tratando de rascar los últimos minutos de calor antes de comenzar a fundirse con el declinar del horizonte,
ya mis pasos me guían hacia el dique del puerto
en un definitivo intento de recorrer por última vez estos caminos, estas calles,
sin poder remediar que es aquí mi último día, mis últimos instantes,
como ese sol que me acaricia el rostro antes de esfumarse.
No estoy triste,
estoy bien,
simplemente es una forma de ritualizar la despedida,
de gestionar el duelo,
el adiós,
de ultimar los detalles de una partida
que me llevará ya mañana muy lejos de aquí.
Y mientras
tecleando todo esto
escribo
que echaré de menos todo esto,
que echaré de menos Binic.
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