domingo, 4 de octubre de 2020

El confín del mundo

El sueño hasta el infinito.
Hasta más allá de los límites.
Hasta más allá de lo inimaginable.
La eternidad,
siempre la eternidad,
como una constante, como una necesidad,
como una meta imposible de alcanzar.

El temor al olvido.
Del silencio.
Del infinito desierto que somos incapaces de dejar atrás.

Allende de las fronteras del ecumené

Un sueño, solo un sueño, llegar más allá que nadie, descubrir todas las maravillas de este mundo, superar los límites... todos los límites. Tantas estrellas en el firmamento... y tan difícil conocerlas todas. Seré el primero en visitarlas todas. Todas. Y cuando las haya descubierto todas, llegaré más allá. Siempre más allá.

No hay límites que no podamos alcanzar. El inmenso y basto mundo que no se detiene, hasta el infinito, hasta donde el sol nace. Desiertos silenciosos. Montañas que arañan el cielo. Llanuras en las que la mirada se pierde hasta el infinito... Siempre el infinito. Como un destino. Como una meta. Como un sueño refulgente que se niega a hallar su final.

Todo prosigue, se reconstituye, se disuelve... El naufragio como única esperanza de supervivencia en este basto vacío existencial que parece no encontrar sitio al que ir. Más allá del horizonte
donde solo habitan los dioses. Hallaré la forma de alcanzarlo
ese sueño
que nos ha unido a todos
hasta la eternidad:
saber que hay más allá,
siempre más allá,

qué hay más allá del alba y del ocaso, más allá de las llanuras y los montes, más allá de la luz y las tinieblas, del bien y del mal, más allá de todo. Solo más allá... más allá de todo lo que nunca jamás pudimos llegar a imaginar.

Si no encuentro la paz,
pues me quedo con la gloria,
lo más cerca posible de la eternidad,
de los dioses,
de la memoria, 
quiero ir más allá de los límites del tiempo, superar a todos aquellos que me han precedido, no quiero caer en el olvido. No quiero caer en el olvido. ¿Es que no podéis comprenderme? ¿Es que acaso no queréis comprenderme? No quiero caer en el olvido...

La única tierra que nos queda es aquella en la que reposaremos por siempre.
La única memoria que nos resta es la de quienes cantarán nuestras gestas.
La única esperanza que arde es la que recuerda la incandescente mirada de la historia.

Sigue.
Sigue más allá.
Sígueme más allá.
No quiero caer. No quiero perder. No quiero ser olvido. No quiero... seré solo una torre del silencio que se mantenga por toda la eternidad en el desierto del olvido,
erguido
incorruptible
para ser descanso,
para ser alivio
de quien un día fue un alma buscando un sendero por el que andar un poco menos perdido.


Es tiempo de cerrar los ojos para esa cuadrilla que ardía en sueños.

Pesadillas meridianas

Cuando llegues al final
a donde la tierra se traga los ríos
como una madre devorando a su hijo
después de haberle dado a luz,
significará que todo se ha acabado:
ya no habrá vuelta atrás
ni lugar al que ir.

La meta largamente perseguida del último viaje
habrá llegado a su fin.

Cenizas consumidas

La mirada abrasada en un desierto de asfixiante hielo que todo lo arrasa, mientras la arena convierte el onírico infierno de hirviente tierra quemada en una tierra yerma en la que solo habita el silencio.
Seguir, solo seguir, para no vivir el día de después a la calma, para no vivir la estabilidad, esa estabilidad que ya hemos olvidado incapaces de comprender cómo vivir sin ir siempre más y más allá. ¿Cómo vivir sino? Si no queda otra cosa ¿Cómo vivir? 
Sencillamente ¿Cómo vivir
en este infierno en tierra que es el infinito desierto de la mirada ardiente que todo lo consume a su paso.

Morir
Morir
Morir para seguir.

Morir
Morir
Morir para seguir.

Entre estertores, demonios y fantasmas que devoran nuestras noches, que desgarran nuestros sueños.

Ya no hay cura para los dolores que me atenazan.
Ya no hay cura

Solo esperanza de seguir siempre más allá
Hasta el límite mismo del alma.

sábado, 3 de octubre de 2020

Más allá de todo lo inimaginable

¿Dónde está el límite?
¿Hasta dónde podemos llegar 
antes de tirar por tierra todo lo que hemos intentado conseguir?

No lo sé.
Puede que nadie lo sepa.
Simplemente dejarse llevar
como la marea
que llega a ninguna parte
en un desierto de tinieblas y fantasmas
donde el viento glaciar
me devora por dentro
hasta volverme loco,
hasta volverme simple y llanamente loco
y no pueda ya mirar atrás.

La patria perdida ya jamás regresará
y ahora solo resta continuar,
siempre más allá, siempre más allá,
hasta llegar a ese final que nunca podremos alcanzar,
hasta llegar donde nadie llegó antes,
hasta el límite,
hasta el mismo límite,
siempre un poco más allá
hasta sucumbir
en el fuego
de esta efímera existencia
que arde intensamente antes de apagarse.

Y ya no hay vuelta atrás.

Ya no hay vuelta atrás.

Todo lo que fuimos
lo perdí
por llegar hasta aquí.

Y poder,
finalmente,
seguir.

Solo seguir.

Hasta el límite.

Hasta el fin.

viernes, 2 de octubre de 2020

No te reconozco

Tinieblas de muerte,
destrucción en la mirada,
no preguntes,
no preguntes,
no querrás saber nada.
¿Qué sucede?
¿Qué hay?
Solo un rastro inerte,
solo un rastro de sangre y dolor.

Es solo un sueño

Todo perece
¿es posible la inmortalidad?
Hasta la esperanza se pierde
ante la mínima piedra en el camino
¿por qué no iba a ser igual la vida?