lunes, 30 de diciembre de 2019

Muerte me haréis

Entre la noche y el tiempo
yo me encontré
en un lugar sin vida
al final recobré
todos los peajes sin salida
como no soñé
y ahora solo tendría
una forma de ser
un refugio de muerte
cómo llegué a ver
que no hay ruina
para tanto dejadez
y solo hay prisa
cuando llegue el último tren.

Entre la noche y el tiempo
yo me fugué
y ahora ya no hay miedo
a lo que quise ser
solo un rastro de restos
para vivir sin ver
nada allá lejos
nada por lo que volver.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Cuando te has ido y solo puedo escribir

La habitación huele a ti,
te has ido
y la habitación huele a ti
y ahora solo queda un puñado de cenizas en la ventana
y una colilla apagada en el fondo de una botella,
eso es todo,
lo demás es un reguero de recuerdos enmarañados con las sábanas y el edredón
y tu olor en la almohada
para cuando se me haga insoportable tu ausencia
en esta tarde de invierno
en la que el sol calienta
pero nunca lo suficiente
como tus caricias y tus besos.

Estoy escuchando a Saez
mientras lo ordeno todo un poco:
es el resultado de una batalla campal
y de mucho polvo que limpiar
con cuidado
como cuando me quitas las legañas al despertarnos
y me desperezas con el vértigo de tu espalda
por la que me pierdo
hasta caer
sin saber muy bien cómo
en ese hechizo que destejes alrededor tuyo
para verme arder
de infinita pasión.

La habitación huele a ti,
pero tú no estás
y yo solo puedo recordar estos días
con las manos desnudas
y la mirada perdida en el horizonte
mientras apuñalo el teclado
tratando de emular en algo
el tiempo que pasa, que paso,
a tu lado,
bajo litros de agua tibia en la ducha
y nuestros cuerpos jugando a ser uno.

Estoy ordenando este desastre
que es mi habitación sin ti,
y solo encuentro motas de polvo
que me hablan de que ya no estás aquí,
porque cuando eres presente
todo vuela a ninguna parte
y solo importa el instante
en que desbordamos la imaginación
por los cuatro costados de la cama,
y la poesía se funde en un maresme de paz
y calma
y largas palabras que acariciar bajo nuestra mirada acunada,
y susurros que aderezar al oído
confidencias y cariño
para abrir camino
hacia el viaje que hacemos siendo uno,
como si no tuviésemos rumbo
pero sabiendo que queremos llegar a un final juntos,
y lo demás da igual,
porque lo importante de viajar
es el viaje que hacemos sin miedo al futuro.

La habitación huele a ti
porque no estás,
porque te has ido,
y yo solo puedo escribir sobre todo este mundo
sin ti,
contigo,
conmigo,
junto a ti,
ven a darme la mano
que quiero saltar
como si en el horizonte del Atlántico
solo existiera la palabra libertad
desde el principio
hasta el fin,
abriendo las alas para volar,
vivir,
en paz y feliz de ser sueño eterno desde aquel octubre en que te descubrí.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Ménade danzante

Su cuerpo baila mientras las luces le iluminan cada destello de sus ojos tristes que caen en cada esquina del lugar.

La lluvia se pierde por los rincones,
y no hay paz cuando el infierno arde fuera,
deberíamos tener eso claro antes de saltar hacia ninguna parte.

Quizá no sea la lluvia lo que asoma
sino, más bien, cada mar que sale de sus ojos
cada sombra que construye con sus manos
cada palabra que convierte en cuchillo,
en puñal,
que se clava a ella misma.

Y así en plena caída
queda un reguero de pólvora listo para explotar en cualquier instante
hasta que no queda paz.

¿Qué tendrá la vida que se escribe mejor con luna que con sol?

¿Será que la luna no recuerda su nombre?
¿Será que la codicia del humano deja desolado a todo aquel al que toca? -o lo que al menos añora-
Qué probabilidad hay de que ella,
la chica danzante, me refiero
no sea la luna.

Entre la triste escala de grises
este mundo se lleva por delante los corazones
y ahora quedan cuadros en blanco
esperando a que Dorian Gray recupere su rostro de antaño.

una brisa
            un aroma
                       un beso
                                 un espejo
                       una vida
            una muerte
un te quiero

Un corazón titiritero.

Un canto de muerte que dejar indiscreto.
...
...
...
Los ángeles han caído
y todo es caos y sinsentido
somos miedos lastimeros tratando de aferrarnos a algo
y así vamos sonriendo de medio lado
con tal de no sentirnos tan perdidos en este mundo de ciegos olvidados.

Mientras Lucifer, mírala
gózala
porque ella
acabará con todos tus demonios
y los encerrará en la marca de tu pecho, tranquilo
lo besará cada día
para que no sufras.

Nos vemos en el horizonte.





A dos bandas (Petauroak y Lura)

Soy el rey de la pista

Soy el rey de la pista
todo gira y gira,
nada queda
bajo luces intermitentes de mil colores
que todo se llevan
y lo único que queda soy yo.

Soy el rey de la pista
bailando sin final
en un irrefrenable juego de matar y ganar,
quien se lleva por delante al destino
es el único que puede ser llamado valiente,
y ese quiero ser en este cuento:
el único que queda al final soy yo.

Soy el rey de la pista
y ya la música ametralla los oídos
y la excitación se viene arriba,
toda la discoteca arde
y yo solo salto de forma irrefrenable
hasta caer todos rendidos
porque el único que queda soy yo.

Soy el rey de la pista
no te enamores de mí, cariño,
seré mejor que tú,
dame la mano si quieres bailar
y no te arrepientas cuando todo acabe
recuerda que el único que queda soy yo.



Soy el rey de la pista
nada vive fuera de mí,
el alcohol desborda por todas partes
y la muerte ha pasado de largo,
sigue bailando, no pares, todo desaparece
y lo único que queda soy yo.

Soy el rey de la pista
el amor no está hecho para mí,
recuerda estas palabras cuando todo arda,
no pagamos devoluciones de heridas y corazones
en este sinsentido de revueltas y sudor,
lo demás es nada:
el único que queda al final soy yo.

Soy el rey de la pista
la victoria está hecha para mí,
pereceré cuando llegue el momento,
pero eso día no será hoy,
sigue bailando hasta caer rendido
y fóllate a quien te diga lo contrario
porque el único que queda soy yo.

Soy el rey de la pista
no te enamores de mí, cariño,
no estoy hecho para ti,
dame la mano si quieres bailar
y ya pensarás mañana en todo lo que pudiste soñar,
recuerda que el único que queda soy yo.



Soy el rey de la pista
y cuando el sexo, el sudor y el amor se confundan
saldré a bailar hasta que salga el sol,
y dame la razón
en este último baile de confusión:

no te enamores de mí,
nadie podrá hacerte disfrutar en la noche como yo
y siente las luces, los flashes y el calor,
porque recuerda esto que te digo
el único que quede al final de todo
siempre seré yo.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Pedazos de papeles rotos

I

Escribo tratando de afilar el cuchillo
es lo que tiene el entierro en vida
de las heridas que nos vuelven ruinas,
ristras de palabras que fulminan la partida,
llantos sobrios de locos que buscan salvarse
cuando simplemente estamos rotos.



II

El infinito se pierde en una carretera nocturna de estas que parecen no tener final, no sé a dónde voy, pero trato de hacerlo lo mejor que puedo para no tener que arrepentirme cuando llegue la ultima campanada.

Ahogo las penas con pipas porque bastante 
resaca tengo ya con pasarme el 
día encerrado en casa.

Canto levantando el brazo
ardiendo la mirada por esta tierra
como la muerte que me ha llevado
deshago rimas sólidas por hacer equilibrios
en este cerebro

de soledad.



III

Llanto
de guitarra triste,
lágrimas
de trastes melancólicos,
olvido
de acordes rotos,
silencio
de música apagada.

No
      hay
             ya
                  palabras.



IV

Voces que se llevan el viento,
silencio que trae la noche,
cenizas que soplan en el aire,
polvo que cae en ninguna parte.



V

Hasta la noche,
hasta la vista,
hasta las prisas que se nos fueron
por consumir las colillas de esta vida.



VI

Los pájaros se ríen de tus lágrimas
y las nubes son indiferentes a tu dolor,
el mundo sigue
y tú no puedes hacer otra cosa que sentarte en una esquina
a pensar
en cual es el siguiente paso a dar.

Como un loco,
como un olvido,
como un recuerdo no vivido,
como una vida que no te pertenece.

¿Cómo harás cuando te lo pregunten?

¿Cómo harás cuando te pregunten qué vas a hacer?

Solo rasguear una guitarra y escribir unos versos no son una solución,
solo unos versos no son una solución,
solo vivir no es una solución,
solo sabes que no hay solución para el viento que se ha perdido en la lejanía.

Y llora, el loco llora,
solitario en la noche,
rezando que quiere morir,
rezando que quiere volar.

Y los sueños brillan más alto que nunca.

¿Podremos soñar?
Podremos soñar.

En esta vida
podremos soñar.



VII

¿Cómo te diré que hay razón para escribir?
¿Cómo te diré que hay razón para vivir?
¿Cómo te diré que tristes podemos ser felices así?
¿Cómo te diré que llorar es vivir?
¿Cómo te diré que el mar quiere escribir?
¿Cómo te diré que el cielo brilla sin mí?

¿Cómo te diré todo eso?

Te lo diré,
de algún modo de lo diré,
y sabrás seguir,
sabrás seguir.

Mientras tanto sueña,
eso es lo que tienes que hacer.

Y ahora duerme.

Mañana será otro día.

Mañana serás feliz.



VIII

Vivir... 
En eso consiste todo:
Vivir.

Soy la puta del baile

El poema es escupir sobre la nada.
[...]
El suicidio eterno del verso.

Leopoldo María Panero



En la penumbra de este mundo nos mentimos a nosotros mismos con tal de lograr alcanzar algún lugar y ya no hay paz para nadie, y ya no hay paz en la que descansar. Solo queda un rastro de llamas entre las que arder hasta ser cenizas, hasta ser infinitas cenizas que meterse por la nariz.

En un baño cualquiera bajo luces constantes de neón me metí más rayas de las que pude contar y le hablé a mi reflejo, consciente de que no era yo mismo, y él escupió sobre mí, gritándome toda la mierda que le hice tragar y lacerándome el cuerpo para recordarme que ya no podía más.

