viernes, 30 de noviembre de 2018

Adiós

Cuando te despides de una serie o un personaje con el que has crecido durante más de 10 años de tu vida es imposible no emocionarse al ser consciente de que ya nunca más compartirás tu vida junto a él, ya no crecerás a su vera, ya no tendrás alguien en quien identificarte. Supongo que es una de las claves de madurar, dejar atrás a quienes te acompañaban de la mano y ya nunca estarán, aprendiendo a caer por ti mismo sin necesidad de que nadie te levante luego. Conviviendo con la soledad y la ausencia de las sonrisas. La indefensión que produce el quedar a la merced del mundo. Porque no te puedes comer el mundo, el mundo te va a comer a ti, y será ahí, entre caída y caída, entre fracaso y fracaso, cuando tendrás que pararte a pensar y asumir que no queda otra que abrir las alas y echar a volar por ti mismo.

Tengo un problema, por muy bien que me vaya todo no soy capaz de ser feliz.

Esas palabras dijo Carlos. Esas palabras diría yo. Esas palabras conllevan tanto implícito... Un dolor tan profundo como desgarrador: el saber que por más que lo intentes no hay forma humana de sentir paz contigo mismo; no, al menos, hasta que te encuentres. Porque te has perdido, no sabes muy bien cómo, pero en algún punto del viaje te has perdido. Y tu voz ya no es tu voz. Y tu esencia ya no es tu esencia. Y ya solo queda tras de ti un puñado de pólvora lista para explotar en cualquier momento y mucho, mucho, dolor.

Tengo un problema, por muy bien que me vaya todo no soy capaz de ser feliz.

Es en ese momento cuando debes buscarte. Echar a caminar, irte muy lejos, y buscarte. Buscarte en ninguna parte. Buscarte en ningún sitio. Sabiendo que siempre podrás volver a tu hogar junto a los que te quieren, pero tratando por todos los medios de encontrar tu rincón en el mundo. Porque solo cuando lo encuentres te encontrarás a ti mismo, y podrás volver a ser feliz definitivamente. Sin medias tintas. Sin incapacidades de ningún tipo.

Es el final de una época. Como cuando te despides de alguien que te ha acompañado durante cientos y cientos de kilómetros en el viaje, como cuando tienes que decir adiós a quien te ha dado la mano durante años. Y no quieres. Pero sabes que aunque no quieras no te queda otra que echar a caminar y aprender a volar por ti mismo.

Quizás ahí, puedas volver a descubrir cómo pasó
y encontrar,
por fin,
a quien eras
cuando todo comenzó.

El eterno retorno nunca tiene final.



Solo principios.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Leer es como mirarse al espejo

Los libros nos hacen volar, transportarnos, llegar a kilómetros de distancia que nunca alcanzaríamos si no fuera por ellos.
Pero también nos encogen el corazón y nos roban la alegría
nos llenan de desazón
y apuñalan directamente al alma
pues en ellos solo vemos lo que buscamos
lo que ya teníamos dentro y no éramos capaces de reconocer en nosotros mismos
por eso
cuando leemos
abrimos camino
hacia nuestro propio destino escrito
en nuestros pasos.

Leemos para soñar con lo que nunca nos atrevimos a alcanzar.

Chuvia do alma

As veces a melancolía peta con todas as súas forzas e enchoupa todo o corazón. E neses intres non hai máis nada que podas facer para evitalo agás deixarte levar polo seu vaivén húmido e saborido.

É ahí e non noutro momento, cando podemos acariciar o tempo nos dedos e sentilo no noso propio peito, tirando de nós cara quen sabe onde.

O vento voará e os recordos levantarán balbordo; e nos, nos trataremos de manternos a flote para non sucumbir á súa enchoupante saudade.

Palabras de Monte Alto

I


Desde lo alto del ático Monte Alto me susurra sus secretos
el Orzán reverbera lejos
y yo me dejo llevar por las líneas de los textos.




II


Te busqué en cada rincón
y me encontré a mí
a esa parte que había perdido
y durante unas horas fui feliz.




III


Puede que sea casualidad o azar,
pero Rosa Aneiros me invita a volar;
yo programo sueños en un papel
y la salida aparece en letras grandes:
                                           VIAJAR.




IV


¿Qué tienes Coruña?
Que eres como ese beso que nunca di.
¿Qué tienes Coruña?
Una mirada perdida con la que sonreír.




