miércoles, 7 de octubre de 2015

Destruirse-reconstruirse

Lo difícil es destruirse a uno mismo para reconstruirse de nuevo.

Lo difícil es destruirse a uno mismo para reconstruirse de nuevo.

Lo difícil es destruirse a uno mismo para reconstruirse de nuevo.

Lo difícil es destruirse a uno mismo para reconstruirse de nuevo.

Que fácil es decir esas 11 palabras una y otra vez, y que difícil es llevarlas a cabo.

Lo difícil es destruirse a uno mismo para reconstruirse de nuevo.

Ya te digo que es difícil.

¿Cómo puede uno destruirse a si mismo sin perderse luego por el camino?

¿Cómo puede uno adentrarse en la oscuridad, en su propio infierno y lograr salir de nuevo sin perder su esencia?

¿Cómo puede uno sumergirse en las tinieblas del corazón sin extraviarse en las profundidades de estas?

Poca gente es capaz de realizar esa ardua tarea: Perderse en la propia oscuridad del individuo para luego renacer de entre las tinieblas, brillando con una luz nueva y hasta entonces desaparecida.

Es el camino del héroe, ese que estudió Campbell, en el cual el héroe debe ir superando pruebas y adentrarse en su propia caverna para renacer más poderoso que nunca después de haberse enfrentado a sus miedos.

Es el camino del héroe, aunque no es sólo eso.

Es también el camino del aprendizaje, de la maduración personal y el autoconocimiento; irse perdiendo en uno mismo hasta no ser capaz ya de reconocerte, y en ese momento volver a buscarte con el objetivo de ser nuevamente esa persona que un día fuiste, pero mejor y con más conciencia de ti mismo y tu entorno.

Es el camino de la ruptura del corazón, de romper en mil fragmentos uno a uno todos los trozos de tu corazón, hasta que lo hagas añicos y dejes de sentir, y una vez dejes de sentir volver a pegar uno tras otro todos esos pedazos que un día fueron tu corazón.

Lo difícil es destruirse a uno mismo para reconstruirse de nuevo.

Qué difícil es llevar eso a cabo.

Qué difícil es descubrir la oscuridad que habita en tu propio corazón; que difícil es darle la mano y no sucumbir ante su poder; que difícil es adentrarte en tu propio infierno y no desaparecer en él.

Es difícil, ya lo creo. Pero más difícil es luego volver.

Más difícil es buscar la luz que está escondida entre tanta tiniebla; más difícil es dejar de darle la mano a la oscuridad para volver a dársela a la luz; más difícil es dejar el infierno y aventurarte en el viaje hacia el cielo, hacia la luz, hacia el renacer.

La gente teme a la oscuridad, no la comprende, no la entiende, no la abraza; pero al mismo tiempo la gente no es capaz de ir hacia la luz, tampoco la comprende, tampoco la entiende, tampoco sabe como abrazarla; y en esa situación, sin luz y sin oscuridad, la gente se pierde y queda atrapada en un estado de miseria moral, de miseria terrenal y de miseria espiritual; queda atrapada en un estado de duermevela del que no saben salir y en el que quedan condenados a vagar.

No se si es más difícil bajar hasta el infierno o salir de él. La entrada está protegida ante los cobardes, pero la salida está sellada contra los valientes; de modo que sin valentía ni cobardía no hay forma de entrar o salir.

No sé si es más difícil adentrarse en el propio infierno personal o escapar de él; lo que si sé es que deja marca en el cuerpo, deja marca en la piel. Un esfuerzo moral y espiritual tan fuerte deja huella en la piel, deja una marca que jamás desaparecerá, un sello que permanecerá como muestra de tu hazaña para recordarte por el resto de la eternidad que lograste entrar y salir del infierno sin olvidarte a ti mismo, sin perderte por el camino.

