domingo, 27 de octubre de 2019

El azul es un color cálido

Sonreímos a la tristeza mendigando un poco de felicidad. Como un juego de niños que buscan descubrirse, tambaleantes, indecisos, temerosos de toparse con sus miedos sin ropa ni vistas nubladas, solo una límpida mirada con la que desnudarse con los brazos abiertos.

Soportamos cargas de las cuales somos incapaces de escapar, mientras su peso nos aplasta, centímetro a centímetro, como un águila, conscientes de toda la vida que nos queda por delante y la poca que resta que valga realmente la pena. Mansiones sin luces ni sombras que se comban hacia su propio mundo interior; mientras muros saetados que tratan de rozar el cielo se precipitan ante el castigo divino.

El mundo desteje su espeso manto de nubes que arrancan llamaradas de destellos del color de la hojarasca que sobrevuela las calles. Y los valles ya callan, y las vallas ya corren. Y el tiempo es una vorágine de remolinos incapaces de afinar nuestros propios pasos entre las largas avenidas de una ciudad que se apaga tras las ruinas de una era pasada. Como fantasmas que vagan sin saber muy bien a dónde ir.

Sopla el murmullo constante de las lápidas en caída libre del cementerio al mar, y el pecho se encoge ante los tumultuosos instantes en que las llamas se encienden. Las farolas entre los árboles revelan el camino y los cuerpos se descubren de puertas para adentro; llenando de luz y color catedrales y vidrieras que erizan la piel al descubrir sabores totalmente nuevos para el intelecto humano.

La pasión cabalga desbocada tratando de buscar salida a semejante explosión y la ropa sin vida yace entre los rincones de la habitación. La fría piedra se empaña y la niebla de vaho inunda la escena. Y los cuerpos se devoran y los labios serpentean  en una réptil danza de emociones desbordadas tras años de intempestivo deseo tras la cara de un trozo de papel.

Todo se ha detenido y las sonrisas se retuercen en cálidas carcajadas de pura emoción y alegría.
Y la tristeza mendiga su cupo, consciente de que
ahí
y ahora
no tiene cabida.

Vacuos y volátiles intentos de pisar terreno firme. Mientras todo se tambalea.

Tratadistas sin miras
levantan imperios a ciegas,
observan los mapas
pero no perciben nada,
nada de lo que se esconde
tras palabras vacías
en líneas vacías
que separan lugares
que caminan sin rumbo.

Alzamos las manos al cielo
implorando por la gloria perdida,
y tras vernos los pies descalzos
comprendimos
que habíamos perdido la partida,
de nuevo.

Pobre sombrero que vuela al viento,
ya no hay cabezas que proteger;
solo un llanto de miseria
que deambula por las calles mojadas
mientras nada se detiene a su paso,
ni el silencio,
ni los cristales hechos añicos
por sorteo y azar del destino.

Apuramos la copa
tratando de aferrarnos a algo,
aunque el tiempo perdido ya se haya ido
y solo nos queden
los reflejos inertes que nos devuelven los espejos,
¡qué alivio!
¡qué calma!
¡qué dolor!

Todo ha pasado
y solo quedo yo
recorriendo perdido el eterno corredor.

Con permiso,
sin perdón.

sábado, 26 de octubre de 2019

Ciudad en sombras

Serpentea la vida como ríos de miseria, colándose por cada esquina del corazón encharcado de tristeza. Espero que encuentres lo que buscas, dicen. Cómo si fuera posible hallar respuesta a las preguntas que jamás se formulan.

Damos vueltas en un torbellino sin final, como una vorágine de historias que nos hacen sonreír cuando sabemos que han valido la pena. ¿Pero la caída? ¿Qué se hace de la caída? Un sutil baile en las sombras dispuesto a llegar a alguna parte, cuanto menos al final, cuanto más al principio. Tediosamente aniquilados, como encuentros fortuitos que jamás sabremos muy bien en qué nivel del sueño tuvieron lugar, en qué plano astral ocurrieron.

La ciudad desteje su cortina de ceniza como el cielo ardiente que se enciende cuando sopla la brisa. Y es ese viento agreste de otoño, que levanta la hojarasca y pinta de ocres y rojos el lienzo de las callejuelas, el que se cuela en el cementerio mientras al fondo bate el mar entre la vida desierta. Las lápidas cuentan historias de siglos y los mausoleos devuelven el eco del silencio. Perdidos todos en ninguna parte, la fina capa de lluvia que cae nos hace guarecernos bajo los pliegues del abrigo, expulsando nubes de vaho cálido que enfrían los sentidos a quien observa tan trágica escena sacada de alguna patética comedia del tres al cuarto, riéndose de nosotros el dramaturgo que haya decidido exponerla esa noche a su bien estimado público.

Los pasos me arrastran, como los pies que apenas levanto a un palmo del suelo, hasta el embravecido mar que todo lo devuelve, excepto los muertos. Allí, en el punto más al norte de la Torre de Hércules, me siento en una roca a ver batir las olas que salpican mi rostro, como gotas de sangre que discurren impertérritas ante mi mirada cuando le vuelas la cabeza a aquel que tienes delante, aunque solo sean imaginaciones que conformas cuando la ira discurre por tus venas. Y es que el dolor no tiene lugar al que ir nunca, solo evaporarse a base de sufrir. Es eso, o la melancolía. Y en esta desidia de día ambas cosas son igual de afortunadas para el corazón humano: nada.

Sentado allí, viendo el negro manto de carbón que cae sobre la ciudad, decido reanudar mi camino, mientras el mar me despide levantando tras de mí todo su salvaje sonido en un enfurecido embate que valdría la pena inmortalizar en una fotografía en blanco y negro. Lástima de cámara. Pienso. 

Echo las manos a los bolsillos, calo la barbilla en los pliegues del abrigo, y paso tras paso, con los ojos entrecerrados a causa del viento y la lluvia, deambulo por el paseo marítimo con la inútil fantasía de creer llegar a alguna parte.

El Orzán salvaje se retuerce en su propia maldición de sal y arena y ahí abajo, llegando a lo alto del muro, el temporal parece querer salir de su encierro y ganar el terreno que se le debe, inundando la ciudad a su paso, como la tristeza y la melancolía que encharcan mi pecho en un rastro de charcos en los que chapoteo aunque no quiera. Aunque trate de esquivarlos.

Circulo por delante de locales abarrotados por la música. Mientras el silencio y las sombras se arrastran tras de mí. Subo al barrio, las cuestas, Monte Alto. Con un deje de melancolía que se escurre entre los dedos hasta llegar al suelo, al tiempo que mi mirada gris se llena de ceniza y polvo al echar la vista hacia arriba.

Estoy en la calle. Estoy en el número. Estoy en frente. Pero no puedo subir.

Y así me quedo un rato. Indefinidamente. Mirando. Tras unos ojos color mar de fondo que reflejan todo el vacío de este trágico y fútil mundo.

Bajo la cabeza. Me veo los pies. Y dejo que ellos me guíen. Hacia ninguna parte. Pues no hay a dónde ir.

Tras de mí queda el reflejo de mi silencio. Y toda la soledad que puede llegar a transmitir una mirada vacía que se sabe derrotada. Por un corazón helado. Que se desgarra. 

Buenas noches. 
Hasta mañana.

Si Dios quiere.

viernes, 25 de octubre de 2019

Lutte

La música discurre como un reguero de notas por descubrir,
el paisaje se desdibuja con calma veloz
incapaz de detenerse ni por un instante
aunque quieras detener el tiempo
y hacer esos recuerdos eternos
sin llegar a perderlos entre los dedos que nos erizan la piel.

Rumanía se despide de los Cárpatos ladera abajo,
los valles envueltos en niebla
dejan entrever copos de nieve que se derriten
al calor del río helado que rumorea
sin detenerse
siempre hacia abajo,
siempre hacia abajo.

Vatra Dornei camina con el sol de otoño,
jugando a la hojarasca rebelde
en torbellinos de libertad,
mientras nuestros pasos nos guían
allá donde siempre supimos que nos encontraríamos.

¿Qué tienen los días de otoño
que los atardeceres son preciosos?

Saez desteje su guitarra en constante melodía de lucha
sabiendo que llegará el día
que escuche esos acordes
y salte en mi memoria el resorte
que active las imágenes de aquellos tiempos
en que vivía en Rumanía ajeno
a todo lo que el universo se afana
en mantenernos siempre firmes y rectos
en las disposiciones cotidianas
que hacen rehuir nuestros sueños.

Los pasos en la playa imprimen huellas por la arena mojada
postales en blanco y negro
de niños sentados al final del muelle con los pies suspendidos
chapoteando sin miedo
a todo lo que podría llegar,
y es que ahí
la inmensidad es eterna
y los ángeles ya alzan sus vuelos
como puertas del paraíso que se abren
ante nosotros
mientras en el regazo solo nos queda una pequeña pluma
a modo de recordatorio de que todo existió,
como un broche escondido en la chaqueta
escribiendo nuestra maldita novela secreta.

Ardiendo en llamas.

Viviendo en sombras.

Tratando de aferrarnos a este mundo
a través de los versos que escribimos desnudos
en poemas de dolor
que discurren como el rastro que deja el viento
por las calles de la rosa de fuego.

Siente el vaho entre los dedos,
saborea mi aliento,
revuélvete el pelo,
y piérdete bien
bien
lejos.

Solo donde Carax pueda vernos.

Desde la distancia.

Todo lo demás serán cartas plegadas ardiendo en cenizas que no dejarán nada.

Solo rastros de vida aferrados a aquellos días
en que la poesía eran las ruinas de una fantasía
que nunca se cumpliría.

Porque solo recordamos lo que nunca sucedió.

Y Daniel, olvidarás su rostro, pero siempre podrás volver al Cementerio de los Libros Olvidados.

Siempre otra vez.

jueves, 24 de octubre de 2019

Yo te recito dama del mar, mientras tus pasos entre la arena de tu tierra me invitan a soñar

El Tajo discurre en el límite de los sueños
y ya no quedan encuentros para llegar tan lejos,
las conquistas além do mar nos han traído nuevas historias
y podría sopesar todo
pero ya la soga ahoga...

Las calles empedradas me susurran sus secretos
mientras las laderas de las 7 colinas
me recitan
de memoria
poesías apagadas bajo el sol lisboeta,
los pájaros surcan las filigranas cual saetas
y ya no hay esperas que valgan
cuando la mirada se pierde por las callejuelas blancas.

Supongo que tiene el mundo un desaire acertado,
los pasos ya me llevan lejos,
más lejos de lo esperado...

No sé bien dónde estoy,
ni a dónde llegaré.

La noria gira mientras las briznas de hierba cimbrean
la luna se desnuda poco a poco
humedeciendo sus labios con el relente
de la noche
en que se confundió
los sentidos
al escondite de sus deseos.

Las curvas de la ciudad
se abren al cielo
como el cuello de cisne
que discurre río abajo
hasta arquear los miedos.