Caí, caí en una espiral de dolor y no quedaba ya marcha atrás y sonreí, porque no hay mejor artista que el poeta maldito que sangrar todas sus heridas en el papel, por verse morir en vida, por verse vivir en muerte, por desangrarse hasta suicidarse en un puñado de versos que nadie jamás llegará a leer.

Y sonreí. Porque... ¿qué más iba a hacer? Y salí a la pista de la discoteca mientras la música martilleaba los oídos entre ritmos electrónicos y bajos y graves constantes y bailé, bailé hasta no poder más, bailé hasta caer rendido, bailé hasta que mi cuerpo no pudo más y el sudor resbalaba por mi frente mientras yo ido miraba hacia el techo y las luces de colores que lo flasheaban todo. Me perdí entre piernas, saliva, bocas y lenguas, entre sonrisas lascivas y frenéticos bailes de puras convulsiones corporales y no paré de bailar nunca en ningún momento, jamás. Bailé hasta que ya no pude más. Y eso hice. Sonreí.

En la penumbra de este mundo a veces vivimos sin saber muy bien el motivo, las noches nos pillan a destiempo y los amaneceres nos sorprenden tirados en el sofá o la cama, con todas las cervezas, la ropa y la droga tirada por la habitación. La resaca en las venas y la pasión de los cuerpos desnudos todavía a flor de piel. Con la vida perdida en ninguna parte. Con el dolor del presente en el tiempo y con los pasos justos para ir al baño, echar una meada, asomarme a la ventana, entrecerrar los ojos incapaz de soportar la luz natural que me intenta arrastrar al exterior y deslizarme sin levantar los pies del suelo hasta la cama, donde caigo rendido, donde caigo muerto. Hasta la noche siguiente.

Y así cada jornada de pura rutina y desidia en la que no queda nada más que hacer que seguir, seguir, seguir, seguir irrefrenablemente a ese ritmo insoportable para no tener que pensar, para no tener que cuestionarme todo, para no tener que soportarme, para no tener que preocuparme por un cuerpo que no resistirá por mucho tiempo más ese malestar martilleante y constante que le asalta veinte de cada veinticuatro horas al día.

La noche se ha perdido en algún baño mientras tiraba de la cadena del váter. En una lúgubre espiral de autodestrucción. Y los labios entran y salen tras las puertas de los retretes. Y yo soy el rey de la pista, aunque nadie lo sabe. Y todo gira entorno a mí. Y todo gira sin cesar. Y yo bailo, y bailo, y bailo hasta que ya no puedo más. Y cuando eso ocurre... sigo, sigo bailando, porque ¿para qué parar?

Mierda, joder, putain. Grito en todos los idiomas.

Nadie me entiende.

¿De qué sirve gritar en silencio cuando nadie te escucha?

Y me abro las venas y me rajo las heridas y me lacero la piel.

Flagelándome el cuerpo para algún día perecer.

Pero ese día no es hoy. Y yo lo sé.

Por eso voy al baño.

Me esnifo la vida.

Y salgo pletórico al centro de la fiesta. Como si nada importara. Como si nada valiese la pena.

Solo este irrefrenable baile que no tiene final.



Así,
siempre,

hasta que ya no pueda más.

Yo vi todo lo que quise ver

La vida son las poesías que escribimos
duelos de esgrima
bajo los rayos del sol,
el corazón llameante,
imparable e indomable
como un mundo que se diluye
entre el viento del Atlántico
en un acantilado bretón,
poesía de un diapasón
gritando razón
en un mundo de sinrazón,
balas directas al paredón
¿por qué historia de dos?
Las sonrisas revolotean como hebras de vida
que esperan la era
en que nadie crea
tener la verdad,
para llegar a soñar
hay que aspirar a soñar,
y eso, pocos lo hacen,
lo sé,
lo sabes,
lo saben,
y no quieren admitirlo,
no quieren,
ellos sabrán el por qué.

Te imagino con el teclado en la mano,
el humo del cigarro imaginario
y los versos y acordes circulando
ante nuestros ojos
deseosos de comprenderlo,
de comprenderlo todo.

Los límites son como las fronteras,
están hechos para romperlos
e ir más allá,
así,
sin más,
no tiene más historia la cosa,
por mucho que queramos,
así nos la imaginamos.

La humanidad se ha perdido entre fango y llamas
y es la muerte quien llama,
es la muerte quien llama.
como un tren a punto de partir que hace su última llamada.

Se asoma el frío invierno en el pecho
y tinta en el brazo
directa a las venas
para seguir
seguir para no tener nunca fin.

No sé por qué la muerte
es tan fugaz como una lágrima,
pero si la poesía te hace reflexionar
puede que la muerte te invite a vivir.

No lo sé,
pero no me he suicidado.
Tiene que significar algo.

Avanzar.
Avanzad.
Avanzamos.

La música vuela
y yo camino,
los sueños flotan,
y yo vivo.

La libertad salta
y el atardecer espera,
el horizonte se desliza
y el presente se despereza.

Y entre medias
la vida
se desviste
con el cuidado
de la primera vez:
Recuerdos entre calor, bruma y niebla,
grabados en la piel.

martes, 24 de diciembre de 2019

A la sombra de los robles os espero

El tiempo vuela a vuestro lado, como todas las vidas no vividas que se acumulan entre los dedos, como si el instante fuese lo único que importa y todo lo demás fuese adelantarse a los acontecimientos. Sois la felicidad del mundo que se detiene, las cervezas brindando en lo alto a las tantas de la noche, las partidas de billar interminable como meter una bola blanca decenas de veces para que todo sea eterno. La partida de dardos a la que ganar borrachos de tinto, las risas por las calles esquivando coches, las piedras que nos agotan los pies y las conversaciones constantes una y otra vez sobre sexo, porque hay que aprender escuchando las experiencias de los que podemos llamar los nuestros. Sois las ganas constantes de un reencuentro, la necesidad de volver a vernos y celebrar la amistad por encima de todo como si no hubiese miedo al tiempo. Sois la fugacidad de la paz, las ganas de reír, cantar y gritar, la vida pidiendo celebrarlo una vez y otra vez más.

Escribo sin saber bien qué decir ni a dónde llegar, solo celebrar teneros en mi vida, porque así todo vale un poco más la pena y os juro que me bañaría una y otra vez en un embalse contaminado con tal de volver a teneros unas horas más junto a mí. Porque con vosotros soy feliz.

martes, 17 de diciembre de 2019

Atiende

En este mundo podemos caminar
como locos sin cabeza sin saber bien a dónde llegar,
pero firmememente creemos en llegar más allá
y así y asá
que más dará
todo se abrirá como el mar
y podremos avanzar de alguna forma al final.

Creemos en la suerte para no rezar al destino
y nos arrastramos por caminos de piedra
más valdría abrir la veda de caza
para atrapar las miradas
en una botella de cristal,
y entre la luz del despertar
podremos comprender lo que no podíamos imaginar
y tapa la salida de emergencia que no necesitamos
y así y asá
vaya forma de avanzar siempre más allá.

Mírame,
mírame,
mírame en mi caminar.

Mírame,
mírame,
mírame si me quieres analizar.

Podemos hacer todo,
te digo,
podemos hacer todo como si todo fuese por nosotros mismos.

En este mundo podemos caminar
y la meta siempre será el final.

lunes, 16 de diciembre de 2019

La avenida de los sueños

Caminamos por la avenida de los sueños
perdiéndonos sin saber cómo
trazando rutas de a dónde queremos llegar
conscientes de que no importa el mapa
si el camino es a tu lado.

Dibújame alas en la espalda
para cuando quiera volar
yo te haré inmortal en un verso
y así podremos soñar
soñar
soñar
soñar con llegar siempre más y más allá.

Caminamos por la avenida de las fantasías e ilusiones
donde todas las señales son equívocas
pero todo da igual
porque estamos caminando juntos
y sabemos que eso es lo que importa
cuando llevamos una mochila de viaje a la espalda.

Deslúmbrame con tu luz
para que yo pueda tratar de plasmarla
desnúdame el alma
para que yo pueda lanzarme al vacío,
y así podremos soñar
y así podremos soñar
y así podremos
soñar
soñar
soñar
soñar con llegar siempre más allá.

Caminamos por la avenida de los sueños
en una ciudad que nos cobija
yo te hago vida
y tú me haces sueño
como un sendero en el que perdernos juntos.

Bríndame tu eternidad
que yo te daré mi fugacidad
y juntos podremos seguir siempre
siempre
siempre más allá
para no dejar nunca de soñar.

Eres la clave para volar.

jueves, 12 de diciembre de 2019

A tu nombre

Rezando por el futuro
te dibujé en mis sueños,
no sé bien por qué
pero ojalá que todo sea luz.

Matamos al tiempo justo lo suficiente
como para entender que no tenía sentido
y no lo tenía, lo sé,
no lo tenía.

Ardí en vuestras banderas
que se peleaban por ver quien valía más
quien la tenía más grande
quien gritaba más alto.

¿Y todo para qué?
Nos decimos
¿todo para qué?
Para nada, eso respondemos.

Sangramos en demasiadas derrotas
y perdimos demasiado,
¡atended!
perdimos demasiado.

Entre las heridas de las manos
solo vimos sangre caer,
y al mirarnos los pies
solo quedaban casquillos de balas.

Las paredes ladran al silencio
conscientes de que se fueron
todos los niños que creímos ser
y ahora somos adultos rotos por vivir.

Entre el mar de mi patria
no encontré lugar al que llamar así,
venimos de nuevo a ninguna parte
y solo encontré un país sin personas.

Ciudades altas con ambiciones altas,
estados dirigidos por empresas,
políticos marionetas que sirven
a sus propios intereses.

Y tras todo eso recé, para mí,
recé, por seguir,
recé, por luchar,
recé por encontrar sentido a todo.

Señalé con el dedo,
y me lo cortaron,
señalé con la mirada,
y me cegaron.

Y entonces todos torcieron el gesto,
se fijaron en otras cosas,
y tiñeron de verde toda su sucia escala de grises
como si valiera algo.

Grité, grité y grité,
hasta quedarme sin voz,
lloré, lloré y lloré,
hasta quedarme mudo.

Y todos rezamos
por un mundo mejor,
y todos rezamos
por un futuro mejor.

Mientras ellos se lavaban las manos
con nuestro dolor,
mientras ellos se reían de nuestro patetismo
tratando de hacer futuro sin transformar el presente.

En tu nombre,
te dicen,
en tu nombre hemos hecho todo esto
y asentimos, sin saber qué responder.

