y nada tiene sentido al otro lado de la ventana.
¡Qué inútil es todo cuando el universo se incendia ante tus ojos!
Y sin embargo,
pese a todo el caos,
pese a todo el ruido,
todo carece de un rumbo, de una dirección, de un intento furibundo de escapar al frío
de la eternidad
apagándose
lentamente.
No sé cómo hacer para mantenerme cuerdo.
Cuando todos los locos miran al dedo,
solo el enfermo cuerdo comprende en qué consiste el cielo.
¡Qué infierno!
Consumiéndose el tiempo entre los dedos,
apagándose como si quedasen esperanzas entre las llamas.
Ya no sé lo que quiero,
pero solo quiero ser un extranjero en el suelo ajeno,
efímera inexistencia habitando en el no lugar de donde nunca discurren los relojes deshaciéndose
en la fina línea que divide las pesadillas de los sueños.
Solo permanece el vacío
y el martilleante y repetitivo repiqueteo del martillo que golpea de lleno en las sienes de este pobre ajeno a la vida que le tocó vivir fuera de sus intentos de mantenerse firme entre la diluida moralidad de un mundo que habita la contradicción de la total ausencia de moral,
posverdad
y ya no tiene razón de ser nada más que no sea la laxitud de la alienante sociedad
pereciendo en este cuento sin contratos y sin paz social
solo quedan mis deudas
conmigo mismo
y con este fatídico intento de mantenerme vivo
cuando no entiendo este camino...
Ya solo quiero salir de este laberinto
-Del pobre loco cuerdo que vive en la extranjería de su propia alma desnaturalizada que nunca encontrará descanso, silencio ni libertad.
Perecer
porque no hay más salidas una vez que te has quedado sin razones para sonreír un día más.-
- Ya solo quiero salir de este laberinto
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