miércoles, 22 de mayo de 2019

Nos bebimos el mar y ahora solo queremos toda el agua

Estoy tumbado en cama
lanzándote mensajes en una botella
por ver si río abajo
te llegan estos pedazos de sueños

con tenerte arqueada la espalda y la boca entreabierta

ya estaría en el cielo
pero solo tengo tus fotos y recuerdos
y algún que otro pañuelo en los que dejar correr los te echo de menos.

A través de una pantalla
la distancia entre mis dedos y tu mejilla es la misma,
supongo que por eso me acerco tanto a la cámara
por acortar días de distancia hasta el Encuentro.

En mayúsculas
porque ahí mis versos saben a poco
y la vida habla mucho
y todas las poesías que me monto en mi cabeza
no son nada comparado a ti

esa es la magia

una ristra de segundos a 25 fotogramas por minuto
como la distensión del infinito en tus ojos
y el eco de tu risa suspendido en el aire

y yo

cayendo en amor
  callándonos a besos
    colándonos al viento
      comiéndonos el mundo como si fuese todo nuestro.


Así es nuestro cuento
un atardecer en el que querernos.

martes, 21 de mayo de 2019

Tengo astillas en lo que debería ser mi corazón hecho añicos

Siento la ausencia en lo más hondo de mi pecho
comprimiéndome,
apretándome,
tirando de mi hasta lo más profundo del pozo,
por mucho que manotee tratando de mantenerme a flote.

Soy el extranjero de Camus,
perdido y denostado,
en su propio mundo interior,
porque el exterior le rechaza y repudia
por ver los monstruos que ellos mismos han creado.

Ya no tengo a dónde ir,
ni a dónde volver,
solo un eterno e infinito páramo sobre el que desplomarme cuando llegue el final.

Y mientras tanto,
polvo y polvo y polvo
tras de mí,
revoloteándolo todo,
sacudiéndolo,
ensuciándolo,
para tratar de no ver los recuerdos a los que aferrarme cuando me siento tan solo.

Con tal de poder regresar
a dónde ya no hay nada.

Política de tierra quemada a mi paso.

Hogueras exteriores
para no apagar
la incansable llama
que arde en lo más oscuro de mi pecho.

Ya no escribo desde un quinto piso
y ya no hay verso al que volver para regodearme en Monte Alto.

Solo un triste vacío
que me ahoga y asfixia
sin haberlo querido ni planeado.

Dejadme llorar,
y entre lágrimas
abrir las supurantes venas de mis brazos.

lunes, 13 de mayo de 2019

Bochornoso calor nocturno

La noche de Lisboa es puro bochorno, y no hay quien duerma con ese pastoso calor de humedad de río. Aún por encima el sueño no viene a mí, pero la vista y la cabeza están cansadas, así que solo puedo estar aburrido tumbado en cama, sin hacer nada útil ni medianamente interesante, pues leer se torna en una actividad absurda al no enterarme de nada más allá de las tres primeras líneas. De modo que aquí estoy, aporreando el teclado, escribiendo sobre el calor de la capital lusitana, a más de 25 grados en la madrugada.

domingo, 12 de mayo de 2019

No hay prisa en la Ría cuando el sol se va

Giro en una rutina de desenfreno
me encuentro con el momento sumergido en el recuerdo
mar de salitre en un océano de paz
dónde queda la libertad
cuando todo consistía en vivir otro día
como si no hubiera mañana
y el ayer ya se quedó allá atrás
me busco sin parar
tratando de encontrar
todo lo que un día me atreví a soñar.

Relajado en la playa al atardecer,
las miradas que se escapan al vernos crecer,
hablando en un camping hasta las 3 de la mañana,
o tirado en la hierba observándonos a nosotros
dejando que el tiempo vuele en Ortigueira,
las noches de fiesta y alcohol,
las orquestas en las fiestas de pueblo que no tenemos
los barrios son nuestro orgullo y ejemplo,
ya veré lo que me espera
cuando sea la hora de echar cuentas,
mientras tanto acelera y quema rueda
que aún somos jóvenes como para fumarnos el viento.

Las tardes en cualquier parque o banco,
asaltando al amor sin esperarlo,
o fantaseando con la guerra en la cama y la paz de dormir a tu lado,
podría hacer una lista de repasos,
pero prefiero sonreír y brindar por lo logrado.


No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y rememorar,
y que nadie nos espere cuando todo vuelva a girar.

La vida en la Ría
sigue cada día
huyamos de la rutina
y asaltemos a risa armada otra sonrisa.


Pásame esa copa, tío,
que todavía queda camino hasta el amanecer,
otra vuelta sin saber dónde caer,
del Orzán al Playa sin perder
el rumbo entre tanto grupo por el que deambulo
saludando a unos y otros
como si no nos hubiesemos visto, vaya locos,
debatiendo caña en mano en el Faluya hasta agotarnos,
y volviendo luego a Monte Alto con el sol saludándonos.

Vivo por el camino en busca de una vía rápida,
evitando pagar peajes para que nada me detenga,
esperando una noticia nueva,
una nueva treta,
una nueva manera de vencer al tiempo que tras la resaca se recupera
y hace cuentas por las horas soñadas,
me mudo del mundo real a las palabras,
te destejo filigranas,
duermo tirado en la arena de la playa,
y hago de tus piernas mi trinchera y almohada,
simplemente ¡vuela!


No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y rememorar,
y que nadie nos espere cuando todo vuelva a girar.

La vida en la Ría
sigue cada día
huyamos de la rutina
y asaltemos a risa armada otra sonrisa.

No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y recuperar
todos los momentos en los que nos sonreímos al descubrirnos despertar.

La vida en la Ría
sigue cada día
huyamos de la rutina
y asaltemos a risa armada otra sonrisa.


Temo que la lluvia me haga viejo
por eso he llenado de soles todo el espejo,
sucumbo al exceso
flirteo con el dolor y el miedo,
y escribo versos para llenar la pared de tiempo y deseos.

Podría repartir la baraja,
al uno o al gilipollas
para que nadie se caiga
de esta pista sin frenos que es el verano sin emergencia ni salida
podría desdibujar la rutina,
por lograr atinar otra partida
y que todo sonría
pues ya solo quedan por delante 3 meses de fantasías.

Dormito en la finca con un libro en mano,
boli bic y libreta para atrapar el verano,
la gorra para que el sol no nos pille despistados
y kilómetros a la espalda quemando carretera de tu mano.

Me echo la mochila al hombro,
perfilo mapas de carreteras y trenes que pasan de largo
lloro cuando tropiezo más de lo necesario,
y río cuando brindo por todo lo que he ganado con los años.


No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y rememorar,
y que nadie nos espere cuando todo vuelva a girar.

La vida en la Ría
sigue cada día
huyamos de la rutina
y asaltemos a risa armada otra sonrisa.

No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y recuperar
todos los momentos en los que nos sonreímos al descubrirnos despertar.

La vida en la Ría
sigue cada día
huyamos de la rutina
y asaltemos a risa armada otra sonrisa.


Giro en una rutina de desenfreno
me encuentro con el momento sumergido en el recuerdo
mar de salitre en un océano de paz
dónde queda la libertad
cuando todo consistía en vivir otro día
como si no hubiera mañana
y el ayer ya se quedó allá atrás
me busco sin parar
tratando de encontrar
todo lo que un día me atreví a soñar.


No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y rememorar,
y que nadie nos espere cuando todo vuelva a girar.

La vida en la Ría
sigue cada día
huyamos de la rutina
y asaltemos a risa armada otra sonrisa.

No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y recuperar
todos los momentos en los que nos sonreímos al descubrirnos despertar.

La vida en la Ría
sigue cada día
huyamos de la rutina
y asaltemos a risa armada otra sonrisa.


No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y rememorar,
y que nadie nos espere cuando todo vuelva a girar.

No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y recuperar
todos los momentos en los que nos sonreímos al descubrirnos despertar.

No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y rememorar,
y que nadie nos espere cuando todo vuelva a girar.

No hay prisa cuando el sol se va
ya nadie nos puede olvidar,
brindo por soñar,
y recuperar
todos los momentos en los que nos sonreímos al descubrirnos despertar.