Yo os digo,
este mundo no vale tanto,
este mundo
no vale tanto dolor.

Levantad la frente, por favor,
levantad la mirada, por amor,
levantad la esperanza, por vida,
levantad el puño, por todo.

Y sacamos una bandera que cogía polvo,
una que representase el futuro,
roja como el atardecer en el mar,
roja como la sangre que nos impulsa.

Y sacamos una bandera del pasado
para cambiarlo todo,
de arriba a abajo,
a día de hoy y para tener un mañana.

Después seguimos y seguimos
y seguimos cada día,
construyendo lo que queríamos:
todo.

Unos sueños con los que caminar,
una ética con la que actuar,
una cultura para educar,
una idea que desarrollar.

Y caminamos
como hay que hacer siempre
y caminamos
como siempre hay que hacer.

Matamos al tiempo, al miedo y a las derrotas,
apagamos todos los fuegos que nos consumían,
liberamos nuestro cielo para ver la luz,
forjamos armas de libertad para avanzar.

Y cuando flaqueábamos
y no sabíamos bien qué hacer,
mirábamos al frente
y asentíamos para continuar.

Hicimos historia
¿a dónde viniste a vernos?
Hicimos historia,
te esperamos, no te pierdas.





Poesía de una generación sin ideología ni sueños,
cantos en el atardecer para un nuevo mañana,
luces y sombras tras el humo en un barrio sin esperanzas,
demasiadas ganas de volar como para no versarlas.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Mil millas en el retrovisor del destino

Tranquilo
y cuanto más acelera ahí afuera más largo parece el camino
hasta que la vida que nos espera nos de por perdidos.
Sharif


Esquivo con la sorpresa de un coche en marcha
pisa a fondo no sea que nos pille la parca
ya no hay forma de terminar con esta partida
y de algún modo ha saltado el radar
y podría soñar con lograr alcanzar
y yo, indefenso, me creo intenso
con un cigarrillo en la mano en medio de una noche de verano
perdido
creí saber el camino
y solo logré desorientarme contigo
¿dónde queda todo lo que nos dijimos?

Piso a fondo y haz kilómetros en la mañana
que ya no hay palabras
para tanta mirada calada,
quema carretera y no digas nada
solo mira al frente
y desencuéntrate conmigo,
ay, amigo,
¿dónde está el paraíso que nos construimos?
Amigo,
somos ángeles, de suertes, heridos,
y lejos del andén de este tren
ya no sé bien cómo me tropecé
y vi pasar todo en un instante
como en una película mala de estas de la tarde
sin sueños, pasados ni amigos,
y solo soy una gota de mar
tratando de escapar
de este lugar,
de esta ciudad,
de esta inmensidad,
voy a fuego hacia el huracán
y ya no hay marcha atrás,
solo correr hacia el final
y cuando ya me haya caído
abrir los ojos hasta el instante en que todo termine sin más.

Así sin más.

Pisa el acelerador y olvida el freno,
no hay encuentro que sea eterno,
pero ya no hay tiempo,
amigo, ya no hay tiempo,
cierra los ojos y ábrelos cuando nos pongamos de cero a cien en un segundo certero,
somos odiseos
recorriendo la travesía de nuestras islas
en medio del mar de sábanas del Edén,
y tranquilo,
por mucho que parezca todo un artificio,
yo voy a donde sea con tal de no sentirme perdido.
Pisa a fondo y no mires, amigo,
pisa a fondo y no te arrepientas de lo vivido.

Valió la pena,
ya te digo,
valió la pena
y en medio de esta pena
se asoman sonrisas heridas
de radares que sobrepasan la velocidad de los sueños,
estoy indefenso cuando me miras con ese brillo intenso,
no tengo un plan,
primero actúo y luego ya pienso como salir de este lío,
solo soy un valiente testigo
que quiso jugar a los actores y libros,
creyéndose héroe en medio de este desierto que es abrigo.

Óyeme, amigo,
óyeme esto que te digo,
que me voy hasta el fin del mundo si es contigo,
óyeme te digo,
que por muy perdido que esté no hay salida para este deseo
y como Prometeo robamos el fuego sagrado
hasta las tantas de la mañana
y a tu lado ya no tengo remedio, ni demonios, ni infierno.

Óyeme, amigo,
pisemos a fondo y demos el futuro por perdido,
que ya no hay hogar al que regresar a esta velocidad del encuentro,
puro y denso el viento intenso en la cara,
el pelo en la mirada
y la noche entre esta tempestad que hemos liberado sin haberlo previsto.

Óyeme, amigo,
así de claro te lo digo,
voy a dónde sea:
hasta el puto infierno contigo.

Poemas del pueblo

I

Hacer de la poesía una trinchera que cantar en la batalla,
recitar al viento memoria que nos cobije en las duras horas,
llamar al pueblo a la lucha que el valor nos acoja,
hacer de la vida un arma que ennoblezca nuestra alma.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Frío y ausencias

La conocí en un bar cualquiera una noche de frío invierno. Su mirada brillaba entre la pista de baile y tenía ese aire ausente que dejan entrever las mentes perdidas que no saben muy bien qué hacen en un sitio como ese. En una vida como esa.

Yo la miré, quiero decir, no la vi, sino que la miré, con todas las letras que eso implica; la miré detenidamente, como se mira aquello que se quiere memorizar uno hasta el fondo del alma.

Y supe que en ese momento algo nos ataría por siempre jamás.



La siguiente vez que me la crucé fue en medio de la Gran Vía, ella llevaba un caminar apurado y ausente, con la mirada perdida entre el vaho de ese gélido invierno que asolaba la ciudad y yo sonreí al tropezar con ella. Ella sonrió. Reconociéndome. Y los dos seguimos nuestros caminos, conscientes de que nos volveríamos a encontrar.


Eso ocurrió en Enero, para Febrero ya éramos dos desconocidos que nos perdíamos entre las sábanas con la desatada pasión del que tiene que refugiarse del frío y la ausencia de quien no sabe estar en otro lugar mejor en ese momento.

Éramos así. Siempre éramos así. Uno huyendo del frío y la otra viviendo una vida que no le pertenecía, de algún modo, y que sobrellevaba a base de ausencias.

Cuando eso nos ocurría, ser cada uno quien le tocó ser, -a eso me refiero-, nos refugiábamos en el humo, el sexo y los baños de las discotecas que reverberaban con la música electrónica en un baile de destrozos que parecía no tener final. Como esas luces intermitentes a flashazos que siguen el ritmo de la melodía como un trallazo, pero que te impiden concentrarte y ver más allá de dos pasos.

Y la hostia viene. Siempre viene.


Era Abril, el frío ya se había ido y las sábanas ya no daban para cubrir tanta mierda como la que habíamos dejado en nuestra vida en ese irrefrenable tirar pa´lante porque no había otra cosa que hacer. Yo me había perdido y estaba ausente y ahora era ella la que siempre tenía frío. Y ninguno de los dos obtenía lo que buscaba, ni buscaba lo que quería. Y así nos iba. De polvo en ceniza. Hasta terminar fallando una vez más.

En Junio todo parecía precipitarse hacia ninguna parte. Y entre las latas vacías de cerveza y las colillas del humo, decidimos que eso no podía seguir así. Que era o seguir o suicidarnos los dos. Y ninguna de las dos ideas nos tentaba más que la otra. Así que... follábamos e íbamos tirando.

Para Agosto todo se había acabado y tras una noche de sudor y polvo frente al espejo de un local cualquiera, nos dimos cuenta con nuestras pupilas dilatadas que ya no había nada más. Simplemente así. Lo supimos. No había nada más. Y así se acabó. Tal como empezó.



No supe nada más de ella hasta Noviembre. Era ya invierno. En esta ciudad siempre es invierno después del verano. Ella estaba en medio de la pista de baile, ausente, como la primera vez que la vi. Ella me reconoció. Yo le sonreí. Y todo lo demás fue un torbellino de dolor del que resultaba imposible salir.

Para Febrero las sábanas se habían terminado. Y supimos que todo se había acabado. Otra vez. Y tras follar nos despedimos. Yo con frío y ella con ausencias.

-Hasta dentro de un año.- Nos dijimos.

Y el baile de ruinas volvió a empezar.

Como si nunca hubiese dejado de girar y girar hasta que no hubiera vuelta atrás.



Polvo, dolor y cenizas.
Poco más.

domingo, 8 de diciembre de 2019

¿Quieres que te escriba poesía en la espalda?

Entre los pasos de la vida nos encontramos
con la casualidad de lo inesperado
tan de repente
que nos precipitamos a correr
y echamos a volar con los brazos abiertos.

Con el sumo cuidado de la noche nos acariciamos
y comprendimos los sueños
y cuidamos los miedos,
levantamos barreras para defendernos
y aprendimos a tener trincheras en las que cobijarnos.

Con la suerte en las manos nos lanzamos
a llegar a donde nos propusiéramos,
a saltar para ver el otro lado,
y supimos que sería difícil,
pero que juntos podríamos lograrlo.

Entre las cortinas de la vida nos encontramos
de nuevo, una y otra vez,
conscientes de que es todo cuestión de intentarlo
y supimos sonreír en nuestra paz
y nos mecimos tranquilos en nuestra libertad.


Y de una u otra forma nos las apañamos
porque vemos más allá
y sabemos a dónde queremos llegar,
por mucho que caigamos y tropecemos,
por mucho que dudemos y nos dañemos.

Curamos las heridas a base de luz,
esfuerzo
y vida,
y ya no había nada que no pudiéramos hacer
y aún nos quedaban todos los muros que superar.

Aprendimos a querer y continuar,
a soñar con llegar más allá,
a dar otro paso cuando temíamos caer,
a dar un salto cuando pensábamos que no podríamos llegar,
y ahí, ahí, ahí supimos ser mar.

No me dejes caer,
no me dejes atrás,
sé todo lo que soñé,
seré todo lo que podamos soñar,

seremos eterno atardecer a orillas de Portugal.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Yo solo quiero reconocerme en mi tumba

Deambulo por la fantasmal ciudad mientras la noche lo envuelve todo en un halo de soledad teñido de una sucia escala de grises, a cada cual más oscura, como el techo de mi habitación cuando trago horas en blanco mirando a ninguna parte, porque la almohada no me acoge en su seno, y solo puedo tratar de encontrarme perdiéndome. Los pasos me llevan a ninguna parte, pisando las frías piedras de las aceras, con las manos en el bolsillo protegiéndome de la fría noche, con el vaho saliendo a través de las solapas de mi abrigo que me cubren la mitad de mi rostro del frío y tratando de discernir algo entre el frío relente que me cala con la helada de esta fría madrugada en que todo es frío en cada rincón y yo solo puedo caminar, por no morir congelado en el frío de resucitar los recuerdos ante la ausencia de expectativas en esta vida de sinsabores.

El sol se ha escondido hace ya largas horas, y la ciudad en brumas se difumina entre la oscuridad dejando apenas entrever siluetas informes de mansiones y caserones salidos de cualquier ensueño de pesadilla. Construida a las prisas la vida parece no llegar a ninguna parte, pero por más vueltas que le des tampoco vas a encontrar ninguna solución. Supongo que por eso a veces solo queda eso: caminar. A ver si así llegamos a alguna parte.

La luz se ha oscurecido cuando mi mirada fría se ha quedado vacía y vaga en el infinito, como mis pasos infinitos que me hacen avanzar sin querer seguir caminando, pero obligándome a seguir, para no calarme de frío, porque quiero todo menos volver al hotel ahora mismo y dejarme invadir por todos mis fantasmas. Odio los fantasmas. Así de claro. Siempre he sido más de demonios. Jugar con las tinieblas para crecer. Tiene su encanto. ¿Pero los fantasmas? ¿De qué te sirven? Te arrastran a cada paso que das. Tiran de ti. Te invaden de frío. Y en la soledad de la habitación te enfatizan tus más tristes sentimientos. Los demonios solo te atormentan. Pero los fantasmas te arrastran hasta otro plano astral en el que no hay lugar para nada, ni felicidad, ni tristeza, ni dolor; solo vacío. Así, sin más. Solo llano e infinito vacío.

¿Y eso de qué sirve?
Dime.
¿Eso de qué sirve?

Para nada.
El vacío no sirve para nada.

Solo
soledad.

Solo eso.

*
**
***
****

Deambulo por la gris ciudadela que es esta infinita cortina de lluvia tras la que se esconde una ciudad en sombras. Las flechas de los edificios se pierden en el negro cielo, como saetas que tratan de arañar a Dios, como tristes baladas que te recuerdan que todo pasó, que ya no queda nada. En la soledad de las calles es cuando más capaz te ves de huir para siempre. Por eso camino. Por eso camino. Por eso siempre camino. Para huir lejos de mí. Del dolor. Del recuerdo. Del mundo. De la eternidad.

Por eso camino.

Para olvidar.

Camino por una ciudad en sombras que ya no encuentra cobijo para los fantasmas que me invaden. Solo somos tétricas ilusiones tras decenas de espejos que se han roto a nuestro paso, y los cristales de los comercios me devuelven mi imagen distorsionada, como si así hubiese forma de hallar cobijo, de hallar palabras que definan esta infinita sensación de vacío.

El tiempo.

El tiempo se ha marchado.

Y el último cigarrillo ya no tiene sentido.

Por eso lo lanzo a la infinita caída en esta ciudad de brumas.

En la soledad de este mundo traté de encontrarme y solo me perdí. ¿Comprendes? Solo me perdí. Y este es el final del sagrado pasado. Innumerables murallas han caído antes ¿por qué no va a caer esta? Katagena ya no llora. Pero por favor, no trates de pronunciar mi nombre. Ya no existe.

Solo quiero desaparecer en una maraña de sombras, en un rastro de fuego que arda entre mis cenizas; que no quede rastro de mi existencia; que no quede nada. Quiero vagar por la negra ciudad en brumas sin existir. Como un Carax que ha borrado sus pasos, su vida, su existencia. Por favor. Déjame ir. Por favor. Déjame ir. Me digo. Por favor.

Y eso hago.

Camino.


Deambulo por la fantasmal ciudad mientras la noche todo lo envuelve en un halo de soledad e infinito vacío.

Las cenizas ya se han ido con la tormenta.
Y el humo del cigarrillo se ha perdido entre la cortina de lluvia.

Solo queda caminar con las manos en los bolsillos y la mirada en el suelo hacia ninguna parte.

Solo queda caminar.

Solo queda caminar.

Solo queda
esta triste y fría soledad
que lo envuelve todo
en un halo de olvido
que solo quiero dejar atrás.

*
**
***
****

Gracias.
Y adiós.
Gracias.
Y adiós.


Me voy. Para no sentir dolor. Me voy. Porque es peor el paredón de mis fantasmas. Me voy. Porque es así mejor.

Camino...
porque no sé hacer otra cosa...
camino...

Se apagó el cigarrillo

Si la muerte me pisase los pasos
la suerte cantaría silencio,
no hay lágrimas para tanto mar
ni pena ni gloria,
alcé la mirada
y solo vi un cielo negro de dolor,
nubarrones de pesadilla
a dios,
diciendo adiós.

          Ya
          no
          queda
          nada.

E
   ter
        ni
            dad

entre la luz oscura.

martes, 3 de diciembre de 2019

Habrá valido la pena

El fin del mundo nos pillará sin saber qué hacer,
así que follaremos
¿qué otra cosa íbamos a hacer?

Ahí afuera aún quedan rastros de poesía
solo hace falta buscarlos,
pero a las 8 de la mañana
las miradas del metro van más apagadas que de costumbre,
diles tú de soñar
que se reirán en tu cara
-eso con suerte,
lo más probable es que te miren,
bostecen
y sigan dormitando hasta su parada-.

Ya te lo he dicho:
el fin del mundo nos pillará follando
porque ¿qué otra cosa íbamos a hacer?
Ahí fuera es todo humo, cenizas y cigarros,
aquí el orden es distinto,
cigarros, humo y cenizas
que acariciar con las manos desnudas
para levantar un templo al amor,
al sexo,
y al puro placer,
¿Eso es ya bastante no?

Al menos más de lo que sueles encontrar.

Ya lo creo -pienso mientras expulso el humo del cigarro lentamente-
ya lo creo.

Ella me mira,
sin comprender del todo,
creo que realmente yo tampoco lo entiendo,
pero miro a sus ojos
y vale la pena
¿el qué?
todo.

Se lo digo y me sonríe,
-A ti lo que te pasa es que has dejado de soñar hace ya demasiado tiempo-.
Vuelvo a sonreír
-Es muy probable- le contesto, - pero... ¿acaso importa?

-Sí-. Solo eso. Nada más. Se queda callada durante unos instantes.
-Lo importa todo.- Sentencia. Me sonríe. Y me besa. -Lo importa todo.-

Yo, desconcertado primero,
sorprendido luego,
sonrío.
Apago el cigarrillo
y le sigo.

Me pierdo en el tiempo
y en el infinito.
Y ella
me deja hacer.
Me deja ser.
Eternidad.

* * *

El fin del mundo nos pillará sin saber qué hacer.
Eso está claro.
Así que nosotros eso...
pues esperaremos follando.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Cava un hoyo abismal

Trueno, fuego, rayo,
viva voz que todo lo reclama,
piedra yo te hablo,
hierro yo te llamo.

Que todos los demonios huyan lejos,
entiérralos, entiérralos,
con olmo y fresno,
calla la voz de tiempos atrás,
tempestad en el mar,
tempestad en el mar.

El dragón ya ha caído y perdido su coraza,
vaga la muerte,
recita plegarias,
ojos de locura
acabando con todo,
yo soy el héroe del viento,
yo soy el delirio del caído roto.

El rey de hielo

El tiempo me taladra las sienes
como una martilleante certeza que me arrastra por las calles,
y mientras el cielo arde
ya no hay pie para tanto paso
en este torbellino de asperezas
que es la constancia del ser.

Y la muerte todo se lo lleva
menos a mí,
por desgracia,
querría perecer en este fantasmal entierro
y no puedo más que caminar
sin lograr acertar el sentido
de este mundo que gira
y gira
sin llegar a ningún lado.

El hielo se apelmaza en las ventanas
y solo vemos fantasmagóricas figuras de refracciones,
los cristales del espejo ya se han roto
y solo quedan miles de añicos
que respirar a través de la sangre
y bombearlos
hasta que atraviesen el corazón.

El frío se cuela entre los resquicios
de esta muerte silenciosa que todo se lo se lleva,
las lágrimas se han congelado
entre las sábanas de la cama
y la ventisca se llevo toda esta voracidad,
¿dónde quedarán
las ganas de vivir?
Solo puedo creerme vivir
en un baile de sombras
que se visten de gala
para la gran mañana
en la que todo termine
y ojalá sea pronto
ojalá sea pronto,
el volumen ya se ha bajado
y el concierto ya terminó,
despejen la sala, por favor,
despejen la sala,
toca la siguiente banda ahora.

Y yo me pierdo entre los vasos vacíos
buscando algo que no sé bien dónde perdí
ni cuando,
pero que ciertamente echo en falta,
porque mientras tanto
solo soy capaz de caminar dando pasos en falso.

Llévame muerte,
por favor,
llévame muerte,
y acaba con este dolor.

No hay paz para tanto olvido
no hay paz para tanto sufrido
no hay paz

y ¿qué prefieres?

¿paz
o libertad?

Decía mientras desaparecía y el coche circulaba demasiado rápido como para llevarme a ninguna parte. Miré al frente
y tristemente sonreí
porque no lo sabía

qué patético

no lo sabía

y sin saberlo

¿a dónde voy?

A ninguna parte, lo sé,

ya lo dijo Marina, quien no sabe a dónde va no llegará a ninguna parte,

supongo que por eso deambulo y deambulo
sin que haya final
más allá de un golpe
y otro golpe
y otro golpe más
hasta que ya no quede más sangre que sangrar
hasta que todo sean heridas incapaces de supurar ni cicatrizar,
hasta que...
hasta que...
ni siquiera sé bien hasta qué,

pero hasta,
sí,
hasta

que decida poner fin a esta vida y me atreva a morir de una vez.

Y esta vez sea por siempre.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Cuando muera... quizás yo también quiera descansar la eternidad en una Torre del Silencio

Somos torres del silencio
que se yerguen vacías
en ninguna parte.

En medio del desierto
solo puedes escuchar el viento,
lo demás es nada.

Nada que lo baña todo
bajo el sol abrasivo
de la muerte silenciosa.

Quiero yacer eternamente
en una torre silenciosa
que nadie me recuerde.

Silencio que me olvida,
desaparecer para siempre
en la más absoluta oniria.

