos distantes,
recuerdos cerveza en mano y años de estudiante,
recuerdos que recuperar para caminar hacia adelante.




VII


Ojalá Monte Alto tatuado en la piel
como esos mensajes que no quieres que se borren
por principios,
                        por final.




VIII


Las olas; la brisa; el frío; la débil caricia
del sueño de años aquí en este ático;
la salitre; la libertad; la juventud; el pasado
del eterno futuro que atrapa el Atlántico.





IX


Te diría hasta siempre
si supiese que no te vería,
te diría hasta siempre
a pesar de que sabía que pasaría,
te diría hasta siempre
aunque te resucite en cada verso;
te diría hasta siempre
porque vivir es eso: resistir es poesía.




X


Coruña en el pecho,
la brisa,
el viento.

Monte Alto por dentro,
la vida,
el recuerdo.

Un barrio en la mirada
compartiendo el tiempo.

Me haces eterno,
me haces feliz,
me haces ser quien soy

aún cuando me pierdo y me encuentro.




XI


Constantinopla defendiendo su libertad,
                               yo siendo fuego eterno,
marcas en la piel
                               heridas en el cuerpo,
paz en el corazón,
                               sueños de mi alma viviendo.




XII


Gracias.




XIII


Has hecho nieta tuya la felicidad.

martes, 27 de noviembre de 2018

Perdimos en el pasado las bifurcaciones a tomar

¿Crees que en la vida hay tiempo para recuperar el tiempo perdido? ¿O ya nunca vuelve?

Más importante ¿existe el tiempo perdido? ¿O todo sucede porque algo tiene que suceder y el tiempo perdido solo es un eufemismo para referirnos a las oportunidades que no aprovechamos y solo cuando ha pasado el momento de elegir ese camino es cuando nos arrepentimos?

No lo sé. Supongo que tú tampoco.
Por desgracia lo que nos queda es lamentarnos y soñar con lo que ya no podemos tener, hasta el fin de nuestros días. O asumirlo y seguir viviendo tratando de sacarle el máximo provecho a nuestras experiencias y situaciones.

¿Por qué lamentarnos en lugar de tratar de ser felices? Ya te digo que yo no tengo ninguna respuesta, lo que sí tengo es todavía esperanza.
Eso es todo.

Hasta siempre.

Desnudemos las penas sin miedo; perdámonos entre las sábanas del tiempo

Tropiezos en la vida tendremos más de los que podemos contar,
ahí reside el quiz de la cuestión:
en no dejarse caer en cada tropiezo
o elegir que tu mente te domine
y te susurre que no hay solución para tanta mierda,
y cuando eso pasa
te lo crees
aunque sepas muy en el fondo que no deberías,
es como esos saltos al vacío de los que desconfías
pero algo dentro de ti te incita a volar
durante unos instantes
hasta que caes después de haber descubierto lo que significa la palabra vivir.

Tengo un juego de libertades listo para cuando te acaricie la confianza,
labios que hacer hogar,
besos que convertir en sueños,
susurros distantes que hacer infinito en apenas unos centímetros de distancia,
qué mirada tan profunda tienes cuando sonríes
pero que excitante cuando lo haces de forma felina
retorciéndote en un universo de arte
que saborea fantasías en blanco y negro y dispara imaginación,
como cuando me mandas una de esas fotos que sin esperarlo me hacen transportarme hasta ti
y bueno
aprovecharnos al máximo
haciéndonos nuestros,
mirándonos entre las piernas y sacando pecho
hasta sonreír, suspirar y explotar,
todo a un tiempo,
supongo que todo eso es volar
y yo siempre he sido un Ícaro tratando de convertir la leyenda en realidad sobre tu piel;
desvísteme las penas
que ya me encargaré yo de acariciarte una a una todas tus heridas
hasta que brillen por si mismas,
una mano de apoyo nunca viene mal para alcanzar el orgasmo
eso lo sabes tu bien, sobretodo si estamos ocupados besándonos.

Toda una poesía para dispararte versos
uno tras otro
como quien solo es capaz de buscarte homenajes entre las letras
e ilusiones entre tus dedos;
sonrisa de atardecer a orillas del Atlántico,
esperanza de volar sobre las curvas de tu espalda
-cómo te deslizas cuando sabes lo que buscas en mi cuerpo-
y aroma a libertad al calor de tu pecho,
déjame descansar en ti
que mientras tanto trataré de hacerte un poema eterno que te haga brillar por dentro.

Gracias por el viaje, seamos efímeros sin miedo.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Ahogar las heridas

1. EXT CALLE MONTE ALTO NOCHE

Es un noche fría y ventosa, desagradable. Un hombre, joven, camina solo la calle mientras de fondo suena el gemir del viento y el mar embravecido del Orzán. El hombre camina enfundado en su gabardina que apenas lo ampara de la lluvia, las manos en los bolsillos, el rostro cabizbajo. Camina rápido, con prisa, como queriendo protegerse de la noche. Cruza rápido por medio de la carretera, pisando charcos, levantando estelas de agua a su paso. Tuerce a la derecha y desciende por una calle empinada. Al pisar la tapa de una alcantarilla da un pequeño resbalón que le hace emitir un gruñido de enfado. Tuerce a la izquierda y poco después nuevamente a la derecha. Entra en un bar desolado.