V


Sentado junto al mar,
la brisa en mi pelo,
los dedos en el papel,
y yo muy muy lejos.




VI


Recuerdos entre rincones, folios, instantes,
recuerdos cercanos, recuerdos distantes,
recuerdos cerveza en mano y años de estudiante,
recuerdos que recuperar para caminar hacia adelante.




VII


Ojalá Monte Alto tatuado en la piel
como esos mensajes que no quieres que se borren
por principios,
                        por final.




VIII


Las olas; la brisa; el frío; la débil caricia
del sueño de años aquí en este ático;
la salitre; la libertad; la juventud; el pasado
del eterno futuro que atrapa el Atlántico.





IX


Te diría hasta siempre
si supiese que no te vería,
te diría hasta siempre
a pesar de que sabía que pasaría,
te diría hasta siempre
aunque te resucite en cada verso;
te diría hasta siempre
porque vivir es eso: resistir es poesía.




X


Coruña en el pecho,
la brisa,
el viento.

Monte Alto por dentro,
la vida,
el recuerdo.

Un barrio en la mirada
compartiendo el tiempo.

Me haces eterno,
me haces feliz,
me haces ser quien soy

aún cuando me pierdo y me encuentro.




XI


Constantinopla defendiendo su libertad,
                               yo siendo fuego eterno,
marcas en la piel
                               heridas en el cuerpo,
paz en el corazón,
                               sueños de mi alma viviendo.




XII


Gracias.




XIII


Has hecho nieta tuya la felicidad.

martes, 27 de noviembre de 2018

Perdimos en el pasado las bifurcaciones a tomar

¿Crees que en la vida hay tiempo para recuperar el tiempo perdido? ¿O ya nunca vuelve?

Más importante ¿existe el tiempo perdido? ¿O todo sucede porque algo tiene que suceder y el tiempo perdido solo es un eufemismo para referirnos a las oportunidades que no aprovechamos y solo cuando ha pasado el momento de elegir ese camino es cuando nos arrepentimos?

No lo sé. Supongo que tú tampoco.
Por desgracia lo que nos queda es lamentarnos y soñar con lo que ya no podemos tener, hasta el fin de nuestros días. O asumirlo y seguir viviendo tratando de sacarle el máximo provecho a nuestras experiencias y situaciones.

¿Por qué lamentarnos en lugar de tratar de ser felices? Ya te digo que yo no tengo ninguna respuesta, lo que sí tengo es todavía esperanza.
Eso es todo.

Hasta siempre.

Desnudemos las penas sin miedo; perdámonos entre las sábanas del tiempo

Tropiezos en la vida tendremos más de los que podemos contar,
ahí reside el quiz de la cuestión:
en no dejarse caer en cada tropiezo
o elegir que tu mente te domine
y te susurre que no hay solución para tanta mierda,
y cuando eso pasa
te lo crees
aunque sepas muy en el fondo que no deberías,
es como esos saltos al vacío de los que desconfías
pero algo dentro de ti te incita a volar
durante unos instantes
hasta que caes después de haber descubierto lo que significa la palabra vivir.

Tengo un juego de libertades listo para cuando te acaricie la confianza,
labios que hacer hogar,
besos que convertir en sueños,
susurros distantes que hacer infinito en apenas unos centímetros de distancia,
qué mirada tan profunda tienes cuando sonríes
pero que excitante cuando lo haces de forma felina
retorciéndote en un universo de arte
que saborea fantasías en blanco y negro y dispara imaginación,
como cuando me mandas una de esas fotos que sin esperarlo me hacen transportarme hasta ti
y bueno
aprovecharnos al máximo
haciéndonos nuestros,
mirándonos entre las piernas y sacando pecho
hasta sonreír, suspirar y explotar,
todo a un tiempo,
supongo que todo eso es volar
y yo siempre he sido un Ícaro tratando de convertir la leyenda en realidad sobre tu piel;
desvísteme las penas
que ya me encargaré yo de acariciarte una a una todas tus heridas
hasta que brillen por si mismas,
una mano de apoyo nunca viene mal para alcanzar el orgasmo
eso lo sabes tu bien, sobretodo si estamos ocupados besándonos.