La vida en la Ría
sigue cada día
huyamos de la rutina
y asaltemos a risa armada otra sonrisa.

lunes, 6 de mayo de 2019

Tanta luz que no me cabe en el pecho

Te busco en cada poema, en cada texto, en cada verso,
en las noches sin luna y en los días de lluvia,
en los soles del espejo y en las estrellas que brillan en el cielo,
te busco
cerca, lejos, en sueños y despierto,
en los rincones de los cuentos, en las paredes de los azulejos,
en las playas y en los bosques de cerezos.

Tumbado en cama miro al techo,
me parece entrever tu reflejo
filtrándose con los últimos rayos de la tarde a través del balcón
como una canción
que me susurra tenuemente tu voz,
dándome calor cuando te escribo con el corazón.

Recostado sobre mis brazos
sonrío tratando de mantener ardiendo los retazos
que se acumulan en los recuerdos de los días pasados,
tu risa de mar y tu mirada de poesía,
tus dedos de paz y tus caricias de libertad amarilla,
qué harás mientras pienso en ti?
Estarás haciendo lo mismo allí?
Estarás colgando de una foto feliz?

Tumbado en cama te escribo en el teclado
haciendo magia
como tus labios soplando alas a mi espalda,
como tu vida en una cascada de palabras que me acarician.

Te busco en cada nube, en cada pájaro, en cada brizna de hierba,
en el tenue olor de la primavera,
en el verano que se despereza,
en el otoño del horizonte que derrite el invierno,
en cada verso, en cada beso, en cada trece de suerte que brindamos poesía por nosotros.

jueves, 2 de mayo de 2019

Brindo por nuestros sueños

Con una mano en el teclado y en la otra una cerveza
escribo con el sumo cuidado
del que sabe sacar con una sonrisa toda su entereza.

Entra por el balcón una leve brisa de verano
y la noche es tibia y agradable
como una superbock recién abierta,
saboreando el instante,
paladeando el momento,
haciendo del encuentro entre el poeta y el texto
un futuro incierto sobre el que volcar todos sus sueños.

Me hago un año más viejo
y en el calendario las hojas pasan de largo
consciente de hasta dónde he llegado
y a dónde me han llevado mis pasos,
no estoy tan mal
si todavía alguien logra ver brillo en mi mirada,
creo que eso lo llevo bien
así que todo en orden,
podría seguir pisando el acelerador unos cuantos años más
envejeciendo de su mano.

Lura se desviste desde lo alto del cielo
y la brisa me trae su aroma,
Portugal brilla más allá de la ventana
y el Tajo surca la vida hasta el Atlántico.

Con una mano en el teclado y en la otra una cerveza
el poeta desteje todo su mundo
reduciendo la realidad a unos pocos versos y un puñado de letras.

Sueño con la esperanza y la libertad,
vuelo más alto del cielo,
mucho más allá,
vivo en su sonrisa,
suspiro por sus ideas,
y me hago eterno entre las sábanas cuando nuestros cuerpos se recuerdan.

Con una mano en el teclado y en la otra una cerveza
hago repaso de la vida
y no está todo tan mal como la rutina me lo pinta.

Vale la pena, aunque sea por llevar tantos kilómetros a cuestas, rimando siempre por la eterna luz de su risa.

lunes, 29 de abril de 2019

No soñaré jamás con lograr terminar ese último cigarrillo que sigue ardiendo

Dejo que mis dedos desfilen por el teclado
como un sutil telar de disfrazados pájaros
que echan a volar cuando cae la lluvia de balas
y ya no queda sal
para desinfectar las heridas,
las tumbas se abrieron de par de par
y el último cigarrillo de la noche
se ha consumido en el fondo del cenicero,
como si alguien pudiese volver a encenderlo.

El firmamento llora en el infinito
y el sagrado corazón destila estrellas fugaces
como ángeles cayendo
y la inmortalidad no está hecha para los nuestros,
ni la oscuridad está hecha para la vida,
pero
a pesar de la eternidad
he querido echar a volar
y las alas se me han caído,
precipitándome lentamente al vacío.

Podría recitar cientos de versos envenenados
con el más tierno dolor de mi corazón,
pero ya no quedan noches para aullar a la luna,
la venganza ha caído como un telón de tinieblas sobre todo lo vivido
y nos complacemos en percibir la sangre de los muertos
y la tinta supura por las esquinas de los poemas
arrastrándose como un reguero de pólvora a punto de explotar,
triste canción entonada bajo el rayo que no cesa
nunca en morir.

E ter ni dad
dónde estás

me perdí en los senderos cubiertos de zarzas
y ya no hay castillos que levantar
ni templos a los que rezar,
si acaso cementerios brumosos entre los que escondernos
de los fuegos fatuos que surcan las noches de muertos
construyendo destino sin que podamos detenerlo.

En la nocturnidad
solo el silencio se abre paso entre el relente de la luna
y los precipicios se yerguen como monumentos
y los acantilados se levantan como si hubiesen sido eternos,
la hierba muere a cada paso
sin cejar en su empeño de arder
como las hogueras de frío de tu mirada
y los poros de la piel destripan pesadillas
como el humo que se difumina sin saber muy bien nadie a dónde va:
Si acaso importara....

No hay final,
solo otra vuelta más,
otra vuelta más,
y la vida llora de nuevo
ante las tumbas del cementerio,
seré inmortal mientras le quede aliento a esta canción,
triste castigo de dolor.

Es el último cigarrillo de una noche que parecía eterna
y que bella está Katagena ardiendo entre llamaradas negras,
no hay paz ni descanso
solo un vertiginoso vacío al que precipitarse para no seguir soñando,
despertar es cuestión de perspectivas
y yo estoy cansado de vivir,
sin prisa solo quiero dormir hasta que todo haya acabado.

A la luz de la oscuridad
creí que la infancia vivía entre los dedos,
pero ya no hay esperanza;
por favor,
no me des la mano,
solo quiero caer;
es tiempo
de caer,
es tiempo
de caer,
es tiempo

de caer,
mientras sigue ardiendo el último cigarrillo en el fondo del cenicero.

domingo, 28 de abril de 2019

Resistencia y libertad

Años de lucha y de resistencia,
miradas quebradas,
palabras que se agotan,
el tiempo pasa,
nos pisan las derrotas,
pero sin tregua se abre futuro,
luz en el horizonte
para los rostros desnudos
levantando los puños,
rompiendo barreras,
enfrentándonos juntos
a todo este sistema.

Podrán callarnos,
pero seguiremos gritando,
llenando de rabia los muros,
plagando de gente las plazas,
construyendo tejido de esperanza
en cada barrio, en cada centro, en cada barricada;
hagamos del mundo
un lugar que valga la pena vivir plantando cara,
conquistemos lo nuestro
que no nos roben los derechos
que no nos prohíban las ganas
de soñar con nuestra memoria robada.

Años de lucha y de resistencia,
somos los hijos, somos las nietas,
de nuestros padres que lucharon,
de nuestras abuelas que sobrevivieron,
por todos nosotros
y por todos ellos,
tenemos que sacar fuerzas de donde no tenemos,
levantar un nuevo muro,
romper todos sus ideales muertos,
los bancos para el pueblo
y sus empresas para el estado que sostenemos,
apoyarnos en los unos,
defendernos como compañeros;
de libertad y justicia se forjan los cielos;
vamos a expropiarles todo lo que tienen a costa del sudor ajeno,
no quedarán banderas tricolores sin ondear en cada ayuntamiento,
se viene un gobierno de campesinos y obreros,
de parados, estudiantes y vientos de tiempos nuevos.

Podrán intentar callarnos,
pero este grito de rebeldía ya no lo detiene ni el silencio.

Ni paz entre clases,
ni guerra entre pueblos,

somos la libertad
guiando nuestros sueños.

jueves, 25 de abril de 2019

Rompo el espejo, a ver si por lo menos tengo 7 años de mala suerte

Escribo desde lo alto de la terraza
viendo la noche muerta
la luna se ha esfumado
y solo queda vacío en esta sucia reyerta.

Tirado en la cuneta
el olvido se ha apagado
ya no quedan cantos fúnebres por los muertos
y no pierdo el tiempo intentando alcanzar los sueños.

Antes de morir vivo
y antes de hablar escribo,
trato de hacerme camino a pesar de esta caída inevitable
y no logro encontrar la emergencia para tanta entrada y tan poca salida.