2. INT BAR NOCHE

Las mesas de madera están situadas indistintamente, sin un orden concreto. El ambiente decadente del lugar contrasta con la música alegre que suena con volumen bajo por los altavoces. El hombre se sienta en una de las mesas, la que parece menos asquerosa. Se pide una copa y comienza a beberla en silencio, escrutando desinteresadamente el fondo del vaso. Permanece un rato así, no sabría precisar cuánto. De repente entra alguien en el bar. Una mujer. Parece joven, no llegará a la treintena. Va enfundada de un abrigo rojo del que se desembaraza al entrar. Busca con la mirada por las mesas hasta que encuentra la mirada de RAÚL. Él levanta el brazo y la saluda.


RAÚL
Ey, Alicia, estoy aquí, no me irás a decir ahora que en medio de este antro no me has visto.


ALICIA le sonríe desde la puerta, la sonrisa es sincera, pero la mirada resulta triste, tremendamente triste, como si algo le impulsase a estar allí, pero en realidad no quisiera. Se aproxima con paso indeciso y se agacha para dar dos besos a RAÚL, quien le responde sin ponerse de pie y la invita a sentarse con un gesto del brazo.


RAÚL
Por un momento pensé que no vendrías.


ALICIA
Yo también pensé que no vendría.


RAÚL
Pero has venido.


ALICIA
Sí, he venido.


RAÚL
Camarero, sírvale una cerveza a mi acompañante y póngame otra copa de lo de antes, pero esta vez no me racanees el alcohol.


El camarero asiente y comienza a trajinar tras la barra. Mientras tanto RAÚL se recuesta sobre la mesa apoyando los codos sobre esta, su cara entre los nudillos y la mirada sonriente. No parece la misma persona desde que entró ALICIA.


RAÚL
Estás muy guapa ¿lo sabías? Seguro que sí, te lo deben de decir a todas horas.


ALICIA
(cortesmente)
Gracias, tú… tú también. Pareces estar bien. ¿Qué haces?


RAÚL
Vivo. Como siempre.



ALICIA
Siempre igual… Me refería que ¿a qué te dedicas?


RAÚL
Ya sabes, lo que venga, hoy aquí, mañana allí. Un poco de esto, un poco de aquello. Lo de siempre.


ALICIA asiente en silencio. No sabe muy bien qué decir. Intenta decir algo, pero las palabras no llegan a salir de su boca. Vuelve a apoyar la espalda en la silla y mira a fijamente a RAÚL. El silencio desteje su manto entre los dos durante unos minutos que parecen interminables. En ese momento llega el camarero y coloca sobre la mesa la copa y la cerveza. Inmediatamente, sin esperar respuesta se marcha a su puesto tras la barra. Ninguno de los dos ha dicho nada durante ese tiempo. Es ALICIA quien decide romper el silencio.


ALICIA
Raúl ¿por qué me llamaste?


RAÚL
Te echaba de menos.


ALICIA
Siempre me echas de menos, pero luego cuando estoy pareces echarme siempre de más. Sigues igual. No has cambiado ni un ápice.


RAÚL
Tú en cambio sí has cambiado.


ALICIA
Sí.


RAÚL
Se te ve mejor que cuando estabas conmigo. Más feliz. Menos triste. Antes tenías siempre esa sonrisa triste. Sí, esa, justo esa que tienes ahora mismo.


ALICIA
Raúl, no entiendes nada, nunca has entendido nada. ¿Recuerdas la última vez que nos vimos?


RAÚL
Nos acostamos.

ALICIA
(suspira)
Sí, nos acostamos, pero no me refería a eso. Antes de eso, la noche esa. Tú ibas borracho y hasta arriba como siempre, como supongo que irás ahora.


RAÚL
Sí.


ALICIA
¿Por qué?


RAÚL
¿Por qué qué?


ALICIA
¿Por qué estás puesto si sabes que estaba harta de vivir eso?


RAÚL la mira con extrañeza, como si acabara de ver un extraterrestre. Tuerce la cabeza tratando de entender la pregunta. Echa mano a su copa, un trago largo, interminable, hasta terminarla del todo. Cuando la termina mira el fondo vacío y vuelve a posarla con cuidado sobre la mesa. Se queda mirándola largo rato hasta que levanta la mirada y se encuentra con los ojos de ALICIA.


RAÚL
(con indiferencia)
Es la única forma que tengo de vivir. Ya lo sabes. No soporto esta existencia. Del curro a casa, de casa al curro. Y mientras tanto un par de chorradas por el camino para distraerte unas horas y vuelta a empezar la misma mierda. No es vida.




ALICIA
(triste)
No es vida. Esa no es vida. Pero podría haberlo sido. Si tú hubieras querido habría podido serlo. Y habría sido totalmente diferente si hubieras puesto de tu parte.


