viernes, 7 de enero de 2022

Recordarme a mí mismo que debo ser feliz

Hay días en los que brilla mucho el sol que entra por mi ventana. En esos días lo que me apetece es relajarme. Ordenar la habitación primero mientras escucho música y luego tumbarme en cama a leer disfrutando de la luz natural. Quizás después estudio un rato, o escribo, o ando simplemente por internet. En días como estos me pongo a fantasear y soñar y proyecto ilusiones sobre la luz que entra en la habitación. Hoy por ejemplo me he puesto a dibujar viajes en mi cabeza, pequeñas excursiones que llevar a cabo: Chaves, Bragança, Sanabria, Salamanca... Con la idea de llevar a cabo alguna de estas excursiones durante esta semana. También he leído a Aniko, escribiendo ella en Islandia y me han entrado ganas de ir hasta el país del hielo a disfrutar de su tranquilidad, su soledad y su frío.

Por mi mente se filtran también recuerdos de la Bretaña y me he puesto a escribir el prólogo del libro que voy a hacer sobre la historia de la Bretaña. Podría decir que hoy lo comencé, veremos si es el resultado de un largo proceso o de una escritura mecánica, acelerada y casi febril con el que vomitar el libro entero en unas semanas.

Otro gran proyecto para este año es terminar de reunir los poemas para mi libro A la sombra de los robles. Quiero que vea la luz pronto, como una forma de mantenerme alegre y feliz y poder reencontrarme conmigo mismo siempre que lo necesite.

Quiero viajar, aunque sea solo. No quiero arrastrarme en la apatía y el no hacer nada. Si la gente de mi entorno se deja caer en mi apatía no es culpa mía, no es problema mío, no tengo que caerme yo también en esa apatía de no hacer nada satisfactorio nunca. Tengo derecho a viajar. Tengo derecho a ser feliz. Y tengo derecho a permitirme ser libre. 

Quiero viajar. 
Así que voy a viajar. 
A dónde me apetezca y me lleve mi alma para sentir en mi pecho el viaje y su libertad.

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