El chillido estridente de mi garganta
tres cuchilladas insertadas en lo más hondo de mi cama
y el pecho sangrando a vena abierta
y la tinta que no lanzo al papel se pierde sin saber a dónde llegar.

No sé ni lo qué digo,
escribo como desorientado y trasnochado
la lata de cerveza que tengo al lado
me susurra que no busque sentido a todo el humo.

Pero alicaído y cabizbajo
supuro retazos con el cuidado
de no mancharme demasiado
cuando ya no haya tiempo con que atarme las manos.

Tenía 24 y la poesía buscaba salida,
han pasado 2 años,
y parece una eternidad de ausencias y vacíos,
sin saber si quiera como salvarme cuando me siento destrozado.

Soporto demasiadas cargas a la espalda
y es que el loco que escribe su diario
solo sopla susurros a la lluvia y el viento
y el resto es una estridencia para soportar la realidad.

La sutil levedad del ser
atormentando por llegar vivo a fin de mes,
la cuerda floja es un buen lugar
para jugar a los equilibristas.

Y trataría de sonreír a la vida,
pero solo me salen lágrimas entre la agria saliva
que escupo 4 pisos hacia abajo
contando los segundos de descanso que tardaría en llegar a la paz.

Busco una prórroga a esta sinfonía
y solo encuentro un triste miserere de insípidas soledades
puede que haya tocado fondo tantas veces que ya no sepa levantarme
y aún a pesar de todo cada día trato de hallar salvedades que rompan la vorágine suicida.

Antes de callar grito
antes de pensar escucho
trato de marcar sendero
entre tanto vaho y humo.

Tirado en la cuneta de mi vida
el miedo se difunde sobre el cuerpo
el olvido se abre paso entre los muertos
y solo quedan recuerdos que se clavan como cuchillos de veneno.

Escribo desde lo alto de la terraza
viendo la noche pasar
la luna se ha marchado
y ya solo queda soledad en mi propio recital.



A veces soy feliz a lomos de un verso indomable
y otras veces mi piel es un lugar inhabitable.

jueves, 18 de abril de 2019

Te fuiste, como el humo de un cigarrillo

En el tranvía me arrastro por los bulevares. 
Hay olas de ti. 
Saez

Estoy en el balcón,
comiendo pipas con el rostro al sol
la mirada perdida calle abajo
tratando de encontrar el fluir del Tajo
a ver si así la deriva me lleva luego corriente arriba
subiendo por todo el Atlántico
hasta la Ría
y ver allí la luz de la vida,
la llama siempre encendida
que es tu sonrisa.

Escribo buscando la música entre los dedos
tratando de vivir el momento,
pero solo logro perderme entre los versos
y los acordes de Saez me transportan muy muy lejos,
donde te siento cerca de mi pecho,
como si así pudiera engañar a mi cuerpo
y creerme que no estoy pensando en ti todo el tiempo.

Me explayo en el cuarto
piso de un cuarto pequecho
sintiendo la saudade que me encharca
sin llegar a filtrarse entre las líneas del texto
de un azul portugués que reluce cuando estás aquí
conmigo
haciendo camino
hacia la paz de una playa de Portugal,
hacia la libertad de una cárcel de la que escapar,
viajando lejos, siempre lejos,
agarrados de la mano para que las corrientes no nos hagan perdernos
y hacer eternos los recuerdos que alimento
para ahuyentar el viento que se desata tras los cristales del espejo.

Estoy en el balcón,
escribiendo,
con Saez dando melodía al momento
y pelando pipas al sol
como quien desviste los segundos hasta que nos encontremos.

Mientras tanto, amor,
te buscaré en los versos.

miércoles, 17 de abril de 2019

Te has ido y Lisboa reverbera a ti

Te has ido
y ahora solo me queda tu memoria entre las calles de Portugal, como una presencia siempre constante que me recuerda que ya no estás y que la brisa de Lisboa es normal que huela a ti, a ver si así te echo un poco menos de menos, valga la redundancia, pero es que ni echarte de menos al cuadrado es suficiente como para llenar tu ausencia en mi pecho.

Te has ido
y la fina lluvia que trae el cielo desde el mar llora calle abajo al despedirte en la estación de comboios, como esos instantes que quedan grabados para alimentarnos en el tiempo unas semanas más, hasta vernos.

Te has ido
y yo te echo mucho, mucho, de menos frente al ordenador del trabajo, saboreando los dos últimos días, sacando luz a la tristeza que ahora mismo siento. Ojalá detener en cama el tiempo y que los relojes fuesen hacia atrás, cuando todo era tu sonrisa. Ojalá. Para ser un poquito, solo un poco, lo suficiente, más eterno.

Hoy ya no estás
te has ido
y yo siento el frío de tu ausencia
el vacío de tus besos
y el mundo está gris,
triste
y desierto
porque escribo en blanco y negro
para vivir en la luz de tu pecho.

Hoy ya no estás
y yo no soporto tenerte lejos.

Te quiero.

domingo, 7 de abril de 2019

La melodía da chuvia

La lluvia en Lisboa suena distinto.

Como a mar embravecido.

Como a río salvaje.

Como a temporal atlántico crecido en el intempestivo yermo páramo de las Azores.


La lluvia en Portugal suena distinto.

Como a saudade.

Como a frío en los cristales.

Como a resbaladizo empedrado que discurre por las calles.


La lluvia suena distinto.

Tiene otro ritmo.

Tiene otro baile.

Tiene ese no sé qué que se detiene ante los ojos por un instante.



Y luego cubre todo con ese manto insondable con olor a Tajo.

Y Lisboa lo sabe.

Ese manto insondable que lo refresca todo como una tierna caricia que se sabe querida

Llueve al otro lado de la ventana
mientras las palabras
corren calle abajo
por las aceras empedradas.

El frío inunda todo,
y la oscuridad se arremolina en el entorno.

La noche se abre paso,
y la luz se esconde en los rincones remotos.

Golpean las gotas el vidrio y el balcón
quedan pausas intermitentes de silencio
y monótono diapasón
constante como si hablase la soledad desde lejos.

El cielo se disuelve
y la tormenta barre el paisaje.

Queda un baile de sombras
en este tétrico temporal azorado desde el mar bravo.

Llueve al otro lado de la ventana
y calle abajo quedan las palabras
que no han lavado de nuestros rostros
la fría lluvia que cae ante nosotros.

Llorando fantasmas de ausencias.

viernes, 5 de abril de 2019

Humidade

El frío me atenaza los dedos, impidiéndome escribir con soltura. Lisboa se filtra por todos los resquicios de la habitación mientras la lluvia poallenta a través de las ventanas y empapa el balcón. El empedrado está resbaladizo, más de lo normal, y la noche ya hace un par de horas que se ha abierto paso por un cielo gris que solo pregona tormentas.

Los rostros tristes recorren los vagones del metro, mientras las prisas por llegar a ninguna parte hace correr a los pasajeros de un lado a otro por si pierden el tren, no vaya a ser que dentro de tres minutos no pase el siguiente y el mundo se precipite en un cataclismo de proporciones sobrehumanas.

Que encharcadas que están las paredes cuando el frío aprieta, cuando la humedad se filtra en el cuerpo y cuando por mucho sol que haya no se logre encontrar tras la jornada laboral.

Portugal, Portugal, con lo que yo te quiero Portugal.

Y el frío me atenaza los dedos, impidiéndome escribir, impidiéndome moverme, impidiéndome pensar, en este pequeño cuarto de soledad en el que me refugio esperando al sol, al viento y a la libertad.

lunes, 1 de abril de 2019

Diario de un erasmus en prácticas

Estoy en Lisboa por fin y eso significa que comienza una nueva aventura.

La verdad es que querría ir subiendo por aquí de vez en cuando fotos/textos y demás de esta experiencia y así iros comentando un poco mis avatares durante esta breve temporada por la Lusitania, no sé qué os parecerá a los pocos lectores que hay por aquí, pero siempre he hecho lo que quiero con este blog y no vamos a cambiar ahora el hábito (lo más probable es que incluso la mitad de estas futuras entradas queden en la sección borradores).

No me enrollo más, porque tampoco es cuestión de rellenar esto con paja sin sentido, os iré contando poco a poco según vaya cuadrando y sin ningún tipo de pauta.

