Todos los caminos se deshacen
como el papel entre las aguas,
jamás creímos en encontrarnos
y ahora deambulamos sin rumbo ni esperanza.
La libertad de elegir nos confundió
y soñamos futuros perdidos
bajo el oleaje del tiempo
como caballeros sin cabeza que enarbolan recuerdos.
Los puños levantados se han caído
y por las esquinas vislumbramos
a quien no queremos ver
bombeando vida a través de los brazos.
Callamos
para no hundirnos en el fango
y sin saber cómo
el pasado nos ganó la partida.
Los asesinos de sueños son los mismos
que aquellos que aprendieron a pisar el suelo
con fuerza
nos desplomamos faltos de interés.
El sol se diluye en nubarrones
de tinta que difuminan
los desdibujados
amaneceres del mañana.
(Pero)
(Solo pero)
El ayer ha tomado forma
y se oyen cánticos de utopía
y la esperanza y la luz
y el valor y el conocimiento
y el amor y la amistad
parecen guiar el porvenir de un atardecer marcado
por los destellos de tu mirada sabor libertad.
viernes, 20 de julio de 2018
sábado, 14 de julio de 2018
El número 13 da buena suerte
Vuelve a no ser martes ni 13
y yo me siento frente a este teclado
y me dejo llevar por las olas de tus manos
meciéndome los dedos,
acariciando mis brazos,
sintiendo el tacto constante del calor de tus labios
acunándome en el agua como un vaivén de besos versados.
No es martes,
no es 13,
pero yo echo cuenta de todas las veces que nos reímos
y no me llegan los números para cuantificarlo,
no me llega la existencia para relatarte todos los pasos caminados
juntos hacia el atardecer a tu lado.
Vuelve a no ser martes ni 13,
pero vaya suerte la mía el de haberme topado con tu magia,
con tus casualidades,
con tu mirada
que lo dice todo
sin necesidad de palabras;
vaya suerte la mía
y el azar
y las probabilidades
de todo lo aleatorio
que me ha llevado hasta tu magia,
tu sonrisa,
tu arte por hacernos vivir cada día.
No es martes,
no es 13,
ni te tengo durmiendo a mi lado,
ni estás frente mía observándome,
pero estás a mi vera
y estás en mi espalda,
estás en mi pecho,
y estás en mi alma,
siempre siempre cuidándome.
y yo me siento frente a este teclado
y me dejo llevar por las olas de tus manos
meciéndome los dedos,
acariciando mis brazos,
sintiendo el tacto constante del calor de tus labios
acunándome en el agua como un vaivén de besos versados.
No es martes,
no es 13,
pero yo echo cuenta de todas las veces que nos reímos
y no me llegan los números para cuantificarlo,
no me llega la existencia para relatarte todos los pasos caminados
juntos hacia el atardecer a tu lado.
Vuelve a no ser martes ni 13,
pero vaya suerte la mía el de haberme topado con tu magia,
con tus casualidades,
con tu mirada
que lo dice todo
sin necesidad de palabras;
vaya suerte la mía
y el azar
y las probabilidades
de todo lo aleatorio
que me ha llevado hasta tu magia,
tu sonrisa,
tu arte por hacernos vivir cada día.
No es martes,
no es 13,
ni te tengo durmiendo a mi lado,
ni estás frente mía observándome,
pero estás a mi vera
y estás en mi espalda,
estás en mi pecho,
y estás en mi alma,
siempre siempre cuidándome.
Como esa mamá pollito
que no deja que a los suyos nada le pase.
domingo, 8 de julio de 2018
Camino por los años bajo destellos de salitre reflejados en el mar de los recuerdos
Estoy frente a esta ventana de Monte Alto de nuevo y no puedo evitar hacer recuento de momentos, de instantes, de años, de vivencias, como cuando me quedaba en junio en esta casa, en casa de la Yaya y me iba por la mañana a la playa un rato en camiseta de tirantes y las chanclas, la toalla al hombro y una bolsa de tela para meter el reloj. Y me iba a la playa mientras la Yaya preparaba la comida, y me daba un chapuzón y buceaba
en esa agua tan clara y fría que es el Orzán cuando muestra su faceta tranquila y conciliadora, como invitándote a conocer ese mar que puede ser tan amistoso o irascible, pero siempre muy mágico.
