jueves, 12 de noviembre de 2020

Carta sin destinatario en la distancia

A veces tengo la impresión de que escribo buscando respuestas a preguntas que realmente nunca me atrevo del todo a formular, quizás por miedo de encontrar senderos que no puedo o no debo seguir, o caminos que directamente no tengo la valentía suficiente para perseguirlos. Quizás simplemente loco y perdido me siento más cómodo en el pozo de oscuridad que con los años me he construido y no me atreva a mirar más allá de esas pocas miradas que logran perfilar mi silueta bajo la luz de esas vidas que se empeñan a seguir a mi lado. Tengo la sonrisa bonita, siempre me han dicho, cuando me atrevo a blandirla ante los reveses de la vida. Sin embargo no siempre estoy seguro de contar con las fuerzas suficientes para hacerlo, no lo sé. Ciego y perdido en el país de los sordos solo consigo perderme una y otra vez sin retorno.

Por desgracia, hay una frase que se repite constante desde ecos lejanos de un pasado de niebla en blanco y negro: Quien no sabe a dónde va, no puede llegar a ninguna parte. Y esa frase me araña desde la más tenue superficie, consciente de la razón que esconde, reafirmándose en que tras tantas escaleras descendiendo todo se nubla de buena intenciones.

Y sonrío, porque perdido y herido, sigue habiendo, por algún motivo que se me escapa, gente que se atreve a tenderme la mano, por muchos desastres que arrastre a mi paso, por muchas cenizas que queden tras mi sombra, por mucha sangre y cicatrices que arrasen todo lo que un día fue hogar.

Y sonrío. Porque a pesar de todo, resisto. Gracias a gente que sigue viéndome brillar. Y con eso basta, para no estar tan perdido. Y es que probablemente no esté tan mal mientras tenga una mirada en la que verme reflejado.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Mirada que guardar en la retina bajo el sueño

Me he ido

como un tren nocturno de larga distancia

que pasa de largo

sin apenas haber tenido tiempo de observarlo

en medio de la escarcha

de este invierno de soledades

que es el fuego ardiendo

lejos de donde ser aliento

para sobrevivir al paso del tiempo

sin llegar del todo a comprenderlo:

salitre salvaje en el pecho.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Nada queda ya, Rey de Reyes (otra versión)

Nada queda ya, Rey de Reyes,

solo un basto imperio consumido por la traición y los demonios,

y mientras los últimos rastros de vida se apagan

observa en silencio todo lo que un día fue tuyo.


Nada queda ya, Rey de Reyes,

es hora de partir.

Nada queda ya, Rey de Reyes

Nada queda ya, Rey de Reyes,

solo un basto imperio en ruinas

consumido por la traición y los demonios,

el infinito y solitario desierto será tu templo,

y mientras los últimos rastros de vida se apagan

observa en silencio todo lo que un día fue tuyo.


Nada queda ya, Rey de Reyes,

es hora de partir.

Viaje a gadir (II)

Refugio de los héroes
acércate a mi luz
dame la mano
tiéndeme la virtud
de una vida consumida
por la esperanza y los sueños.

No hay paz,
no hay gloria,
solo infinito desierto
hasta donde la mirada asoma.

No llores,
levántate,
no llores,
levántate,
solo mira:
verás que caminar hasta el final por siempre jamás es la mayor de todas las ruinas derruidas.

Viaje a gadir (I)

Noche de los tiempos
incansable luna distante
consonante mirada que todo lo ilumina,
silenciosa mirada
consumida en las cenizas como flor entre las ruinas
llamas de los dioses
sueños sagrados
bajo tumbas de noche
milenarias figuras sepultadas,
nada resta, nada descansa,
entre la silenciosa calma del desierto del alma.

Hacíamos camino

Los trenes pasan
mientras el camino
hasta el infinito no encuentra
lugar hacia el que ir
y vaya viaje que nunca se acaba,
mochilas a la espalda,
ardientes miradas,
solo éramos dos chavales con un mapa
y unas incansables ganas
de llegar siempre más allá
como esas llamas que no se apagan
hasta deslumbrarlo todo con su resplandecer,
solo ser, sin perecer,
en estas vías hasta el atardecer,
eternas almas que no se cansan
hasta tener el viaje entero de nuevo a sus pies.