sábado, 28 de febrero de 2026

De ninguna parte a Coruña

Hoy he venido a Coruña a escribir
no creo que salga nada ingenioso, no lo estoy ultimamente,
pero por lo menos espero que funcione
como una especie de contacto conmigo mismo
de arroparme entre mis versos
y buscar encuentro en el desencuentro
de una vida que ya no se desarrolla aquí, pero que yo echo de menos como si nunca se hubiera terminado.

Quizás si sí,
quizás si no,
y poemas del corazón a los dedos
y mi mirada perdida en el mar.



- De ninguna parte a Coruña

jueves, 26 de febrero de 2026

Cuando la vida banal me libere, compartiré contigo mis versos

Las noches son mejores cuando juegas con la poesía,
cuando te pierdes por sus sinuosas curvas
en laberintos de pieles erizadas
bajo luz de luna que nos baña,
conversaciones que se pierden en la madrugada
como besos que son versos
y solo una r cambia -para la lengua

y si cambia...
¿qué hacemos con ella?

pues no sobra

aprovechémosla como artesanos de piedra y mármol
para que las espaldas se arqueen
y levanten templos en los que rezar sea pecar
y las estatuas se confundan como fuego ardiendo
flechas de cielo
clamando al viento por implorar libertad

libertad para gritar:

gritar tu nombre,
mi nombre,
y las ganas de vaciar de rimas las olas del mar

ese mar de lágrimas e iris
que iriscean mi sueño, mi noche y mi paz

y es que solo quiero soñar
soñar con otra poesía en esta madrugada jugando a fallar y acertar
a tomar decisiones impulsivas en conversaciones intempestivas que terminen entre dos almas escapándose de este lugar.

Solo quiero... solo te quiero...
solo te quiero esta noche
y jugar a la poesía
y olvidar todo lo demás.



- Cuando la vida banal me libere, compartiré contigo mis versos

domingo, 22 de febrero de 2026

Cuando el ideal era posible

Como todos los jóvenes, creía firmemente que mi presencia en el tiempo y en el espacio corregiría, de alguna manera, el mundo.
Sharif - El triunfo mate



Yo también añoro como Sharif esa época en la que sentía de forma limpia y profunda la firme convicción de que el ideal era posible, que la utopía era alcanzable. 
Todavía lo creo. Muchas veces. No siempre. Muchas veces no.
Pero todavía lo creo.

Todavía creo en que el mundo puede ser mejor. Todavía creo que podemos luchar contra la desidia y la indiferencia y marcar con nuestra voluntad y trabajo la diferencia.

Todavía creo. En nosotros.

Y sin embargo creo que en quien menos creo es en mí mismo. En lo que puedo ser. En lo que me he convertido. Temo al tío que puede hacer daño, al tío que se pierde en sus demonios, al tío que olvida el niño que fue... Temo. Me temo.

Y sin embargo, pese a ello, a veces, como una chispa de esperanza, se prende una llama, una luz, que me invita a mirarme con mi propia mirada, de forma más luminosa, y creo ver que entre todo el daño, todavía puedo hacer mucho bien.

Si aprendo a dominarme
y a decir no

puedo convertir en síes todos los quizás que quiera alcanzar soñando.


Porque lo único que jamás olvidé, de esa época en que era niño y sentía la firme convicción de que el ideal era posible,
fue a soñar
por encima de mis posibilidades
así
quizás
la probabilidad me concediese ganarme conquistar los sueños por los que nunca he dejado de mirar al cielo con los pies en el suelo.

Y al fin volar en libertad.



- Cuando el ideal era posible

Al atardecer de Santa María della Salute

A veces la vida nos sorprende entre la cotidianidad con ciertos ramalazos de nostalgia. Leyendo ahora mismo a Sharif me ha sucedido eso. En realidad me sucede cuando leo poesía de la sucia cotidianidad. 

-Nunca he sabido cómo denominar a esa poesía que habla del día a día, de la ciudad, del barrio, de la noche y las borracheras, de la escritura y del humo, del frío y de las alegrías, del calor y de las tristezas. Esa poesía, humana, a fin de cuentas, que cultivaron Escandar, Sharif, o cualquier poeta que solo quiere narrar su día a día, como si temiera desaparecer el día que olvide su vida.-

Eso me ha sucedido hoy, decía. Y conjugándose recuerdos reales y memorias de vidas no vividas, me he transportado a Venecia, a los pies de Santa Maria della Salute y he recordado ese poema que escribía al atardecer en una libreta mientras Laura bailaba feliz de estar allí. Y ese momento lo recuerdo muy feliz, porque nada más importaba que el presente indefinido suspendido en el instante en el que estábamos allí.



- Al atardecer de Santa Maria della Salute

domingo, 8 de febrero de 2026

Poeta de la revolución

Poeta de trinchera y barricada,
de versos que estallan como granadas en la lucha armada,
de ojos rebeldes, de miradas contestatarias,
que prefieren morir de pie, que vivir de rodillas en medio de la batalla.

Poeta de trabajo, estudio y fusil,
que sabe que la vida se conquista, no se gana,
que los derechos se defienden con uñas y dientes,
y que nada fue regalado para llegar hasta aquí.

Poeta de la revolución, de la pasión,
del Atlántico por patria y la clase en el corazón,
poeta de la vida, la rabia, el odio, el amor y el rencor,
que prefiere cortarse los hilos antes que vivir mirando cara al sol.

Poeta de los de antes,
de Hernández y Alberti,
de las hoces y los segadores,
de los que antes que ser público objetivo, prefiere ser subjetivo francotirador.



- Poeta de la revolución

En la noche del Orzán

La ciudad en el rompeolas
bañando la neblina y la salitre
el frío en el cuerpo
de la madrugada de fiesta.

Se pierde el tiempo
entre paseos del Orzán al Playa
asumiendo que la vida
se escapa entre las batallas.

Cotidianidades desaparecidas
habitando frágilmente vagos recuerdos
vaporosos instantes eternos
que se nos escapan demasiado pronto entre los dedos.

Quiénes seremos...

Quiénes seremos...

¿Quiénes seremos cuando ya no quede nada de nosotros en la memoria de quienes fuimos felices sin saberlo?



- En la noche del Orzán

domingo, 1 de febrero de 2026

Cahors, al calor de la fresca noche que allí habita

Si acaso el tiempo supo qué buscaba
yo no lo sé,
pero en mi lento discurrir descendiendo el país del hexágono
los kilómetros se difuminaban sin ser yo capaz de atraparlos,
el instante se diluía entre mis dedos
y los paisajes se sucedían
terminando el día paseando entrada la noche al calor fresco del río Lot,
Cahors susurraba sus secretos
mientras estorninos y vencejos filigraneaban el cielo
tejiendo telares de estrellas entre mantos de constelaciones perdidas en el recuerdo.

Y ahí
en ese paisaje
se erguía su puente medieval
como un guardián de su presencia
sabedor
de que nadie podría saber todo lo vivido
desgranando solo margaritas en el dilatado espacio de tiempo que es el infinito del universo en el soliloquio de los soñadores que se fugaron lejos.

Y yo
descendiendo el país del hexágono
traté de pulir mis aristas por si así lograba hallar respuestas a las preguntas que quizás nunca más me haría.



- Cahors, al calor de la fresca noche que allí habita