Su sonrisa se asoma en la luz del día,
y los destellos se pierden
entre los dedos de su mirada
de sal y brisa,
de brisa y sal,
de rimas sin desembocadura
que quedan suspendidas en el aire
esperando llegar flotando a algún lugar.

Portugal se abre entre pasos
descendiendo recatadamente
como un baile de saudade,
con olor a Atlántico,
como la suave guitarra
de un fado que se escapa
de un pequeño bar
del Barrio Alto,
como los olores de las especias
que te sumergen a miles de kilómetros
sin apenas haber dado más de 10 pasos.

San Jorge nos vigila desde lo alto,
matando dragones callando,
domando bestias,
azuzando pasiones,
levantando esbeltas catedrales
que quedarán eternas tras su esqueleto:
de eso sabe bien el Carmo,
mostrando sus cicatrices,
esperando a que alguien venga
y las acaricie
con sumo cuidado
desde el suelo
hasta la garganta de su bóveda
que no es otro que el cielo
con su sonrisa celeste.

Tiene Lisboa un deje melodioso,
un canto que seduce
un juego de niños
que confunde y hechiza,
como siglos de historia que se desquitan
abriendo los brazos
al mar
pidiendo un abrazo
a la libertad
de soñar con llegar siempre más lejos,
siempre más allá.

Tiene Lisboa un canto de pasos
que caminan buscando algo con lo que soñar,
una canción en la radio disparando al pueblo a caminar,
un país que se construye a sí mismo a orillas del mar;
un mundo difuso
que por muchos días que pases en sus calles
solo serás capaz de arañar y arañar,
tratando de descifrar la magia de ese lugar,
con cuidado,
con respeto,
con admiración
por su paz,
desdibujando en un papel
la esencia de Portugal.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Me arrodillo ante ídolos caídos

Las arenas del desierto de Partia
me abrasan las entrañas
como la desesperación
de un mundo en ruinas,
qué gesta cantarás
cuando ya no haya dioses
a los que cantar,
cuando nuestro mar
decaiga de su unidad,
bajo este estandarte ganarás,
y Constantinopla defendiendo su libertad,
la gloria pasada de una campaña en la Galia,
Hispania al borde de estallar en llamas,
los limes que se diluyen en la Romania,
aprieta la balada
que las campanas ya tocan plegarias
en tierras arrianas,
en espejismos de faraones ptolomeos,
en cuentos de niños y juegos,
en el lejano encuentro en el final de los imperios,
el tiempo que corre contra el viento,
tormentas que se llevan los recuerdos,
eternos entierros de ciudades que se apagan,
la desaparición del mañana,
la mirada tambaleada de creer que todo se acaba,
¿qué quedará cuando no quede nada?
Murallas vacías,
casas que esquivan,
barcos a la deriva,
mundos que se olvidan,
recuerdos lejanos de que existieron antaño otros días,
para huir del final
sobreviviendo al día a día.
Parece mentira
que nada se detenga
que todo siga,
como si al tiempo no le importara,
lo que dejamos atrás.

Somos ruinas de nuestras vidas.

8 haikus para ir tirando

        I

Soledad en el pecho
y el viento
ya sopla lejos



II

Me perdí en tu mirada
y ahora que me busco
ya no estoy.



III

Sonríe,
sí,
why not?



IV

Quemé carretera
tras de ti
¿y tus pasos...? ¿dónde...?



V

Yo,
que sé yo,
solo...



VI

Arañé el techo,
salí a flote,
y respiré.



VII

Me encontré
en un verso,
paz.



VIII

Ese aleteo de libertad,
rozó el horizonte
y voló.

Medita tus pasos antes de actuar

He mirado a un reloj en llamas
y ha desaparecido en una vorágine de arena,
vaporosas cenizas que vuelan
llanas palabras que asolan la mañana.

Estrellas estallan en el firmamento
y este lamento acecha la espera,
sacamos lágrimas en su estela,
secamos sueños en su entierro.

Y quién la verdad arañe entera
sabrá buscar cobijo en el cieno.
Y quién en la noche dibuje anhelos
podrá forjar estribos y saetas.

He visto la soledad en miradas ajenas
y platos vacíos para mentes que estallan,
cristales, espejos y vidrios soplan madrugadas,
destellos que profanan fantasías de niebla.


Llama a gritos al desgarrado poeta
que ya nada queda, que ya nada queda,
solo silencio, heridas y cartas que nunca llegan.

viernes, 18 de octubre de 2019

¿Hacemos reunión a las 18:30?

Nos desvestimos el frío a base de brindar por la amistad.

Como quien no quiere la cosa, sin apenas darnos cuenta, sin saber muy bien cómo, pero así fue, así ocurrió.

Nos desvestimos el frío a base de brindar por la amistad.

Cogimos un bus después de horas y horas de viaje y nos presentamos, y a las dos horas de viaje paramos en una estación de servicio riéndonos porque solo llevábamos 55 kilómetros recorridos, pero en realidad nos daba un poco igual, porque sin darnos cuenta, ya éramos todos como viejos amigos. Contando historias, relatando sueños, dibujando con el vaho del cristal nuestros miedos y abriéndonos unos a otros, como si diésemos por inaugurada esa tradición que manteníamos todos los días antes de cenar. Reunión de sentimientos le llamábamos, así, tal como sonaba, pero en inglés. Y nos tumbábamos todos en una cama y nos relatábamos cada uno a los demás nuestro día: algo que destacar, algo que mejorar, algo que nos gustó y algo que no, y el último siempre se me olvidaba, pero es que era el mejor: abrirnos en dos el pecho sin apenas cuidado, como una historia de cervezas en un bar cualquiera en ninguna parte, como esos brindis que haces a las tantas de la madrugada cuando ya todo el mundo está borracho y solo somos conscientes de que estamos ahí, en ese instante, y que ya solo por eso todo ha valido la pena. Y los vasos resuenan. Y saltan gotas en todas direcciones y mojamos la mesa. Y todos reímos. Y brindamos en todos los idiomas conocidos y por conocer. Y sonreímos. Porque estamos bien, muy, muy, bien. Abriéndonos el pecho en dos en nuestra reunión de sentimientos.

Y Veli cediendo turnos y haciendo todo lo posible por cuidarnos como una buena leader, repartiendo sonrisas a diestro y siniestro, abrazando a la gente inesperadamente, protegiéndonos cuando nos sentimos desprotegidos, aupándonos cuando nos sentimos invencibles y eternos. Buscando siempre el lado bueno. Porque persistir es llegar lejos. Y ella lo hará mientras nosotros lo vemos. Orgullosos.

Nos reunimos en grupo, a debatir nuestras propuestas. Buscando la palabra siempre correcta, desprendiendo inteligencia a los cuatro costados de la mesa, curando las emociones de quien puede haber salido herido sin darse cuenta. Filtrando siempre en alguna conversación sus sentimientos por su sobrino, su gente, su pueblo. Desprendiendo su mirada de tierra que nos quita el polvo de encima a cualquier miedo. Así es Carmen. La voz que nos cuida de más cuando nos echamos a nosotros mismos de menos.

Y Ander y su calma hablando, su aire tranquilo, su caminar eterno. El descanso que transmite solo teniéndolo al lado, su acento verde, sus palabras que traslucen una tierra de paz indómita que nadie sabe bien de dónde ha salido, pero está ahí, como él, que aparece sin ser visto, pero está ahí, escuchando, cuidando, protegiéndonos sin llegar a saber cómo ni cuando. Pero haciéndolo, a fin de cuentas.

Las noches en la cama viendo telenovelas, y el canal de música sonando por todo lo alto, como los bailes en la sala de actividades, como el hijo de Maricarmen, que no descansa hasta que sale el sol. Un poco nosotros. Sin descansar lo máximo posible para aprovechar el tiempo al máximo. Porque ya habrá tiempo para dormir cuando todo se haya acabado y los kilómetros de distancia nos pesen más que los recuerdos con los que volamos cuando echamos la mirada atrás para llegar a ese rincón en los Cárpatos. Al lado de un río que se llevaba todo lo malo.
Solo lo malo.
Porque allí todo era paz, calma y descanso.

Alaia hablando y hablando, para llenar el aire con sus historias de América y pintarnos un mundo que solo imaginamos, pero que con sus colores podemos llegar en sueños a tocarlos. Y su alegría por estar allí. Y su alegría por ser un grupo tan compacto. Y su alegría. Y su alegría. Y siempre su alegría adornando el paisaje entre los abetos, las nubes y los pájaros. 

Y su alegría inundando los copos de nieve que caen con mucho, mucho cuidado, hasta acariciarnos en un abrazo. 

Como las noches de pipas. 

Como las conversaciones largas y tendidas. 

Como Vero llenando de luz el día a día, llenando de paz la vida. Desbordando dibujos por los rincones del cuarto y del salón, tildando de estrellas la noche, timbrando de sueños el manto negro que borda con dorados instantes que no se detienen por más que el tiempo se afane en jugar al escondite con nosotros. Como dos almas que se han encontrado construyendo un vínculo tan puro y sano. Como los amigos que hacen eses calle abajo abrazados, sabiendo que el mundo es suyo durante esas horas, y nada puede cambiarlo.

Nos desvestimos el frío a base de brindar por la amistad.

Y en el fondo del vaso hay un destello que deslumbra si no sabes bien cómo mirarlo. Es una mirada limpia. Una melodía adornada con destellos mágicos. Son los gestos de las manos explicando algo, girando, girando. El acento inconfundible de un mundo cercano y a la vez extraño. 

Y todo esos detalles tienen dueña. Igual que la cama en la que siempre nos tumbamos. En la que siempre nos mostramos tal y como somos sin haberlo esperado. Y mientras todos hablamos, María sonríe, interviene y se ríe. Y nos invita a su casa-colegio. Que hay sitio para todos. Que nos acoge cuando queramos. Que nos reunamos pronto. Que hay que celebrarlo.

¿El qué?

Acaso importa?

Solo celebrarlo. Nada más. Celebrar que somos amigos. Que nos hemos conocido. Que nos hemos descubierto. Que nos hemos encontrado.

Celebrarlo con una taza en la mano. Una cerveza. Un vaso.

Y entrechocarlos con fuerza. En todos los idiomas. Brindando. Por todos. Por nosotros. Por los años que durarán las vivencias que hemos acumulado.

Brindando y destejiendo promesas de volver a encontrarnos.

Para hacer del tiempo algo certero y aprender a domarlo. Hasta que nos sirva a nosotros. A nuestros sueños, a nuestros proyectos, a nuestras reuniones de sentimientos con las que nos cuidábamos.

Hasta quedarnos dormidos en un pueblo perdido en los Cárpatos.

Sonriendo. Siempre sonriendo.

Nos desvestimos el frío a base de brindar por la amistad.

jueves, 17 de octubre de 2019

Carta desde la soledad de una habitación a kilómetros de distancia. Firmado: la amistad.