Nos leemos.

martes, 26 de marzo de 2019

Suspiro de palabras

La vida atenaza miradas
atrapa calmas
encierra fantasmas,
subyuga el tiempo sin saberlo
sin ser capaces de preverlo
sin comprenderlo
sin conocer el modo de ponerle remedio.

Pisa las prisas,
la desidia se excita
y suscita sospechas de miedos
más fácil sentirlos
que verlos llegar de lejos
ondeando llantos de muertos
cuentos incruentos
suculentos cielos negros
que aprisionan el viento.

El mundo se escapa
sin encontrar palabras
sin hallar la barra
de la puerta de emergencia
que empieza
donde finaliza el suicidio de mi cabeza,
terca conciencia que no aligera
la carga que ella sola arrastra sin esperas.

Suspira la infinita caída
terca vida que se estira
como una soga sibilina
que huye sin pericia
cual muerte en vida
vida mortífera
luciferina salida
que aprisiona las prisas
que se pisan sin saber sostenerse alicaídas.

La vida atenaza miradas
pisando las prisas
fugaces mundos que se escapan
en un suspiro de infinita caída.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Resquebrajar fibras de impotencia

Entre los rincones del alma
tras los pedazos de tristeza
y los añicos de soledad,
hay luz y muerte,
vida y oscuridad,
cruentas interrogaciones de existencia,
patéticos intentos de comprender
el aquí y el allá,
el vacío y la plenitud,
el inicio y el final.

Entre los rincones del alma
solo queda descanso
para tu paz.

lunes, 18 de marzo de 2019

Eterna como la fugacidad del luscofusco

Paso las horas, en la soledad de mi mente,
te echo de menos, te siento lejos,
me faltan tus palabras,
se me escapan entre los dedos.

Castilla es inmensa
y yo tan pequeño
que podría perderme
entre los rincones del silencio.

El sol desaparece tras el difuso horizonte
y la noche se abre paso
a kilómetros de distancia
que dejo a mi espalda.

Trato de atrapar la luz,
pero es más veloz que yo,
y el fin del mundo me precede
siempre que trato de hacerle frente.

Las esperanzas vuelan
hacia futuros que surcan el cielo,
los sueños viven en ti
y lo demás son vanos intentos de ser feliz.

Por ti sangro, lucho, pervivo,
por ti el mundo cobra sentido,
por ti, por ti, por ti,
por dar sonrisas al vivir.

domingo, 17 de marzo de 2019

Castilla que (ante mí) todo lo abarca

Campos inmensos,
horizontes de labranza,
praderas de dorada vida
que entre suspiros respiran.

Cielos sin fin,
refugio de soledad,
kilómetros de miradas
que todo lo abarcan.

Saetas y filigranas,
aves que surcan
y raudas se escapan
entre las frágiles casas.

Templos de paz,
callejuelas medievales,
tintes naranjas de calidez,
rincones que esconden la historia que se ve.

Campos inmensos,
horizontes de labranza,
praderas de dorada vida
que entre suspiros descansan.

lunes, 11 de marzo de 2019

De ti, en ti, tras ti; todo eres tú cuando el mundo vive en ti

Sentado en el balcón de tus labios
sorteé todos los obstáculos a través de la luna,
y en el halo de luz que despierta la noche
me topé con la mañana entre tus dedos de fortuna.

El mar susurra recuerdos lejanos
y la brisa acariciaba con calma,
todas tus fantasías de medianoche
que refulgían en el atardecer de tu mirada.

Mirando el horizonte perdido
encontré el camino entre el azar aleatorio,
y al calor de todos tus buenos días
las sábanas cosquillearon murmullos de otoño.

Mirando el sendero versado
hallé soles al otro lado del espejo,
y de lejos supe que había reflejos de vidas
deslizándose por nuestros besos rimados.

El viento refresca esperanzas bañadas
por el sol escondido entre el Atlántico,
y entre los rincones de tu alma de verano
sonríen canciones que bañan el alma.

Sentado en el mirador de los sueños
soñé con soñarte poemas en la espalda
y pensé por un instante que todo se detenía
mas era que todo alrededor de tu mirada giraba.

sábado, 9 de marzo de 2019

En el brillo de tus ojos vi las sombras de mi propio vacío

Te echo de menos.

Todos los días.

¿Para qué mentir?

No hay momento del día en que no piense en ti. No hay vez que entre en casa y te busque, ni instante en que salga a la calle y te eche en falta.

Construimos la vida a base de ausencias que no podemos remediar. De miradas que nos faltan y que solo podemos aprender a asumir, que ya no están, que ya no nos observan, que ya no nos brillan con esa limpia felicidad olor a primavera.

Olisqueando el aire sostenemos losas que apoyamos al pie de la entrada de nuestra ciudad interior. Cementerios externos para asegurar las ruinas de lo más hondo del corazón. Evitando el olvido. Salvando las distancias. Sustentando la realidad a nuestro antojo, para no derrumbarnos.

Escribo poco, muy poco, cada día menos.

Primero en enero.

Luego en diciembre.

Y un año entero que se fue como un soplo.

Llevándose por delante los sueños de un chaval que corría demasiado rápido como para lograr llegar a ninguna parte. Quizás por eso siempre vivió a la fresca de su propia sombra. Como un mar de soledades que se encrespa cuando se sabe atrapado por las mareas y encerrado en un vaso de cristal que se desborda por las oquedades que quedan cuando el frío resquebraja las grietas del mundo, hasta caer.

Escribo poco, muy poco, ya no me sale.

Creo que os llevasteis lo poco que quedaba de mí.

Y ahora deambulo buscándome.

Como si pudiera encontrarme...

Je. Sonrío de medio lado ante mi propia ingenuidad. Encontrarme... ¿Quién puede encontrarse cuando no sabe si quiera a dónde va

cayendo

poco a poco

sin prisas

pero sin frenos

?

Esta caída que te anuncio es de un tipo muy especial, terrible. Es de aquellas en que al que cae no se le permite nunca llegar al fondo. 
Sigue cayendo y cayendo
indefinidamente.
Es la clase de caída que acecha a los hombres que en algún momento de su vida han buscado en su entorno algo que este no podía proporcionarles,
o al menos
así lo creyeron ellos.

En todo caso, dejaron de buscar.

Dejamos de buscar...

De hecho,
abandonaron la búsqueda
antes
de iniciarla
siquiera.

Holden, dejamos de buscar... siquiera antes de intentarlo...
Y así nos va...
cayendo...


Hay miradas resquebrajadas que no se curan. Cuando es así, lo mejor, quizás, es guardarlas en lo más hondo del alma. Con llave. Con cerrojo. Y encerrarlas para siempre. En esa jaula de cristal que nos construimos. En nuestro propio infierno.
Quizás así,
solo así,
podamos salvarnos...


Te echo de menos.

¿Para qué mentir?

viernes, 8 de marzo de 2019

Estoy de baja en el temporal de mi infierno

Aporreo el teclado buscando espantar un poco todos los fantasmas que vienen a visitarme estos días durante la madrugada, como si así fuese a lograr acallar todas esas voces que me repiten una y otra vez -no lo vas a lograr-, -vas a fracasar-, -ni lo intentes-. Y es gracioso, o quizás irónico, no sé, puede que solo resulte una muestra más de patetismo, pero esas voces vienen de mi propia cabeza y me ahogan, más y más y más, como una niebla densa y pesada que trata de aplastar cualquier atisbo de luz que pueda entrar entre tantas tinieblas negras.

Ansiedad, dicen.

Y no es que tenga miedo a las tinieblas, a menudo te guían, te acompañan y te hacen fuerte. Pero eso solo es cuando logras controlarlas y hacerlas tuyas. El resto del tiempo es un terrible cúmulo de demonios que se ríen de ti a tus espaldas y de cara vienen con uñas y dientes a desgarrarte cada puñado de esperanza hasta que solo quede un reguero de penas y un alma rasgada en mil pedazos destrozados.

No sé. La verdad, es que no sé.

Pero por eso aporreo el teclado, con fuerza, con irritabilidad, con tediosa y desesperada mirada de agonía, como quien quiere huir más rápido que su propia sombra y no sabe que la arrastra tras de sí pegada a sus pies. ¿Quién fue el imbécil que creyó posible escapar de las pesadillas? Resulta tan patéticamente vulnerable verme al otro lado del espejo, con esa sonrisa de medio lado de cordero degollado que no sabe sobrevivir por sí mismo si no es sosteniéndose en los otros. Incluso a eso nos han enseñado a tener miedo. No vaya a ser que aprendamos que juntos somos fuertes y separados solo somos un puñado de locos corriendo sin rumbo, como pollos sin cabeza en una matanza que celebre nuestro fracaso como clase.