Toda una poesía para dispararte versos
uno tras otro
como quien solo es capaz de buscarte homenajes entre las letras
e ilusiones entre tus dedos;
sonrisa de atardecer a orillas del Atlántico,
esperanza de volar sobre las curvas de tu espalda
-cómo te deslizas cuando sabes lo que buscas en mi cuerpo-
y aroma a libertad al calor de tu pecho,
déjame descansar en ti
que mientras tanto trataré de hacerte un poema eterno que te haga brillar por dentro.

Gracias por el viaje, seamos efímeros sin miedo.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Ahogar las heridas

1. EXT CALLE MONTE ALTO NOCHE

Es un noche fría y ventosa, desagradable. Un hombre, joven, camina solo la calle mientras de fondo suena el gemir del viento y el mar embravecido del Orzán. El hombre camina enfundado en su gabardina que apenas lo ampara de la lluvia, las manos en los bolsillos, el rostro cabizbajo. Camina rápido, con prisa, como queriendo protegerse de la noche. Cruza rápido por medio de la carretera, pisando charcos, levantando estelas de agua a su paso. Tuerce a la derecha y desciende por una calle empinada. Al pisar la tapa de una alcantarilla da un pequeño resbalón que le hace emitir un gruñido de enfado. Tuerce a la izquierda y poco después nuevamente a la derecha. Entra en un bar desolado.


2. INT BAR NOCHE

Las mesas de madera están situadas indistintamente, sin un orden concreto. El ambiente decadente del lugar contrasta con la música alegre que suena con volumen bajo por los altavoces. El hombre se sienta en una de las mesas, la que parece menos asquerosa. Se pide una copa y comienza a beberla en silencio, escrutando desinteresadamente el fondo del vaso. Permanece un rato así, no sabría precisar cuánto. De repente entra alguien en el bar. Una mujer. Parece joven, no llegará a la treintena. Va enfundada de un abrigo rojo del que se desembaraza al entrar. Busca con la mirada por las mesas hasta que encuentra la mirada de RAÚL. Él levanta el brazo y la saluda.


RAÚL
Ey, Alicia, estoy aquí, no me irás a decir ahora que en medio de este antro no me has visto.


ALICIA le sonríe desde la puerta, la sonrisa es sincera, pero la mirada resulta triste, tremendamente triste, como si algo le impulsase a estar allí, pero en realidad no quisiera. Se aproxima con paso indeciso y se agacha para dar dos besos a RAÚL, quien le responde sin ponerse de pie y la invita a sentarse con un gesto del brazo.


RAÚL
Por un momento pensé que no vendrías.


ALICIA
Yo también pensé que no vendría.


RAÚL
Pero has venido.


ALICIA
Sí, he venido.


RAÚL
Camarero, sírvale una cerveza a mi acompañante y póngame otra copa de lo de antes, pero esta vez no me racanees el alcohol.


El camarero asiente y comienza a trajinar tras la barra. Mientras tanto RAÚL se recuesta sobre la mesa apoyando los codos sobre esta, su cara entre los nudillos y la mirada sonriente. No parece la misma persona desde que entró ALICIA.


RAÚL
Estás muy guapa ¿lo sabías? Seguro que sí, te lo deben de decir a todas horas.


ALICIA
(cortesmente)
Gracias, tú… tú también. Pareces estar bien. ¿Qué haces?


RAÚL
Vivo. Como siempre.



ALICIA
Siempre igual… Me refería que ¿a qué te dedicas?


RAÚL
Ya sabes, lo que venga, hoy aquí, mañana allí. Un poco de esto, un poco de aquello. Lo de siempre.


ALICIA asiente en silencio. No sabe muy bien qué decir. Intenta decir algo, pero las palabras no llegan a salir de su boca. Vuelve a apoyar la espalda en la silla y mira a fijamente a RAÚL. El silencio desteje su manto entre los dos durante unos minutos que parecen interminables. En ese momento llega el camarero y coloca sobre la mesa la copa y la cerveza. Inmediatamente, sin esperar respuesta se marcha a su puesto tras la barra. Ninguno de los dos ha dicho nada durante ese tiempo. Es ALICIA quien decide romper el silencio.


ALICIA
Raúl ¿por qué me llamaste?


RAÚL
Te echaba de menos.


ALICIA
Siempre me echas de menos, pero luego cuando estoy pareces echarme siempre de más. Sigues igual. No has cambiado ni un ápice.


RAÚL
Tú en cambio sí has cambiado.


ALICIA
Sí.