Todo vacío, todo eterno
silencio voraz
en la inmensidad del tiempo.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Maté todos los pájaros con mi mirada, su estridencia me atormentaba

La noche llora entre la oscuridad
y solo hay inerte vacío en ninguna parte,
cielos en sombra
que golpean,
atormentan,
destrozan;
lloraste por las glorias pasadas
y ahora solo quedan ruinas colapsadas
en este baile de necrópolis olvidadas.

Siempre,

siempre,

todo fue un fúnebre rastro de máscaras,
un miserere perdido entre los ríos del olvido,
un futil canto de invasiones que aplastan la memoria,

pero la ciudad ya cayó
la ciudad ya calló
y no queda nada más que silencio y espacios vacíos
entre los núcleos que irradian vida
todo se repliega
como la luz
como el calor
y solo queda frío
y solo queda oscuridad
y solo queda un llanto apagado con que robar el tiempo.

Por miedo,
por miedo,
por dolor
ausencia
y miedo,
lamentamos la miseria de estos siglos que nos ha tocado vivir,
el desierto ya se lleva todo
y todo se lleva la vida,

volvimos rápido a ninguna parte
y ahora vamos caminando ciegos
entre mariposas cadavéricas
entre títeres calavéricos

olvidando soñar
olvidando vivir

saltamos de los acantilados
por ver cómo nos despeñábamos en mil pedazos
por ver la sangre en el agua
por ver el silencio en los peñascos

y por qué

supimos morir

y por qué

aprendimos a morir

Cuando no quede nada
soplará la muerte
ya no hay aire
ni paz
ni nada

pero hay un sinuoso sendero que se pierde a lo lejos
consciente de que no tiene sentido
ir hacia allí

los pianos acompasan su paso entre las brasas de todas las hogueras que ardieron en ciudades en llamas que solo logran emitir chillidos a la noche entre el humo de la putrefacción lejana que todo se lo llevó siempre más allá de todos los sueños rotos

y apagado
todo se fue
y apagado
todo se fue

reconozco las miradas rotas en mi propio rostro

y para qué quiero vivir
si voy a ser infeliz
y para qué quiero vivir
si voy a ser feliz

a
ver
si
a
base
de
repetírmelo
me lo memorizo de una vez y me atrevo a dar el paso en falso hacia el descanso eterno

a ver si
a ver sí
a ver si supe sonreír con los huesos rotos de tantas ostias que me di

entre el humo del cigarro me perdí

entre la niebla del mundo sucumbí

y ahora ya nada
y ahora ya no hay nada
y ahora ya no queda nada

y ojalá solo sea todo nada

y no tener que seguir dando vueltas en este absurdo mundo de sinrazones

y ojalá

y ojalá

y ojalá morir aquí

de una vez y para siempre.






Y que esta sea la definitiva.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

La belle au bois s´est reveillé

Busqué por todas partes
y hallé respuestas para las cumbres más altas
llegar a la cima del cielo puede parecer complicado
pero solo si te crees suelo,
solo si te crees suelo.

Abrí mis brazos y eché a volar,
al menos en mi imaginación,
y miré hacia los lados
y me encontré acompañado
ya no estaba solo
ya no había soledad
sino gente impulsándome a caminar.

Y escalé y escalé
viendo parajes maravillosos
el mundo a mis pies se abría
y los pájaros revoloteaban a mi alrededor
como la niebla que se abre paso entre las montañas
diluyéndose entre los sueños.

Allí colgado,
a cientos de metros de altura,
el mundo parecía un lugar más sencillo,
el lugar era un mundo más bonito,
y cogí aire y seguí ascendiendo.

El cielo me esperaba.

El cielo me espera.

Y cuando ya estaba arriba
solo pude sonreír por haberlo conseguido,
y cuando ya lo había conseguido
solo pude reír a carcajada limpia
por no haberme rendido,
y cuando ya no me había rendido
ya había ganado,
cuando no me había rendido
ya había ganado,
ya había ganado.

Y caminé con mis sueños en la mano.

Y fui feliz.

El cielo se abría ante mí.

Y fui feliz.

martes, 26 de noviembre de 2019

Que inerte seré con un tatuaje en el hombro derecho

Soy tan patético como una miríada de espejos rotos,
cristales que clavarse en los ojos
esperando llorar toda la sangre derramada,
nublando la vista,
perdiendo las prisas,
muriendo poco a poco como quien espera la hora prevista.

Supongo que me pasé de listo,
creyendo dominar el destino
y él solo se ha girado y me ha dado la vuelta
tirando por la borda todo lo que cabría esperar en mi mente,
superando, de largo, todo
como un pobre demente que no tiene ahora lugar al que ir.

¿Qué decir?
¿Qué sentir?
Si solo puedo fingir ser feliz
y por el camino intentar morir
al menos durante un rato,
y ojalá que sea un rato muy, muy largo.

Soporté más peso que todas las bóvedas celestes
y ahora me he derrumbado,
he tropezado,
he caído
y entre el fango de los charcos ensangrentados
golpeé con los puños cerrados salpicando todo.

Todo como un incorpóreo derrotado
que no tiene nada a lo que regresar,
solo mirar
a ninguna parte
con los ojos vacíos
y caminar.

Sí,
caminar;
como si valiera algo,
como si no valiera poco,
como si roto cual juguete tirado en un parque lleno de jeringuillas
no fuese solo un estorbo para la felicidad.

Cabalgué demasiado
y ahora que llegué a todos los desiertos
el mundo que había ante mí se ha terminado,
¿qué seguir?
me pregunto
¿qué seguir?

Vivir,
morir,
llorar,
sucumbir;
y en las arenas abrasantes
desfallecer por fin.

No sé qué esperaba,
seré iluso,
no sé qué esperaba;
pero la ruleta ya giró,
las cartas ya se repartieron
y el pobre solitario camina perdido buscando al marinero que le había encontrado.

En ninguna playa crecen las flores
solo toneladas y toneladas de arena
para construir vidrio
como el que un día servirá para soplar espejos
y ahí, en el reflejo,
mirarme y llorar por haberme roto en mil añicos sin llegar nunca a comprenderlo.

¿Qué habrá al otro lado?
Solo tiempo y recuerdos.

Si fuésemos valientes no cerraríamos los ojos

Tropezamos con las cadenas
y solo supimos ahogarnos a nosotros mismos entre mares de condenas
Qué hay de olvido en un perdón?
Qué hay de paz en la guerra?
Sorprendimos al destino cerrando los ojos y dando un volantazo de estos que te hacen dar tres vueltas de campana en el coche
y vaya si las dimos
sin darnos cuenta
de que los frenos se habían roto
y ya no había forma de dar marcha atrás
ni siquiera detenerse.

Supongo que por eso nos gusta bajar la ventanilla y sentir el aire en la cara
para apreciar lo que nos perdemos por miedo al fracaso
pero el resto es repartir sonrisas a domicilio

y que lejos queda todo

cuando no sabes a donde ir.

Los pasos me han llevado a ninguna parte,
así a ver si encuentra nada,
¿porque para qué querer la eternidad
si puedo tener el infierno?
Eso me digo
y sonrío de medio lado
y sigo
simplemente sigo.

Forjamos inviernos de soledad
y ahora queda nieve suficiente
como para quedarnos helados
así
para siempre.

lunes, 25 de noviembre de 2019

No puedo más

Me explota la cabeza.

La sangre golpea a cada bombeo del corazón, palpitando todas las venas, a punto de reventar, estallando en cada centímetro, supurando irremediablemente, hasta desangrar todo en un mar de charcos escarlata en el suelo de la habitación.

Me duele todo.

Solo quiero morir.

Detener este sufrimiento. Esta ansiedad.

Dejar de vivir.

No seguir viviendo.
No seguir viviendo.
No seguir viviendo.

No seguir viviendo, por favor, no seguir viviendo.

No puedo más con esta ansiedad y este dolor.

Me explota la cabeza.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Desangrándome

Que dolor en lo más hondo de este río de tristeza que llega al mar, ¿dónde quedarán los pasos perdidos, los sueños caídos, las esperanzas rotas? Caminar hacia adelante, caminar hacia atrás. Tenues callejones de un lugar sin salida. Tras caer, caería, más y más, y solo así podemos alcanzar la vacua eternidad del sortilegio del silencio.
Soledad.
Rota y vacía soledad.
Nos adentramos a lo desconocido y ahora las dudas atenazan. Ahora más que nunca. Por saber si el siguiente paso será el correcto. O solo queda perecer bajo una tormenta de intempestivas dudas que acuchillan la mente humana.
¿Por qué? Preguntan mil voces. Y no hay más respuesta que tratar de ser feliz, que tratar de ser libre siendo uno mismo.
¿Está bien? Mil estridentes voces, de nuevo. No lo sé, no lo sé, sinceramente no lo sé. Pero... ¿se puede seguir estando mal?
¿Y ahora?
Que gran pregunta. No me alegra que me la hagas. No sabría responder.
Solo me queda aporrear el teclado, buscando respuestas donde no existen. Borrando caminos donde ya no quedan indicaciones. Torciendo a izquierda o derecha en la próxima bifurcación, y rezar por no equivocarme y hacer lo correcto. Cuando no existe camino correcto. Solo dolor.

¿Qué hacer?
Preguntan.

¿Qué hacer?
Preguntan.

No lo sé.

* * *

Solo hay dolor.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Sin lugar al que ir, ni lugar al que volver

Hace un mes estuvimos desarrollando una serie de propuestas sobre medioambiente y políticas europeas y llegamos a la conclusión de que la medida más urgente a día de hoy es la de normalizar y dignificar la figura del refugiado climático, quien actualmente es un fantasma dentro de cualquier legislación europea.

Es por esto que queremos crear una legislación que permita avanzar de cara a facilitar la entrada de los refugiados climáticos en España y el resto de la Unión Europea.

Así que por favor os pido que me echéis una mano y votéis nuestra propuesta para que así pueda llegar al Parlamento Europeo.

Es tan fácil como entrar en el siguiente link y registrarse con facebook y google. Y luego votar.

No lleva más de 1 minuto y podemos lograr mucho con tú voto.

¡¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!!

https://youthforeurope.eu/idea/no-place-to-go-nowhere-to-come-back


viernes, 22 de noviembre de 2019

Dolor

Me duele el pecho.
De verdad.
Me duele hasta lo más hondo de mi ser. Taladrándome.
Como mi mente. Millones de preguntas sin respuesta.
¿Me estoy equivocando? ¿Estoy tirando todo por la borda? ¿Estaré haciendo mal? ¿Debería renunciar a lo que quiero en favor de lo que tengo? ¿Soy egoísta?
¿Cómo puedo destrozar mi vida así de un plumazo?
Solo quiero morir. Para siempre.

Historia de una herida

I

Día 1:
El reloj se ha detenido ayer.
El resto es nada.



II

Ya no hay nada. Solo dolor.
Y llamas ardiendo
en el mudo infierno
que es el lluvioso exterior de lágrima viva.

martes, 19 de noviembre de 2019

Los pequeños éramos los que más saltábamos

Los pequeños siempre supimos saltar mucho.

Quizás por eso cogimos todos nuestros sueños y los metimos dentro de una botella, por ver si así crecían y crecían y yendo a la deriva llegaban a alguna parte. Aunque fuese solo porque éramos pequeños y era nuestra forma de defendernos.

Ahora que soy grande
-pero solo en un sentido figurado en cuestión de años, no en altura, en eso no he cambiado mucho-
sigo metiendo mis sueños en pequeños frascos de cristal,
poemas -les llamo-,
y los lanzo al inmenso océano que es internet, por ver si así alguien los lee, alguien quiere saber un poco más, alguien siente cierta ilusión por comprender mis sueños. No lo sé, puede llegar a ser una tontería a veces. Pero aprendí a hacer eso, y ahora no sé hacer otra cosa. Por eso cojo un verso tras otro y los lanzo al mar. Por llegar más lejos de mi persona y sobrevivir al tiempo.

Ya lo dije una vez:
solo la poesía puede salvarme.

Sea lo que sea que signifique eso.

Pero por desgracia, o por suerte, es así. Y mientras tanto solo lanzo un poema tras otro. Esperando soñar más y más. Por ver si así alguno se cumple.

Los pequeños siempre supimos saltar mucho.

Siempre muy muy alto. Aspirando a más.

Era nuestra forma de defendernos en un mundo de gigantes en medio del patio del colegio.

Y funcionó. Creo.

Aprendimos a soñar. Con todas sus consecuencias.

Y saltamos. 
Siempre más y más.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Trufa

Hoy te sentí
tu olor
tu tacto
viniste corriendo desde el portal
hasta en medio de la plaza,
como siempre hacías
y te sentí
quiero decir que te Sentí
de verdad
y fue bonito

recordarlo.

martes, 12 de noviembre de 2019

Todo es contradicción

Dolor y gloria
paz y tormenta
vida y agonía
muerte y desidia
renglones y renglones de dudas que no sé cómo resolver.

¿A dónde ir?
¿A dónde llegar?

Cómo no tropezar en esta vorágine que parece no tener nunca final.

Los sueños hechos añicos tienen poco de bonito,
pero sí lo suficiente como para retorcerlo todo en una barbarie de dolor y sufrimiento,
cómo hacer
cómo hacer para no caer muerto.

Cómo lograr mantenernos vivos mientras todo explota por dentro
y alrededor
solo quedan cenizas y ruinas
pasto del incendio que se desató.

Ya no sé qué paso dar,
ya no sé ni cómo ver el final,
solo camino y camino
sin saber siquiera si es el sendero que me devolverá a algún lugar.

Pero yo
ahora
y aquí
solo quiero morir por no ser feliz.


lunes, 11 de noviembre de 2019

Estropicio del ser

¿Dónde vive la tristeza
de un mundo sin lugar?
¿Dónde vivo?
¿Dónde vivirá
          la libertad?

Tropiezo en un pozo sin fondo
incapaz de salir a flote,
sin encontrar refugio
sin cobijo al frío del norte que perdí.

... --- ...     ... --- ...     ... --- ...

Suledad suciedad sucia soledad
del baile del perdedor
sin .
       .
         .
           .
             .
               .
                 .
                   pluag

Tropecé con los pasos en falso
deseando caer
          y morir
                       de una vez.

domingo, 27 de octubre de 2019

El azul es un color cálido

Sonreímos a la tristeza mendigando un poco de felicidad. Como un juego de niños que buscan descubrirse, tambaleantes, indecisos, temerosos de toparse con sus miedos sin ropa ni vistas nubladas, solo una límpida mirada con la que desnudarse con los brazos abiertos.

Soportamos cargas de las cuales somos incapaces de escapar, mientras su peso nos aplasta, centímetro a centímetro, como un águila, conscientes de toda la vida que nos queda por delante y la poca que resta que valga realmente la pena. Mansiones sin luces ni sombras que se comban hacia su propio mundo interior; mientras muros saetados que tratan de rozar el cielo se precipitan ante el castigo divino.

El mundo desteje su espeso manto de nubes que arrancan llamaradas de destellos del color de la hojarasca que sobrevuela las calles. Y los valles ya callan, y las vallas ya corren. Y el tiempo es una vorágine de remolinos incapaces de afinar nuestros propios pasos entre las largas avenidas de una ciudad que se apaga tras las ruinas de una era pasada. Como fantasmas que vagan sin saber muy bien a dónde ir.

Sopla el murmullo constante de las lápidas en caída libre del cementerio al mar, y el pecho se encoge ante los tumultuosos instantes en que las llamas se encienden. Las farolas entre los árboles revelan el camino y los cuerpos se descubren de puertas para adentro; llenando de luz y color catedrales y vidrieras que erizan la piel al descubrir sabores totalmente nuevos para el intelecto humano.

La pasión cabalga desbocada tratando de buscar salida a semejante explosión y la ropa sin vida yace entre los rincones de la habitación. La fría piedra se empaña y la niebla de vaho inunda la escena. Y los cuerpos se devoran y los labios serpentean  en una réptil danza de emociones desbordadas tras años de intempestivo deseo tras la cara de un trozo de papel.

Todo se ha detenido y las sonrisas se retuercen en cálidas carcajadas de pura emoción y alegría.
Y la tristeza mendiga su cupo, consciente de que
ahí
y ahora
no tiene cabida.

Vacuos y volátiles intentos de pisar terreno firme. Mientras todo se tambalea.

Tratadistas sin miras
levantan imperios a ciegas,
observan los mapas
pero no perciben nada,
nada de lo que se esconde
tras palabras vacías
en líneas vacías
que separan lugares
que caminan sin rumbo.

Alzamos las manos al cielo
implorando por la gloria perdida,
y tras vernos los pies descalzos
comprendimos
que habíamos perdido la partida,
de nuevo.

Pobre sombrero que vuela al viento,
ya no hay cabezas que proteger;
solo un llanto de miseria
que deambula por las calles mojadas
mientras nada se detiene a su paso,
ni el silencio,
ni los cristales hechos añicos
por sorteo y azar del destino.

Apuramos la copa
tratando de aferrarnos a algo,
aunque el tiempo perdido ya se haya ido
y solo nos queden
los reflejos inertes que nos devuelven los espejos,
¡qué alivio!
¡qué calma!
¡qué dolor!

Todo ha pasado
y solo quedo yo
recorriendo perdido el eterno corredor.

Con permiso,
sin perdón.

sábado, 26 de octubre de 2019

Ciudad en sombras

Serpentea la vida como ríos de miseria, colándose por cada esquina del corazón encharcado de tristeza. Espero que encuentres lo que buscas, dicen. Cómo si fuera posible hallar respuesta a las preguntas que jamás se formulan.

Damos vueltas en un torbellino sin final, como una vorágine de historias que nos hacen sonreír cuando sabemos que han valido la pena. ¿Pero la caída? ¿Qué se hace de la caída? Un sutil baile en las sombras dispuesto a llegar a alguna parte, cuanto menos al final, cuanto más al principio. Tediosamente aniquilados, como encuentros fortuitos que jamás sabremos muy bien en qué nivel del sueño tuvieron lugar, en qué plano astral ocurrieron.

La ciudad desteje su cortina de ceniza como el cielo ardiente que se enciende cuando sopla la brisa. Y es ese viento agreste de otoño, que levanta la hojarasca y pinta de ocres y rojos el lienzo de las callejuelas, el que se cuela en el cementerio mientras al fondo bate el mar entre la vida desierta. Las lápidas cuentan historias de siglos y los mausoleos devuelven el eco del silencio. Perdidos todos en ninguna parte, la fina capa de lluvia que cae nos hace guarecernos bajo los pliegues del abrigo, expulsando nubes de vaho cálido que enfrían los sentidos a quien observa tan trágica escena sacada de alguna patética comedia del tres al cuarto, riéndose de nosotros el dramaturgo que haya decidido exponerla esa noche a su bien estimado público.

Los pasos me arrastran, como los pies que apenas levanto a un palmo del suelo, hasta el embravecido mar que todo lo devuelve, excepto los muertos. Allí, en el punto más al norte de la Torre de Hércules, me siento en una roca a ver batir las olas que salpican mi rostro, como gotas de sangre que discurren impertérritas ante mi mirada cuando le vuelas la cabeza a aquel que tienes delante, aunque solo sean imaginaciones que conformas cuando la ira discurre por tus venas. Y es que el dolor no tiene lugar al que ir nunca, solo evaporarse a base de sufrir. Es eso, o la melancolía. Y en esta desidia de día ambas cosas son igual de afortunadas para el corazón humano: nada.

Sentado allí, viendo el negro manto de carbón que cae sobre la ciudad, decido reanudar mi camino, mientras el mar me despide levantando tras de mí todo su salvaje sonido en un enfurecido embate que valdría la pena inmortalizar en una fotografía en blanco y negro. Lástima de cámara. Pienso. 

Echo las manos a los bolsillos, calo la barbilla en los pliegues del abrigo, y paso tras paso, con los ojos entrecerrados a causa del viento y la lluvia, deambulo por el paseo marítimo con la inútil fantasía de creer llegar a alguna parte.

El Orzán salvaje se retuerce en su propia maldición de sal y arena y ahí abajo, llegando a lo alto del muro, el temporal parece querer salir de su encierro y ganar el terreno que se le debe, inundando la ciudad a su paso, como la tristeza y la melancolía que encharcan mi pecho en un rastro de charcos en los que chapoteo aunque no quiera. Aunque trate de esquivarlos.

Circulo por delante de locales abarrotados por la música. Mientras el silencio y las sombras se arrastran tras de mí. Subo al barrio, las cuestas, Monte Alto. Con un deje de melancolía que se escurre entre los dedos hasta llegar al suelo, al tiempo que mi mirada gris se llena de ceniza y polvo al echar la vista hacia arriba.

