sábado, 5 de marzo de 2016

La poesía se ríe de mí

Y hoy estoy de nuevo aquí
intentando evocar a una poesía
que huyó y se olvidó de mí,
supongo que estaba harta de que la usase
para ti
y decidió marcharse para no dejarse estropear así,
la verdad,
es que yo haría igual
porque para que hagan contigo lo que quieran,
mejor marcharse y seguir viviendo sincera.

Hoy estoy de nuevo aquí,
intentando cultivar la letra,
pero es que yo no soy poeta,
solo copio ideas y las moldeo en mi cabeza
para que parezcan de mi propia cosecha,
solo soy un jugador que intentando llegar a la meta
se pierde y se olvida del camino de vuelta.

Hoy estoy de nuevo aquí,
intentado convocar a la rima,
pero es que ni con ganas
la vida, pisa, pesa y pasa,
y me escupe a la cara
que la culpa es mía por jugar mal mis cartas,
ojalá no haber tenido nunca baraja.

Hoy estoy de nuevo aquí,
intentando convocar una sonrisa,
pero esta -la muy jodida- se ríe con alevosía
y me susurra con picardía
que me largue, que no piensa volver nunca
y que jamás llegará la caricia
en el alma
que me haga volver a sentirla
entre mis manos,
porque me pasaré el resto de mis días
con la ironía 
de vivir en condicional el resto de mi vida.

jueves, 3 de marzo de 2016

Pedazos de un infierno (VIII)

Tu cabeza es un infierno
y yo un demonio,
ven conmigo de la mano
y ardamos juntos de espaldas al cielo.

Te fuiste y aquí estoy yo, intentando que se note poco que te llevaste parte de mi alma

Echo de menos escribir sin sentido, perderme en la rima, cultivarla y mecerla, echo de menos escribir mientras los dedos eligen las teclas que pulsar sin que sean determinadas por un cerebro automático que no logra salir de los ritmos asfixiantes de una realidad alienante.

Echo de menos volar y sentir, siento que falta algo y no sé el qué, echo de menos viajar y eso que hace menos de 2 meses de mi último viaje, pero ya es demasiado tiempo para mí, no sé, puede que nunca logre encontrar el camino correcto para ser feliz. Mientras tanto aquí estoy; en una noche cualquiera; escribiendo cosas que no verán la luz (o que sí, quien sabe, nunca hay que fiarse).

Suena la música de fondo, no reconozco la melodía, pero suena pegadiza, a uno de estos típicos hits del verano que suenan en todos los bares, pero yo solo estoy atento al ruido del portátil mientras el humo del último cigarro forma un remolino que va ascendiendo hasta el techo y se pierde por alguna de las rendijas de esta fría casa.

El reloj, con sus manecillas, marca el ritmo del tiempo, el paso de la vida, y la noche avanza mientras pienso que debería acostarme; en menos de 5 horas debo estar de pie, pero hace tiempo que soy un zombi y ya no me guío por los mismos ritmos de antes; puede que ese sea el problema.

En la ventana se ve un mísero patio de luces que de luz tiene poco a estas horas, el cielo está negro y Coruña huele a muerte y suena a tumba, ni siquiera las gaviotas rompen con sus estridentes chillidos la afilada hoja de la noche.

Abajo, debajo justo del ático en el que estoy, oigo pasos; debe de ser alguno de los compañeros de piso, aunque tú, quien más me importa, hace tiempo que ya no estás aquí y tu presencia ha quedado impregnada en todos los rincones, desde los libros con tu olor hasta las sábanas que empapamos mil veces haciendo la pasión mientras el amor se quedaba en el colchón; ya luego de un polvo es más fácil decirnos "te quiero" mirándonos a los ojos (aunque fuese mentira).

Intento ver a través de la oscuridad, pero ni siquiera así soy capaz de distinguir dónde estás, no reconozco esa casa en la que habitas ahora ni esos labios que besas como besabas los míos mientras entre saliva y lengua se colaba algún mordisco -en la oreja izquierda-.

Intento ver a través de la oscuridad y solo veo recuerdos, recuerdos que no sirven ni para llenar la lata de cerveza vacía que ahora sirve de cenicero. Está tan vacía que ni llega para llenar de metáforas propias este texto, toda la obra es construcción de Escandar; aclaro esto por si algún día, por algún azar del destino, termina en este blog de mala muerte en el que ahogar las penas y pillar alguna enfermedad del alma, de estas que son crónicas y no tienen cura.

El reloj sigue marcando su ritmo, ajeno a todo esto, y es gracioso, porque nunca he tenido reloj en este piso, al menos un reloj que no haya sido digital siempre. El reloj que marcaba los segundos con un tik tak sonoro está en casa de mis padres, a salvo de ver como el tiempo se desintegra entre mis manos sin que él pueda hacer nada para evitarlo. Allí están ahora también todos los libros mil y una vez subrayados; como si gracias a eso estos dedos fuesen a impregnarse de conocimientos y de juegos de palabras; pobres ilusos, se creen que la magia crece en las palabras cuando la poesía nace del corazón. Pero oye, nadie dijo que el mundo fuese asumible para todos, y mientras unos entienden el funcionamiento del universo, otros se limitan a entender la chispa del alma. ¿Y yo? yo me limito a no dejarme morir por desidia de la esperanza, lo cual, a mí entender, es una noble azaña en este mundo de frenético consumismo en el que nunca se mira al qué pasará mañana.