RAÚL
Se te ve mejor que cuando estabas conmigo. Más feliz. Menos triste. Antes tenías siempre esa sonrisa triste. Sí, esa, justo esa que tienes ahora mismo.


ALICIA
Raúl, no entiendes nada, nunca has entendido nada. ¿Recuerdas la última vez que nos vimos?


RAÚL
Nos acostamos.

ALICIA
(suspira)
Sí, nos acostamos, pero no me refería a eso. Antes de eso, la noche esa. Tú ibas borracho y hasta arriba como siempre, como supongo que irás ahora.


RAÚL
Sí.


ALICIA
¿Por qué?


RAÚL
¿Por qué qué?


ALICIA
¿Por qué estás puesto si sabes que estaba harta de vivir eso?


RAÚL la mira con extrañeza, como si acabara de ver un extraterrestre. Tuerce la cabeza tratando de entender la pregunta. Echa mano a su copa, un trago largo, interminable, hasta terminarla del todo. Cuando la termina mira el fondo vacío y vuelve a posarla con cuidado sobre la mesa. Se queda mirándola largo rato hasta que levanta la mirada y se encuentra con los ojos de ALICIA.


RAÚL
(con indiferencia)
Es la única forma que tengo de vivir. Ya lo sabes. No soporto esta existencia. Del curro a casa, de casa al curro. Y mientras tanto un par de chorradas por el camino para distraerte unas horas y vuelta a empezar la misma mierda. No es vida.




ALICIA
(triste)
No es vida. Esa no es vida. Pero podría haberlo sido. Si tú hubieras querido habría podido serlo. Y habría sido totalmente diferente si hubieras puesto de tu parte.


RAÚL
Puede que sí… o puede que no… ¿Quién sabe?


ALICIA
(resopla resignada)
Como te decía… Ese último día que nos vimos ibas hasta arriba y te cabreaste por una chorrada con un tipo del bar. Os peleasteis. Te partieron una jarra en la cara y yo tuve que llevarte a casa. Te curé uno a uno todos los cortes. Como siempre. Siempre he curado uno a uno todos tus cortes mientras tú decidías seguir destruyéndote. Y me cansé.


RAÚL
Pero lo hicimos.


ALICIA
Sí, lo hicimos. Porque te quería… y por desgracia aún te quiero. Pero esto no puede ser.


RAÚL
¿Qué te lo impide?


ALICIA
Tú.


RAÚL la mira en silencio, no sabe qué responder. Alicia se levanta y se pone el abrigo. Él no hace ningún amago por detenerla.


ALICIA
Adiós, Raúl.


RAÚL no responde, la mira en silencio mientras la ve marchar. ALICIA se detiene en la puerta. Parece esperar algo, una señal, un amago de detenerla, una despedida, algo… algo que no llega. Permanece un par de segundos quieta y finalmente se pierde entre la cortina de lluvia. RAÚL continúa en silencio, mira hacia el vaso vacío y lo empuja ligeramente hacia el borde de la mesa.


RAÚL
Adiós, Alicia.


Empuja del todo el vaso hasta dejarlo caer. Este impacta contra el suelo y estalla en mil añicos. RAÚL se queda mirando el lugar donde antes estaba la copa.


RAÚL
Camarero, póngame otra.



FIN





* Los personajes de Escandar Algeet querían una segunda oportunidad, supongo que por eso trataron de colarse en esta nueva versión Semáforo en rojo * 

viernes, 23 de noviembre de 2018

Rimo para no dejar de vivir lo que sentí

El verso se escapa como una ola en San Amaro
rompiendo la paz interior en mil pedazos,
astillando el presente,
inundando el pasado,
huyendo sin retorno al rincón de los sueños fugados.

El mar se escapa en un verso robado,
vientos del pueblo de madrugadas escapados,
salitre en la piel,
paz en los labios,
vuelta sin freno a los años apelmazados.

El verso se escapa como una ola en las manos,
rompiente del tiempo olvidado,
ventana secreta de Monte Alto,
recuento certero
de libertad que respiramos.

Sin retorno
ya nunca jamás.

Las arenas del Atlántico nos cobijan

Te hallo entre la niebla
luminosa presencia ninfeante
danza de equilibrios en el instante
dulce sueño que me lleva a cualquier parte.