Y luego del baño me secaba y aún con el pelo revuelto y goteando subía de vuelta para casa, toalla al hombro, bolsa de tela y camiseta de tirantes con chanclas, mientras escuchaba alguna canción veraniega como esa que me gusta tanto de Tierra Santa o la de One Direction que invitaba a vivir mientras fuésemos jóvenes. Y eso hacía.
Y al llegar a casa la Yaya me recibía en la cocina con un susto, pues nunca se esperaba que ya llegara y qué pronto que has llegado y yo qué hombre, que ya son casi las 3 y ella buena hora para comer. Y nos sentábamos a la mesa: filetes empanados y arroz o quizás tortilla de patatas, depende del día, siempre intentaba mimarme mucho. Y al terminar mira qué hora es, hemos comido como marqueses o la otra tonadilla habitual: estoy fartuca.
Y ella quería ya recoger y yo la convencía de ir un rato a la sala a bajar la barriga y enseñarle fotos en el portátil o ver simplemente la tele. Y ella reconocía a la gente que le enseñaba habitualmente y se reía de mis fotos de fiesta y qué cara de interesante que me tienes aquí. Y yo sonreía. Siempre sonreía cuando estaba con ella.
Y luego se iba a recoger para irnos temprano de paseo, a fardar de nieto y tomar un helado en la Torre, como siempre, limón para ella, chocolate y vainilla para mí. Y después reanudábamos la marcha, de aquella no iba tan mayor y tenía más aguante, aunque fuerzas nunca le hayan faltado, y dábamos toda la vuelta al Campo da Rata y bajábamos por Adormideras y subíamos por San Amaro. Y mientras paseábamos hablábamos de todo y de nada, como las mejores conversaciones que hay en esta vida, esas en las que vas hilvanando un tema tras otro sin cansarte y sin darte siquiera cuenta de como iban pasando las horas. Y muchas fotos. Siempre muchas fotos para dejar constancia del momento.
Y subíamos por un lado del cementerio y ya se nos empezaba a hacer cuesta arriba el paseo y nos sentábamos agotados en el sofá: estoy baldada y se reía -muy buen paseo-.
Y un rato de tele para que los pies respiren del esfuerzo y a hacer la cena: Huevo y espinacas o puré con salchichas.
Y ver la tele hasta quedarse dormida y bueno, yo me voy a dormir aunque la compañía sea muy grata.
Y al día siguiente vuelta a empezar, aunque seguramente la convencía de que se viniese a la playa conmigo y nos íbamos a San Amaro y ella se mojaba con su cubito para no tener que meterse entera en el agua y yo la acompañaba y luego me zambullía y nadaba un rato y de vuelta a casa y otro día fantástico.
Ese mismo verano repetimos en agosto esta vez los tres: Brais, la Yaya y yo; era 2014 y muchos sueños por delante. La vida se resumía en reírnos todo el día entre bromas mutuas y paseos y visitas. Cuando íbamos los dos era una semana intensa y seguramente la Yaya tenía que descansar el resto del mes, pero como una niña más se afanaba en seguirnos el ritmo y no quedarse atrás en esos instantes de felicidad.
Playa, casa de las ciencias, casa del hombre, acuario... Tanto daba, la cuestión era hacer muchas cosas aprovechando al máximo los días. Y vaya si lo hacíamos. De eso no hay duda. Y como muestra quedan abundantes fotos y unos cuantos vídeos. Ya dije que ella no se quedaba atrás en nuestros juegos y tal como postureaba en fotos frente al espejo de un ascensor te echaba una batalla de carros cantando la de mi carro me lo robaron y el carro no sé, pero las carcajadas sí que nos las robaba.
Los momentos vividos se guardan bajo llave y basta una pequeña chispa para que salten como un engranaje que parecía oxidado, pero que continúa igual de preparado que siempre. Supongo que eso es lo que me pasa cuando me siento a escribir frente a esta ventana mientras la brisa marina coruñesa hace danzar la cortina y juguetea con los mechones de mi pelo.
La mirada distraída
la sonrisa de niña pequeña
y las buenas noches que nunca faltaban con muchos
muchos
besos.