RAÚL
Puede que sí… o puede que no… ¿Quién sabe?


ALICIA
(resopla resignada)
Como te decía… Ese último día que nos vimos ibas hasta arriba y te cabreaste por una chorrada con un tipo del bar. Os peleasteis. Te partieron una jarra en la cara y yo tuve que llevarte a casa. Te curé uno a uno todos los cortes. Como siempre. Siempre he curado uno a uno todos tus cortes mientras tú decidías seguir destruyéndote. Y me cansé.


RAÚL
Pero lo hicimos.


ALICIA
Sí, lo hicimos. Porque te quería… y por desgracia aún te quiero. Pero esto no puede ser.


RAÚL
¿Qué te lo impide?


ALICIA
Tú.


RAÚL la mira en silencio, no sabe qué responder. Alicia se levanta y se pone el abrigo. Él no hace ningún amago por detenerla.


ALICIA
Adiós, Raúl.


RAÚL no responde, la mira en silencio mientras la ve marchar. ALICIA se detiene en la puerta. Parece esperar algo, una señal, un amago de detenerla, una despedida, algo… algo que no llega. Permanece un par de segundos quieta y finalmente se pierde entre la cortina de lluvia. RAÚL continúa en silencio, mira hacia el vaso vacío y lo empuja ligeramente hacia el borde de la mesa.


RAÚL
Adiós, Alicia.


Empuja del todo el vaso hasta dejarlo caer. Este impacta contra el suelo y estalla en mil añicos. RAÚL se queda mirando el lugar donde antes estaba la copa.


RAÚL
Camarero, póngame otra.



FIN





* Los personajes de Escandar Algeet querían una segunda oportunidad, supongo que por eso trataron de colarse en esta nueva versión Semáforo en rojo * 

viernes, 23 de noviembre de 2018

Rimo para no dejar de vivir lo que sentí

El verso se escapa como una ola en San Amaro
rompiendo la paz interior en mil pedazos,
astillando el presente,
inundando el pasado,
huyendo sin retorno al rincón de los sueños fugados.

El mar se escapa en un verso robado,
vientos del pueblo de madrugadas escapados,
salitre en la piel,
paz en los labios,
vuelta sin freno a los años apelmazados.

El verso se escapa como una ola en las manos,
rompiente del tiempo olvidado,
ventana secreta de Monte Alto,
recuento certero
de libertad que respiramos.

Sin retorno
ya nunca jamás.

Las arenas del Atlántico nos cobijan

Te hallo entre la niebla
luminosa presencia ninfeante
danza de equilibrios en el instante
dulce sueño que me lleva a cualquier parte.

Te encuentro en cada estrella,
en cada luna llena,
en la mera esencia del instante
en la felicidad del encuentro
en la calidez de todos y cada uno de nuestros besos.

Te busco
y me encuentro,
me siento voz y argumento,
paz, libertad, ensueño,
caricia suave en la mejilla mientras te aparto el pelo.

Te exploro
como selva desconocida
mar sin fondo
historia perdida
explosión de placer ignoto.

Te hallo y te encuentro,
te busco y te exploro,
y en cada futuro y recuerdo
haces del amor un pequeño tesoro.

Soñaría horizontes solo por nosotros.

Con un tiro en la nuca... para aquel que se lo aprieta

Escribo. Escribo siempre que puedo, porque no sé hacer otra cosa, porque es lo único que sé hacer. Escribo y no ceso en el intento de escribir, aún cuando la inspiración se ha marchado lejos y las letras que recorren estos renglones me resultan tan ajenas como una noche sin luna que reflejarse sobre las olas de San Amaro.

Escribo. Escribo solo para salvarme. Escribo solo para vivir. Escribo porque es uno de los pocos motivos por los que seguir. Escribo. Escribo. Escribo por ella, por ti y por mí.

Escribo. Escribo a pesar de que cada día me reconozco menos en mis poemas. Escribo a pesar de que no me veo reflejado en estos versos. Escribo. Escribo porque no queda otra. Escribo porque es lo que tengo.

Escribo. Escribo una y otra y otra vez, como un viajero desorientado que no sabe llegar a ninguna parte. Escribo como un autómata que trata de adaptarse al frenético ritmo vital que es la existencia. Escribo. Sí. Escribo

Escribo.

Y los dedos sepultan cada una de las teclas.

Escribo.

Y el silencio se abre paso por los rincones de mi pecho.

Escribo.

Y los murmullos atormentan a mis pesadillas.

Escribo.

Y el vacío me apelmaza la mente por dentro.

Escribo.

Escribo.

Escribo porque es lo único que sé hacer.

Escribo porque es uno de los pocos motivos por los que sigo.

Escribo solo para salvarme.

Escribo para resistir al destino.

Escribo.

Escribo.

Escribo.


Escribo
para mantenerme en pie
y tratar de aferrarme 
a la emoción de estar vivo.
Escribo.

Caer sin fin no lleva a ningún pozo del que se pueda salir

Fatalidad,
inquina,
horror;
desidia,
silencio,
impertérritas miradas aterradas.