Estoy en Cluj Napoca, solo por primera vez en 10 días y mi pecho se encharca de tristeza por todo lo que se ha terminado, tan de golpe, que no ha habido tiempo para reaccionar al tiempo de choque con la realidad. El mundo está menos luminoso, menos azul y yo solo puedo refugiarme en los recuerdos de estos días, como un loco suicida que se aferra desesperadamente al último hálito de esperanza que le queda para evitar saltar al vacío sin llegar a mirar los golpes que le separaban del suelo.

Hay ocasiones en que la vida te sorprende con un regalo que ni tan siquiera puedes llegar a esperarte, como esas piedritas brillantes mágicas y misteriosas que a veces te encontrabas en el suelo cuando eras niño y guardabas en una pequeña caja de tesoros con el fin de algún día ser capaz de descifrar su significado. Es un poco de esa metáfora de lo que os estoy hablando.

Vero es de ese tipo de personas que te salvan de las caídas, te escuchan invitándote a derribar cualquier muralla y te abrazan cuando necesitas una sonrisa a mano. Tiene ese don de hacerte sentir tu mismo, y os juro, realmente os juro, que eso es una clase de magia muy difícil de encontrar. Con gente así jamás te sentirás solo. Por eso miras el fondo del vaso y te preguntas qué es lo que ha hecho que entre 600 millones de almas tú hayas tenido la suerte de toparte con una mirada así, que es refugio cuando hace falta y libertad cuando simplemente necesitas exteriorizar tus miedos, purgarlos y volar. Simplemente volar.

Te sujeta la frente en silencio, mientras sin necesidad de palabras te dice que todo irá bien, y tú, sí tú, tú te lo crees, porque sabes que es la pura verdad, y lamerse las heridas nunca ha sido realmente la salida de emergencia que necesitabas. Sino simplemente una sucia forma de engañarte con que todo lo que iba mal no se podía realmente solucionar. Y ahora sabes que no es así. Y esa, esa es la clase de magia de la que os hablo. La capacidad de cuidar la amistad sin necesidad de grandes hazañas, sin grandes sacrificios, sin grandes gestas, solo cuidando, en el más puro y sencillo de sus significados, cuidando a quien te importa, con pequeños gestos, con pequeños rituales, con pequeños hechos cotidianos que te hacen sentir libre, seguro y protegido. Así, sin más, con esa facilidad sincera.

* * *

Son historias en las noches de final de década, poesías revoloteando en el aire, heridas que sanar a cicatriz abierta, sueños que forjar por mucho que sepamos que la vida y el futuro a veces aprieta. 

Son historias de telón abierto, precedentes de los locos años 20 que están por venir, de los días largos, de las noches eternas, de los vasos de alcohol perdidos entre las esquinas, aferrándose al tiempo que se nos escapa entre los dedos. Y yo sonrío, porque todo se va, pero quedan los recuerdos, y tengo la cámara fotográfica de mi mirada lista para disparar en cualquier momento y atrapar el instante tal y como quiero que quede en mi memoria. Precioso. Puro. Sin filtros, muros ni miedos. Solo dos hermanos de sangre unidos por la valentía de atreverse a brindar sin palabras que serían amigos por mucho que pasara el tiempo.

Hay una frase de Escandar que me gusta mucho y creo que es tan certera que debo transcribirla como si realmente fuese mía, nuestra quiero decir. Para hacer un hogar tuve que encontrarle, y ahora que las noches vienen a regalarnos su incertidumbre nosotros nos protegemos juntos, espalda contra espalda, para que nadie pueda clavarle un puñal sin tener que clavármelo a mí primero. Eso es para mí un poco la amistad, dos senderos que discurren juntos por un indefinido tiempo de descuento, el suficiente como para marcar la diferencia del partido y decidir si jugarlo al todo o nada con nuestra felicidad o simplemente disponernos en formación defensiva y perdernos todo lo hermoso que puede traernos. Soy más de lo primero, lanzarme con los ojos cerrados al encuentro del otro. Al menos ahora que soy un poco menos cobarde que antaño. Y os juro que vale la pena, yo por lo menos no me arrepiento.

En las noches de estrellas en que el cielo está cubierto, siempre hay un lugar al que mirar y buscar recogimiento. No es que sea nada por lo que dar envidia, ni por lo que tener miedo. Pero para mí ese vínculo que hilamos con facilidad, cuidado y esmero, es mayor tesoro que todos los que podamos encontrar en los yacimientos arqueológicos del mundo entero.

Y ya solo por eso, os aseguro, que vale la pena tener por amiga a Vero.


miércoles, 16 de octubre de 2019

Se me escapan las emociones entre los poros de la piel

A veces como que solo necesitas que alguien te escuche
y con eso ya tiras.

Y es en ese momento en que levantas la vista y te cruzas con miradas que no te esperabas
palabras de calma y caricias del alma
ojos que hablan sin necesidad de mover los labios y te recuerdan
que todo va bien,
que no pasa nada,
que estés tranquilo,
que lo importante es ser feliz.

Supongo que por eso a veces tengo tanto miedo de mí mismo,
por temor a ser capaz de expresar lo que siento bien a dentro del pecho,
por temor a liberar el sello y susurrar al viento toda la pólvora
que está lista para estallar en cualquier momento.

A veces como que solo necesitas que alguien te escuche
y con eso, pues oye, ya tiras.

Y la cerveza en el vaso,
y el corazón en la mano,
y las frentes apoyadas una a otra
y los abrazos eternos que quieres que nunca se terminen,
y por algún motivo tienes ganas de gritar, de correr, de saltar, de volar,
pero no lo haces
porque ante ti se abre el vacío de lo desconocido,
y no lo haces
porque temes a esa caída que se precipita ante tus ojos más allá de tus pies
donde no puedes pisar firmemente
donde no ves que hay al otro lado de ese túnel que tanto deseas traspasar
entre tinieblas.

Existe una leyenda que habla de un castillo entre la bruma,
un lugar al que solo se puede acceder si no tienes miedo a soñar,
a soñar en todos los sentidos:
tanto pesadillas como fantasías de idilio,
es allí donde te encuentras contigo mismo
si te atreves a entrar
a través del portal que se alza inabarcable en el horizonte.

Existe una leyenda sobre un castillo que habita entre la bruma,
perdido en ninguna parte,
seguro en forma de sombra difusa,
como una constante que nos recuerda a donde queremos llegar,
que nos recuerda a donde queremos ir,
que nos susurra entre los lamentos del viento
que allí habitan todos los sueños que nunca nos atrevimos a vivir.

A veces como que solo necesitas que alguien te escuche
y con eso ya puedes ir tirando.

Lo suficiente como para lograr ser feliz.

Hasta volver a toparte con esa calma que se tuvo que ir.

A donde no habitan las palabras.

Y hablan las miradas.

Las caricias.

La poesía.

El alma.

A veces como que solo necesitas que alguien te escuche
para sentir en tu pecho la libertad de sonreír.

Silencio en la muerte

Sudor, sangre y dolor,
el llanto onírico de un país sin nación,
que sufre represión,
que cae en ebulición
en un canto sin llanto a la rebelión.

¿Cuanto dolor podremos soportar?

Antes callar que olvidar,
mientras los muertos se acumulan en el camino,
abrimos miedos para el asilo,
seamos cadáveres en vida con la calma en la palabra,
arderemos cuando nada quede,
arderemos cuando no haya nada.

La vida y la muerte dependen del hemisferio,
por eso este cementerio
se llena de informativos que no nos interesan
donde está la miseria
quien empezó esta guerra,
acabemos con la baraja
y repartámonos nosotros las cartas.

Quiero gritar
cuando la lluvia me ahogue
cuando nada me inunde
cuando no haya salida para este derrumbe moral
que es el mundo que nos ha tocado vivir
que es este mundo servil que solo responde al sufrir.

Quiero huir y escapar
y ya no queda nada
quiero huir y escapar
y solo me queda la voz apagada.

martes, 15 de octubre de 2019

Deseo irrefrenable de conocer el mundo más lejos que nadie

Saco brillo a la navaja de la inteligencia
de la poesía del vivir, del sentir, del impulso irrefrenable de seguir
de llegar siempre más y más lejos de aquí
de saber todo
de comprender todo
de ser eterno para descifrar los misterios de este tiempo fugaz en el que seremos
segundos de un reloj sin miedo
que gira como el viento
como un canto inefable en el cementerio de los libros que no tienen dueño
esperando a encontrarte
a hallarte
a abrazarte
a ser un baile que espera salvaje
entre bosques y prados refulgentes al sol de enero
seremos, seremos
seremos todo lo que esperemos
pero no hay forma ajena de ser un mar en posición de defensa
atacando las fronteras de nuestro pensamiento
de este tópico ingobernable
que termina en un viaje eterno.

Inteligencia emocional para estos tiempos en que quieren acallar los sentimientos.

Regresa sin irte, vive sin miedo, sueña sin tocar el fondo, de un mundo de luz para todos

El mundo tiembla como los frágiles instantes antes de hallar tu destino,
no hay salida para las locuras
pero el camino es más llano cuando crees hacer lo correcto.

Tropezaría con la eternidad cien veces con tal de acariciar la fugacidad del instante,
y la noche se llevó todo
y la muerte se tragó de un soplo lo poco valioso que teníamos,
a cambio nos endureció como el cuero curtido
y el pelo se agitó al viento
sabiendo que el cuerpo fibroso
soportaría todos los dolores que el sudor le impusiese.

Abrimos la boca para callar los sueños
pero liberarlos es abrir los brazos a la suerte
y la felicidad es tan poco como atreverse honestamente a saborearla
así de alguna forma te toparás con ella
y todo cobrará sentido
sin temer nunca más a las caídas
nos tatuamos el cuerpo
para jamás olvidar quienes queremos ser y quienes somos
es un baile de locos
pero un baile que vale la pena
a fin de cuentas
¿Quién puede echarse atrás cuando ha elegido su camino?

Sonríe
porque valdrá más que cien soles
y sin saber donde encontrar los honores
salvamos el alma a base de paz con nosotros mismos
me baño en libertad para poder abrir las alas
y la poesía me envuelve como una bandada de aves que me alzan a los cielos
lejos
muy lejos
más allá de ese mar de atardeceres
que es la eternidad de los horizontes.

Saltaría siempre
por llegar más allá
sonreiría siempre
para ser feliz.


No temas a nada, solo a no ser tú mismo cuando elijas el camino que te dará ganas de vivir.


Llega siempre más allá, más allá de donde jamás haya llegado nadie siempre.

jueves, 10 de octubre de 2019

Parada sin descanso

El mundo da vueltas
en una vorágine sin final,
no hay salida, no hay nada,
solo una caída de párpados al más allá.

Los Cárpatos se deshacen en ríos de pena
y el dolor se cobija a la sombra del cielo,
cruel lamento sin gloria,
eterno reloj sin hora.

Timbran las campanas
golpes de inestabilidad,
me fallan las rodillas, me aflora el caos,
no logro comprender más allá.