Y yo que sigo escribiendo cuando puedo frente a esta ventana de Monte Alto
y que con mis letras intento hacerte vívido recuerdo.
en esa agua tan clara y fría que es el Orzán cuando muestra su faceta tranquila y conciliadora, como invitándote a conocer ese mar que puede ser tan amistoso o irascible, pero siempre muy mágico.
Y luego del baño me secaba y aún con el pelo revuelto y goteando subía de vuelta para casa, toalla al hombro, bolsa de tela y camiseta de tirantes con chanclas, mientras escuchaba alguna canción veraniega como esa que me gusta tanto de Tierra Santa o la de One Direction que invitaba a vivir mientras fuésemos jóvenes. Y eso hacía.
Y al llegar a casa la Yaya me recibía en la cocina con un susto, pues nunca se esperaba que ya llegara y qué pronto que has llegado y yo qué hombre, que ya son casi las 3 y ella buena hora para comer. Y nos sentábamos a la mesa: filetes empanados y arroz o quizás tortilla de patatas, depende del día, siempre intentaba mimarme mucho. Y al terminar mira qué hora es, hemos comido como marqueses o la otra tonadilla habitual: estoy fartuca.
Y ella quería ya recoger y yo la convencía de ir un rato a la sala a bajar la barriga y enseñarle fotos en el portátil o ver simplemente la tele. Y ella reconocía a la gente que le enseñaba habitualmente y se reía de mis fotos de fiesta y qué cara de interesante que me tienes aquí. Y yo sonreía. Siempre sonreía cuando estaba con ella.
Y luego se iba a recoger para irnos temprano de paseo, a fardar de nieto y tomar un helado en la Torre, como siempre, limón para ella, chocolate y vainilla para mí. Y después reanudábamos la marcha, de aquella no iba tan mayor y tenía más aguante, aunque fuerzas nunca le hayan faltado, y dábamos toda la vuelta al Campo da Rata y bajábamos por Adormideras y subíamos por San Amaro. Y mientras paseábamos hablábamos de todo y de nada, como las mejores conversaciones que hay en esta vida, esas en las que vas hilvanando un tema tras otro sin cansarte y sin darte siquiera cuenta de como iban pasando las horas. Y muchas fotos. Siempre muchas fotos para dejar constancia del momento.
Y subíamos por un lado del cementerio y ya se nos empezaba a hacer cuesta arriba el paseo y nos sentábamos agotados en el sofá: estoy baldada y se reía -muy buen paseo-.
Y un rato de tele para que los pies respiren del esfuerzo y a hacer la cena: Huevo y espinacas o puré con salchichas.
Y ver la tele hasta quedarse dormida y bueno, yo me voy a dormir aunque la compañía sea muy grata.
Y al día siguiente vuelta a empezar, aunque seguramente la convencía de que se viniese a la playa conmigo y nos íbamos a San Amaro y ella se mojaba con su cubito para no tener que meterse entera en el agua y yo la acompañaba y luego me zambullía y nadaba un rato y de vuelta a casa y otro día fantástico.
Ese mismo verano repetimos en agosto esta vez los tres: Brais, la Yaya y yo; era 2014 y muchos sueños por delante. La vida se resumía en reírnos todo el día entre bromas mutuas y paseos y visitas. Cuando íbamos los dos era una semana intensa y seguramente la Yaya tenía que descansar el resto del mes, pero como una niña más se afanaba en seguirnos el ritmo y no quedarse atrás en esos instantes de felicidad.
Playa, casa de las ciencias, casa del hombre, acuario... Tanto daba, la cuestión era hacer muchas cosas aprovechando al máximo los días. Y vaya si lo hacíamos. De eso no hay duda. Y como muestra quedan abundantes fotos y unos cuantos vídeos. Ya dije que ella no se quedaba atrás en nuestros juegos y tal como postureaba en fotos frente al espejo de un ascensor te echaba una batalla de carros cantando la de mi carro me lo robaron y el carro no sé, pero las carcajadas sí que nos las robaba.
* * *
Los momentos vividos se guardan bajo llave y basta una pequeña chispa para que salten como un engranaje que parecía oxidado, pero que continúa igual de preparado que siempre. Supongo que eso es lo que me pasa cuando me siento a escribir frente a esta ventana mientras la brisa marina coruñesa hace danzar la cortina y juguetea con los mechones de mi pelo.
