domingo, 27 de octubre de 2019

El azul es un color cálido

Sonreímos a la tristeza mendigando un poco de felicidad. Como un juego de niños que buscan descubrirse, tambaleantes, indecisos, temerosos de toparse con sus miedos sin ropa ni vistas nubladas, solo una límpida mirada con la que desnudarse con los brazos abiertos.

Soportamos cargas de las cuales somos incapaces de escapar, mientras su peso nos aplasta, centímetro a centímetro, como un águila, conscientes de toda la vida que nos queda por delante y la poca que resta que valga realmente la pena. Mansiones sin luces ni sombras que se comban hacia su propio mundo interior; mientras muros saetados que tratan de rozar el cielo se precipitan ante el castigo divino.

El mundo desteje su espeso manto de nubes que arrancan llamaradas de destellos del color de la hojarasca que sobrevuela las calles. Y los valles ya callan, y las vallas ya corren. Y el tiempo es una vorágine de remolinos incapaces de afinar nuestros propios pasos entre las largas avenidas de una ciudad que se apaga tras las ruinas de una era pasada. Como fantasmas que vagan sin saber muy bien a dónde ir.

Sopla el murmullo constante de las lápidas en caída libre del cementerio al mar, y el pecho se encoge ante los tumultuosos instantes en que las llamas se encienden. Las farolas entre los árboles revelan el camino y los cuerpos se descubren de puertas para adentro; llenando de luz y color catedrales y vidrieras que erizan la piel al descubrir sabores totalmente nuevos para el intelecto humano.

La pasión cabalga desbocada tratando de buscar salida a semejante explosión y la ropa sin vida yace entre los rincones de la habitación. La fría piedra se empaña y la niebla de vaho inunda la escena. Y los cuerpos se devoran y los labios serpentean  en una réptil danza de emociones desbordadas tras años de intempestivo deseo tras la cara de un trozo de papel.

Todo se ha detenido y las sonrisas se retuercen en cálidas carcajadas de pura emoción y alegría.
Y la tristeza mendiga su cupo, consciente de que
ahí
y ahora
no tiene cabida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario