A veces miro al vacío y el vacío me devuelve la mirada,
sin saber qué busco, encuentro respuestas dependiendo del momento vital en el que me encuentre: estos días
el horror vacui me habla de las relaciones.
De las relaciones y de las casas.
Espacios de memoria colectiva construidas en base a las vivencias de unos pocos individuos, las muchas de las veces apenas solo dos, pero que guardaban en su interior todo un mundo de arte, historia y arquitectura. Un poco así son las casas también. Un poco como las relaciones.
Y cuando todo tiembla y parece venirse abajo, pienso en que nos dejamos engañar por las películas, las series y los libros, por esas discusiones interminables de horas y horas que tiran todo abajo,
lógicamente,
y que parece imposible luego ya de reconstruir.
Pero eso es más del mundo de la ficción que del mundo real. Porque en el mundo real, las cosas son muy diferentes. Lo más peligroso no suele ser la explosión, el estallido....
* * *
En ocasiones lo más peligroso no es el estallido,
muchas veces, la mayoría de las veces, la verdad, lo más peligroso son las grietas,
esas pequeñas fisuras que lo van resquebrajando todo poco a poco, muy poco a poco,
como hiedras venenosas que se cuelan entre los restos de un edificio,
como esas sombras que al caer la noche lo invaden todo y nuestra imaginación se encarga de dotar de vida.
Es eso, y no otra cosa, lo más peligroso, siempre es lo más peligroso. Porque una pared caída se puede levantar de nuevo, porque un techo que se hunde se puede sostener con un tabique, pero ¿esas grietas? Esas grietas lo devoran todo como termitas destrozando por dentro la madera, y antes de que te des cuenta,
tienes una casa en ruinas, a punto de derrumbarse, que se sostiene solo por la propia presión que ejerce esa misma hiedra venenosa que creció entre las hendiduras y que ahora sostiene el peso de los muros.
Y ahora eso está vivo,
pero cuando muera...
cuando muera y se pudra todo se hundirá por su propio peso
y no quedará nada más que restos y polvo de lo que un día fueron esas paredes que antes todavía contaban sus propias historias y ahora han pasado a formar parte de la memoria colectiva de la historia.
* * *
Polvo, restos, escombros y añicos.
Como una relación que no supimos cómo,
pero que poco a poco se apagó
porque ya nadie sabía cómo tapar
esas pequeñas grietas y fisuras diminutas que lo cubrían ya todo
hasta que todas se conectaron
y solo escuchamos el estallido
de un edificio que se desploma.
Sepultando todo lo que ahí había.
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