domingo, 30 de julio de 2017

Las notas musicales me dieron alas, como si fuese un gorrión con ganas de surcar los cielos

Me fugué
por mil fotografías en color,
cientos de instantáneas con filtros veraniegos
y un atardecer constante sobre el que volar.

Me escapé
como se escapan las prisas por soñar,
las ganas de vivir
y las aspiraciones de saltar
desde las rocas más altas de una cala lejana,
escondida de todo
mientras nosotros,
al fuego de una hoguera,
nos perdíamos entre caricias, besos
y momentos grabados en la retina de la memoria.

Me fumé
el tiempo,
los te espero
y todos los deseos por hacer el universo nuestro,
como si sin comerlo ni beberlo
todo girase para ser cierto,
luminoso
y certero,
como un disparo a quemarropa de rimas enlatadas entre hastags y bios de instagram.

Me sonrojé
al sentirme reconocido en tantas canciones estivales,
en tantos poemas inevitables,
en tantas frases y citas recogidas en todos los muebles de la habitación,
como si el futuro fuese eso que decidimos colgar con chinchetas en una pared
para no olvidar nuestros pasos,
y el pasado
lo que proyectamos en todas las ventanas por las que nos gustaría saltar para huir y escapar
entre todas las ansias por alcanzar la deseada libertad.


Sigo escuchando canciones que no entiendo,
como si así los relatos de sueños
de otros
fuesen más fáciles de convertir en míos.
Puede que haya todavía forma, del amor y los compañeros, convertirlos en latidos,
pulsiones
y juegos de niños.

viernes, 28 de julio de 2017

Ando al borde de los equilibrios entre mi subconsciente realidad

No sé cómo ni por qué
pero a veces colecciono fracasos en las estanterías de mi habitación.

El mundo,
parpadea allá afuera
al son de una lámpara de escritorio que no es capaz de mantener su sonrisa encendida más de 5 minutos.

Ya no escribo tanto como ayer, ni menos que mañana,
y a pesar de todo sigo taladrando mi mente frente al folio en blanco
con la pantalla en fondo negro,
la oscuridad siempre me ha ayudado a refugiarme de mis fantasmas y nadar,
así,
mejor entre las sombras;
nunca he dejado de ser un habitante de las tinieblas,
un ser
con más alma que corazón,
más ganas que voluntad,
más amagos de sonrisas tristes que de lágrimas de alegría.

Resoplo entre soplos de aire fresco que entran por mi ventana
y bebo
más litros de agua esta noche que leches me he llevado en esta vida,
y mira que me he dado muchas ostias,
supongo que la gracia de todo esto
es que no moriré deshidratado,
sino simplemente por gilipollas destrozado desde un octavo piso.

Entre bailes de letras y sinfonías de colores
he aspirado a tocar el cielo demasiadas veces,
y el infierno,
a pesar de mis intentos por escapar de él,
no ha cesado en expirar mis pecados recordándome cual es mi lugar.

Cuando tropiezas tantas veces con el mismo corazón
empiezas a pensar que te va haciendo falta un marcapasos,

y aunque he rematado a la muerte demasiadas veces
sigo convencido de que en cuanto me gire me la toparé de frente
con alguna frase ingeniosa que me recuerde que se acabó mi tiempo.
                                                        Supongo que por eso nunca he dejado de vigilar mis espaldas.
                                                                              No vaya a ser que en vez de abrazarme decida darme un mordisco con sus fauces lobunas.

Y yo,
por muy una a una que lleguen las oportunidades,
no logro dar a basto para tantas decisiones,
y me dejo llevar
                                 cuesta abajo y sin frenos.

Bastante hago ya con no vendarme los ojos y lanzarme al vacío,
que la gravedad del asunto escoja mi destino.

lunes, 24 de julio de 2017

Lánguidas sonrisas de tristes noches (I)

La poesía es como una guerra,
deja un reguero de sangre en cada rincón mientras la putrefacción se lo lleva todo.

Nadie puede guardar toda el agua del mar en un vaso de cristal

Se me escapa el mundo entre los dedos
como un vano intento de detener el tiempo,
como una marca grabada a fuego en el pecho,
como una maldición de la que no hay razón por la que seguir latiendo,
como un inerte recuerdo que por más que lo atesoro no doy para tanto lamento.

Se funde el rumbo en un conjunto
de idas, venidas,
llegadas, partidas,
estaciones sin salida,
entradas sin vías,
carreteras perdidas en rectas infinitas
que no tienen cambio de sentido ni aun sabiendo que no hay giro para volver a dónde estuvimos.

Se derrumba el pasado en las manos
como castillos de naipes que juegan al solitario,
como misterios inexplorados,
como palabras en la arena que se lleva la marea,
como resistencias imperecederas por más que el viento sople y crea
que todo está lejos y nada está cerca.