Todo eso podría pensar.

Pero en realidad solo tengo un puñado de voces que me repiten insistentemente que huya, que escape, que evite el fracaso y el miedo. Si no lo intentas no puedes ganar... pero tampoco perder. Simplemente quedarse sentado en un banco mirando el paisaje y al mundo girar, como si nosotros solo fuésemos un espectador más en este espectáculo que es la rutina, mientras la vida va pasando para todos menos para nosotros, pobres títeres rotos que han creído poder romper sus cuerdas por sí solos.

Si no lo intentas no puedes fallar.

Te repites una y otra vez, como si así fueras a solucionar algo. Y lo más irónico es que sabes que no es verdad y que así no solucionas nada. Y todos los fantasmas y demonios seguirán sonriendo con sus fauces lobunas mientras tú lloriqueas en un rincón aporreando el teclado, como si así fueses a escapar, como si así pudieras ser salvado. Justicia poética. Licencia artística. Cuarta pared que se resquebraja ante nuestra mirada vidriosa, lastimera y despedazada.

Ansiedad, dicen.

No lo sé.

Solo me miro al espejo y no me reconozco.

Y todo lo demás son tonterías del resquebrajado escritor.


Aporreo el teclado buscando salvarme, pero solo me topo con un puñado de demonios que han venido a buscarme en la madrugada. Me tienden su mano. Yo miro a la soledad a los ojos. Y elijo seguir sus pasos.

Solo queda vacío.

Y un cuerpo inerte al pie de la torre del reloj.

domingo, 3 de marzo de 2019

Sonata de mi barrio

En una ventana de Monte Alto
en un quinto piso muy lejano
el tiempo vuela 
mientras el viento devora todo a su paso.

Levantando nebulosas de olvido
y pasos sin rumbo ni sentido por las baldosas del paseo marítimo.

Pisando el mar
la arena se abre paso bajo nuestros pies.

Y solo quedan sueños guardados bajo llave en alguna cajita de tesoros en lo más profundo de un cajón.

Y solo queda levantarse de nuevo para seguir.

Estoy de nuevo aquí,
en esta ventana de Monte Alto, 
escribiendo mientras el sol me ilumina el rostro
y el oleaje bravo nos muestra su vaporoso
vaho de salitre sabor a beso atlántico.

Sonríe.

Sonríe.

Camina con paso firme sin rendirte,
y quizás así podrás estar bien contigo mismo.

No voy a mentirte.

No es un querer es poder.

Pero tampoco es caer en el determinismo de que no hay salida para tanto dolor.

En una ventana de Monte Alto
en un quinto piso muy lejano
el tiempo vuela
mientras el viento lo arrasa todo a su paso.

Pero puede, 
que cuando menos lo esperes,
por fin hayas llegado.








A dónde querías estar.

jueves, 28 de febrero de 2019

Antología Pimientos


Hace unos meses descubrí por el mundo de los blogs una propuesta muy bonita para una antología: Escribir un relato en el que las cobayas tuviesen un gran protagonismo con el objetivo de publicar para ebook un libro solidario con el que recaudar dinerito para un refugio de cobayas: El refugio de los pimientos.


Me encantan las cobayas y me encanta escribir, así que decidí juntar ambas cosas en un pequeño relato de prosa poética con el que responder a la llamada de auxilio que lanzó Aura en su blog.

Porque como dice el meme: Cualquier historia sin cobayas puede ser una buena historia, pero faltan eso: cobayas. 


Así que tras ser aceptado quedó lo más difícil, soportar la larga espera de meses en la que nuestra antologa y editora estuvo trabajando sin cesar para hacer un librito que valiera la pena comprar, y vaya si lo consiguió, sino mirad solo la portada que hizo Crisseda y comprobad por vosotros mismos lo linda que quedó.



Hoy, por fin, el libro ha salido a la luz y quería pediros que os pasarais por la web del refugio y por el link del libro para echarle un vistazo -ya si os gusta y queréis colaborar comprándolo pues ya sería perfecto <3.-

No dudéis también en pasaros por el blog de Aura que se lo ha currado mucho y recordad, cualquier buena historia siempre necesitará de cobayas. ^^



miércoles, 27 de febrero de 2019

Terminal de... viaxes

Quien marcha una vez no regresa nunca.

Y kilómetros y kilómetros a la espalda.

Porque somos los viajes que hacemos,
las ciudades que visitamos,
los mundos que vivimos a través de los ojos de otros.

Porque no hay dos destinos iguales,
ni dos viajeros semejantes.

Quien marcha una vez no regresa nunca.

Y la mochila no tiene regreso
y la mochila solo tiene salida.

Y kilómetros y kilómetros a la espalda.

Porque somos la melancolía de los mares,
la saudade de los vientos,
las melodías de las callejuelas,
y los murmullos de los tiempos.

Porque no hay viaje
sin punto de regreso,
ni sueños
sin punto solo de salida.

Quien marcha una vez no regresa nunca.

Quien marcha

no regresa nunca.

Y kilómetros
y kilómetros
sin fin.


O mundo arrólame no seu berce morno de despedidas.

viernes, 22 de febrero de 2019

Me asomé al abismo y no vi nada

En la oscura noche del alma la tristeza solapa cualquier otra emoción, y la lluvia ya encharca la mirada y el frío ya atenaza el corazón. No sé a dónde camino si no es a un constante intento de suicidio. ¿Para qué vivir? Si total a la vuelta de cada esquina solo nos espera tristeza, tristeza, tristeza, tristeza.

Vivir es un dolor constante cuando no hay espacio para la felicidad. Y la soledad embarga la habitación y los fantasmas sobrevuelan las pesadillas. Ya no quedan tampoco demonios que puedan cobijarnos de la helada desidia que acompaña al cigarro que se consume lentamente en la lata vacía de refresco, tirada ahí desde hace ya demasiado tiempo. Las cenizas se mezclan con el polvo y todo el suelo del recinto es un tenue, pero visible, manto de aislamiento, cruel indicativo de que no hay nadie que pueda ya salvarnos de esta burbuja de tristeza y soledad en la que nos hemos refugiado en lo más hondo del negro pozo.

En la oscura noche del alma la tristeza atenaza cualquier emoción, el frío solapa la mirada y la lluvia encharca el corazón. No sé a dónde voy si total... realmente... ¿Qué más da? ¿Para qué vivir? Si total lo único que nos quedará siempre es dolor. Un fétido y nauseabundo dolor que corre ponzoñosamente por nuestras venas. Y tristeza. Y tristeza. Y tristeza. Y tristeza.

Vivir es un dolor constante.

Y la soledad
es lo único que queda.

Simplemente un charco helado
de soledad.

sábado, 16 de febrero de 2019

¿Cómo encontrar la calma que busco y no volverla a perder?

Cientos de kilómetros a la espalda
y ya no quedan palabras para explicar nuestras ansias
por volar,
por lograr alcanzar otra forma de ser,
de existir,
de sobrevivir a la rutina,
de no sucumbir,
de aspirar a vivir.

Ya no sé escribir,
la poesía se fugó,
y las letras se difuminaron
para no lograr acallar los pasos
que dar
una y otra vez,
¿cómo podría hacer?
para no caer una y otra vez,
para seguir
una y otra vez.

Quiero arder hasta ver el cielo en llamas
y cuando ya no sepa avanzar
saltar al vacío desde la torre del reloj
y volver a empezar
reiniciando todo sin llegar nunca al final.

No sé cómo ascender
a las cumbres de los deseos,
pero todos los sueños se fugaron para no volver,
y ya no hay coordenadas para tantas prisas apagadas.

Supongo que podría haber controlado,
yo que sé,
pero luego solo sabré como poder vencer
a la desidia de caer,
sin perecer.

No sé cómo ser,
sin dejar de ser,
¿dónde estaré
cuando no sepa reconocerme?
¿dónde estaré
cuando no sea capaz de quererme?

No sé cómo ser,
sin dejar de ser,
no sé cómo sonreír,
sin vivir inundado de tristezas.