De nuevo aquí
frente al dolor en blanco
y la cuerda ya se ha roto
sin pausa ni reparo.

Vaya desamparo que nos espera,
vaya inercia sin fin
vaya existir
vaya, en fin, en fin...

Salto y la pólvora salta,
caigo y la vida aplasta,
barro en el traspiés que resbalo,
fango, para retorcernos hasta lastimarnos.

¿Qué será?
¿Qué será?

jueves, 3 de octubre de 2019

Saborea la nieve para hervir la sangre helada

Las curvas bailan frente al paisaje
en ese erótico instante en que deslizarse
implica el riesgo de no volver atrás,
el sol de octubre se pierde en el horizonte
y Castilla se desviste ante la mirada estupefacta
con toda su sensualidad.

¿Dónde están los besos que no dimos?
¿Habitan en algún lugar o se han perdido para nunca regresar?

Las estaciones destilan la tristeza de las vidas que están de paso
como esos vínculos que nos negamos a profundizar
por miedo a salir dañados.

Sucia cobardía sin madurez emocional
que nos creemos fuertes por ser tan débiles de temer a abrir el corazón.

El tren ya está rodando
y los campos dorados relucen
bajo el refulgente astro mayor,
tenemos mariposas en el estómago
por sobredosis de sueños rotos
y hago camino con la mirada limpia,
perdónate amiga como he hecho yo mismo,
perdónate que solo así crecerás sin arrastrar la ristra de heridas
que brillan en lo alto del tiovivo en el que vivimos.

El mundo sonríe porque llorar es abrigo
y buscamos cobijo en abrazos de olvido
conscientes de que la solución sería trabajarnos
y cuidar los vínculos.

Somos poesías sin terminar
porque nunca dejaremos de aprender,
te juro hermana, que por muchos desastres de ansiedad
la vida nos llevará a donde sea que podamos ganar nuestra felicidad.

miércoles, 2 de octubre de 2019

A orillas del Atlántico

A orillas del Atlántico
donde nos lleva el viento
nos topamos con el camino
que siempre recorreremos.

A orillas del mar de enero
los ojos de octubre
nos recuerdan donde estaríamos
cuando dejemos de mecernos.

A orillas de esta niebla
que entre los vendavales
levantan el vuelo,
solo entonces podremos soñar con lo que soñemos.

A orillas de un mundo de recuerdos
nos balanceamos en la cuerda floja
a miles de metros del suelo
y es ahí donde estaremos.

Y es ahí donde estaremos
cuando nos encontremos.

Y es ahí donde estaremos.

Y es ahí donde estaremos
cuando nos encontremos.

A orillas de esta mar que es nuestro
el universo cobra fuerza en un atardecer de estreno
y el horizonte nos invita a perdernos
y el viento nos lleva lejos; lejos; muy lejos.

A orillas del Atlántico
será ahí donde estemos.

A orillas del Atlántico
será donde los recuerdos vivan eternos
cuando llegue el momento
en el que en la libertad del horizonte nos encontremos.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Te quiero libre, amor.

Te quiero libre, amor.

Tantas veces que pronunciamos esa palabra como un slogan,
la pintamos en paredes y letras de canciones,
en tweets y fotos de instagram,
y tantas veces que nos afanamos por repetirla,
por ver si así nos la aprendemos de memoria
y tan pocas veces
sabemos realmente lo que significa,
tan pocas veces
logramos que sean ciertas.

Te quiero libre, amor.

En la noche y en el día,
en los golpes y en las caídas,
en las victorias y las alegrías,
en lo espontáneo y en la rutina,
en la cama y tras la barra del bar desde la que me miras,
en la pantalla y tras las palabras de cansancio de currar toda la vida.

Te quiero libre, amor.

En el desconcierto y en la empatía,
en las conversaciones hasta las dos de la mañana
y en los besos de buenos días,
en la necesidad de conocernos
y en los mapas que trazamos para explorarnos,
cuando nos odiamos a nosotros mismos
y cuando aprendemos a amarnos,
cuando nos derriban las esquinas de esta inercia
y cuando como el primer encuentro nos devoramos,
cuando tropezamos y retrocedemos por miedo
y cuando nos aferramos a la mano del otro para salvarnos.

Te quiero libre, amor.

En los aciertos y en los errores,
en los dormitorios y en la soledad de los corredores,
en los viajes eternos y en las noches en las que apenas nos vemos,
en los sueños y en las pesadillas,
en los planes de futuro y en los recuerdos del pasado,
en los caminos que trazamos y los que solo supimos esbozarnos,
en todo lo bueno y en todo lo malo,
en la risa, en la risa, en la risa,
en la poesía.

Te quiero libre, amor.

En todos y cada uno de mis días.

Te quiero libre, amor.

En todos los años que componen esta partida.

Te quiero libre, amor.

En la vida, en la muerte, en el dolor y en ese abrazo en que todo se detiene.

Te quiero libre, amor.

Porque no sé bien lo qué es y lo que viene,
pero sé que quiero descubrirlo sea donde fuere que la vida nos lleve.

Te quiero libre, amor.

Siempre. Siempre. Siempre.


Como en todos los atardeceres en que volamos hasta donde el viento nos lleve.

martes, 24 de septiembre de 2019

Las cenizas de la vida se consumen sin lograr respuestas a las preguntas que nunca nos atrevimos a hacer

Despunta el alba entre los rincones de los versos
y los folios en blanco destintan sus letras buscando rincones nunca hallados
callados, como soldaditos de plomo que caminan firmes,
comprendemos que los senderos nos llevan más allá de donde nunca creímos poder llegar.

Y qué más da todo cuando la espiral te precipita a ninguna parte,
sonreímos porque es lo que queda cuando todo se inunda de tristeza,
solos,
estamos solos,
y no queda otra que asumir el dolor que nos atenaza el corazón y aprender a soportarlo,
extraer sus enseñanzas
y seguir caminando
porque las ausencias nunca se van,
pero las heridas dejarán de arder algún día,
será entonces cuando podamos resistir a todo lo que nos arrebate la vida.

Porque nos lo arrebatará todo,
ten claro que nos arrebatará todo.

Nos tatuamos la piel para recordarnos promesas
que de otro modo creemos ser incapaces de cumplir,
chillé a la libertad que siempre la buscaría
y a veces me perdí a mí mismo en este laberinto;
no es culpa de nadie,
es cosa del dolor,
pero hay que lograr sobreponerse
y seguir,
seguir porque no queda otra,
seguir porque no te puedes quedar ahí tirado en un hoyo mientras el mundo arde
y el espectador es otro al otro lado del espejo roto en mil añicos
que se clavan en las palmas de la mano.

Cuidado con los sueños,
cortan,
como cristales,
empapados de sangre,
cortan.

Solo en las derrotas logramos encontrarnos a nosotros mismos.

La caída tiene esa pureza del sufrimiento primigenio,
te desnuda completamente ante el reflejo
y solo hay oscuridad al otro lado,
revelándote todo lo que has perdido con los años,
revelándote todo lo que jamás volverá,
pero no vale la pena llorar,
solo seguir,
no vale la pena llorar.

La tristeza es un canto a la alegría,
la felicidad es una llamada al dolor,
la muerte es una constante de la existencia,
y seguir es lo que queda,
créeme cuando te digo que seguir es lo único que nos queda.

Soñamos para llegar a alguna parte
y con esas fantasías nos cortamos
una y otra vez
hasta desangrar nuestras pesadillas
y llorar por ver más allá de tanto humo,
por ver más allá de tanta vida,
por comprender que en la caída reside la razón de esta existencia de sinsabores.

Cierra la puerta a todo aquello de lo que quieras huir, hazlo si te sienta bien,
pero ten claro que jamás podrás escapar de quien eres,
jamás podrás huir más rápido que los incendios que has dejado tras de ti.

Solo somos ruinas de un mundo que se derrumba a nuestro paso,
civilizaciones más grandes han caído,
no va a caer entonces nuestro pequeño mundo que nos hemos creado
entre estas cuatro paredes agrietadas a las que llamamos hogar.

El precipicio se abre ante nuestros pies,
como sombras que persiguen nuestros pasos,
como desastres que quedan donde alguna vez pisamos,
como silenciosos esqueletos de olvido que se levantan allá donde una vez amamos volar.

La derrota tiene ese regusto a victoria,
pero es caída,
a fin de cuentas,
y creer lo contrario es engañarnos.

Sueña porque no queda otra,
pero no creas que llegarás a alguna parte con esos retazos de vida
que creíste alcanzar.

Sigue porque no queda otra,
pero ya solo quedan pedazos de escombros que se deshacen entre las manos,
como relojes de arena
que desaparecen entre los rincones de alma que es este desierto nuestro.

Sigue,
porque hay que seguir.

Pero no trates de hacer otra cosa por el camino que no sea simplemente seguir.

Sigue, sigue, sigue, así...

sábado, 21 de septiembre de 2019

Es demasiado para mí

Para la creación
nos creímos todos los cuentos
y el sol y la luna
se perdieron entre los rincones de los últimos sueños,
quizás podría escapar
o quizás no,
quién podría saberlo?
yo solo sé que yo no
y el último camino a la inmensidad ya se ha terminado ,
y el último cigarrillo ya se ha consumido,
por tanto no queda mucho
por lo que soñar y creer,
las llaves están limpias
pero no hay cerrojo que abrir
en este firmamento inmenso de lágrimas y lloros,
qué cabría esperar de la muerte definitiva?
qué cabría esperar del final de la partida?
los lamentos nos llevan por sinuosos rincones y caminos
y todo arde en mil pedazos
mientras huimos despavoridos
por no saber donde acabaremos,
los cielos solo arden en mil cenizas
y las guitarras supuran
que noche más oscura nos espera cuando levante la niebla
y el vaho se ha difuminado para echar a volar a nuestro paso,
no grites
no llores
solo ama
solo ama el inmenso vacío de tu existencia,
los poetas están muertos
y los muros han dejado de sonreír
el sol se ha apagado
y se han cerrado todas las puertas que llevaban a ninguna parte,
por favor,
ya no sé qué hacer
para terminar con este inmenso dolor que siento en lo más hondo de mi pecho,
ya no sé cómo sentir,
ya no sé,
y sin saber solo podemos seguir
mientras todos lloramos sobre los adoquines de granito de este pueblo milenario,
triste país que se ha perdido entre las aguas de los ríos,
adiós a todo,
adiós a todo lo que un día consideré estable.

Adiós mis amigos, adiós mi patria, adiós mi amor, adiós mi luz, adiós mis amigos,
adiós mi patria, adiós a mis grandes sueños.

martes, 17 de septiembre de 2019

Los hijos del cemento

Somos hijos del cemento,
de los trabajos de 10 horas,
de los sueldos de mierda,
de la vida de miseria a la que nos han condenado.

Somos hijos del cemento,
crecidos entre mundos grises
sin poder descubrir lo que hay ahí afuera,
crecidos entre tasas y becas
sin poder llegar a fin de mes por más que uno quiera.

