Creo que este verano de director ha sido un verano de experiencias, de altibajos, de baches, de buscar equilibrios, de tratar de encontrarme y encontrar el punto en el que poder ser director y monitor.
No ha sido fácil, no ha sido sencillo. Tampoco ha sido complicado. No sabría bien explicarlo. Creo que la clave ha sido la búsqueda constante, la exploración constante, el intentar hacerlo lo mejor posible con las herramientas que tenía y con los equipos que me tocaron.
Existe además un gran contraste entre Vilariño y San Simón.
Vilariño fue lo fácil, lo sencillo, un equipo cohesionado, un equipo más afín a mí, no perfecto, pero sí más acorde con tratar de cuidarnos unos a otros. La gran lástima es que yo a Vilariño llegué cansado, muy cansado, me costó coger ritmo de director, encontrar el equilibrio. Mucho en sala monis, mucho papeleo, mucho faltar a actividades. Y al mismo tiempo estar en muchas actividades, tratar de dar descansos a mis monitores, de no cargarlos, de cuidarlos. A veces estaba, a veces no. Menos de lo que me gustaría, más de lo que esperaba. Quizás ahí estaba esa búsqueda de equilibrio que creo que no conseguí, pero que pude disfrutar. A mí modo. Con mi realidad actual de emociones apagadas, de dificultades para conectar, de incapacidad para ser feliz.
Y luego San Simón, una quenda 1 sencilla y complicada a nivel humano. Afrontar la expulsión de R. fue duro, muy duro. Un duro golpe que arrastro muchas veces. Podría haberlo hecho mejor, y no supe. Aprendí. Eso me digo. Pero ¿a qué costo?
También San Simón ha sido la dificultad a nivel equipo, un equipo con fricciones, con distancias, con grupitos, con poca comunicación. Y yo, ahí, tratando de hacerlo lo mejor posible, de mantener esa tensión cohesionada mínimamente, de tender puentes. A veces pude, a veces no. Me llevo esas dos derrotas, esas dos sensaciones agridulces: no le di a M. las prácticas que merecía, no a nivel equipo humano, no lo conseguí; y no pude mantener a R. en el campamento. Remé a contracorriente... y no me arrastró, pero tampoco conseguí llegar al puerto que quería. Acabé en una orilla cualquiera, pero no la que quería. Supongo que no siempre se puede.
También aprendí. Aprendí muchas cosas. Tras casi 40 días de campamentos conseguí encontrar en esta quenda 2 y 3 el equilibrio casi ideal. Descansar muy poco, pero disfrutar mucho más. Ser director, llevar mis responsabilidades más o menos al día, y a su vez disfrutar de los peques, acompañarles, darles herramientas, descubrirles quién soy, descubrir quiénes son.
Podía haberlo hecho mejor. Pero lo hice lo mejor que pude.
Muy poco como querría.
Un poco como me permitió la situación.
Ni tan mal, ni tan bien. Ni poco ni mucho. Equilibrios...
Equilibrios...
En eso consiste todo...
Creo que lo hallé.
A solo una quenda ya de acabar el verano creo que lo encontré. Y quizás, mantenerme con tanta energía, con tantas ganas, con tantas fuerzas para los peques... sea la mayor victoria. O así lo creo.
Y el campa se mantiene en pie. Y los incendios todavía no lo han devorado todo.
Quizás todo siga en pie 8 días más.
Y yo pueda disfrutar con los peques y dirigir. 8 días más.
No sé si lo repetiría. Creo que ahora mismo no. Pero aprendí mucho. Creo que también crecí. Y me llevé mucha experiencia.
Y sobre todo
conecté
conmigo,
con los peques,
con el campa,
con lo que poquito a poco me permita volver a sentir y ser feliz.
Y todo eso basta.
Supongo.
Dejar de sobrevivir para volver a vivir.
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