Bajar la cabeza
y caminar.

Bajar la cabeza
y las manos en los bolsillos.

Capucha y cuello del abrigo levantado.

El frío calando
y la soledad impregnando el cuerpo hasta lo más hondo de los huesos.

¿Dónde caeremos?

¿Dónde pereceremos?

¿Dónde se acabó el viaje que no comenzó?

¿Dónde comenzó el viaje que nunca acabó?

Échame menos de más
y cuando ya no pueda soportar mis ruinas
huiré para no volver mirar a atrás.

Cientos de kilómetros a la espalda
y ya no quedan palabras que puedan explicar las ansias

de mi cuerpo y alma
por lograr llegar a la siguiente parada

sin perecer a la rutina y lograr sobrevivir a la vida.

viernes, 15 de febrero de 2019

Soledad (en los paseos nocturnos de la vida)

Me empapa la soledad
y mientras los acordes de Saez desfilan ante mí
como cientos de imágenes en las que veo todo lo que perdí al vivir
dónde estará el vacío cuando no hay modo de saltar?

La lluvia amarilla me nubla la vista
y el olvido ya vino para llevarse todo y dejar un triste páramo de más allá
y la noche solo rompe el silencio
con el tenue llanto que entonamos por los muertos
no lloréis por ellos,
llorad por los vivos que son los que han tenido que seguir

por mucho que no quisieran
seguir
porque solo queda soledad.

Me empapa el relente de la luna
y paseo en noches oscuras
por los callejones sin salida de mi propio laberinto de palabras suicidas.

Dónde quedará todo lo que fuimos cuando ya solo quedo yo aquí?

Dónde quedará el más allá
si mi propia mente no sabe soportar
la sola idea de caminar sin nadie más?

Me empapa la soledad
y Saez desteje los acordes en el viento
solo queda el silencio
para este triste sendero de vivos muertos.

Ya no hay más momentos
tras el desamparado fuero interno inundado de lamentos.

Lejos,
Muy lejos.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Acordes y kilómetros al calor del mar de tus ojos

Surco los instantes como una ola que se pierde en la playa,
las miradas cálidas guardan más luz que cualquier palabra
que pueda decir en forma de verso,
pero yo lo intento
por ser el pedazo de instante en el que valga la pena perder la eternidad
y contemplar
el infinito en el más profundo bienestar.

¿Qué será que tienes que no puedo cesar en admirar las casualidades?

Toparnos sin esperarlo,
construir futuro y pasado,
recorrer nuestros pasos
y mochila al hombro llegar a dónde nunca nadie ha llegado.

Surco la vida como la brisa que levanta salitre
y me asomo a la ventana al sentir tu aroma en la mañana,
la palabra libertad se escribe muy bien con tus labios
como esas filigranas que destejen tus dedos en mi piel,
no sé muy bien explicar el por qué,
pero siento paz en tu regazo, refugio y hogar.

¿Qué será que tienes que no puedo pensar en otra cosa que el mundo de tu mano?

Kilómetros y kilómetros que llevarnos a la espalda
y pisa el acelerador para llegar bien lejos,
arte es todo lo que explicas enamorada
y lo demás son tonterías,
cosas de niños,
como la pureza con la que sonríes al despedirte en la madrugada.

Surco la luz como la marea trae dulzura a tu pecho
y recojo todos los recuerdos para hacer un álbum de fotos
que mirar cuando estamos lejos el uno del otro,
que da igual todo si escucho tu voz
y el destino es lo de menos en el viaje,
lo que me importa es tener un mapa de carreteras y pecas para inmortalizarlo.

¿Qué será que tienes que sabes cómo meter todo un mundo en tus besos?

Recorrer senderos,
versar sueños,
rimar encuentros,
regar regueros con la estela de nuestros itinerarios de anhelos.

Paz,
Luz,
Libertad,
calma al calor de tu pecho.

domingo, 10 de febrero de 2019

Ecos del mar vacío

Perseguimos fantasmas por buscarnos a nosotros mismos
y no fuimos conscientes de que ya no estábamos donde estuvimos,
huimos
hacia donde quiera que el tiempo nos lleva
y sin darnos cuenta
tropezamos con la realidad
y supimos que ya no habría margen para mucho más.

Le echamos una guerra al tiempo
y todo se fue entornando,
la vida como un folio en blanco
y la tinta como toda la oscuridad que nos traga.

Le echamos una guerra al miedo
y todo se fue borrando,
la vida como un lienzo que rasgamos
y la desidia como toda las prisas que escupimos al soñar.

Zafamos el camino
por no saber elegir la bifurcación
y la tormenta ya llega cubriendo todo,
el cielo está más negro que el fondo de un pozo
y todo mi arrojo se fue
sin saber ya cómo volver.

Traté de saltar por encima de todos los obstáculos
y las vallas no te derriban cuando lo intentas,
solo los vasos vacíos pueden supurar destinos
y mientras tanto existen respuestas que el hombre no es capaz de encontrar,
que no es capaz de encontrar.

Le echamos una guerra al tiempo
y todo se fue entornando,
la vida como un folio en blanco
y la tinta como toda la oscuridad que nos traga.

Le echamos una guerra al miedo
y todo se fue borrando,
la vida como un lienzo que rasgamos
y la desidia como toda las prisas que escupimos al soñar.

Las tumbas sin nombre solo son lápidas esperándonos,
cenizas que se lleva el viento,
sonrisas de tristeza que atrapar con los dedos
para escribirlas en libretas que dejamos en algún rincón olvidado.

Podríamos fingir que nunca caímos,
y no hay paz para los malvados,
podríamos atinar a vivir,
pero las llamas ya se están apagando,
solo quedan las cálidas brasas
que nos ahogarán durmiendo las madrugadas.

No tengo miedo a las ruinas,
pero los cementerios se caen a pedazos
entre negros nubarrones que cubren nuestros ciegos
punto de fuga hacia ninguna parte.

Perdidos no hay a dónde ir.

Podría haber controlado los pasos,
sin saber muy bien el por qué.
Podría haber tropezado demasiado,
sin lograr comprender dónde perdí las ganas de beber de este vaso.

Le echamos una guerra al tiempo
y todo se fue entornando,
la vida como un folio en blanco
y la tinta como toda la oscuridad que nos traga.

Le echamos una guerra al miedo
y todo se fue borrando,
la vida como un lienzo que rasgamos
y la desidia como toda las prisas que escupimos al soñar.

Podría haber tropezado demasiado,
y aún así sin saber muy bien por qué,
no haber controlado mis pasos.

Le echamos una guerra al tiempo
y todo se fue entornando,
la vida como un folio en blanco
y la tinta como toda la oscuridad que nos traga.

Le echamos una guerra al miedo
y todo se fue borrando,
la vida como un lienzo que rasgamos
y la desidia como toda las prisas que escupimos al soñar.

Perseguimos fantasmas para encontrarnos a nosotros mismos.

En este negro vacío
mientras el Orzán brama bien lejos,
y el vendaval ya se ha levantado.

Perseguimos fantasmas para encontrarnos a nosotros mismos.

No quiero caer
en el mismo lugar otra vez
¿Cómo hallar la calma
sin volverme a perder?

Le echamos una guerra al tiempo
y todo se fue entornando,
la vida como un folio en blanco
y la tinta como toda la oscuridad que nos traga.

Le echamos una guerra al miedo
y todo se fue borrando,
la vida como un lienzo que rasgamos
y la desidia como toda las prisas que escupimos al soñar.

lunes, 4 de febrero de 2019

Justicia y libertad: No a la guerra

Estamos cansados de pagar los platos rotos,
de poner la otra mejilla,
de mirar hacia otro lado.

Estamos hartos de bajar la cabeza,
de tragarnos las palabras,
de creernos vuestra selectiva defensa democrática.

Estamos cansados de soportar lo insoportable,
de sufrir vuestra riqueza,
de devorar nuestra hambre.

Estamos hartos de respetar vuestro juego,
de callarnos en silencio,
de ver distintos collares en el mismo perro.

Estamos cansados y estamos hartos,
por eso hemos decidido levantarnos
y gritarlo bien claro:

NO.

Basta de golpes.

NO.

Basta de guerras.

Nunca más robar la libertad a ningún pueblo bajo falsas banderas.

