En este mundo loco, efímero, la infancia pierde su sentido. La productividad que nos rodea nos impone el no frenar. Y nosotros, en este cortoplacismo, obligamos a los niños a dejar de ser niños, a las niñas a cuidar a los niños, a las niñas a dejar de ser niñas, a los niños a despreciar a las niñas.
Y aprende inglés,
y chino,
y robótica,
y haz deporte,
y haz los deberes,
y no juegues,
y no rías,
y no pienses.
Baby, hoy toca para cenar puré de ansiedad.
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