Crecimos en el cemento
herederos de este tiempo,
de las jornadas intensas,
de las salas de espera con colas eternas.

Crecimos en el cemento
caídos de nuestros sueños
comprendiendo que nos han engañado
y que somos carne de cañón de su emprendimiento.

Somos hijos del cemento,
del mercado laboral dinamitado para hacer más dinero,
de la sanidad asfixiada, la educación privatizada y los derechos bajo cero.

Somos hijos del cemento,
-malcriados, ofendiditos y del todo lo quiero-
de los que tenemos que callarnos y tragar con todo lo impuesto.


Somos herencia de todos obreros
a los que pudisteis callar, aplastar y enterrar bajo décadas de silencio,

pero aquí y ahora
somos pueblo

y derribaremos todos los muros
porque aprendimos creciendo en el cemento.

lunes, 16 de septiembre de 2019

90% cacao. de ese que te comes. que te comes la cabeza

No sé cuanto hará que no me siento aquí a escribir, frente a la pantalla, mientras el sol se escapa entre los rincones de la tierra como si huir no significase volver a encontrarte tarde o temprano con los problemas. Supongo que por eso todos tratamos de ser los primeros en tirar la última piedra, esconder la mano, y enseñar la otra llena de sangre, mientras nos delatamos a nosotros mismos entre los miedos que se esconden en los rincones del alma. Sorprenderse por las ciudades incendiadas tiene esa cínica ironía del que se sabe con todas las papeletas para ganar y luego prefiere tirarlas en llamas a alguna papelera, esperando a que todo estalle, en mil pedazo, de alguna forma imposible y haciendo eses en las rampas de esta fúnebre vida que es asimilar todos los desastres que dejamos a nuestro paso. No vaya a ser que todo se termine, y ahí, solo ahí, tengamos que asumir que es el final y ya no hay nuevos comienzos.

Podría tratar de encontrarle sentido a esta sarta de palabras que se diluyen entre los litros y litros de aire que nos asfixian, pero solo es un pequeño reguero maleable de pesadillas que encharcan el suelo de mi habitación, como esas manchas de chapapote que te encontrabas en la playa durante tu infancia y procurabas no tocar, porque eran fascinantes, pero también terriblemente pringosas, y ahí, una vez entrado en contacto con ellas, ya no había forma de librarse de la suciedad y la mierda,
esta que apesta en cualquier parte,
solo era posible hacerla desaparecer de la piel frotando fuerte con agua y aceite, hasta que ya no quedaba nada.

Ya se sabe, la mierda quita la mierda, los desastres implican desastres, y la mecha de la dinamita es demasiado corta como para no estallar todos en mil pedazos, en una patética cuenta atrás que comienza en el -1.

Miro por la ventana y la noche lo empapa todo, mañana entrego por fin el TFG, como en algún texto por aquí perdido en las profundidades del blog en la que hablaba de que estaba con animación y viendo vídeos de pokemon, han pasado años y las cosas poco han cambiado aparentemente. 
Aunque si miramos con un poco más de atención, 
ya no voy dejando sangre y veneno por las esquinas, 
ya no me desgarro las heridas y las cicatrices con frecuencia,
y ya no todo es un oscuro pozo de tinieblas, una espiral de decadencia, un sucio baile del que parecía imposible salir,
pero créeme, de todo se sale, hasta de la guerra
que nosotros mismos construimos en nuestros corazones
y que hacen arder el alma hasta consumirla.

Las cenizas que se llevó el viento hace tiempo que han vuelto a nosotros,
las hemos asimilado
y nos hemos creído que con eso nos volveríamos más fuertes,
   basta con creerlo, lo demás da bastante igual,
si a nosotros nos sirve... tira para adelante y no eches el freno.

Destejo palabras buscando respuestas en mí mismo a preguntas que no he formulado,
desviamos atenciones en los surcos de los sueños
y confundimos la suerte con el destino,
creyendo que no somos nosotros, el ambiente, y la sociedad,
la que marca nuestro camino
en la medida de nuestras posibilidades.

Sonreímos de medio lado cuando algo vale mínimamente la pena como para ser feliz, aunque sea durante un breve rato, saltamos de peñasco en peñasco tratando de volar y saltamos de cabeza al agua para no pensarnos las cosas demasiado y atrevernos a actuar de vez en cuando, tratando de hacerlo lo mejor posible en un mundo en el que es demasiado fácil hacer lo incorrecto. 

¿Y es que quién es capaz de tener respuestas para todo?

Supongo que por eso nos buscamos en tantas partes: en libros, en películas, en series, en destinos, en encuentros clandestinos con nuestra propia alma a la una de la madrugada; observándonos desde lo alto de las ruinas del cementerio interno que es el haber sobrevivido a tantos golpes que nos ha dado la vida. Nos buscamos y a veces nos encontramos. Y ya solo por eso todo este camino de dudas e incertidumbres vale la pena, por creer que a veces encontramos el sentido a tanto irracional sinsentido que nos come la cabeza y nos devora el corazón de a pocos, desbaratando todo nuestro mundo y derribando nuestra alma hasta no quedar títere con cabeza, solo pequeños incorpóreos que nada entienden nada les incita a buscar la certeza de su razón de ser.

Porque somos seres racionales que actuamos irracionalmente el noventa por ciento de las veces. El otro diez es cuestión de pericia, ganas y suerte, no necesariamente por ese orden, pero sí necesariamente sin ese desorden
que nos alborota el pelo cuando nos levantamos sin saber ni quienes somos,
hundidos en la miseria de una rutina que nos ahoga
hasta dejarnos hechos fantasmas de lo que fuimos,
tristes sonrisas sin sueños
que se aferran a la vida porque es lo único que han conocido siempre.

Escribo por eso, por todo esto que he dicho, no sé muy bien el qué, ni siquiera me entiendo a veces a mí mismo, y vosotros supongo que todavía menos, pero aquí estáis, escuchándome, como aprendices alrededor de su maestro, como chispas alrededor de la llama, como sueños a través del tiempo. Y sin embargo, solo somos polvo en el viento. El último lamento. Las intenciones de seguir en pie aunque nos derriben los miedos.

Vivir.

Porque es lo único que sabemos hacer: 

Seguir.

Porque es la única manera de encontrar el camino, a nosotros mismos, y con un poco de suerte a gente que te hace sentir.

En definitiva.

Porque el resultado final de todo es ser libre y feliz.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Qué ven en mi los rostros que buscan sangre

La gloria del perdedor
la derrota en los ojos
la mirada herida de muerte que no encuentra refugio bajo la lluvia,
llanto de vida
canto de muerte
espero que todo me lleve y nada quede
salto de peñasco en peñasco esperando resbalarme
y así voy
en caída libre y sin frenos.

Supongo que es la madrugada
que el humo del cigarro ya se eleva bien lejos
pero solo el destino reparte las cartas
y el solitario ya se ha escrito a sí mismo.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Somos un laberinto entre las sábanas

Desvestiría tus dudas
y acunaría tus miedos;
desnúdame las prisas,
desempolva con fantasías mis sueños.

Besa todas mis heridas
que yo abrazaré tu infierno,
sedúceme en la noche
que yo te perrearé hasta que se pare el tiempo.


Mordería tus ansias
lamería tus pasiones;
confúndeme el hambre,
destéjeme lienzos de ilusiones.

Versa todas mis vidas
que yo excitaré tus emociones,
acaricia mis inseguridades
que yo te tatuaré la piel de mil colores.


Te construiría un refugio
y bajaría hasta implosionar tu cielo;
despúntame el alba,
desfibrílame con tu mano todos mis sentimientos.

Destroza mis muros
que yo descubriré tus rincones
eriza mi rutina
que yo te haré eterna como un poema que nunca se rompe.





Aráñame como si fuese la última vez que nos vemos.

Voz de rayo, impulso de trueno

Hambre de España,
vida de mil clamores,
dad fuerzas a quien lucha,
dad esperanza a quien vence.

Victoria de esta mañana,
gloria de mis temores,
gallarda calma que me acuna,
larga noche que se esconde.

Llamarán jilgueros y ruiseñores,
cantarán por sus amores,
y cuando la vida vive y la muerte vence
escribirán en el cielo mil poemas,
pintarán libertad con fusiles y flores.

Alzarán el vuelo los luchadores,
ondearán banderas de tres colores,
y cuando fallen los brazos y las rodillas flaqueen,
versarán en el suelo pan y tierra,
gritarán libertad despiertos y soñadores.

Fiebre de España,
juventud de eternas pasiones,
luchad por los que nos precedieron,
venced por los que nos suceden.

sábado, 7 de septiembre de 2019

En mis bolsillos llevo siempre todo lo que necesito

- Escribo a la noche... -
Siempre empiezo igual mis poemas
como si fuese una forma certera de acabar perdido
en las sábanas durante las madrugadas
en las que los sueños se desorientan tras pesadillas sin suerte
que se confunden el tiempo entre los intentos
de lograr atrapar la sinestesia de este mundo de sinrazones.

Nunca supe donde iba a acabar,
pero tras las caídas toca levantarse,
supongo que le juré a la soledad que nunca le faltaría
y últimamente fallo en mi promesa sintiéndome un poco menos solo
un poco más feliz
escribiendo para dejar constancia de todo;
aunque si he de ser sincero
hubo un tiempo en que tenía miedo de estar bien
por si dejaba perderme entre las letras y los versos
en las noches en que la oscuridad venía a visitarme.

Sácame de estos desvelos
mientras nuestros cuerpos se retuercen de placer
supongo que perecí en vida
y los muertos solo pueden seguir así,
muertos,
o resucitar mientras otros follan sobre sus tumbas.

Traté de huir y solo me encontré a mí mismo,
traté de buscarme
y solo tropecé con cientos de piedras que me negaba a ver una y otra vez.

La suerte no tiene nada que ver en esta partida de cartas
y yo aún así reparto la baraja, saco una y reviso mi mazo,
como si los retazos del viento marino todavía trajesen pedazos de botellas a la deriva,
hay gritos de auxilio que se escuchan a miles de distancia
y otros tan ahogados que jamás saldrán del agua,
espero no ser de los segundos
porque me gustaría ser capaz de pedir ayuda cuando la vida me supere.

Por ahora todo bien, no hay problema, no me he caído,
pero soy consciente de que por mucho que lo intente
los tatuajes no podrán mantenerme siempre en pie,
a pesar de todas las heridas y cicatrices que todavía supuran
sonreímos
con sangre circulando por el rostro,
con la mirada ciega
y los labios dibujando una media luna roja,
la rosa se ha abierto en todas direcciones
y ahora el pecho me arde como si no hubiese un mañana,
como si no hubiese un mañana.

¿Qué tendrá la poesía que a todo el mundo engatusa?
Hasta a su propio artífice de letras y marionetista de emociones.

Las arenas del desierto ya se lo han llevado todo
y solo queda un títere sin más rostro humano que su corazón,
imperfecto,
sí,
pero quizás en esa mínima imperfección resida toda su esencia.

