Si no tengo palabras que broten de los dedos, ¿cómo sobrellevo la existencia?
¿Tiene acaso sentido?
No sé de dónde sale este incierto sentido poético que con frecuencia me atenaza, me acompaña, me protege, me sugiere, me suplica que de salida y rienda suelta a lo que me conmueve.
Y yo
incapaz
de escuchar
esa voz en verso
me desconecto
poco a poco
de mí mismo, de mi cuerpo
y no sé hallar la razón
para calmar el desconsuelo
de esta música literata
que sopla e imbuye el diacrónico palpitar de mi corazón.