Te encuentro en cada estrella,
en cada luna llena,
en la mera esencia del instante
en la felicidad del encuentro
en la calidez de todos y cada uno de nuestros besos.

Te busco
y me encuentro,
me siento voz y argumento,
paz, libertad, ensueño,
caricia suave en la mejilla mientras te aparto el pelo.

Te exploro
como selva desconocida
mar sin fondo
historia perdida
explosión de placer ignoto.

Te hallo y te encuentro,
te busco y te exploro,
y en cada futuro y recuerdo
haces del amor un pequeño tesoro.

Soñaría horizontes solo por nosotros.

Con un tiro en la nuca... para aquel que se lo aprieta

Escribo. Escribo siempre que puedo, porque no sé hacer otra cosa, porque es lo único que sé hacer. Escribo y no ceso en el intento de escribir, aún cuando la inspiración se ha marchado lejos y las letras que recorren estos renglones me resultan tan ajenas como una noche sin luna que reflejarse sobre las olas de San Amaro.

Escribo. Escribo solo para salvarme. Escribo solo para vivir. Escribo porque es uno de los pocos motivos por los que seguir. Escribo. Escribo. Escribo por ella, por ti y por mí.

Escribo. Escribo a pesar de que cada día me reconozco menos en mis poemas. Escribo a pesar de que no me veo reflejado en estos versos. Escribo. Escribo porque no queda otra. Escribo porque es lo que tengo.

Escribo. Escribo una y otra y otra vez, como un viajero desorientado que no sabe llegar a ninguna parte. Escribo como un autómata que trata de adaptarse al frenético ritmo vital que es la existencia. Escribo. Sí. Escribo

Escribo.

Y los dedos sepultan cada una de las teclas.

Escribo.

Y el silencio se abre paso por los rincones de mi pecho.

Escribo.

Y los murmullos atormentan a mis pesadillas.

Escribo.

Y el vacío me apelmaza la mente por dentro.

Escribo.

Escribo.

Escribo porque es lo único que sé hacer.

Escribo porque es uno de los pocos motivos por los que sigo.

Escribo solo para salvarme.

Escribo para resistir al destino.

Escribo.

Escribo.

Escribo.


Escribo
para mantenerme en pie
y tratar de aferrarme 
a la emoción de estar vivo.
Escribo.

Caer sin fin no lleva a ningún pozo del que se pueda salir

Fatalidad,
inquina,
horror;
desidia,
silencio,
impertérritas miradas aterradas.

Muerte,
olvido,
libertad;
destino,
castigo,
desértico yermo del horizonte.

Si me niegan la paz
pues me quedo con la gloria.

¿En qué momento te perdiste?

¿En qué momento te fuiste para no volver?

¿Dónde está tu mente?

¿Dónde empieza el laberinto y cuando termina?

Ya no hay camino para los senderos perdidos.

Solo queda seguir por la luz que brilla en el horizonte.

Sencillamente
rexistir.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Oxímoron

Miro hacia abajo y disparo
a las dos en punto el reloj estalla
en pedazos
como una carrera contrarreloj
como un estruendo ensordecedor
que alimenta la espera siniestra
hacia el paredón.

La noche trae lamentos de más allá,
de mucho más allá,
y yo miro por la ventana la lluvia caer tras el cristal,
sinuosos senderos en los que perderse,
lágrimas que escaparse por las mejillas,
reflejos de ninguna parte,
olvidos de cualquier hora.

El frío atenaza la casa
y el silencio invade cada resquicio,
el vidrio se agrieta en torno mío
y se astilla la mirada hasta el infinito.

Las luces del malecón rielan con el rocío
y la soledad se agolpa como el mar embravecido,
la barca zozobra como la vida que se pierde
y ya no quedan otros murmullos que el tétrico canto de muerte.

Miro hacia abajo y disparo
manteniendo el cañón a punto
salgo corriendo por el pasillo
y un reguero de sangre peta a la puerta
   esperando el cadáver en el rellano.

Ya no quedan noches de verano.

Entre todo ruido de la ciudad
se apaga mi voz.

martes, 20 de noviembre de 2018

Alas para volar

Hay ocasiones en que la soledad acecha en cada esquina y las ganas de vivir se escapan como el aire que exhalamos hacia ninguna parte. Sin cuidado, sin remedio. Como una suerte de sinfonía en acordes menores, de esas que te entristecen el alma sin saber muy bien cómo ni por qué, pero pasa. Y en momentos así echamos la mirada atrás y a las cartas que nos tocaron, contamos futuros con los dedos y motivos por los que seguimos en pie. Y el presente se nos deshace entre los dedos, como castillos de arena que se lleva la marea de nuestra tempestad interior.