Por si acaso yo miro hacia adelante y sigo caminando,
no quiero perderme entre la negra noche que nos cobija;
los lienzos han tratado de atrapar el instante fugaz
y las fotografías han sido demasiado lentas para lo rápido que vivimos la vida.

¿Qué harías si te dijesen que es tú último día?
Supongo que sonreír y no arrepentirme de nada,
el resto sería un absurdo que solo nos haría sentir mal
y ¿para qué sufrir innecesariamente cuando este mundo ya es suficientemente sucio por si mismo?

Eso me digo,
eso me pregunto,
a cada hora,
a cada minuto,
como un reloj infinito que parece no tener jamás final.

Escribo a la noche buscando respuestas
y están todas dentro de mí,
para eso leo,
para eso escribo,
para eso vivo,
para eso sueño,
para responderme siempre a mí mismo
y de paso lograr ser feliz.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Quiero ser feliz

Estoy cansado de demonios y fantasmas
de noches en que las pesadillas invaden mi almohada
de sucumbir en el duelo mente contra alma
de caer una y otra vez tras infinitas caídas con la mirada velada
de no poder escapar de mis ojos de mar vidriada
de perder tantas batallas frente a la tempestad antes que mi calma
de no ser capaz de soportar la cruenta duda olvidada
de no ser quien de esquivar la irracional oleada que me atrapa
de no poder plantar nunca cara.

Estoy cansado de toda esta patraña
de incansables oleadas,
quiero hacer que el corazón sea quien me guía a otra madrugada
beber lento la cerveza de una lata
mientras las olas rompen suavemente en las arenas de la playa,
querer hojas al viento, cuidarnos los miedos,
tejer amistades que abrazar cerca y lejos,
dibujar sueños en las sábanas,
aderezar palabras en poemas que no defraudan,
destejer mi interior como una maraña de te quieros,
alcanzar las nubes y el cielo,
creerme eterno aún sabiéndome frágil instante de recuerdo,
colgar fotos en blanco y negro en las paredes de mi habitación
tocar con los dedos el sol,
tocar locuras en clave mayor,
ser feliz sin condiciones
ser feliz sin conclusión
soportar los vaivenes por ver siempre más allá
ser quien no tambalea ante el peso ajeno
quererme con pasión,
ser huracán y ciclón
ser una poesía para amar la razón,
tocarme el alma
acariciarte la mirada
colorearte la vida con dulces juegos de palabras
mientras la Ría nos cobija bajo sus alas
desplegar el atardecer ante las prisas de vivir con calma
ser libertad nunca callada
rozar la paz y delirar por tu espalda
ser un firme escritor feliz al que dolor y el sufrimiento nunca quebranta.

Ser sin tregua ni condiciones ni destierros
ser un dulce poeta que camina siendo lucero.

Destelleante luz del atardecer que bañan mis sueños.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Canciones de verano

Cuando la vida da vueltas bajo la mirada
que nos acompaña cada madrugada
yo sé que el mundo está en calma
y no hay prisa si el sol se va
pues marcha que tiene que marchar
solo sé que sueño con volar
con llegar más allá
con soñar con la felicidad
con hacer del verano mi estado de ánimo
e ir en tirantes y las llaves en la mano
como si el futuro no fuese algo cantado
y todo se redujese a imaginarnos
con una lata fría brillando
cuando el cielo está despejado
y la arena deja huellas tras mis pasos.

Los amigos en las esquinas de la vida
sosteniéndonos en las caídas
sonriendo cada día
imaginando caminos y partidas,
castillos de naipes que nos sostenían,
no te rías si te digo que soy un verso
hago eterno el instante fugaz y pequeño
calendarios que devoramos
consumiendo el tiempo sin cuidado,
somos demasiado jóvenes como para no ilusionarnos,
ya habrá margen para superarnos
ahora simplemente vivamos un atardecer de verano
hagamos que nunca nos arrepintamos
y brindemos por nuestros sueños lograrlos.

No hay prisa cuando el sol acompañamos
y la amistad sea un vaso que beberse a largos tragos,
somos el presente que queramos
cuidémonos como si fuésemos hermanos.

No hay prisa cuando el sol acompañamos
y la amistad sea un vaso que beberse a tragos,
somos el presente que queramos
cuidémonos como si fuésemos hermanos.

¿Cómo caminar el resto del año?
Somos poetas de la vida que nos añoramos.
Locos cuerdos llenos de recuerdos para rato
sonreímos con la mirada en las manos,
surfeando el tiempo como si fuéramos insensatos
solo sabemos divertirnos aunque no queramos
es el rito que derrito como un helado
venga, démonos un baño rapidito y luego a ducharnos.

¿Qué tendrá la no rutina que nos hace emocionarnos?
Destejiendo estrellas y murciélagos,
esperando la noche como si no supiéramos
ser habitantes reconocidos e inesperados,
dame esa cerveza que de un trago la terminamos,
trajiste la toalla y no la necesitamos
solo somos fuego consumiéndonos hasta quemarnos
y para no caer dibujamos retratos
de cómo seremos cuando crezcamos,
fuimos niños callados y ahora jóvenes alocados,
es lo que tiene respirar el Atlántico
nos llena de fuerzas para largo rato,
cojamos la furgo y ardamos asfalto,
kilómetros a la espalda con los colegas al lado,
fotos de grupo y vídeos para no olvidarnos.

Volamos al soñar
y por muy poco lo logramos.
Sonríe
que hoy el mundo es nuestro y mañana ya no estamos..

No hay prisa cuando el sol acompañamos
y la amistad sea un vaso que beberse a largos tragos,
somos el presente que queramos
cuidémonos como si fuésemos hermanos.

No hay prisa cuando el sol acompañamos
y la amistad sea un vaso que beberse a largos tragos,
somos el presente que queramos
cuidémonos como si fuésemos hermanos.

No hay prisa cuando el sol acompañamos
y la amistad sea un vaso que beberse a largos tragos,
somos el presente que queramos
cuidémonos como si fuésemos hermanos.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Teorema

Compongo versos en la noche
porque es lo único que sé hacer:
hay quien puede volar
y quien lo intenta;
yo soy de ese segundo grupo
y por el camino trato de hacer lo mismo
con quienes transitan conmigo detrás.

No soy ni escritor ni poeta
solamente un pobre currante que espera
hallar la paz en esta guerra de mundo,
soy un loco y me confundo
con la libertad y las ganas,
y mientras tanto desfibro mis estanterías de libros
disparando palabras bajo luz de luna llena.

Soy un caballero sin cabeza
un jedi perdido en esta farsa,
el peñasco solitario sobre el que resistir de pesca,
la gresca de toda mi basca,
el pavo herido que hace eses bajo los brillos de un chupito,
el grito de auxilio de este porvenir;
creí vivir en una canción de Los Chikos del maíz
y solo fui un trapecista haciendo equilibrios
sobre un acorde solitario de Saez.

¿Qué tenemos que perder
y cuánto podemos ganar?
Es cuestión de salir de nuevo a jugar,
la torre del reloj ya vio ponerse el sol
y desde allí pude ver
como en la Batalla del Basurero vencí,
seguí más por costumbre que por ganas
y ya nada me falta
solo cicatrices a las que dar color
tras tantos años de ansiedad y depresión.

Soy la chapa que salta del botellín de Superbock,
el viento de Sagres bañado por el sol,
el vacío hermoso de los parajes alentejanos,
la saudade lisboeta
y las letras que brotan en el secarral castellano,
como si no tuviese bastante con todo lo escrito en Monte Alto,
dame tu mano para hacer de este verso un poema
solo habrá libertad cuando la paz llega
y una bandera roja ondeando bajo nuestro rostro,
sudor, lágrimas y corazón,
saltamos las olas de dos en dos y esquivamos las balas,
supiste que había felicidad y amor
y no lo soltaste hasta que aprendimos a soñar,
escribí este verso para al fin volar
y todo lo demás dejó de existir
solo quedábamos los dos por siempre jamás.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Versos valientes

Trato de destripar las palabras con la facilidad de un poeta que se desnuda el pecho mientras se rompe a tiras toda la piel de este cuerpo. He recorrido universos tratando de buscarte como Axel a Roxas y he resultado ser un puñado de demonios incorpóreos, un ángel tratando de hacer lo correcto en un mundo en el que es demasiado fácil equivocarse.

¿Qué tendrá esta vida que no se nos permite tener otra?
Y así vamos,
destripando finales,
saltando de abrazo en abrazo tratando de aferrarnos a esta soledad que siempre nos invade.

Solo soy como ese pobre palestino expulsado de su suelo quemado,
disparo ráfagas de palabras a quemarropa por dolor
y la quemazón me hace arder el corazón.
Las calles empedradas tienen ese encanto del pasado,
salto de roca a peñasco
para sentarme en todo lo alto
dominar el cielo y volar
como una foto lista para instagram.

Soy Atlántico y eternidad,
un verso desnudo que jamás regresará,
la magia del mar
como un vendaval
que nos lleva siempre más allá.
Hoy tengo la paz y la calma,
ya tendré otro día la gloria
mientras tanto me quedo con la risa fácil
de una poesía que remata
en lo alto de la red

¿qué es lo que se va al otro lado del muro?
Solo somos cuervos rotos levantando sus alas para rozar el firmamento.

Pásame esa cerveza que no nos pare nadie
ya la muerte vendrá
pero hoy importa el aquí y ahora:
vive deprisa, muere joven,
y el humo del cigarro que se consume en el cenicero
de esta tesis que es la vida,
no hay otra salida para la indignación
que plantar cara a las adversidades:
si quieres cambiarlo todo
empieza por este sistema,
el resto viene solo como un haz de rayos gamma
surcando el estrecho a hombros del Granma.

Vaya prisas que nos entran cuando sabemos que todo se termina
¿por qué no viviremos esta vida como si fuese el último día?

Sufrir en silencio en vano es algo que solo Itachi podría lograr
el resto seremos pobres esqueletos muertos
si queremos ser héroes en este mundo infecto
en el que nos disparan continuamente publicidad
para caer y fracasar.

¿Qué hay de verdad en una primavera floreciendo
si solo en el destierro del otoño podremos renacer y soñar objetivos nuevos?

Tengo las manos manchadas de sangre,
pero perdonarse es de sabios
y camino para pasar de largo su bandera,
la nuestra es roja, amarilla y morada
y lleva la palabra libertad en la frente bordada.
Trato de ser poeta del pueblo
y solo logro ser una huella digital
que se esconde entre los miedos
de este sistema infernal,
supongo que ese es el aliento
que nos queda cuando queremos
ser mejores de lo que creemos,
dame la mano y juntos creceremos,
el resto es sonreír, cuidarnos y querernos.