Estoy en la calle. Estoy en el número. Estoy en frente. Pero no puedo subir.

Y así me quedo un rato. Indefinidamente. Mirando. Tras unos ojos color mar de fondo que reflejan todo el vacío de este trágico y fútil mundo.

Bajo la cabeza. Me veo los pies. Y dejo que ellos me guíen. Hacia ninguna parte. Pues no hay a dónde ir.

Tras de mí queda el reflejo de mi silencio. Y toda la soledad que puede llegar a transmitir una mirada vacía que se sabe derrotada. Por un corazón helado. Que se desgarra. 

Buenas noches. 
Hasta mañana.

Si Dios quiere.

viernes, 25 de octubre de 2019

Lutte

La música discurre como un reguero de notas por descubrir,
el paisaje se desdibuja con calma veloz
incapaz de detenerse ni por un instante
aunque quieras detener el tiempo
y hacer esos recuerdos eternos
sin llegar a perderlos entre los dedos que nos erizan la piel.

Rumanía se despide de los Cárpatos ladera abajo,
los valles envueltos en niebla
dejan entrever copos de nieve que se derriten
al calor del río helado que rumorea
sin detenerse
siempre hacia abajo,
siempre hacia abajo.

Vatra Dornei camina con el sol de otoño,
jugando a la hojarasca rebelde
en torbellinos de libertad,
mientras nuestros pasos nos guían
allá donde siempre supimos que nos encontraríamos.

¿Qué tienen los días de otoño
que los atardeceres son preciosos?

Saez desteje su guitarra en constante melodía de lucha
sabiendo que llegará el día
que escuche esos acordes
y salte en mi memoria el resorte
que active las imágenes de aquellos tiempos
en que vivía en Rumanía ajeno
a todo lo que el universo se afana
en mantenernos siempre firmes y rectos
en las disposiciones cotidianas
que hacen rehuir nuestros sueños.

Los pasos en la playa imprimen huellas por la arena mojada
postales en blanco y negro
de niños sentados al final del muelle con los pies suspendidos
chapoteando sin miedo
a todo lo que podría llegar,
y es que ahí
la inmensidad es eterna
y los ángeles ya alzan sus vuelos
como puertas del paraíso que se abren
ante nosotros
mientras en el regazo solo nos queda una pequeña pluma
a modo de recordatorio de que todo existió,
como un broche escondido en la chaqueta
escribiendo nuestra maldita novela secreta.

Ardiendo en llamas.

Viviendo en sombras.

Tratando de aferrarnos a este mundo
a través de los versos que escribimos desnudos
en poemas de dolor
que discurren como el rastro que deja el viento
por las calles de la rosa de fuego.

Siente el vaho entre los dedos,
saborea mi aliento,
revuélvete el pelo,
y piérdete bien
bien
lejos.

Solo donde Carax pueda vernos.

Desde la distancia.

Todo lo demás serán cartas plegadas ardiendo en cenizas que no dejarán nada.

Solo rastros de vida aferrados a aquellos días
en que la poesía eran las ruinas de una fantasía
que nunca se cumpliría.

Porque solo recordamos lo que nunca sucedió.

Y Daniel, olvidarás su rostro, pero siempre podrás volver al Cementerio de los Libros Olvidados.

Siempre otra vez.

jueves, 24 de octubre de 2019

Yo te recito dama del mar, mientras tus pasos entre la arena de tu tierra me invitan a soñar

El Tajo discurre en el límite de los sueños
y ya no quedan encuentros para llegar tan lejos,
las conquistas além do mar nos han traído nuevas historias
y podría sopesar todo
pero ya la soga ahoga...

Las calles empedradas me susurran sus secretos
mientras las laderas de las 7 colinas
me recitan
de memoria
poesías apagadas bajo el sol lisboeta,
los pájaros surcan las filigranas cual saetas
y ya no hay esperas que valgan
cuando la mirada se pierde por las callejuelas blancas.

Supongo que tiene el mundo un desaire acertado,
los pasos ya me llevan lejos,
más lejos de lo esperado...

No sé bien dónde estoy,
ni a dónde llegaré.

La noria gira mientras las briznas de hierba cimbrean
la luna se desnuda poco a poco
humedeciendo sus labios con el relente
de la noche
en que se confundió
los sentidos
al escondite de sus deseos.

Las curvas de la ciudad
se abren al cielo
como el cuello de cisne
que discurre río abajo
hasta arquear los miedos.

Su sonrisa se asoma en la luz del día,
y los destellos se pierden
entre los dedos de su mirada
de sal y brisa,
de brisa y sal,
de rimas sin desembocadura
que quedan suspendidas en el aire
esperando llegar flotando a algún lugar.

Portugal se abre entre pasos
descendiendo recatadamente
como un baile de saudade,
con olor a Atlántico,
como la suave guitarra
de un fado que se escapa
de un pequeño bar
del Barrio Alto,
como los olores de las especias
que te sumergen a miles de kilómetros
sin apenas haber dado más de 10 pasos.

San Jorge nos vigila desde lo alto,
matando dragones callando,
domando bestias,
azuzando pasiones,
levantando esbeltas catedrales
que quedarán eternas tras su esqueleto:
de eso sabe bien el Carmo,
mostrando sus cicatrices,
esperando a que alguien venga
y las acaricie
con sumo cuidado
desde el suelo
hasta la garganta de su bóveda
que no es otro que el cielo
con su sonrisa celeste.

Tiene Lisboa un deje melodioso,
un canto que seduce
un juego de niños
que confunde y hechiza,
como siglos de historia que se desquitan
abriendo los brazos
al mar
pidiendo un abrazo
a la libertad
de soñar con llegar siempre más lejos,
siempre más allá.

Tiene Lisboa un canto de pasos
que caminan buscando algo con lo que soñar,
una canción en la radio disparando al pueblo a caminar,
un país que se construye a sí mismo a orillas del mar;
un mundo difuso
que por muchos días que pases en sus calles
solo serás capaz de arañar y arañar,
tratando de descifrar la magia de ese lugar,
con cuidado,
con respeto,
con admiración
por su paz,
desdibujando en un papel
la esencia de Portugal.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Me arrodillo ante ídolos caídos

Las arenas del desierto de Partia
me abrasan las entrañas
como la desesperación
de un mundo en ruinas,
qué gesta cantarás
cuando ya no haya dioses
a los que cantar,
cuando nuestro mar
decaiga de su unidad,
bajo este estandarte ganarás,
y Constantinopla defendiendo su libertad,
la gloria pasada de una campaña en la Galia,
Hispania al borde de estallar en llamas,
los limes que se diluyen en la Romania,
aprieta la balada
que las campanas ya tocan plegarias
en tierras arrianas,
en espejismos de faraones ptolomeos,
en cuentos de niños y juegos,
en el lejano encuentro en el final de los imperios,
el tiempo que corre contra el viento,
tormentas que se llevan los recuerdos,
eternos entierros de ciudades que se apagan,
la desaparición del mañana,
la mirada tambaleada de creer que todo se acaba,
¿qué quedará cuando no quede nada?
Murallas vacías,
casas que esquivan,
barcos a la deriva,
mundos que se olvidan,
recuerdos lejanos de que existieron antaño otros días,
para huir del final
sobreviviendo al día a día.
Parece mentira
que nada se detenga
que todo siga,
como si al tiempo no le importara,
lo que dejamos atrás.

Somos ruinas de nuestras vidas.

8 haikus para ir tirando

        I

Soledad en el pecho
y el viento
ya sopla lejos



II

Me perdí en tu mirada
y ahora que me busco
ya no estoy.



III

Sonríe,
sí,
why not?



IV

Quemé carretera
tras de ti
¿y tus pasos...? ¿dónde...?



V

Yo,
que sé yo,
solo...



VI

Arañé el techo,
salí a flote,
y respiré.



VII

Me encontré
en un verso,
paz.



VIII

Ese aleteo de libertad,
rozó el horizonte
y voló.

Medita tus pasos antes de actuar

He mirado a un reloj en llamas
y ha desaparecido en una vorágine de arena,
vaporosas cenizas que vuelan
llanas palabras que asolan la mañana.

Estrellas estallan en el firmamento
y este lamento acecha la espera,
sacamos lágrimas en su estela,
secamos sueños en su entierro.

Y quién la verdad arañe entera
sabrá buscar cobijo en el cieno.
Y quién en la noche dibuje anhelos
podrá forjar estribos y saetas.

He visto la soledad en miradas ajenas
y platos vacíos para mentes que estallan,
cristales, espejos y vidrios soplan madrugadas,
destellos que profanan fantasías de niebla.


Llama a gritos al desgarrado poeta
que ya nada queda, que ya nada queda,
solo silencio, heridas y cartas que nunca llegan.

viernes, 18 de octubre de 2019

¿Hacemos reunión a las 18:30?

Nos desvestimos el frío a base de brindar por la amistad.

Como quien no quiere la cosa, sin apenas darnos cuenta, sin saber muy bien cómo, pero así fue, así ocurrió.

Nos desvestimos el frío a base de brindar por la amistad.

Cogimos un bus después de horas y horas de viaje y nos presentamos, y a las dos horas de viaje paramos en una estación de servicio riéndonos porque solo llevábamos 55 kilómetros recorridos, pero en realidad nos daba un poco igual, porque sin darnos cuenta, ya éramos todos como viejos amigos. Contando historias, relatando sueños, dibujando con el vaho del cristal nuestros miedos y abriéndonos unos a otros, como si diésemos por inaugurada esa tradición que manteníamos todos los días antes de cenar. Reunión de sentimientos le llamábamos, así, tal como sonaba, pero en inglés. Y nos tumbábamos todos en una cama y nos relatábamos cada uno a los demás nuestro día: algo que destacar, algo que mejorar, algo que nos gustó y algo que no, y el último siempre se me olvidaba, pero es que era el mejor: abrirnos en dos el pecho sin apenas cuidado, como una historia de cervezas en un bar cualquiera en ninguna parte, como esos brindis que haces a las tantas de la madrugada cuando ya todo el mundo está borracho y solo somos conscientes de que estamos ahí, en ese instante, y que ya solo por eso todo ha valido la pena. Y los vasos resuenan. Y saltan gotas en todas direcciones y mojamos la mesa. Y todos reímos. Y brindamos en todos los idiomas conocidos y por conocer. Y sonreímos. Porque estamos bien, muy, muy, bien. Abriéndonos el pecho en dos en nuestra reunión de sentimientos.