Quizás eso es lo más difícil, entrar y salir sin perderse, porque cuando los recuerdos que están dormidos en tu interior despierten, tal vez dejes de ser quien eres; porque cuando te destruyes a ti mismo existe el riesgo de que te olvides de reconstruir todas las piezas y pierdas alguna por el camino, quedando para siempre atrapado en esa zona intermedia que es el limbo, en ese purgatorio personal que es el estado de duermevela.

Quizás lo más difícil es entrar y luego querer salir, o quizás afrontar la marca que quedó grabada a fuego en tu pecho, como un sello que de ahora en adelante guardará y protegerá cada uno de los fragmentos de tu corazón reconstruido, como una marca protectora frente a tus propios demonios que un día te atemorizaron.

Quizás lo más difícil es bañarse en la oscuridad para luego aflorar en la luz, pero siempre es más reconfortante luchar que permanecer en la puerta del limbo por siempre jamás.

Quizás lo más difícil es habitar el infierno para luego subir al cielo, pero siempre será mejor que habitar en el purgatorio por toda la eternidad.

Quizás lo más difícil es replantearte todo para luego aprender, pero siempre es mejor eso que continuar viviendo engañado sin darte cuenta siquiera de ello.

Quizás lo más difícil sea respetarse y aceptarse a uno mismo después de tantos errores y heridas, pero siempre es más valiente eso que vivir con miedo de uno mismo.

Quizás lo más difícil de todo sea asumir el reto de vivir aprendiendo o quizás lo más difícil simplemente sea aprender a vivir, pero siempre será mejor que quedarse de brazos cruzados asumiendo un papel que no va contigo.

Quizás en el fondo todo es difícil.

Quizás al final no hay nada fácil.

Quizás...

No sé que es más fácil o el qué es más difícil, quizás todo dependa de ti mismo, pero...

Quizás lo difícil es destruirse a uno mismo para reconstruirse de nuevo.








En más de una noche la vida agobia

"La vida me agobia",
lo escribo con un rotulador rosa,
la primera nota de voz que encuentro a mano
como un grito del pasado
que me asfixia.

Poca cosa,
dirán,
pero yo estresado apago el whatsapp,
quien pudiera poner en modo avión
el corazón
para así olvidarnos de sentir por un rato.

Las cartas ya no llegan al buzón,
la mente se perdió sin remedio
no recuerdo
si fue entre el tercer o quinto polvo
o quizás en el cuarto porro.

Que más dará.

Total
el cigarrillo sigue en el cenicero
consumiéndose sólo,
con un murmullo
lento y pausado:
"¿Me has oído?
He dicho que la vida me agobia."

Apago el buzón de voz,
puede que mañana lo encienda,
pero hoy toca borrón y cuenta nueva.

Y mientras
en una pared
el susurro de una pintada:
"viva lo aleatorio".

Grita el viento mientras me recuerda
que la vida sin ti me agobia,
colega.

martes, 6 de octubre de 2015

Sul, azul e bacallau

Sopra un vento de nordés que pon os pelos como escarpias ó máis valente.

En días como o de hoxe só podo acurrucarme na miña póla agardando a que a tormenta escampe e poida de novo saír a dar os meus paseos habituais polo bosque.

Nestes días de tormenta o ceo cárgase de pensamentos pretos e a néboa invade todos e cada un dos recunchos do alma, até deixala completamente esnaquizada no que era.

Disque é cousa do clima e que os mandrís non servimos para bosques tan chuviosos. Non sei, a min no me preguntedes que é a primeira vez que estou tan lonxe da miña sabana.

Había veces que fóramos ó sul de España, a unha praíña na que todos os rapaces cando andaban na bicicleta silbaban unha melodía extraña e dicíanme: -Non ves que azul está o verán?

E eu non comprendía nada, porque azul é o outono coa súa melancolía; o verán é cálido, non azul. Pero quen sabe, quizais os humanos son daltónicos e non entenden destas cousas das cores.