La mirada distraída
la sonrisa de niña pequeña
y las buenas noches que nunca faltaban con muchos
muchos
besos.
Y yo que sigo escribiendo cuando puedo frente a esta ventana de Monte Alto
y que con mis letras intento hacerte vívido recuerdo.
Que bonita es Coruña en verano
Que bonita es Coruña en verano
y como le faltas tú para sacarle los colores
con tu sonrisa de niña buena
que irradia libertad por San Amaro.
Que bonita es Coruña en verano
con tus abrazos acariciando el Atlántico.
Que bonita es Coruña en verano
y como juegas a las escondidas
con el atardecer de tus ojos
teñido de luz finales de agosto.
Que bonita es Coruña en verano
con tus prisas apurando los años.
Que bonita es Coruña en verano
y como saltas las olas del Orzán a carcajadas
con tu vida contada a través de los sueños
que buceas desde una ventana de Monte Alto.
Que bonita
que bonita que es Coruña en verano de tu mano.
y como le faltas tú para sacarle los colores
con tu sonrisa de niña buena
que irradia libertad por San Amaro.
Que bonita es Coruña en verano
con tus abrazos acariciando el Atlántico.
Que bonita es Coruña en verano
y como juegas a las escondidas
con el atardecer de tus ojos
teñido de luz finales de agosto.
Que bonita es Coruña en verano
con tus prisas apurando los años.
Que bonita es Coruña en verano
y como saltas las olas del Orzán a carcajadas
con tu vida contada a través de los sueños
que buceas desde una ventana de Monte Alto.
Que bonita
que bonita que es Coruña en verano de tu mano.
jueves, 5 de julio de 2018
Madrid será la tumba del fascismo (siempre quise titular algo así y la ocasión lo merece)
Traigo nuevas noticias poéticas sobre mi pequeño bebé en forma de libro.
Tras la presentación de Vigo del 14 de junio llega otra fecha muy especial e importante para mí, veremos hasta dónde nos lleva este camino, mientras tanto os dejo con la noticia:
Gente de Madrid y alrededores, permaneced muy atentos porque el próximo martes 24 tengo el honor y el privilegio de llevar la poesía hasta la capital. El mismísimo Aleatorio será la trinchera esa noche de toda una generación rota que no dejará de luchar nunca por sus utopías.
Si podéis y queréis acercaros os lo agradeceré muy mucho y os daré todo mi cariño y muchos versos bonitos.
Resistir es poesía. ✊
Tras la presentación de Vigo del 14 de junio llega otra fecha muy especial e importante para mí, veremos hasta dónde nos lleva este camino, mientras tanto os dejo con la noticia:
Gente de Madrid y alrededores, permaneced muy atentos porque el próximo martes 24 tengo el honor y el privilegio de llevar la poesía hasta la capital. El mismísimo Aleatorio será la trinchera esa noche de toda una generación rota que no dejará de luchar nunca por sus utopías.
Si podéis y queréis acercaros os lo agradeceré muy mucho y os daré todo mi cariño y muchos versos bonitos.
Resistir es poesía. ✊
domingo, 1 de julio de 2018
Me atenazo como puedo a la vida
Entre estertores de noches inconstantes
salto por el barranco de mi vida
me arrojo en mil pedazos
y hago trizas la caída,
supuro anestesias
inconformes inconsistentes
incongruentes dementes
que luchas por mantenerse supervivientes
a pesar de morir en el intento
de no ahogarse en la noche aberrante.
Será cosa de este baile
pero no atino a acertar con el día
las oscuridad hace tiras de desidia
las mil dentelladas que a fuego lento
arden en la piel de mi cuerpo.
Podría atrapar los momentos
pero creo
caer por dentro y por fuera
como una faena que no se acierta
a someter mis sienes a la palpitación de las venas
que esperan
el paso inconstante
de un cardio a otro cardio
y los dos son míos
y los dos se desfibrilan
por noches en vela sin luna que no avisa
que ya no hay partidas a las que sobrevivir
que solo hay caídas.
Mantenerse en pie es más complicado de lo que parece
y ya no sé como tomar aire,
podría romper este espejo en mil fragmentos de cristales
y astillarme la mirada vidriosa
que llora supurando horas
por el reloj de mi calendario que gira en sentido inverso
al día a día.