Y Veli cediendo turnos y haciendo todo lo posible por cuidarnos como una buena leader, repartiendo sonrisas a diestro y siniestro, abrazando a la gente inesperadamente, protegiéndonos cuando nos sentimos desprotegidos, aupándonos cuando nos sentimos invencibles y eternos. Buscando siempre el lado bueno. Porque persistir es llegar lejos. Y ella lo hará mientras nosotros lo vemos. Orgullosos.

Nos reunimos en grupo, a debatir nuestras propuestas. Buscando la palabra siempre correcta, desprendiendo inteligencia a los cuatro costados de la mesa, curando las emociones de quien puede haber salido herido sin darse cuenta. Filtrando siempre en alguna conversación sus sentimientos por su sobrino, su gente, su pueblo. Desprendiendo su mirada de tierra que nos quita el polvo de encima a cualquier miedo. Así es Carmen. La voz que nos cuida de más cuando nos echamos a nosotros mismos de menos.

Y Ander y su calma hablando, su aire tranquilo, su caminar eterno. El descanso que transmite solo teniéndolo al lado, su acento verde, sus palabras que traslucen una tierra de paz indómita que nadie sabe bien de dónde ha salido, pero está ahí, como él, que aparece sin ser visto, pero está ahí, escuchando, cuidando, protegiéndonos sin llegar a saber cómo ni cuando. Pero haciéndolo, a fin de cuentas.

Las noches en la cama viendo telenovelas, y el canal de música sonando por todo lo alto, como los bailes en la sala de actividades, como el hijo de Maricarmen, que no descansa hasta que sale el sol. Un poco nosotros. Sin descansar lo máximo posible para aprovechar el tiempo al máximo. Porque ya habrá tiempo para dormir cuando todo se haya acabado y los kilómetros de distancia nos pesen más que los recuerdos con los que volamos cuando echamos la mirada atrás para llegar a ese rincón en los Cárpatos. Al lado de un río que se llevaba todo lo malo.
Solo lo malo.
Porque allí todo era paz, calma y descanso.

Alaia hablando y hablando, para llenar el aire con sus historias de América y pintarnos un mundo que solo imaginamos, pero que con sus colores podemos llegar en sueños a tocarlos. Y su alegría por estar allí. Y su alegría por ser un grupo tan compacto. Y su alegría. Y su alegría. Y siempre su alegría adornando el paisaje entre los abetos, las nubes y los pájaros. 

Y su alegría inundando los copos de nieve que caen con mucho, mucho cuidado, hasta acariciarnos en un abrazo. 

Como las noches de pipas. 

Como las conversaciones largas y tendidas. 

Como Vero llenando de luz el día a día, llenando de paz la vida. Desbordando dibujos por los rincones del cuarto y del salón, tildando de estrellas la noche, timbrando de sueños el manto negro que borda con dorados instantes que no se detienen por más que el tiempo se afane en jugar al escondite con nosotros. Como dos almas que se han encontrado construyendo un vínculo tan puro y sano. Como los amigos que hacen eses calle abajo abrazados, sabiendo que el mundo es suyo durante esas horas, y nada puede cambiarlo.

Nos desvestimos el frío a base de brindar por la amistad.

Y en el fondo del vaso hay un destello que deslumbra si no sabes bien cómo mirarlo. Es una mirada limpia. Una melodía adornada con destellos mágicos. Son los gestos de las manos explicando algo, girando, girando. El acento inconfundible de un mundo cercano y a la vez extraño. 

Y todo esos detalles tienen dueña. Igual que la cama en la que siempre nos tumbamos. En la que siempre nos mostramos tal y como somos sin haberlo esperado. Y mientras todos hablamos, María sonríe, interviene y se ríe. Y nos invita a su casa-colegio. Que hay sitio para todos. Que nos acoge cuando queramos. Que nos reunamos pronto. Que hay que celebrarlo.

¿El qué?

Acaso importa?

Solo celebrarlo. Nada más. Celebrar que somos amigos. Que nos hemos conocido. Que nos hemos descubierto. Que nos hemos encontrado.

Celebrarlo con una taza en la mano. Una cerveza. Un vaso.

Y entrechocarlos con fuerza. En todos los idiomas. Brindando. Por todos. Por nosotros. Por los años que durarán las vivencias que hemos acumulado.

Brindando y destejiendo promesas de volver a encontrarnos.

Para hacer del tiempo algo certero y aprender a domarlo. Hasta que nos sirva a nosotros. A nuestros sueños, a nuestros proyectos, a nuestras reuniones de sentimientos con las que nos cuidábamos.

Hasta quedarnos dormidos en un pueblo perdido en los Cárpatos.

Sonriendo. Siempre sonriendo.

Nos desvestimos el frío a base de brindar por la amistad.

Vagando por la tristeza

La tormenta se desataba en el exterior, como un cúmulo de convulsiones que se retuercen en embestidas salvajes sin final.

Salí del portal y los soportales de piedra apenas eran capaces de protegerme del vendaval. Estaba calado, como un perro perdido que no sabe a dónde ir, tampoco a dónde volver. Ante tal panorama decidí sentarme y entrar en calor con la última cerveza que me quedaba. Metí la mano en el bolsillo, posé la cerveza y haciendo refugio con las manos logré encender un cigarro que me supo a barro, sangre y finalmente a gloria. Exhalé el humo y me lo volví a llevar a los labios, perdiéndome en cada calada. Permanecí así indefinidamente, con la mirada vagando en la negrura de la noche, hasta que el manto de lluvia logró devolverme a la realidad.

Tenía que volver a casa.

Me palpé el labio y comprobé que me sangraba donde apenas media hora antes había recibido su puñetazo. No sabía qué hacer, pero sin duda la solución no era quedarme allí. Me puse en pie y eché a caminar, haciendo eses, bajo la cortina de agua.

Hasta que me perdí en el horizonte.

jueves, 17 de octubre de 2019

Carta desde la soledad de una habitación a kilómetros de distancia. Firmado: la amistad.

Estoy en Cluj Napoca, solo por primera vez en 10 días y mi pecho se encharca de tristeza por todo lo que se ha terminado, tan de golpe, que no ha habido tiempo para reaccionar al tiempo de choque con la realidad. El mundo está menos luminoso, menos azul y yo solo puedo refugiarme en los recuerdos de estos días, como un loco suicida que se aferra desesperadamente al último hálito de esperanza que le queda para evitar saltar al vacío sin llegar a mirar los golpes que le separaban del suelo.

Hay ocasiones en que la vida te sorprende con un regalo que ni tan siquiera puedes llegar a esperarte, como esas piedritas brillantes mágicas y misteriosas que a veces te encontrabas en el suelo cuando eras niño y guardabas en una pequeña caja de tesoros con el fin de algún día ser capaz de descifrar su significado. Es un poco de esa metáfora de lo que os estoy hablando.

Vero es de ese tipo de personas que te salvan de las caídas, te escuchan invitándote a derribar cualquier muralla y te abrazan cuando necesitas una sonrisa a mano. Tiene ese don de hacerte sentir tu mismo, y os juro, realmente os juro, que eso es una clase de magia muy difícil de encontrar. Con gente así jamás te sentirás solo. Por eso miras el fondo del vaso y te preguntas qué es lo que ha hecho que entre 600 millones de almas tú hayas tenido la suerte de toparte con una mirada así, que es refugio cuando hace falta y libertad cuando simplemente necesitas exteriorizar tus miedos, purgarlos y volar. Simplemente volar.

Te sujeta la frente en silencio, mientras sin necesidad de palabras te dice que todo irá bien, y tú, sí tú, tú te lo crees, porque sabes que es la pura verdad, y lamerse las heridas nunca ha sido realmente la salida de emergencia que necesitabas. Sino simplemente una sucia forma de engañarte con que todo lo que iba mal no se podía realmente solucionar. Y ahora sabes que no es así. Y esa, esa es la clase de magia de la que os hablo. La capacidad de cuidar la amistad sin necesidad de grandes hazañas, sin grandes sacrificios, sin grandes gestas, solo cuidando, en el más puro y sencillo de sus significados, cuidando a quien te importa, con pequeños gestos, con pequeños rituales, con pequeños hechos cotidianos que te hacen sentir libre, seguro y protegido. Así, sin más, con esa facilidad sincera.

* * *

Son historias en las noches de final de década, poesías revoloteando en el aire, heridas que sanar a cicatriz abierta, sueños que forjar por mucho que sepamos que la vida y el futuro a veces aprieta. 

Son historias de telón abierto, precedentes de los locos años 20 que están por venir, de los días largos, de las noches eternas, de los vasos de alcohol perdidos entre las esquinas, aferrándose al tiempo que se nos escapa entre los dedos. Y yo sonrío, porque todo se va, pero quedan los recuerdos, y tengo la cámara fotográfica de mi mirada lista para disparar en cualquier momento y atrapar el instante tal y como quiero que quede en mi memoria. Precioso. Puro. Sin filtros, muros ni miedos. Solo dos hermanos de sangre unidos por la valentía de atreverse a brindar sin palabras que serían amigos por mucho que pasara el tiempo.

Hay una frase de Escandar que me gusta mucho y creo que es tan certera que debo transcribirla como si realmente fuese mía, nuestra quiero decir. Para hacer un hogar tuve que encontrarle, y ahora que las noches vienen a regalarnos su incertidumbre nosotros nos protegemos juntos, espalda contra espalda, para que nadie pueda clavarle un puñal sin tener que clavármelo a mí primero. Eso es para mí un poco la amistad, dos senderos que discurren juntos por un indefinido tiempo de descuento, el suficiente como para marcar la diferencia del partido y decidir si jugarlo al todo o nada con nuestra felicidad o simplemente disponernos en formación defensiva y perdernos todo lo hermoso que puede traernos. Soy más de lo primero, lanzarme con los ojos cerrados al encuentro del otro. Al menos ahora que soy un poco menos cobarde que antaño. Y os juro que vale la pena, yo por lo menos no me arrepiento.

En las noches de estrellas en que el cielo está cubierto, siempre hay un lugar al que mirar y buscar recogimiento. No es que sea nada por lo que dar envidia, ni por lo que tener miedo. Pero para mí ese vínculo que hilamos con facilidad, cuidado y esmero, es mayor tesoro que todos los que podamos encontrar en los yacimientos arqueológicos del mundo entero.

Y ya solo por eso, os aseguro, que vale la pena tener por amiga a Vero.