Me sorprendería el hecho de comprobar que las ilusiones no se han dado por vencido y que todavía quedan motivos por los que escribir. A pesar de que la inspiración haga ya tiempo que se ha fugado y solo queda una vela ardiendo en medio del escritorio. Tratando de iluminar por todos los medios con su tenue luz toda la habitación. Imposible. Todos lo sabemos. Un rastro de sombras es lo que nos queda cuando volvemos a mirar. Y cerillas que se consumen entre las yemas hasta que nos quemamos tratando de aprovechar la llama que se consume. Poco. A poco. A poco. Hasta el final.

Hasta el final iría yo si tuviese la certeza de que la esperanza es lo último que se pierde. Y nada más. No haría falta nada más, eso lo tengo claro. Y sueños por cumplir que adolecen en esta contrarreloj que es crecer. Y caminos que se pierden entre la niebla cada vez que escogemos el sendero equivocado. Decisiones, decisiones, decisiones, que nos han traído hasta aquí; que nos han hecho como somos.

Me sorprendería el hecho de comprobar que hay alguna certeza entre tanta incertidumbre, que queda valentía entre tantos cobardes, que queda fe entre tanto cinismo que siempre lideró mi corazón. Y no somos quienes fuimos, y no seremos quienes queremos. Todo eso lo tengo claro. Y aún así, puede que todavía queden razones para mantenerse en pie. Espero. Porque esperar y desear es lo único que nos queda mientras sigue ardiendo en algún rincón la llama de la esperanza.

Hay ocasiones en que la soledad atenaza la piel y cubre con su negro manto toda nuestra alma. Asfixiándonos, estrangulándonos, destejiendo todo un manto de dolor y tristeza a su paso. Y ya no quedan lágrimas, ya no quedan lágrimas, que bañen mi corazón. Decía eso una vieja canción. Que se mantiene incansable en la mente por más que la vida nos golpee y tratemos de tirar la toalla. Mirar a otro lado es solo hacerle el juego a la situación predominante. Por eso como que por más que quiera huir, me mantengo firme; tembloroso, pero firme; sacando pecho por el trecho que nos queda. Tatuajes que no están sobre la piel. Tinta negra que nos adorna la mirada. Vida en cada camino, esperanza en cada sendero del alma.

¿Dónde estás Katagena?

Dónde estás.
Que por más que lo intento no encuentro la cumbre en la que te hayas.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Nacimos para vencer

Soy un camino sin rincones de salida,
soy un eterno retorno a ninguna parte,
Nietzsche en vena
y música en el corazón,
sendero oculto a ninguna parte en la carretera,
soy un invierno sin sol,
una suerte de orilla nuestra,
una caída de la ciudad eterna,
Constantinopla defendiendo su libertad contra la derrota que acecha,
un salto al vacío con razón,
un tirón al galope para sacar la suerte que me robaron,
una sombra en el viento,
los nombres de todas las cosas
como un Lanre cayendo por amor,
luchando por acabar con la costumbre,
reinvindicar una nueva izquierda
recordar la historia sobre la que caminar.
Una victoria sin final.

Soy un murmullo entre las palabras,
la música del silencio
de encontrarnos bien lejos,
rumbos eternos
hacia los sueños que recuperaremos,
saudade de sentimientos,
encierros certeros
para todos los fantasmas que nos invadieron,
demonios que cazar en las noches sin luna
y Frontela que me espera
encontrando faenas en cualquier tarea
del mundo disco.

Soy lo que digo,
y ya aviso,
de que no hay sentido para tanto sinsentido,
pero encontrar la razón entre tantos delirios
es algo tierno y lindo
hagamos nuevamente camino.
Entre esperanzas portuguesas y claveles en cada puño levantado
crearemos trincheras con los versos que nos hacen eternos
Resistencia en los barrios, orgullosos de ser obreros.

Soy una carta navegando en una botella,
océanos de palabras,
mares de miradas,
atardeceres bañados por la salitre en la arena,
generaciones que nos esperan,
pero mientras tanto nosotros haremos ondear de nuevo las banderas,
la libertad es un canto que entonar alzando la voz.
Somos regueros de paz, posguerras en que no vencieron,
guerreros del más allá, construyendo utopías por los nuestros.