¿Qué tienen de verdad los cuentos?
Yo creo más en lo cierto de las leyendas
que en la moral que tratan de imponernos,

seremos vientos llevando futuro a todos lados
y sin saberlo ni esperarlo
los años pasan de largo,
mirar hacia atrás tiene su magia
pero en el horizonte está el verdadero camino
y el resto es solo ilusiones en la cueva de Platón,
no hay patrón que pueda acallar esta voz,
y Bizancio tiene más de verdadero y libre
que cualquier otro imperio olvidado.

¿Y ahora qué queda?

Pasa página y tira de lado
que a lo largo de todo este tiempo
he aprendido a distinguir
entre quien me quiere bien
y quien solo busca sangre de los corderos,
somos valientes cuando soñamos
en una pesadilla en vida
de la que no nos protegen ni las sábanas.

Spoiléame todos los finales,
pero nunca me digas
cómo llegamos a estos giros argumentales,
me importa el camino
como causas y consecuencias que perviven por sí solas,
que la baraja de naipes se reparta esta partida

que aún queda vida por delante para rato
sonrío de lado y remato
este poema de triste soldado
que sueña con ser salvado
por la poesía del aroma Atlántico:
dame siempre tu mano
que ya la luz la encuentro en la paz veraniega del atardecer lusitano
recuerda esto:
siempre habrá libertad al calor de tus labios.

sábado, 31 de agosto de 2019

Cuando teníamos veintitantos en un lugar perdido y nos encontramos


La borrachera comienza a subir y el alcohol desteje sus efectos. Las bolas de billar bailan ante nuestros ojos y fallar un tiro bajo la excusa de que el otro lleva detrás mucho bar es una forma limpia y sutil de desempolvarnos las culpas y no tener que asumir nuestro propio mal estado. La creadora de la frase, Sara, es una chica con larga vida a sus espaldas. A sus 21 años ha visto más que mucha gente a los 50 y destila unas ansias constantes de beberse la vida a cada sorbo que da a su botellín de cerveza. Te habla con esa sutileza valenciana que deja recaer el peso justo y preciso en las palabras adecuadas, sin sobrar ninguna letra ni faltar las sonrisas necesarias en los momentos necesarios. Su mirada escintila bajo los focos del bar y en ellos tiene esa forma tierna y benévola que tienen las personas que se saben refugio para los demás, sin juzgar ni indultar, solo proteger y salvar de las caídas de esta vida en la que es tan fácil equivocarse metiendo la bola negra en la esquina equivocada.

La noche discurre sin más imprevistos que los justos y necesarios, como esos en los que decides irte afuera a tomar el aire y comienza a sonar Daa blue, y claro, precipitadamente tienes que girarte y volver a la pista de baile, porque sería una ofensa a Eiffel no ponerse a bailar esa canción en cualquier momento, ya esté el edificio en llamas o sea el fin del mundo. Bacardí limón arriba, estrella galicia abajo, un par de chupitos a los lados y jugger con monster por descontado para acabar con el cansancio. Todo fluye como tiene que fluir y entre perreo y perreo un buen temazo como Macaulay Culkin para darlo todo en el medio como si no hubiese nunca otro final que no fuese el final feliz.

Al fondo de la barra está Ana apuntando en un papel los disparos musicales con los que hacer estallar en mil pedazos todo el bar, las canciones se suceden una tras otra entre sus dedos igual que su vaso de alcohol que cada vez está más vacío que lleno, podría parecer esta la causa de su sonrisa fácil de cristal, pero la verdad es que tiene la capacidad de iluminar el cielo a cada instante sin preocuparse demasiado por otra cosa que no sea reír. Mireia está a su lado, dispuesta a saltar al ritmo de lo que se le ponga por delante, ya querría cualquier viñarrockero moverse con la agilidad de su juventud. Se me acerca corriendo y se ríe, con esa expresividad tan pura que tiene su rostro, y yo le digo que vaya con calma que luego se amodorra con el alcohol y ella al escuchar la expresión rompe en espontaneidad dando una lección de humildad a Daddy Yankee y su canción mientras todo gira a su alrededor.

Fuera están Javi y Alicia, cuidándose, tratando de sobrevivir a la resaca acumulada de 3 días. Gozan del hablar calmado de las personas que generan confianza con esa frágil sinceridad que destilan en sus voces. Tienen magia, la sensación de que al verlos todo se detiene y gira en torno a ellos; quizás por eso a veces me descubro observándolos, nublado por ese hechizo que se crea a su alrededor, como si al mirarlos este sucio mundo resultase ser un poco más bonito, un poco más tierno.

Llevo ya dos cubatas entre pecho y garganta y todo comienza a resultar más complicado, sobre todo cuando intento no meter la bola negra en el agujero equivocado y me cuestiono a mi mismo si vamos a por las lisas o a por las rayadas, porque para rayadas ya tenemos bastante con la suicida cotidianidad de la que cuesta discernir entre el grano y la paja. Esther se acerca para sacarme a bailar y yo me dejo guiar de su mano, tiene esa familiaridad de las amistades de toda la vida que entre cerveza y cerveza se juran soportarse por siempre en las caídas mientras se sostienen mutuamente las frentes.

Mañana Marina se va y Vero ya nos falta, así que decidimos por unanimidad brindar por el futuro con chupito todos a una. El tequila desborda de los vasos con los sucesivos choques y nos prometemos entre risas de felicidad reunirnos en casa de la madrileña en Navidades. Nos abrazamos y salimos a bailar, nadie quiere pensar en las mentiras que se filtran entre estos juramentos, y es mejor así, la noche es joven y el cielo está suficientemente estrellado como para caernos por el precipicio de nuestros miedos.

Juan y Gonzalo se juegan el tiempo al billar, más rentaba que fuese el desayuno, porque a ver quien se levanta en el día libre. Se cuece dormir hasta el mediodía y todos lo sabemos, por eso cuando cierra el Gallaecia salimos al exterior y comenzamos a caminar calle abajo haciendo eses, sujetándonos unos a otros, porque para eso están los amigos: para los sueños, las esperanzas y las borracheras -ya sean estas de felicidad o miedos-.

Tras un duro trabajo y veinte minutos largos logramos llegar al embalse, las aguas brillan bajo el relente de la luna y la naturaleza se abre ante nosotros a medida que atravesamos el puente que tantas veces hemos cruzado a lo largo de todos estos días. Me voy quedando atrás y enfrente mía escucho esas risas que ya podría reconocer hasta con los ojos cerrados. Sonrío de medio lado y pienso que no sé dónde estaremos en unos días, pero tampoco me importa demasiado si esta gente no sale de mi vida.

La noche se abre ante nosotros y las estrellas fugaces juguetean con los murciélagos a surcar el firmamento. Pillamos los sacos, las almohadas y los edredones y nos tiramos en la playa a disfrutar de nuestra juventud. Hablamos de todo y de nada, de pasados y futuros, de sueños, de caminos y viajes que algún día haremos. Reímos, sonreímos, gritamos y nos sorprendemos al descubrirnos hasta niveles desconocidos. Y todo está bien, porque solo se puede estar bien cuando estás con tu gente. Y eso es lo importante. Porque ya llegará la vida, pero hoy y ahora estamos en standby y solo importamos nosotros, nuestra amistad y el presente.


El juego ya se ha acabado antes de comenzar

En la noche oscura
surcan los cristales de los espejos
levantando astillas a su paso
clavándose en los ojos ajenos
como muertes anunciadas en sus reflejos
como llantos de muertos que no encuentran
entierro para este desvelo.

Supuran las flores en la madrugada
como rosas de fuego que arden desparramándose por las aceras
el dragón ya está muerto
y la lanza se alza inerte en el cuello
el caballero sin cabeza ha ganado la partida,
pero que ironía que la ruleta siga girando
como una peonza, como un dardo,
como una bala perdida que se clava en medio del lago
y las ondas se abren en todas direcciones
circunnavegando el globo terráqueo
en un giro eterno que parece no tener final,
ya quedarán poesías cuando arda toda la inmensidad.

Estallan las batallas perdidas
como pesadillas de las que es imposible escapar
el cementerio perdido se esconde y aparece cuando no creas seguirlo
y las callejuelas se desgranan hacia un mar de plata que dibuja Sorolla
bajo las gotas de sangre de Mercurio devorando a sus hijos.

Qué cruel es este destino
por más que huyo solo tropiezo conmigo mismo.

La tormenta se cobra cada día más víctimas
y todo es caos y destrucción a su paso
como un llanto de miserere toledano perdido en algún valle lejano;
las guitarras ya lloran acordes desgarrados entre el eco del vacío que deja la lluvia tras de sí
y si por si no fuera poco
quedan solo un puñado de locos dispuestos a enfrentarse a los monstruos.

Ya no hay gloria, solo soledad;
y un puñado de pólvora dispuesta a estallar.

Lloran las estrellas con sus lágrimas de San Jorge
mientras sus brazos supuran heridas que restallan entre toda la ponzoña
que cae goteando
donde ha pisado no vuelve a crecer la hierba
y qué esperas?
solo era todo un juego sin final dispuestos a terminar cuando no pudiéramos ya más.

Mueren los sueños entre gritos desgarradores de dentelladas lobunas,
mi pecho arde por tratar de salir de su encierro
y solo los muertos se mantienen en silencio cuando Lucero del alba decidió reinar
en este baile de locos, sordos y mudos
que es el camino sin marcha atrás
hasta el precipicio del completo final.

Supuran las cicatrices de la espalda
y solo quedan un par de alas quemadas para aferrarse a algún lugar,
el sello lo ha borrado todo
y estampamos los sobres sin remitente para que el boomerang nunca pueda volver a golpearnos.

Queremos estar vivos
porque no sabemos hacer otra cosa.

La tormenta se cobra todo a su paso
qué patética existencia la que nos queda por delante,
puede que de alguna forma distante sepamos reencontrarnos,
mas mientras tanto
seguiremos caminando y pasando de largo
saludándonos cuando nos crucemos
y rezando por los muertos
en fila india de uno:
recuerda estas palabras:
la Santa Compaña siempre se cobra su diezmo de almas.

En la noche oscura
ya nada tiene sentido
ya nada tiene final
solo resta sangrar todos nuestros miedos
por ver si así nos sentimos un poco menos muertos
hasta que todo termine
y podamos descansar en paz
por siempre, por jamás.

Llanto eterno del miserere de muertos en esta danza macabra medieval.

viernes, 30 de agosto de 2019

Un millón de palomas

Cargando nuestros miedos
nos topamos con nosotros mismos
desnudos ante la incertidumbre
confundimos al destino
y nos descubrimos desorientados
por las calles de este país
que suplica por un sacrificio en la noche:
estaremos muertos, pero hoy no,
te confieso de madrugada todos mis sueños
como una lluvia de estrellas
sacralizando la vida
sentimos que tenía sentido
pero solo nos mentíamos a nosotros mismos
en el silencio de esta soledad:
sin prisa,
somos locos de la noche,
sin prisa,
somos locos de la noche,
vayamos a dónde sea que salga en la ruleta
y reza
reza
reza por los vivos,
reza
reza
y reza por los muertos:
sin prisa somos locos de la noche
perdidos en nuestro más allá.