Segundos robados
ganados al reloj por más que lo hayamos olvidado,
instantes de instituto, colegio, y años,
y años,
                                                 y años que por más que lo creímos el futuro nunca nos vino dado de antemano,
que no teníamos nada a lo que jugarnos todos los tazos,
como partidas de dados que sin haberlo esperado
conseguimos llegar a algún lado,
-aunque este
estuviese mucho más lejos
de lo que hubiéramos [(o hubiese) alguien] soñado.-

Se-
todo sé
como sé que se fue, se marchó, se escapó, se acabó...
se
todo sé

Que aun recuerdo al niño enamorado que entre paseos de verano descubría sentimientos nunca explorados,
miradas escondidas a esa chica al otro lado de los pupitres,
besos de teatro que replanteaban todo lo eternamente establecido y marcado,
pasos
entre paseos nocturnos en ríos castellanos,
instantes de estrellas y licorkas en un campo de trabajo
al calor de una ducha y un baño improvisados,
octubres de la mano,
otoños entre poesía soñados,
veranos, inviernos,
                                festivales, carreteras y viajes con música impregnados.

Se-
todo sé
como sé que se fue, se marchó, se escapó, se acabó...
se
todo sé

Que aun no termino de comprender como todo vino, vio, venció y fue,
pero yo
aún en noches como esta
miro por la ventana
y apuñalo a sangre fría las letras,
como si así
algo de lo aquí plasmado valiese la pena,
que pena
que solo sea una forma de rendir cuentas
                                                                  creyéndome poeta.

Y sé, a pesar de todo,
que como Amaral el tiempo se me escapa entre las líneas del pasado y los álbumes de fotos,
que como Tuenti no hubo forma de sobrevivir siempre
y que el porvenir nos sobrepasa a veces y nos devora
poco a poco,
pero aun quedan muchas esperanzas y sueños por ver sonreir,
                                                                                                   por mirar al frente y seguir,
                                                                                                                                                por ti,
por mi,
por vivir.

domingo, 16 de julio de 2017

Nos deseo

Toma mi mano y revoloteemos en busca de un sueño,
juntemos las fuerzas para construir un mundo nuevo,
seamos sinceros y mirémonos más allá de lo que consideramos nuestro,
saquemos las ganas de forjar universos enteros,
que la vida es demasiado larga como para no vivirla sin miedo.

Tenía manía de las prisas,
de los días sin salida
cuando no te veía entre la algarabía de gente que va y viene
sin detenerse
a contemplar el mar,
a observar la paz,
a reflexionar sobre cual es el siguiente paso a dar.

Sentía ansias de todas las trampas que nos ponían,
de todos los baches con los que dijeron que tropezaría,
de todas las formas de obstaculizarnos los callejones sin salida.

Alcanzaba la palabra logrando acunarla,
mecía cada caída con la idea preconcebida de que no hay agonía
que pare las esperanzas de todas las paradas de distancia
hacia la inefable salvajada de abrirme el pecho sin calma y sin pausa.

Suponía que no había
forma de cimentar alternativas
si no era contigo vida mía,
que no soy tuyo ni tú eres mía,
pero junto a tu alma
no hay forma de que tema las falsas victorias alcanzadas,
que todavía hay mucho que caminar,
pero sé que si estás
la libertad será siempre mucho más sencilla de alcanzar.

Hagamos un baile esta noche en mi desván
que ya mañana el sol nos pillará
bailando en un concierto de Zoo
al son de Xuplaxangs,
y mientras suena en los altavoces cumbia a todo gas,
somos una jauría con ganas de aullar
entre cada orgasmo que nos acerca en esta lucha final.

Todavía conozco los versos escondidos para enamorar,
la forma de la luna robar,
los deseos que son susurros de anhelos,

entrelacemos los dedos
que somos ciegos justicieros
con ganas de volar,
siempre más y más,
nunca menos y menos,

Ya haremos del socialismo nuestro futuro cierto.



sábado, 1 de julio de 2017

Tuve miedo, mucho, cuando vi todo lo que me decían tus pupilas: Creí que te perdía

Normalmente intento apartar el dolor,
esconderlo en algún rincón del bosque interior
y como Kvothe mirar hacia adelante,
para poder sobrevivir,
pero no puedo, no siempre al menos.

A veces el recuerdo me viene
y como una punzada que se me clava en el corazón, te veo
ahí tumbada
con esa mirada de no comprender tanto dolor,
de no entender el por qué de estar allí
sobre esa camilla fría
y jadear
jadear mucho con la lengua de fuera
y los ojos más tristes que he visto nunca.

Se me encoje el pecho
y veo,
como si fuese ahora mismo
ese agujero por el que la vida se te escapaba como un soplo de aire,
sería bonito si fuera una metáfora,
pero era literal.
La vida se te escapaba entre los diferentes agujeros que expulsaban aire
y yo
no podía hacer nada
más que mirarte y pedirte perdón por no haber estudiado veterinaria,
por no tener los conocimientos para hacer más,
por no poder hacer otra cosa que acariciarte con todo,
todo mi amor.

Nunca he visto tanta ternura en una mirada que buscaba explicaciones dónde no las había,
tú sufrías
y yo solo podía acariciarte para calmarte,
y rezar
no a Dios,
sino a la medicina, a la ciencia, y al azar,
de que te dejasen continuar,
seguir conmigo muchos años más.


* * *


Ahora te veo, ahí tumbada, junto a mí,
y sonrío,
costó
y fue duro el camino,
pero eres una campeona y resististe todo lo que te vino encima sin siquiera darte cuenta de lo que pasaba,
y ahora, bueno,
somos más fuertes,
y tú la mejor;
te lo digo yo.