Muerte,
olvido,
libertad;
destino,
castigo,
desértico yermo del horizonte.

Si me niegan la paz
pues me quedo con la gloria.

¿En qué momento te perdiste?

¿En qué momento te fuiste para no volver?

¿Dónde está tu mente?

¿Dónde empieza el laberinto y cuando termina?

Ya no hay camino para los senderos perdidos.

Solo queda seguir por la luz que brilla en el horizonte.

Sencillamente
rexistir.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Oxímoron

Miro hacia abajo y disparo
a las dos en punto el reloj estalla
en pedazos
como una carrera contrarreloj
como un estruendo ensordecedor
que alimenta la espera siniestra
hacia el paredón.

La noche trae lamentos de más allá,
de mucho más allá,
y yo miro por la ventana la lluvia caer tras el cristal,
sinuosos senderos en los que perderse,
lágrimas que escaparse por las mejillas,
reflejos de ninguna parte,
olvidos de cualquier hora.

El frío atenaza la casa
y el silencio invade cada resquicio,
el vidrio se agrieta en torno mío
y se astilla la mirada hasta el infinito.

Las luces del malecón rielan con el rocío
y la soledad se agolpa como el mar embravecido,
la barca zozobra como la vida que se pierde
y ya no quedan otros murmullos que el tétrico canto de muerte.

Miro hacia abajo y disparo
manteniendo el cañón a punto
salgo corriendo por el pasillo
y un reguero de sangre peta a la puerta
   esperando el cadáver en el rellano.

Ya no quedan noches de verano.

Entre todo ruido de la ciudad
se apaga mi voz.

martes, 20 de noviembre de 2018

Alas para volar

Hay ocasiones en que la soledad acecha en cada esquina y las ganas de vivir se escapan como el aire que exhalamos hacia ninguna parte. Sin cuidado, sin remedio. Como una suerte de sinfonía en acordes menores, de esas que te entristecen el alma sin saber muy bien cómo ni por qué, pero pasa. Y en momentos así echamos la mirada atrás y a las cartas que nos tocaron, contamos futuros con los dedos y motivos por los que seguimos en pie. Y el presente se nos deshace entre los dedos, como castillos de arena que se lleva la marea de nuestra tempestad interior.

Me sorprendería el hecho de comprobar que las ilusiones no se han dado por vencido y que todavía quedan motivos por los que escribir. A pesar de que la inspiración haga ya tiempo que se ha fugado y solo queda una vela ardiendo en medio del escritorio. Tratando de iluminar por todos los medios con su tenue luz toda la habitación. Imposible. Todos lo sabemos. Un rastro de sombras es lo que nos queda cuando volvemos a mirar. Y cerillas que se consumen entre las yemas hasta que nos quemamos tratando de aprovechar la llama que se consume. Poco. A poco. A poco. Hasta el final.

Hasta el final iría yo si tuviese la certeza de que la esperanza es lo último que se pierde. Y nada más. No haría falta nada más, eso lo tengo claro. Y sueños por cumplir que adolecen en esta contrarreloj que es crecer. Y caminos que se pierden entre la niebla cada vez que escogemos el sendero equivocado. Decisiones, decisiones, decisiones, que nos han traído hasta aquí; que nos han hecho como somos.

Me sorprendería el hecho de comprobar que hay alguna certeza entre tanta incertidumbre, que queda valentía entre tantos cobardes, que queda fe entre tanto cinismo que siempre lideró mi corazón. Y no somos quienes fuimos, y no seremos quienes queremos. Todo eso lo tengo claro. Y aún así, puede que todavía queden razones para mantenerse en pie. Espero. Porque esperar y desear es lo único que nos queda mientras sigue ardiendo en algún rincón la llama de la esperanza.

Hay ocasiones en que la soledad atenaza la piel y cubre con su negro manto toda nuestra alma. Asfixiándonos, estrangulándonos, destejiendo todo un manto de dolor y tristeza a su paso. Y ya no quedan lágrimas, ya no quedan lágrimas, que bañen mi corazón. Decía eso una vieja canción. Que se mantiene incansable en la mente por más que la vida nos golpee y tratemos de tirar la toalla. Mirar a otro lado es solo hacerle el juego a la situación predominante. Por eso como que por más que quiera huir, me mantengo firme; tembloroso, pero firme; sacando pecho por el trecho que nos queda. Tatuajes que no están sobre la piel. Tinta negra que nos adorna la mirada. Vida en cada camino, esperanza en cada sendero del alma.

¿Dónde estás Katagena?

Dónde estás.
Que por más que lo intento no encuentro la cumbre en la que te hayas.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Nacimos para vencer

Soy un camino sin rincones de salida,
soy un eterno retorno a ninguna parte,
Nietzsche en vena
y música en el corazón,
sendero oculto a ninguna parte en la carretera,
soy un invierno sin sol,
una suerte de orilla nuestra,
una caída de la ciudad eterna,
Constantinopla defendiendo su libertad contra la derrota que acecha,
un salto al vacío con razón,
un tirón al galope para sacar la suerte que me robaron,
una sombra en el viento,
los nombres de todas las cosas
como un Lanre cayendo por amor,
luchando por acabar con la costumbre,
reinvindicar una nueva izquierda
recordar la historia sobre la que caminar.
Una victoria sin final.

