Echaba de menos sentir que tengo la confianza de un peque y poder ayudarles si tienen problemas.
Iago (Petauroak)
Echaba de menos la sensación de que estoy ayudando a los niños, el saber que puedo cuidarlos, que puedo aportarles, que mi lugar aquí es cuidarlos y darles las herramientas que yo no tuve.
Hoy C, una niña con la que estuve hablando todo el día, en el momento de llamadas discutió con el novio y estaba mal. Y cuando fui a hablar con ella habló conmigo, se desahogó, confió en mí... Y es bonito, que alguien confíe en ti es bonito, es bonito que alguien se atreva a ser frágil contigo. Esa confianza... esa confianza que como director no soy capaz de alcanzar con los acampados es lo que más echaba de menos. Porque es ahí, en ese puente que se tiende entre monitor y peque, donde esa confianza te permite romper cualquier barrera y tú puedes contarle tus vulnerabilidades y ella puede contarte las suyas, construyendo un lugar seguro de confianza en el que ambos dais porque ambos recibís y ambos os sentís bien y capaces de hablar de cualquier cosa y ser escuchados.
No tengo las soluciones para los problemas de nadie, lo sé muy bien y tampoco lo pretendo, pero lo que sí puedo hacer es tratar de brindarles todas las herramientas que yo no tuve y que fui aprendiendo a lo largo de los años. Y quizás, entre todo ese aprendizaje, alguna vez, a lo largo de la vida, recuerde alguna de mis palabras y ese acto de recordarlas le permita enfrentarse a situaciones que sin nuestras conversaciones quizás no podría. No busco ser el héroe de nadie, ni siquiera pretendo que me recuerden. No soy de esos monitores. No necesito ser protagonista de nada. Mi única huella, mi única pegada a la que aspiro dejar es que cuando necesiten herramientas, en cualquier momento de sus vidas, tengan un mayor bagaje emocional del que yo tuve y quizás, así, puedan enfrentarse en mejores condiciones a los problemas que nos rodean en esta existencia que se construye en el día a día.
Y todo eso, es todo eso, justo eso, lo que más me gusta de ser monitor. El saber, el sentir, que mi papel aquí está ayudando a las personas que me rodean. Y que aunque no pueda cuidarlas siempre, si las puedo acompañar de forma invisible, de forma inconsciente, en este viaje que es la vida después del campamento.
Porque para lugar seguro ya está este vínculo bonito que construímos entre acampada y monitora.
Y eso, para mí, es lo que más me importa.
A veces está muy bien recordar qué era lo que nos hacía felices de nuestro trabajo.
Gracias C. aunque no me leas. Me has hecho hoy feliz ayudándote a ser un poquito más feliz.
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