A cuestión da que estaba a falar é: cando chegas ó super e queres comprar unhas bananas... pagas con peniques ou con pedriñas? Porque o outro día dixen que quería un prátano e déronme unha mazá, e pensei eu: Aínda vai ser cousa do idioma e por iso non me entenden cando pido de cear un pouco de bacallau.

Se es que andan as cabezas moi toulas. Estou de seguro que iso é porque a xente reflexiona pouco sobre o universo.


22-01-2015

Disque os mandrís non servimos para rimar

As veces simplemente déixome levar,
como un río descendendo até o mar.

As veces só permanezo inquedo,
inquedo permanezo as veces,
por sentir o tempo na miña pel
cando me di "marcho, que teño que marchar".

E logo? Agora eu que fago?
Na miña póla ó lonxe
inúndame a saudade
e só podo esfumarme nos tragos
mesturados con fumes de cores.

Fumándome a distancia
e esperando que o tempo me leve,
contando as paredes da estancia
a golpes de folerpas de neve.

As veces só me deizo levar
e é o vento o meu guiar.
As veces só podo pensar
e na miña póla ver todo pasar.


22-01-2015

jueves, 1 de octubre de 2015

Te arrepientes

Y te arrepientes de cada ficha jugada, de cada partida inacabada, de cada riesgo que corriste en algo que no llegó a nada.

Y te arrepientes de abrirte, lo temes, le temes; a lo que pueda decir, a lo que pueda contar, a lo que pueda saber quien un día te supo interpretar.

Y te arrepientes de haber dicho lo que sentías, de haber demostrado quien eras, de haberte hecho vulnerable, de ser vulnerable, de poder ser vulnerable.

Y te arrepientes; te arrepientes de tantas cosas que sólo queda tirarlas a la basura e intentar olvidarlas para que nadie nunca las desentierre de esa fosa común que es la caja de los sueños.

Y te arrepientes, y te seguirás arrepintiendo, y normalmente podrás con ello y sonreir a la vida como si no pasase nada, ignorando al resto mientras intentan sepultarte. Pero hay días que no, hay días que no puedes y que sólo querrías quedarte en casa a llorar, pero eso no va contigo, así que sólo te queda pulsar estas teclas de forma mecánica como estoy haciendo yo ahora.

Y te arrepientes, y lo seguirás haciendo aunque no quieras. Porque un día mostraste tus sueños a alguien en quien ya no confías, en quien ya no te atreves a confiar por miedo a ser vulnerable.

Y te arrepientes, y no te quedará otra que seguir, a pesar de las heridas, a pesar de los puñales.

Y te arrepientes, aunque siempre te quedará el recuerdo de esos labios con los que compartiste esperanzas y sueños íntimos en el lenguaje de los besos mientras te olvidabas de todo de lo que te arrepentías.

Y te arrepientes, aunque eres consciente de que no siempre será así, quizás algún día puedas largarte y dejar atrás a todos los que un día quisieron herirte.

Y te arrepientes, y todos lo haremos, porque ese es nuestro papel en esto que llaman sueños.

Y te arrepientes, aunque siempre te sigan quedando el regusto de esos labios con sabor a libertad.

Y te arrepientes.

Y te arrepentirás.

Pero...

¿De verdad te arrepientes?

Amarga soledad

No dejo de pensar en ti
y en ese polvo que echamos,
puede que la despedida fuese fría,
pero follándote me calenté demasiado.

Y hoy te dedico esta paja,
la de ayer, y la de pasado,
igual que todas estas noches
en las que odiándote no te doy olvidado.

Sucio vacío

I

Y te sientes como un muñeco,
tirado en cualquier lado
y hastiado.

Y sabes que se repetirá el cuento 
porque callado 
irás detrás de ella con el rabo levantado.


II

Y te sientes sucio,
aburrido y hastiado,
lleno de semen en la mano
y sin ganas ni de limpiarlo.

Y te sientes cansado, 
cínico y engañado,
porque ni una paja
sirve para revivir el recuerdo del que anclo.