Soy un murmullo entre las palabras,
la música del silencio
de encontrarnos bien lejos,
rumbos eternos
hacia los sueños que recuperaremos,
saudade de sentimientos,
encierros certeros
para todos los fantasmas que nos invadieron,
demonios que cazar en las noches sin luna
y Frontela que me espera
encontrando faenas en cualquier tarea
del mundo disco.

Soy lo que digo,
y ya aviso,
de que no hay sentido para tanto sinsentido,
pero encontrar la razón entre tantos delirios
es algo tierno y lindo
hagamos nuevamente camino.
Entre esperanzas portuguesas y claveles en cada puño levantado
crearemos trincheras con los versos que nos hacen eternos
Resistencia en los barrios, orgullosos de ser obreros.

Soy una carta navegando en una botella,
océanos de palabras,
mares de miradas,
atardeceres bañados por la salitre en la arena,
generaciones que nos esperan,
pero mientras tanto nosotros haremos ondear de nuevo las banderas,
la libertad es un canto que entonar alzando la voz.
Somos regueros de paz, posguerras en que no vencieron,
guerreros del más allá, construyendo utopías por los nuestros.

Soy todo lo leído y vivido,
lo amado y creído,
lo caminado y recorrido,
soy todo lo que aspiro a lograr,
lo que trato de ganar,
las victorias que tarde o temprano lograremos conquistar.

Y no nos podrán derrotar jamás.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

En la villa de los crepúsculos seguimos viendo durante 358 días el atardecer mientras comemos helados





A veces solo nos queda sentarnos en la línea del horizonte y asumir quienes somos, bajo luces y sombras, buscando nuestro lugar en este efímero mundo en el que pesan más unas palabras que mil imágenes; con la idea de volver a ser nosotros mientras perdemos los destellos del atardecer entre los resquicios de nuestros sueños. Volutas de humo que desaparecen en la mañana, volátiles fantasías que se fugarán hasta ese sitio en el que escribir la palabra esperanza en un muro no sea delito fuera de nuestro corazón.

En tiempos de guerra la piedad es la mayor de las virtudes; por eso me observo hacia dentro y solo veo un campo en ruinas al que da miedo mirar. Olvidamos tantas veces tener piedad de nosotros mismos que nos perdimos en espirales de desastres que no logramos controlar, por más que quisiéramos.

Creo que el viento no intenta hacer otra cosa que susurrarnos senderos; de ahí mi teoría de que los escalofríos son el miedo que sentimos ante el sobrecogedor abismo que es todo lo que desconocemos en este universo de saltos al vacío. Aspirar a construir una realidad con los reflejos del mar y el cielo es un acto de pura valentía.

Solo nos queda sentarnos a ver el tiempo girar en un laberinto constante sin final. Todos; menos nosotros, en esta torre del reloj; escuchamos el tik tak, pero ya supimos que aquí la caída no nos indicaba el lugar; solo nos insinuaba que el holograma de la vida empezaba a fallar, y no nos dimos cuenta hasta que el helado, una vez más,
volvía a gotear.

Cocaína

Dejo llevar mis dedos entre las líneas
al ritmo de Saez
otra noche más
como siempre que me dejo huir
por ríos de sueños fugados
desciendo en un remolino de oscuridad
entre las tinieblas de un mundo que jadea por no sucumbir.

Desfibro los versos como insuflando vida
en donde solo hay muerte
destejiendo cadáveres
donde solo hay fetos recién nacidos,
vaya paradoja existencialista
las prisas nos llevaron a confundir realidad con ficción
y el pobre alienado que no sabe ya sentir
extranjeros en nuestra propia alma desnaturalizada
Sastre se llevó las manos a la cabeza
y el látigo a la espalda
solo el dolor nos purificará
y sufrimos
sufrimos
sufrimos inutilmente porque es lo que durante décadas nos han enseñados sus dioses judeocristianos.

Grito
grito al cielo con los brazos abiertos
¡¿Dónde estás?!
¡Dónde estás!
Que mierda de mundo nos has dejado
suerte que no existes
sino tendríamos que asesinarte con nuestras propias manos.
Crueldad dirían,
venganza otros,
caridad diría yo.

Abro libros y libros
buscando todas las respuestas que por mí mismo no hallo
y solo me responde el silencio
y miles de conocimientos que quedan grabados
pero no hay verdad en la existencia
no hay palabras para nuestra alma indefensa.

Esnifo rincones de polvos que caen sobre el infierno de mis dedos
llagas en las yemas
llamas en los yermos
campos de sueños rotos
en mil pedazos como los espejos sobre los que me miré
cuando me quise descubrir.

Qué pasará, joder,
cuando se me acabe el aire.

Qué será de mí, joder,
cuando no sepa como seguir.