Bellotas

12 días.

Hay quien podría pensar que 12 días no es nada, apenas 300 horas, poco más que un puñado de semana y algo en los que malgastar un poco de tiempo de verano para evitar el aburrimiento.

Solo 12 días.

Poco más.

Y cuánto pueden unir 12 días.

Una eternidad. Un instante fugaz que se escapa entre las manos, como esos murciélagos que sobrevuelan la noche y no sabes muy bien si es estrella o mamífero. Unas décimas de segundo en lo que dura la vida, pero toda una vida en lo que dura apenas una semana.

Puede parecer una tontería, pero es que miro atrás y lloro de emoción pensando en estos días. En tantas horas vividas juntos, en tantos sueños y esperanzas volcados en una mesa de billar con un cubata o una estrella en la mano, en tantas memorias de nuestros pasados acunadas bajo la luz de un cielo que parecía imposible que fuese más estrellado. Y vaya si nos estrellamos con la realidad al ser conscientes de que eso se acababa y que todo lo que durante unos días parecía una vida ahora parecería solo una pequeña vida perdida en el oleaje de los recuerdos.

Supongo que por eso miro atrás y no puedo evitar sonreír. Por tratar de atraparos entre los dedos. Por tratar de hacernos eternos en nuestra memoria. Por ver si así esto dura un poquito más, aunque sea en la imaginación. Por tratar de hacer un artificio al tiempo y engañar a las distancias, saltarnos todas las fronteras y soñarnos un poco más cerca, como si nunca nos hubiésemos separado. Quizás así el reencuentro sea plenamente una realidad y pareciese que jamás nos hubiésemos ido de ese lugar que guardaremos eternamente en los tatuajes que llevamos en la piel.

Sigo levantándome a las 8:30 de la mañana, pero ahora todo es más solitario, porque simplemente voy a la cocina a por un zumo y un vaso de colacao, y no hay caras de sueño ni sonrisas mañaneras de esas que nos alegraban los días. No está Gonzalo preguntando si queremos los bollicaos y weikies que quedan, ni Juan tiene a su mamá para cuidarnos. Después simplemente me levanto y voy a lavarme los dientes, pero ya no hay música sonando, ni una docena más de gente repartiéndose en dos filas para ahorrar espacio. No está Vero bailando mientras le pica un dedo, ni Ana para animarnos como si estuviésemos solitos en casa. Porque estoy solito en casa, pero ya no vienen ni los cacos, ni me monto una fiesta, ni suena música a todo volumen en el Gallaecia para ver a Mireia dándolo todo hasta caer en una silla muerta de sueño. Tampoco está Sara con sus horas de bar a las espaldas ni Alicia para aprender llaves nuevas y técnicas.

Sigo comiendo a las 2 de la tarde, para después no hacer nada y tumbarme en cama y pensar que no tengo a Javi para apoyarme en su pecho mientras me tapa la barriga para que no me coja frío. No está Andrés llamándome para ir a la ducha, ni Glodie con su google translate de un lado a otro. Tampoco está Esther soltando tacos, uno tras otro, mientras le pregunta a Xavi si puede llevar agua, ni Marina insistiendo con la posibilidad de llevar cantimplora, porque a ver si no cómo hacemos yoga. Ya no hay pelis de Orcas para ver con Paco, ni experimentos de física fallidos con la cara triste de Jorge. Ni Laura contando chistes en el autobús y la mesa 3, ni Liz para matarnos a todos a base de picante.

Sigo merendando a las 6 de la tarde, pero ya no hay quejas por las manzanas y naranjas que nunca faltan. Ya no está Laura para llevarnos por los pueblos a concienciar a gente que tiene poco por lo que concienciarse, pues su pasado ha sido una diáspora de pobreza, migraciones y dolor. ¿Y cómo concienciar a alguien del que tienes todo por aprender?

Sigo yendo a cenar temprano, aunque luego Misifú no esté esperándome y ya no haya juegos, ni veladas, ni cervezas en las toallas de la playa bajo toneladas de sacos y mantas. Sigo recordando, aunque ya no haya nada de todo eso, supongo que por ello trato de aferrarme al recuerdo, por hacerlo un poco más eterno.

No hay caídas, moratones, cortes, silvas, cicatrices ni caminatas cargando con un bañador que no usaremos. No hay partidas de cartas, ni paseos continuos cruzando el puente del embalse que nos haría salir con unas cuantas escamas. No hay termas, ni calor, ni cangrejos cocidos. No hay kayaks ni erizos. Y por supuesto no hay pinzas ni castigos. No tengo a nadie a quien seguir por detrás sigilosamente y asustar cuando le pongo todo un tendal entero de colores en la espalda, ni conversaciones sobre indepes y reintegratas. Ni hay calma con la que comenzar a cantar una y otra vez como si no hubiese mañana para las resacas.

Puede parecer todo esto una tontería, pero es que 12 días dan para mucho, para amistades, sueños y planes de futuro.
Por eso adornaría todos los muros con la promesa de volver a vernos
y hacer otro trecho más de camino juntos.

Gracias por el tiempo,
por la vida,
por los momentos.

Gracias por hacer estos 12 días solo nuestros.

Que nuestro recuerdo no lo borre nunca ni el viento.

El calendario nuestro

Componemos sueños con los dedos por construir futuros juntos
hablamos de caminos
y los senderos se abren siempre ante nosotros
no sé muy cómo
pero todo está bien, en su sitio, y perfecto,
como las pequeñas cosas que están en su lugar correcto,
como una llave que abre la luna en el tejado del invierno.

El viento levanta nuestros pasos allá donde queremos
y todo gira sin planearlo,
remolino de sueños que se posan suavemente sobre nuestros labios,
los abrazos son el instante eterno que dura una vida juntos
y los pasos del pasillo se escuchan mucho más nítidos cuando estás junto a mí
y eres tú quien marca su ritmo.

Podríamos escribir las paredes de sueños,
de frases,
de futuros que hacer ciertos;
en la sala adornaríamos con cientos de fotografías que marcasen el paso del tiempo
y decenas de posters en la habitación
una docena tuyos
y un par de los míos que no te gustan
como si las paredes susurrasen dónde y cuando queremos estar,
que es aquí
y ahora,
sin estar en ningún otro lugar.

Las tardes de verano tienen ese no sé qué de sol
como un invierno de luna y un otoño revoloteando por senderos llenos de hojas y playas
que se enzarzan en batallas contra viento y marea,
mientras tanto la primavera es dibujar viajes con los dedos
por ver si así logramos perdernos en cualquier lugar
mientras los versos nos acunan al calor de nuestros besos.

¿Qué tendremos que esta vida es mucho más brillante y bonita cuando nos perdemos en nosotros?

Las miradas, los rostros, las caricias, las conversaciones de wassap por sentirnos más cerca del otro.
Y unas buenas noches
y un te amo
y corazón corazón, bandera, berenjena, petauro, mochila, lura y de nuevo lo mismo,
y otra vez corazón.

Dormir contigo es vida
y vivir es sueño,
miro al sol y la luna
y el tiempo se encarga de guiarnos y hacernos nuestros propios pasos
para llegar siempre muy muy lejos,
justo hasta donde la libertad y los sueños
se abrazan en el atardecer para ser siempre nuestros.

La chispa que te impulsa a seguir ardiendo

Contamos los instantes vividos con los dedos
por ver si así logramos atrapar las imágenes vívidas que se alzan ante nuestros ojos,
no somos más que poetas diarios que se aferran a lugares lejanos,
a sueños de otros,
a recuerdos que nos componen
porque somos retazos rotos de los pasados que jamás podremos recuperar.

¿Qué hay de verdad en una utopía?
¿Qué hay de cierto en un futuro que queremos?

Sonreímos al tiempo por hacer un pacto con el destino
y caímos rodando por el sendero en medio de la hierba
como otoños de hojas que se arremolinan alrededor nuestra
como embalses de lágrimas que se desbordan cuando el caudal es demasiado
para nuestros pequeños ojos de emociones
tratando de reflejarnos en otros
sin saber que ante el espejo siempre estaremos solos
con nosotros mismos por únicos testigos de este baile sin final.

¿Qué hay de prisa en un atardecer de verano?
¿Qué hay de fantástico en una estrella fugaz que se desborda del tejado?

Los momentos jamás recordados son los que más nos preocupamos por mantener vivos
como títeres sin hilos incapaces de seguir caminando por sí mismos,
pues no hay Dios en este caos existencial que pueda salvarnos
solo nuestras victorias, caídas y abrazos,
porque sonreír es pasar de largo ante los miedos y salir a flote en este mar de oleaje bravo
por nosotros, por vosotros, por ellos,
por todos los que llamamos los nuestros,
por lograr soñarnos.

¿Qué hay de malo en querer salvarnos?
¿Qué hay de bueno en tratar de escapar del dolor?

Solo queda un sutil baile de dos
jugando a las distancias con el tiempo
como si las fotos en blanco y negro se desdibujasen a lo lejos
y ardiesen solamente hogueras de sobres sinceros que se desperdigan con el viento;
nos mantenemos en pie para no caer
y trazamos esquemas para escribir las mejores sonrisas,
hay poesía en cada instante del día,
solo hay que preocuparse de buscarla,
el resto es componer las palabras, las miradas y todas las ganas de comernos esta vida:

Como una partida de billar que jamás se termina
por más que demos vueltas por las esquinas volando en libertad en la fugacidad de la eternidad.

¿Qué hay de malo en soñar?
¿Qué hay de malo en soñar con la felicidad?


sábado, 17 de agosto de 2019

Para eso están los amigos ¿no?

¿Recuerdas el primer día?
Nos sentamos en la torre del reloj
a comer helados,
reírnos
y hablar de tonterías,
a ser amigos -a fin de cuentas-
a disfrutar de los pequeños momentos de esta vida
como la salitre marina que brilla en lo alto
cuando las campanas dieron el final del día
y el cielo se teñía de rojo
como la centelleante luz del atardecer.

¿Recuerdas el primer día?
Me dijiste que no olvidase nada a partir de ese momento
y desde entonces
cuento cada una de las jornadas
hasta llegar a los 355 que hacemos hoy.
Los cuento todos.

¿Recuerdas el primer día?
Me mirabas confundido,
sin comprender bien este mundo.
Así que tras el trabajo nos sentamos en lo alto
a compartir unos helados
mientras la ciudad vivía a nuestros pies
y nos contábamos nuestras preocupaciones
porque para eso están los amigos.
Para lo que haga falta.

¿Recuerdas el primer día?
Recuerdo todos y cada uno desde aquel séptimo día
en que me evadí del sueño
y comencé a recordar quien era
en el presente que daban las campanas diluyéndose hacia el futuro
que se nos escurría entre los dedos
como granos de sal marina
brillando en nuestra mirada.





Centelleante luz del atardecer
en todo lo alto de la torre del reloj,
la vida se consumía día a día
y las sonrisas de la amistad en el horizonte ardían
siendo nuestro refugio para dos.