jueves, 4 de agosto de 2016

La danza macabra de la muerte

Escribo
mil líneas
de un libro jamás terminado,
de miles de vueltas
y vueltas
con un final forjado y errado.

Compongo mil sinfonías
sucumbidas
a los cuentos narrados en el pasado,
con miles de gestas
y canciones
de siglos olvidados.

Arpeggio con sutil cuidado
cientos de notas tónicas que encierran hechizos expropiados
de una danza de la muerte
que viene
a dar muerte al último literato que ha bailado.

Susurro
como si fuese escudo
de mil batallas que no contrarrestan el torbellino de cadáveres que dejan a su paso
las mil mariposas del ejército de los colores rosados.



Escribo            mil gritos
de llantos fúnebres 
de ánimas
con nombres impronunciables.
Puede que la luna
asista en su ayuda                       o al menos ayude a silenciarlos.

Compongo       expolios
de runas
ocultas
en sobres con sangre lacrados.

Arpeggio        sueños rotos
por reflejos de cristales toscos
que en mil pedazos residen en el suelo
y su líder
en mi mano clavado.

Susurro     con orgullo
que el segador 
pronunció un discurso contra las arenas del tiempo
y argumento
que a mí aun no haya vuelto
el testamento de la dama de hierro.



Escribo y compongo,
mientras con mis laminados dedos arpeggio todos los recitales de los lirios huecos,
susurro
y el infierno helado sigue ardiendo,
como un reloj que lucha contra el universo,
como las tumbas sin nombre que el sepultador ha abierto,
como las tinieblas resistiendo a la luz
y al fuego negro.

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