Y todo explota en mil retazos
garabatos de mapas robados
perdidos senderos que no llevan a ningún lado
rótulos deslabazados
ramalazos de locura con los que saltar hacia ningún lado.

Saez déjame tu guitarra
yo pondré las rimas
y del alcohol ya se encargará el diablo.
Bailemos toda la noche hasta que llegue el fin,
tú podrás escribir
y yo trataré de reír.

Y no quedará luego nada por lo que existir.
No quedará luego nada por lo que existir.
No quedará luego nada por lo que existir.
Y no quedará luego nada por lo que existir.


Nos perdimos por el camino y no termino de saber cómo ser feliz.

martes, 6 de noviembre de 2018

Vidriera naturalista

En el alto valle verdoso,
la hierba cimbrea sus briznas
y el sol arrulla el sueño
y el viento acaricia fantasías.

En grácil mar calmado,
la luna riela su aliento
y las estrellas danzan su vida
y las escamas bailan su juego.

En la frágil loma pausada,
el silencio asoma sus pasos
y las nubes dibujan estelas
y el cielo reluce sagrado.

En la vibrante marea estelada,
llegan sonidos de olas
y cristales de plata azul
y salobre mirada que aloja.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Sobreviviendo a la rutina

Todo da vueltas a un ritmo frenético. La rutina se sucede precipitadamente en un ir y venir de clase y llevar al día los deberes y exámenes. Por otra parte tratar de gestionar los pequeños proyectos literarios en los que me atrevo a embarcarme en este maresme inestable que es el océano de dudas e inseguridades. Un par de horas libres para desconectar. Y otra vez volver a empezar.

En gran medida es ese el motivo por el que últimamente aparezco tan de vez en cuando por aquí, si me despisto acabaré pareciendo el Guadiana. Y eso, un poco eso, la rutina. Y dar vueltas a qué hacer en el futuro ¿aquí? ¿allí? ¿dónde está a corto plazo mi sitio? No lo sé muy bien, por eso lo busco, me busco, escribo, y cuando puedo saco tiempo para hacer las cosas que me hacen feliz.

En tiempos de ritmo frenético lograr conciliar supervivencia laboral con cuidados es un acto revolucionario. Tratar de cuidar a quien tenemos cerca, a quien nos cuida, a quien nos importa, y a nosotros, eso también. No es fácil sacar tiempo en las escasas 24 horas que tenemos cada día para compatibilizar trabajo, formación, descanso y cuidados. No es fácil. Por eso lograrlo es casi un acto heroico del que sentirse orgulloso.

Todo da vueltas a un ritmo frenético. Y aún así logro aparecer por aquí muy de vez en cuando y soltar una de mis parrafadas en forma de textos o rimas y versos. Y bueno. Trato de hacer lo que puedo. Abrirme en canal y explorarme por dentro. En gran medida escribo por eso. Por mí y para mí. Ya lo dije alguna vez, solo la poesía puede salvarme, del mundo, del sistema, del tiempo. Y escribir. Escribir. Escribir. Por mí y para ti. Por ti y para mí. Por nosotros. Por el futuro de felicidad que te prometí tratar de alcanzar.

Escribo por ti y por mí y por ver más cerca esa libertad que soñamos con algún día alcanzar.

Por todo eso.

Porque resistir es poesía.

Alegato por un nuevo libro

Antes de que termine el mes tendré en mis manos mi segundo libro, el segundo en menos de un año, y es bonito. Sobre todo porque no ha sido un año fácil y salir a flote no es nada sencillo cuando se sufre ansiedad y el mundo se te viene encima con mucha más frecuencia de la que desearías. Y porque los golpes no vienen de uno en uno, sino todos a la vez y en diferentes frentes. En situaciones así se hace necesario levantar trincheras y echar la mirada atrás para recuperar el pasado que nos pertenece y restituir la memoria colectiva. Supongo que por eso este libro: recuperar de una vez el cine quinqui. Supongo que también por eso el primero: recuperar nuestra identidad como generación resultado del contexto que nos ha tocado vivir, heredera de la generación rota de nuestros padres hundida por la falsa Transición, nietos de una guerra y una dictadura que quiso arrebatarnos todas nuestras conquistas. Tres generaciones en una, de eso un poco iba ese libro. Y un poco también este. De la cultura al servicio de la realidad. De levantar sueños colectivos con trabajo y compromiso.

Quiere la casualidad, esa misma que me trajo la magia del otoño, que pueda publicar este libro justo cuando hace un año terminaba de maquetar el primero. Y si logro eso ha sido gracias a mucha gente que me ha tendido su mano, tanto en difusión, como económicamente. Y apoyo, mucho apoyo emocional de la gente más cercana, que me quiere ver siempre sonreír. Por suerte. Por ver un poco más cerca la libertad.

Por ti y por mi es este libro. Y por toda esa generación que tuvo que ver como era borrada de la historia. No lograrán que volvamos a olvidar.