Soy todo lo leído y vivido,
lo amado y creído,
lo caminado y recorrido,
soy todo lo que aspiro a lograr,
lo que trato de ganar,
las victorias que tarde o temprano lograremos conquistar.

Y no nos podrán derrotar jamás.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

En la villa de los crepúsculos seguimos viendo durante 358 días el atardecer mientras comemos helados





A veces solo nos queda sentarnos en la línea del horizonte y asumir quienes somos, bajo luces y sombras, buscando nuestro lugar en este efímero mundo en el que pesan más unas palabras que mil imágenes; con la idea de volver a ser nosotros mientras perdemos los destellos del atardecer entre los resquicios de nuestros sueños. Volutas de humo que desaparecen en la mañana, volátiles fantasías que se fugarán hasta ese sitio en el que escribir la palabra esperanza en un muro no sea delito fuera de nuestro corazón.

En tiempos de guerra la piedad es la mayor de las virtudes; por eso me observo hacia dentro y solo veo un campo en ruinas al que da miedo mirar. Olvidamos tantas veces tener piedad de nosotros mismos que nos perdimos en espirales de desastres que no logramos controlar, por más que quisiéramos.

Creo que el viento no intenta hacer otra cosa que susurrarnos senderos; de ahí mi teoría de que los escalofríos son el miedo que sentimos ante el sobrecogedor abismo que es todo lo que desconocemos en este universo de saltos al vacío. Aspirar a construir una realidad con los reflejos del mar y el cielo es un acto de pura valentía.

Solo nos queda sentarnos a ver el tiempo girar en un laberinto constante sin final. Todos; menos nosotros, en esta torre del reloj; escuchamos el tik tak, pero ya supimos que aquí la caída no nos indicaba el lugar; solo nos insinuaba que el holograma de la vida empezaba a fallar, y no nos dimos cuenta hasta que el helado, una vez más,
volvía a gotear.

Cocaína

Dejo llevar mis dedos entre las líneas
al ritmo de Saez
otra noche más
como siempre que me dejo huir
por ríos de sueños fugados
desciendo en un remolino de oscuridad
entre las tinieblas de un mundo que jadea por no sucumbir.

Desfibro los versos como insuflando vida
en donde solo hay muerte
destejiendo cadáveres
donde solo hay fetos recién nacidos,
vaya paradoja existencialista
las prisas nos llevaron a confundir realidad con ficción
y el pobre alienado que no sabe ya sentir
extranjeros en nuestra propia alma desnaturalizada
Sastre se llevó las manos a la cabeza
y el látigo a la espalda
solo el dolor nos purificará
y sufrimos
sufrimos
sufrimos inutilmente porque es lo que durante décadas nos han enseñados sus dioses judeocristianos.

Grito
grito al cielo con los brazos abiertos
¡¿Dónde estás?!
¡Dónde estás!
Que mierda de mundo nos has dejado
suerte que no existes
sino tendríamos que asesinarte con nuestras propias manos.
Crueldad dirían,
venganza otros,
caridad diría yo.

Abro libros y libros
buscando todas las respuestas que por mí mismo no hallo
y solo me responde el silencio
y miles de conocimientos que quedan grabados
pero no hay verdad en la existencia
no hay palabras para nuestra alma indefensa.

Esnifo rincones de polvos que caen sobre el infierno de mis dedos
llagas en las yemas
llamas en los yermos
campos de sueños rotos
en mil pedazos como los espejos sobre los que me miré
cuando me quise descubrir.

Qué pasará, joder,
cuando se me acabe el aire.

Qué será de mí, joder,
cuando no sepa como seguir.

Y todo explota en mil retazos
garabatos de mapas robados
perdidos senderos que no llevan a ningún lado
rótulos deslabazados
ramalazos de locura con los que saltar hacia ningún lado.

Saez déjame tu guitarra
yo pondré las rimas
y del alcohol ya se encargará el diablo.
Bailemos toda la noche hasta que llegue el fin,
tú podrás escribir
y yo trataré de reír.

Y no quedará luego nada por lo que existir.
No quedará luego nada por lo que existir.
No quedará luego nada por lo que existir.
Y no quedará luego nada por lo que existir.