Basta de golpismos e intervenciones extranjeras,
decimos firmemente NO a la guerra.


sábado, 2 de febrero de 2019

Ángeles cayendo

¿Qué tiene la poesía
que vino para irse?

¿Dónde estaremos cuando solo quede polvo
y la noche se haya difuminado entre el humo del cigarro
a medio consumir tras las cenizas de nuestras hogueras?

¿Qué habrá
cuando el miedo nos invada todos y cada uno de nuestros poros?

¿Qué quedará
cuando no haya nada por lo que caminar?

Cientos de caminos que se apagan
como faros heridos
en las noches sin luna,
senderos aborrecibles e idiotas
en los que perderse sin encontrar ningún tipo de suerte
que nos permita una tirada de dados decente.

El tiempo se fuga
mientras los recuerdos se aderezan
con la agridulce certeza de la melancolía.

Los ríos se llevan las salidas
y el frío apelmaza el alma
entre inviernos de escarcha y soledad.

Todo lo que fuimos sucumbió tras nosotros
y nos sumergimos en nuestro dolor
para encontrar sentido entre la sinrazón
y solo resta desesperación
y apática desidia del corazón
patético vacío de la mirada rota.

Que idiota
llegué a ser al creer
que habría oportunidad de salvación
entre el frenético ritmo de competición
por sobrevivir.

Que absurdo el hecho de existir
sin saber distinguir
el próximo paso a dar
sin tropezar
más de dos veces con la misma piedra.

Levantamos muros para protegernos de nosotros mismos
y nos quedamos solos contra nuestros demonios.

Una vez más.

Por favor.

Una vez más.

domingo, 27 de enero de 2019

Renacer

El mundo brilla por sí mismo
y todo da vueltas sin sentido,
pero a pesar de ello encuentro mi camino
y abro senderos a donde quiero hacer destino;
podría soñar con todo lo que no tendría,
pero prefiero dejarme atrapar por lo que tengo
y disfrutar,
quizás ahí está la clave para la paz
y andar
y andar
hasta que no pueda más.

Disfrutando de lo vivido
saboreando el momento construido,
forjando con brío todo lo habido
y por haber,
qué será lo que tiene el ver
por delante a tres pasos de mí
que el horizonte brilla
y hasta allí queda un trecho,
rumbo derecho al acecho
de todas las utopías que tengo
entre los dedos, mientras tanto
salto y bailo bajo el sol,
la música me sostiene entre su calor
y creo poderme salvar
a base de versos sobre los que surfeo
pisando a fondo y viviendo el momento.

Supongo, que de hecho,
todo está hecho y echo
la vista atrás
y no me olvido de caminar.
Rumbo firme, luz diurna,
atardecer en penumbra cálida y filtro
todos los cuentos vividos
para elaborar el relato que nos lleve hasta el final
y poder volar
desplegando las alas,
pequeño gigante salta todos los muros que se le presenten,
y sonrío
al viaje que siempre me guía más y más allá.

Paz y libertad
de la mano,
sin miedo ni cuidado más del necesario,
no me dejo atrapar por el pasado,
abro senderos entre el punto final
y logro saltar
cualquier muro que se me interponga,
no me asombra
ni la noche sin luna
ni la locura del hombre sabio,
podría saborearlo
una y otra vez
y nunca me resultaría demasiado
el calor de una tarde de mayo.

Yo que nunca he sido sherpa...
hablamos de caminos, de vidas inconfundibles,
y salgo a la calle en tirantes con las llaves en la mano sueltas,
como si pudiera
tener entre los dedos todo el azaroso destino y controlarlo
a mí antojo
aceptando lo que venga y superándolo
una
y otra vez
hasta vencer.

Siempre hasta vencer.

La inutilidad del sufrimiento;
en eso consiste todo
y caminar
y caminar
saltando cualquier muro,
abriendo senderos donde nunca los hubo,
sonriendo al mal tiempo
y llenando de soles el espejo,
podrá así brillar por si mismo el mundo bajo el mismo techo
y versos para largo
y tinta en los brazos,
saltaría hasta el final,
pero aún me queda cuerda para rato
y sin saber lo que viene ni haberlo planeado
disfrutaré del calor en una soleada tarde de mayo.

Huele a verano
y yo ya habré saltado.

Paz y libertad en las manos.

Queda vida sonriendo para rato.









sábado, 26 de enero de 2019

Rutina en las venas

Y todo sabe a despedidas
y mis labios saben a alcohol
voy de paso por la suerte
nunca me ha asustado la muerte
solo quedan los escombros de soñar con poder verme

y mientras el tiempo acecha en mis talones
piso el acelerador a fondo
y me topo con los senderos sin rumbo
y los túneles oscuros
de tinieblas en la frente

vigila firmemente
trataré de comprenderme
y cuando ya no quede cuerda para tanto loco
trataré de asirme al fatal destino

a veces abro la puerta y veo pasar gente
cierro de un portazo
y no hay ya miedo para tanto cobarde,
que las cajas de papel ardan en medio de la noche
para quitarme el frío

pido camino para el azar del sino
no hay sentido
de ida ni de vuelta
me mata el tiempo en la noche
me salvan los versos en la noche

perdí la voz cantando
juré que no
gritando

Y todo sabe a despedidas
y mis labios saben a alcohol
voy de paso por la suerte
nunca me ha asustado la muerte
solo quedan los escombros de soñar con poder verme

las caricias de la primavera
son el calor en las jornadas enteras
tatuajes en el pecho
sangre firme, sentimiento certero
atino por hallar mi camino

las caricias de la primavera
son el calor en las jornadas enteras
tatuajes en el brazo
otoño firme, sueños eternos
sonrío por hallar el horizonte

Y todo sabe a despedidas
y mis labios saben a alcohol
voy de paso por la suerte
nunca me ha asustado la muerte
solo quedan los escombros de soñar con poder verme

solo quedan los escombros de soñar con poder verme

solo quedan los escombros de soñar con poder verme

solo quedan los escombros de soñar con poder verme a mí mismo en mis propias victorias de vida.

Reviviría una y otra vez
y alcanzaría cada día la libertad que me baña cuando sonría.

miércoles, 23 de enero de 2019

Busco salidas donde sé que no las hay

En este pozo de miseria
buscamos las salidas para no hundirnos
y solo encontramos el vacío
ante el vacuo sendero sin destino.

Hoy estás aquí oscuridad
cuando yo más te necesitaba
tendiéndome tu mano sibilina
y hundiendo tus garras hasta lo más hondo mío.

¿Cómo harás?
Que siempre estás
cuando pido auxilio.

¿Cómo harás?
Para guiar mis pasos
por tu tenebroso camino.

Yo que tantas veces me bañé en ti
para crecer y volverme fuerte
hoy solo me veo patético,
triste
   y débil,
                 una tétrica marioneta en tu contrarreloj de destrucción,
un sucio baile sin salvación,
el grito de socorro para tanto dolor.

¿Por qué
Perdón.
¿Por qué
Me culpo yo.

Una
y otra
y otra vez.

Hasta llevarme yo solo al paredón
e implorar a mí mismo mi bendición.

Mientras tanto...
             1,
             2,
             3...
             Salto al vacío.
Solo queda

caer
Hasta el fin.                                                                                                                           Hasta morir.
Por fin.
Y calmarme                                 yo solo                                  a mí mismo             mis propias heridas.
Adiós.

lunes, 21 de enero de 2019

Alicia en el país de la asfixia

Un millón de palomas
viajando muy lejos,
la noche se vio
mucho más allá de lo que creímos
y pensamos en cantar
a los sueños
a las utopías
y decidimos partir
en la compra venta de caminos
hasta que...

en la jodida vía sin salida,
en medio de la oscura noche,
prendimos antorchas para cazar a los monstruos
y nos encontramos a nosotros mismos
reflejados en el cauce del río
y los dioses se fugaron
para no ver su caída.

Así, como quien no quiere la cosa
apocalipsis suicida
sagrado fin sin principio,
luciérnagas sin luz en las sombras,
vida sin héroes ni heroínas
lastimeras caricias perdidas
a cientos de metros bajo tierra.

Apagamos la llama del amor
y las velas ardieron hasta sucumbir.

Asfixia.

Solo soy un loco sin cuerda.

Asfixia.

Llévame a las lejanas utopías que un día creí.