No comprendo las reglas no escritas
y por más que lo intento solo veo una patética salida.
La ventana susurra libertad
mientras por la rendija entreabierta corre la brisa.
salto por el barranco de mi vida
me arrojo en mil pedazos
y hago trizas la caída,
supuro anestesias
inconformes inconsistentes
incongruentes dementes
que luchas por mantenerse supervivientes
a pesar de morir en el intento
de no ahogarse en la noche aberrante.
Será cosa de este baile
pero no atino a acertar con el día
las oscuridad hace tiras de desidia
las mil dentelladas que a fuego lento
arden en la piel de mi cuerpo.
Podría atrapar los momentos
pero creo
caer por dentro y por fuera
como una faena que no se acierta
a someter mis sienes a la palpitación de las venas
que esperan
el paso inconstante
de un cardio a otro cardio
y los dos son míos
y los dos se desfibrilan
por noches en vela sin luna que no avisa
que ya no hay partidas a las que sobrevivir
que solo hay caídas.
Mantenerse en pie es más complicado de lo que parece
y ya no sé como tomar aire,
podría romper este espejo en mil fragmentos de cristales
y astillarme la mirada vidriosa
que llora supurando horas
por el reloj de mi calendario que gira en sentido inverso
al día a día.
No comprendo las reglas no escritas
y por más que lo intento solo veo una patética salida.
La ventana susurra libertad
mientras por la rendija entreabierta corre la brisa.
.
..
...
....
.....
Que me permite respirar sin saber las cuentas que me quedarían.
Caigo, sí, pero por ti me levanto una y otra vez hasta el infinito si es necesario
Atesoro instantes de tu mirada
por ver si así abre el día
que el cielo está de gris tormenta
y el frío aterriza entre los pliegues de las mejillas.
Intento por todos los medios soportar la ruin desidia
y solo consigo arrancarte tristezas
para vestirlas de lúgubres impurezas negras
y sucumbir al latido de la desdicha.
Imploro conjuros para dar forma a la felicidad
pero tropiezo y aterrizo en esta patética risa
de burlarme del destino con rotundidad
para no caer en el laberinto de la rutina.
Abrazaría todos los mundos habidos y por haber en tu esquiva
mirada de verde madera
y espera a que llegue la calma tras la luna nueva
por traerte la llave de la felicidad que tanto te prometía.
Supongo que el juego está en volverse a levantar
tras tantas patéticas caídas
y aún podría volver a destrozarme una y otra vez más
con tal de traerte luz a tu sonrisa;
Supongo que aún a pesar de todo o quizás por todo eso, la verdad,
lucharía contra demonios, fantasmas y febriles salidas,
y marcaría el universo con tu esencia de mar
por alcanzar al fin la deseada paz que cuidadosamente te acaricia.
No soy de lo mejor que te podrías encontrar,
pero sé luchar por lo que me importa en esta partida;
no soy de lo peor que te podrías encontrar,
pero resistiré todos los embates hasta hacer relucir tu vida.
por ver si así abre el día
que el cielo está de gris tormenta
y el frío aterriza entre los pliegues de las mejillas.
Intento por todos los medios soportar la ruin desidia
y solo consigo arrancarte tristezas
para vestirlas de lúgubres impurezas negras
y sucumbir al latido de la desdicha.
Imploro conjuros para dar forma a la felicidad
pero tropiezo y aterrizo en esta patética risa
de burlarme del destino con rotundidad
para no caer en el laberinto de la rutina.
Abrazaría todos los mundos habidos y por haber en tu esquiva
mirada de verde madera
y espera a que llegue la calma tras la luna nueva
por traerte la llave de la felicidad que tanto te prometía.
Supongo que el juego está en volverse a levantar
tras tantas patéticas caídas
y aún podría volver a destrozarme una y otra vez más
con tal de traerte luz a tu sonrisa;
Supongo que aún a pesar de todo o quizás por todo eso, la verdad,
lucharía contra demonios, fantasmas y febriles salidas,
y marcaría el universo con tu esencia de mar
por alcanzar al fin la deseada paz que cuidadosamente te acaricia.
No soy de lo mejor que te podrías encontrar,
pero sé luchar por lo que me importa en esta partida;
no soy de lo peor que te podrías encontrar,
pero resistiré todos los embates hasta hacer relucir tu vida.
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