* * *

Son ya las cuatro y en 5 horas me levanto de cama; así que miro al patio de luces sin luces e intento descifrar mi futuro entre la oscuridad; me fumo la última calada, y mientras el humo se pierde con desgana, termino estas líneas, cierro la pantalla y pienso: Que no estoy tan mal si todavía alguien logra ver brillo en mi mirada.

lunes, 22 de febrero de 2016

Verde turquesa bañado en amarillo

No sé descifrar, lo siento
cuando junto, mis labios con los tuyos
y te beso.
Con deseo,
y ganas de parar el tiempo.

Y no lo entiendo,
qué es ese sentimiento
que siento
cuando me haces confundir tu susurro con el viento.

Que hace que me sienta tan especial,
Como cuando estamos en cama y hacemos el otoño eterno,
con tu calor veraniego y mi invierno interno.

Y escribo esto
y en realidad te imagino aquí
aunque estés lejos
mientras hacemos poesía sin miedo
y en la cama descubrimos nuestros cuerpos.

Mientras es un me besas te beso,
en la espalda y en el cuello,
y noto como mi cuerpo entra en posesión del deseo.

Unos dirán que es sólo sexo
pero yo sé que en esa mirada hay mucho más que deseo
porque mientras te observo
a los ojos
me estremezco
por todo lo que siento.

Y mis pupilas se dilatan,
al ver como
me desnudas el alma
entre sonrisas susurradas
con las manos enlazadas.

Y yo
al ver tus mejillas
encendidas
sonrío
como quien se descubre enamorado de su amigo
y te escribo al oído
que ojalá seguir soñando siempre contigo.


A dos bandas (Luriales y Petauroak)

Cualquiera puede excitarte, pero no todas las personas logran erizarte la piel.

Cualquiera puede excitarte,
pero no todas las personas logran erizarte la piel;
no es lo mismo un beso que un atardecer
ni ese brillo en tus ojos cada vez que me vuelves a ver.

Cualquiera puede excitarte,
pero no todas las personas logran erizarte la piel;
supongo que por eso mis orgasmos en la cama
son algo del otro mundo,
una sensación de placer que no entiendo ni escribiéndolo en papel.

Cualquiera puede excitarte,
sí,
pero si hay algo claro
es
que no todas las personas logran erizarte la piel,
no sé cual es el secreto,
pero no es lo mismo sexo que placer,
ni deseo es lo mismo que versarte la piel.

Cualquiera puede excitarte,
pero no todas las personas logran erizarte la piel;
supongo que eso se lo dirás a todas,
pero yo sé que soy especial,
porque los escalofríos que siento
no podrían ser verdad
si por el medio no hubiese tanto sucio deseo,
puro amor y sinceridad.

Cualquiera puede excitarte,
pero no todas las personas logran erizarte la piel;
aunque creo que nuestro secreto es plantarme
frente a ti
y mirarte
hasta desnudarte
por dentro
y por fuera,
y escribirte
en cada pliegue de piel
que esto es una carrera
y que o corremos los dos
o se queda ninguno fuera,
porque aquí hay premio por participar
aunque sea solo un beso en la mejilla izquierda.

[Y vaya besos,
he visto a gente tener miedo por menos,
supongo que si te viesen como yo te veo
pensarían que no está tan lejos el cielo.]

Cualquiera puede excitarte,
pero no todas las personas logran erizarte la piel;
y aquí me ves
soñando con tener
algo contigo
de nuevo,
como escribíamos ayer,
ojalá empapar la cama
y teñir la almohada
de azul turquesa
juntos,
esta vez.

Cualquiera puede excitarte, 
pero yo no sabía hasta que te conocí
que el otoño es mágico,
la lluvia poesía
y el sexo...
una melodía
que ojalá,
joder, 
saber definirla.

Cualquiera puede excitarte, 
pero hasta que te sentí
no supe que no todas las personas logran erizarte la piel,
o al menos
no a mí.

domingo, 21 de febrero de 2016

Hoy he roto un lápiz, y se me han roto muchas más cosas de las que pensaba

Hoy he roto el lápiz
parecía fácil
partirlo como se parten la espalda
los que trabajan
por no tener cartas en esta baraja.

Hoy he roto el lápiz
y mi poesía se dio a la fuga
con una cutre excusa
sobre cómo la luz dibuja
tus pupilas dilatadas
por la burbuja de amor y esperanza.

Hoy he roto el lápiz
y ya no hay semilla
para soñar con un día
en el que la autoestima
vuelva a brotar
y deje de determinar mi vida.

Hoy he roto el lápiz
y me perdí
a mí,
a ti,
a la rima
y al humo del hachís
entre el que veía este cielo gris,
ojalá
atrapar la felicidad desde aquí.

Hoy he roto el lápiz
y el miedo al folio blanco y borrón negro
de arrancar página y abrir cuento nuevo
es un secreto a voces, y con celo
guardo mi mirada de color ciego,
"temo que la lluvia me haga viejo"
y perderme a este lado del espejo.

Ojalá,
fumarme los sentimientos
con una nueva dosis de deseos,
mientras que ágil
me paso la vida en modo fácil;
y desde lejos,
creo que hoy he roto el lápiz,
por falta de sueños.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Mi alma tiene fecha de caducidad

¿Qué es este castigo
divino
que por más que escribo
no consigo huir del destino?

¿Qué es este tormento
constante lamento
que pienso
que no podría tener final?

¿Qué es esta presión del alma
que me espanta
y me apaga la llama
y me impide morir en paz?

¿Qué es esto?
¿Qué he hecho para merecerlo?
Ah,
ya me acuerdo,
pensé que podría volar y soñar
y ahora me doy cuenta
de que solo fue vanidad.