Resistir es poesía.

martes, 30 de octubre de 2018

Yo te quiero hacer eterna

Quiero que nuestro amor traspase fronteras
derribe muros
forje trincheras,
quiero que hagamos del amor algo revolucionario
centrarnos en cuidarnos
querernos bien
respetarnos.

Quiero que nuestro amor sea un canto a la poesía
un sueño eterno
con el que levantar utopías,
llevar la rebeldía en nuestras venas
abrir caminos
levantar puños en la primavera.

Quiero que nuestro amor sea esencia en verso
caricias para la tristeza
sonrisas para los buenos tiempos,
dibujar esperanza en las miradas
luz en las noches
magia en las madrugadas.

Quiero que nuestro amor sea pura fantasía
cambiar la realidad
mudar todo de abajo a arriba,
escribir senderos para cuando nos perdamos
ser apoyo del otro
hallar magia en lo cotidiano.

Quiero que nuestro amor sea poesía que traspase fronteras,
esencia de fantasía que convertir en puros versos.

Quiero hacerte eterna con lo único que sé hacer con los dedos,
porque creo
que el amor puede ser revolucionario
si nos comprometemos a ello.

jueves, 25 de octubre de 2018

Por favor, no me hagas atender a la muerte, es tiempo del último cigarillo

En la luz de la noche
me perdí
creyendo ver en la mirada del niño perdido
todos los sueños que un día murieron
y ya no hay salida
por favor
ya no hay salida
para la existencia
solo podemos mirar hacia el último paso
y fumarnos el último cigarro
tratando de asumir el presente
y convivir con la ausencia
el dolor nunca se va del todo
pero se atenúa cuando aprendes a sobrellevarlo.

¿Lo entiendes?

El final está cerca
y lo sagrado ha ardido en mil pedazos
y por favor
no mires
por favor
no mires
solo quiero que se folle sobre mi tumba
como un monumento a la vida
como un monumento a la vida
y ya no queda humo
en esta ciudad perdida bajo el mar del Atlántico.

En la luz de la noche me perdí
creyendo ver entre sueños rotos
y los acordes se recomponen
tratando de salir a flote
y no hay piedad
no hay piedad
por favor
no dejes de escribir
por favor
no dejes de escribir
es lo único que te queda para sobrevivir día a día.

¿Lo entiendes?

Echo de menos Coruña.
Echo de menos la ciudad.
Echo de menos el barrio.
Echo de menos la libertad de un quinto piso.
Echo de menos su paz.
Echo de menos.
Echo de menos.

Adiós
mis amigos
adiós mi país
adiós mis sueños
adiós la luz.

Adiós
mis esperanzas
adiós
mi infancia
adiós
mi presente
adiós
mi foto en blanco y negro.

Adiós
mis amigos
adiós
mi país
adiós
mis sueños
adiós mi luz

Adiós mis esperanzas
adiós mi infancia
adiós mi presente
adiós mi foto en blanco y negro.

Adiós.
Adiós.
Adiós.

Solo quiero aprender a convivir con la ausencia.

Para poder sonreír.

Por ti.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Grietas en el espejo

El mundo se pierde como mis rimas,
cayendo en pozos de oscuridad,
tropezando en callejones de desidia,
solapando las emociones
en tétricas siluetas sin vida.

La muerte acecha en cada rincón
como un baile de sombras,
una danza fúnebre de ilusión,
cobijo fugado inerte
de rutinas apelmazadas sin voz.

La noche se confunde sin prisa
precipitándose hacia ninguna parte,
proyectándose sobre un fondo suicida,
sutil soliloquio sin vuelta
hacia ninguna parte, hacia ninguna salida.

El olvido inunda en cada estación
como trenes abandonados,
raíles de desesperación,
ángeles caídos ardiendo,
reyertas internas que astillan la razón.

A la vuelta de la esquina solo hay más de lo mismo

Ando por el barrio con las manos en los bolsillos y la mirada perdida, sigo hacia adelante porque no queda otra, porque la esperanza es lo último que se pierde -dicen- y yo, pues bueno, pues me aferro a eso, siempre es mejor que nada. Nada es caer irremediablemente al vacío y ahí no se esconde nada bueno. Créanme, sé de lo que hablo, he pasado tanto tiempo allí metido que he llegado a creer que sería imposible salir de ese pozo de oscuridad.

Que no tengo nada en contra de la oscuridad. Que conste. Que vaya eso por delante.

Pero cuando te has perdido tantas veces en ti mismo creo que va siendo hora de buscar un poco de luz. Pues todos sabemos que las tinieblas solo pueden reflejar, pero no iluminar.


Ando por el barrio con las manos en los bolsillos, el frío se filtra por los resquicios del abrigo y yo, subo hasta arriba la cremallera y me enfundo el cuello escondiendo la barbilla en la palestina rojinegra que llevo anudada de cualquier forma, como el pelo alocado en mechones que bailan al viento. Busco salida en cualquier vía de escape, pero las puertas de emergencia están cerradas y no queda otra que asumir y aprender a convivir con la cotidianidad diaria, a ver si así aprendo a eso que llaman vivir.

Que podría sentarme y ver la vida pasar.

Pero cuando lo has hecho tantas veces por incapacidad y no por decisión propia; si al final logras tener esa libertad de elección, como que prefieres seguir caminando antes que caer en lo mismo y olvidarte de como se hacía eso -caminar-.


Ando por el barrio con las manos en los bolsillos, la música en los cascos, y el eco de mis pasos reverberando por las callejuelas. Dejando tras de mí un rastro de vaho al respirar. El aire helado me eriza la piel y trato de acelerar suavemente el paso para entrar en calor. El frío; es todo cuanto queda cuando ya no hay motivos para seguir, para elegir, para soñar. Todo lo demás son vanas ilusiones de creerse que uno controla la partida; sin ser esto para nada verdad.

Que podría creerme libre. Que a veces hasta me lo creo. Que quede claro.

Pero cuando has comprendido ciertos aspectos de la realidad te das cuenta de que no todo es como te lo pintaron. Y a veces, por más que lo intentes, no queda otra que fracasar. Que eso no quiere decir que no lo intentes. Pero los hechos son otros. Y a base de golpes y caídas, las palabras entran mejor con sangre. Y cristales de espejismos astillados en las yemas de los dedos.


Ando por el barrio con las manos en los bolsillos y la mirada perdida, sigo hacia adelante porque no queda otra, porque la esperanza es lo último que se pierde -dicen- y yo, pues siempre he sido más de soñar y tratar de volar.

Aunque luego todos nos imaginemos el final de la historia.



* * *



Ando por el barrio.
Las manos en los bolsillos.
La mirada perdida.
Y el eco de mis pasos perdiéndose por los callejones solitarios.

lunes, 22 de octubre de 2018

La luz de tus ojos reluce en cualquier país

El frío de octubre nos envolvía
mientras nosotros creábamos una coraza a nuestro alrededor.

Volábamos de la mano viendo trenes pasar
y nos aferrábamos al viento como olas a la mar.

La luz otoñal se diluía en los instantes
creando destellos eternos de vidrieras de color.

Soñábamos presentes fugaces al caminar
y nos perdíamos en nosotros saboreando la libertad.

La magia de las casualidades se revolvía
jugueteando por dentro como chispas de vida para dos.

Cruzábamos senderos y tiempos al viajar
marcando futuros recuerdos palpando la paz.


Los días de octubre nos envolvían arrullando nuestra voz
mientras bailábamos atardeceres ajenos a todo nuestro alrededor.

domingo, 21 de octubre de 2018

Destellos arrieros

Podría tratar de detener el tiempo
atraparlo entre los dedos y cerrar el puño a destellos
levantando estelas de arenas y terrenos
que se cuelan por los resquicios de los sueños.

¿Serviría jugar a los cuentos?
Cantar cantares de muy lejos
narrar narraciones sin saber pervivir por dentro
murmullos internos sempiternos.

Sucumbiría al entendimiento
dulce desfase de fantasmas incompletos
destellos inciertos perdidos alternos
lúgubres momentos que corromper ajenos.

¿Tropezaría el relente con el viento?
Subyugando el poder con el recuerdo
ambivalentes desfases someros
borbotones goteros que apelmazar sin miedo.

Podría tratar de detener el tiempo
pero los reos no encontrarían el sendero
los miedos desorientarían al trueno
y las noches caerían por su propio peso.

martes, 16 de octubre de 2018

Videodiario de la melancolía

Hoy no estás
otra vez
y el mundo sigue a nuestro alrededor,
pero yo,
yo me he quedado suspendido en tu recuerdo,
como un atardecer incapaz de dar paso a la noche,
como una vida que sobrevive a base de quizás.

Hoy no estás
y tu memoria me pesa más que cualquier losa sobre la que bailar
hasta morir,
porque sin ti estoy muerto en vida.

Hoy no estás
y yo recorro todos los rincones que respiran a base de ti,
que se aferran a tu olvido,
que amanecen de ausencias
y juegan a las escondidas con la felicidad.

Hoy no estás
y solo queda seguir,
hasta naufragar
entre sueños rotos que poco a poco me aniquilan.

viernes, 12 de octubre de 2018

Versos

Luz,
eres luz,
y poesía y color,
y miles de atardeceres que contar a tu lado
para pintarnos la vida,
para recitarnos los sueños;
cientos de recuerdos que recoger en un beso,
instante eterno en tu mirada
sabor libertad.

Viento,
eres viento,
y rimas y versos
con los que colar muy muy lejos,
en un viaje infinito en el tiempo
hasta hacer el mundo nuestro
como cuando me acaricias el pecho
y yo te beso la espalda,
haciendo de las sábanas
refugio y almohada.

Paz,
eres paz,
y noche y día,
momentos que abrazar en la rutina,
rumor de los bosques que nos mecían,
olas de plata con aroma a sonrisa
de esa feliz tuya que tanto me enamora;
mirada de cristal
que me cobija,
buenos días en forma de mensajería
instantánea como lo mucho
que de felicidad se me encharca el pecho
cuando cerca te siento.

Te quiero,
amor,
te quiero.