Nos perdimos por el camino y no termino de saber cómo ser feliz.

martes, 6 de noviembre de 2018

Vidriera naturalista

En el alto valle verdoso,
la hierba cimbrea sus briznas
y el sol arrulla el sueño
y el viento acaricia fantasías.

En grácil mar calmado,
la luna riela su aliento
y las estrellas danzan su vida
y las escamas bailan su juego.

En la frágil loma pausada,
el silencio asoma sus pasos
y las nubes dibujan estelas
y el cielo reluce sagrado.

En la vibrante marea estelada,
llegan sonidos de olas
y cristales de plata azul
y salobre mirada que aloja.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Sobreviviendo a la rutina

Todo da vueltas a un ritmo frenético. La rutina se sucede precipitadamente en un ir y venir de clase y llevar al día los deberes y exámenes. Por otra parte tratar de gestionar los pequeños proyectos literarios en los que me atrevo a embarcarme en este maresme inestable que es el océano de dudas e inseguridades. Un par de horas libres para desconectar. Y otra vez volver a empezar.

En gran medida es ese el motivo por el que últimamente aparezco tan de vez en cuando por aquí, si me despisto acabaré pareciendo el Guadiana. Y eso, un poco eso, la rutina. Y dar vueltas a qué hacer en el futuro ¿aquí? ¿allí? ¿dónde está a corto plazo mi sitio? No lo sé muy bien, por eso lo busco, me busco, escribo, y cuando puedo saco tiempo para hacer las cosas que me hacen feliz.

En tiempos de ritmo frenético lograr conciliar supervivencia laboral con cuidados es un acto revolucionario. Tratar de cuidar a quien tenemos cerca, a quien nos cuida, a quien nos importa, y a nosotros, eso también. No es fácil sacar tiempo en las escasas 24 horas que tenemos cada día para compatibilizar trabajo, formación, descanso y cuidados. No es fácil. Por eso lograrlo es casi un acto heroico del que sentirse orgulloso.

Todo da vueltas a un ritmo frenético. Y aún así logro aparecer por aquí muy de vez en cuando y soltar una de mis parrafadas en forma de textos o rimas y versos. Y bueno. Trato de hacer lo que puedo. Abrirme en canal y explorarme por dentro. En gran medida escribo por eso. Por mí y para mí. Ya lo dije alguna vez, solo la poesía puede salvarme, del mundo, del sistema, del tiempo. Y escribir. Escribir. Escribir. Por mí y para ti. Por ti y para mí. Por nosotros. Por el futuro de felicidad que te prometí tratar de alcanzar.

Escribo por ti y por mí y por ver más cerca esa libertad que soñamos con algún día alcanzar.

Por todo eso.

Porque resistir es poesía.

Alegato por un nuevo libro

Antes de que termine el mes tendré en mis manos mi segundo libro, el segundo en menos de un año, y es bonito. Sobre todo porque no ha sido un año fácil y salir a flote no es nada sencillo cuando se sufre ansiedad y el mundo se te viene encima con mucha más frecuencia de la que desearías. Y porque los golpes no vienen de uno en uno, sino todos a la vez y en diferentes frentes. En situaciones así se hace necesario levantar trincheras y echar la mirada atrás para recuperar el pasado que nos pertenece y restituir la memoria colectiva. Supongo que por eso este libro: recuperar de una vez el cine quinqui. Supongo que también por eso el primero: recuperar nuestra identidad como generación resultado del contexto que nos ha tocado vivir, heredera de la generación rota de nuestros padres hundida por la falsa Transición, nietos de una guerra y una dictadura que quiso arrebatarnos todas nuestras conquistas. Tres generaciones en una, de eso un poco iba ese libro. Y un poco también este. De la cultura al servicio de la realidad. De levantar sueños colectivos con trabajo y compromiso.

Quiere la casualidad, esa misma que me trajo la magia del otoño, que pueda publicar este libro justo cuando hace un año terminaba de maquetar el primero. Y si logro eso ha sido gracias a mucha gente que me ha tendido su mano, tanto en difusión, como económicamente. Y apoyo, mucho apoyo emocional de la gente más cercana, que me quiere ver siempre sonreír. Por suerte. Por ver un poco más cerca la libertad.

Por ti y por mi es este libro. Y por toda esa generación que tuvo que ver como era borrada de la historia. No lograrán que volvamos a olvidar.

Resistir es poesía.