Solo quiero ser un rey sin corona
una deshonra que degolla
un susurro que se queda sin prisas.

Asfixia.

Asfixia.

ASFIXIA.

Qué
he
hecho

para
merecer
esto?

Asfixia.

Deplorable noche informe
que me apelmaza sin nombre
que me corrompe sin orden
que me pudre inconforme.

Asfixia.

Sálvate el alma,
la vida.

Asfixia.

Huye cuando aún queda salida.

Asfixia.

Todavía
todavía
todavía quedan vías.

Asfixia.

Asfixia...

Asfixia...

Asfixia...

domingo, 13 de enero de 2019

Te olisqueé en el aire de esta tarde de enero

El tiempo lo cura todo dicen... Es un hecho en realidad, o sea, es así, para que le vamos a dar vueltas a algo que es así, el tiempo lo cura todo, sí o sí, y si no llega a curar sí permite sepultar todo lo malo bajo una gran losa que tapa un profundo agujero a lo más negro del corazón. Así que, aunque no cura, si tapa, y aunque a efectos prácticos viene a ser lo mismo, en realidad no es lo mismo, supongo.

No es igual de sano curarse que cargar con esa losa, eso está claro. Así que mejor tratar de sanar las cosas de la forma adecuada. Y que el tiempo lo termine curando todo.

Me dije que no me enfangaría en el lodo del dolor ni en la apática y encharcada escala de grises de la tristeza, me lo dije. Dije que no haría eso, pero también de vez en cuando tengo unas irrefrenables ganas de escribirte -aunque nada de lo que te escriba esté a la altura- y eso es lo que voy a hacer.

Va a ser un cristo de palabras sin orden ni concierto, me imagino, es lo más probable; ya sabes que nunca he sido muy de retocar las cosas que escribo y no voy a empezar a ahora a cambiar los hábitos y las costumbres. A ti no te importaría el resultado, solo la intención, así que a ello voy.

Te echo de menos.

Todos los días.

Es irme de casa y echarte de menos, es llegar a casa y echarte de menos. Es sentir la brisa y echarte de menos. Porque sea el momento que sea, te echo de menos.

Tú, que estabas siempre ahí en las buenas y en las malas, en la alegría y el dolor, en la noche y en el día. Siempre incansable e insaciable, siempre dispuesta a dar más y más cariño por los demás, porque todo para lo que vivías era para darnos cariño y guiarnos por la vida y que no nos perdiéramos demasiado; por eso cuando echabas a caminar de vez en cuando echabas la mirada atrás, para asegurarte de que te seguíamos y que todo seguía en orden, tal y como debía estar todo.

Tú, que tanto tiempo has estado a nuestro lado, que tantos kilómetros nos has acompañado y tantas vidas nos continuarás guiando, desde algún sitio, ya no estás aquí, ya no estás físicamente a mis pies durmiendo, a mi lado. Y yo, te echo de menos. Mucho. No sabes cuánto.

Es irme de casa y echarte de menos, y al llegar, y al pasear; todo es un continuo echarte de menos, porque ya no estás.

Y ojalá no fuera así, ojalá fuera todo distinto, pero no puede ser, y yo lo sé, y tú lo sabes. Y a pesar de eso hay días en que la tristeza se abre paso junto a la melancolía y se permiten la licencia de echarte de menos con más fuerza, pero sin caer, tranquila. Te prometí que no caería, y eso pienso hacer. No caer. Pienso cumplirlo por ti, por ella, por todos. Por las contadas almas que tengo a mi lado y buscan mi sonrisa cada día. Por todas ellas no pienso caer.

Pero de vez en cuando me permito dejar aflorar un poco la tristeza y escribir sin ton ni son. Sin orden ni concierto. Dejando a mis dedos caminar por las teclas con la tristeza asolagando los segunderos del reloj. Poco tiempo, no mucho, para que no sea permanente y esta tristeza no se convierta en una constante en mi vida; pero sí lo suficiente como achicar agua y soledad y poder seguir manteniéndome a flote sin sucumbir al dolor.

Porque te lo prometí.

Y porque no quiero volver a estar igual de mal que hace un año.


Te echo de menos. Mucho. Muchísimo. No sabes cuánto.

Espero que esta carta te llegue a algún lado, sea donde sea que estés escondida y refugiada dentro de mi corazón. Dándome calor. Cuidándome. Y por supuesto, eso siempre, guiándome.

Gracias.


Te queremos mucho. Todos. No lo olvides.

Al arrullo de tu mirada

Te busco en cada verso
en cada rima, en cada texto,
en cada cuento incierto que leo,
en cada atardecer,  en cada sueño.

Te busco en el cielo y en el infierno,
en las fantasías y los miedos,
y en los encuentros certeros
y en los kilómetros que nos separan para vernos.

Te busco en la paz, en la poesía,
en la luna, la noche y el día,
en la calma de San Amaro,
en las olas del Orzán y desde lo alto de un octavo.

Te busco en el viento, en la brisa,
en la soledad, en la alegría.

Te busco en el instante, en el eterno,
en lo fugaz, en lo cierto.

Te busco una y otra vez,
y te buscaría sin cesar
aunque frente a mí estés,

te busco sin descanso,
y te buscaría hasta alcanzar
el encuentro tan esperado.

Te busco y te encuentro,
te encuentro y te busco,

y entre tanta incertidumbre
lo más firme e indisoluble

es que eres calma y libertad
en la orilla de una vida que por siempre nos une.

martes, 8 de enero de 2019

Se consume el presente como la vela temblorosa que teme apagarse

Rebusco en la basura de mi cenicero
tratando de encontrar esa colilla que perdí
mientras la cerilla ardía entre mis dedos
y el humo del tabaco me hablaba de ti.

Salté al folio en blanco para escapar
y en sus finas curvas me topé
con los desastres del vacío sin final
solapando estrellas tras la venda que no ve.

Me desgarro en finas hebras de horrores
y busco preguntas a las inocuas respuestas,
el mundo es un giro eterno de dados y sermones
en tanto que todo arde sin lograr aferrarnos a sueños ni metas.

Podría hacer desaparecer cometas tras el miedo
de saltar metros y metros, lejos del suelo caí
y en el fondo del vaso hallé el ciego cuento
que me susurro cuando anhelo más de lo que perdí al vivir.

* * *

Allí,
allí,

muy lejos,
por ahí,


todo lo frustrado siempre estará lejos de mí


y por el camino aprendí a aspirar paz y sonreír.


***


Llorar lo que no se tiene es la mayor cobardía para no asumir el porvenir.

lunes, 7 de enero de 2019

Que arda la poesía (I)

Me desembarazo de los sueños
y ya solo quedan versos que quemar
a demasiados kilómetros por hora de ti.

viernes, 4 de enero de 2019

Rebobinar

El mundo respira noches sin luna
saetas de fortunas oscuras
miradas que arrullan
la furia del mar en vilo
haciendo camino
en cada tenue destino
que acuna el cielo
certero lamento
del sentimiento sincero
que encierro en el pecho
bajo miedo del reloj
canción de amor
poema en clave de sol
sorprendente estruendo mayor
que da voz
a la razón del más allá
ayúdame a levantar
las ganas de paz
escribiré libertad
en cada techo de cristal
que me obligue a llorar una ayuda
mientras la locura
apelmaza la noche oscura
de la desaparecida luna.

Sendero eterno que repetir
una
y otra
y otra vez más
por toda la repetida eternidad.

jueves, 3 de enero de 2019

(l´attentant del dolor.)

Camino por un mundo en ruinas
cenizas de pasados fugados
presentes robados
futuros apagados,
recuerdos lejanos a los que tratamos de aferrarnos.

Luchamos por mantenernos a flote
evitar la muerte en la noche
la difusa idea
de ser secuela cuando no quedan fuerzas.

Lloraría cada noche y cada día
si eso fuese a recuperar lo perdido,
eres ladrido en el viento
murmullo herido
suspiro que era alivio
olisquear el pelo para dar auxilio.

Eres camino.

Y ahora yo deambulo sin sentido,
sin rumbo ni sendero definido.

Perdido
sin saber a dónde ir.

Solo seguir
porque querrías verme feliz.

Seguir
            para no dejar de escribir.






ante tu llanto oniria.
porque en este mundo efímero
seremos eternos.


Si olvidases el perfume que las flores estornudan de madrugada cuando no las oyes