A veces como que solo necesitas que alguien te escuche
y con eso ya tiras.
Y es en ese momento en que levantas la vista y te cruzas con miradas que no te esperabas
palabras de calma y caricias del alma
ojos que hablan sin necesidad de mover los labios y te recuerdan
que todo va bien,
que no pasa nada,
que estés tranquilo,
que lo importante es ser feliz.
Supongo que por eso a veces tengo tanto miedo de mí mismo,
por temor a ser capaz de expresar lo que siento bien a dentro del pecho,
por temor a liberar el sello y susurrar al viento toda la pólvora
que está lista para estallar en cualquier momento.
A veces como que solo necesitas que alguien te escuche
y con eso, pues oye, ya tiras.
Y la cerveza en el vaso,
y el corazón en la mano,
y las frentes apoyadas una a otra
y los abrazos eternos que quieres que nunca se terminen,
y por algún motivo tienes ganas de gritar, de correr, de saltar, de volar,
pero no lo haces
porque ante ti se abre el vacío de lo desconocido,
y no lo haces
porque temes a esa caída que se precipita ante tus ojos más allá de tus pies
donde no puedes pisar firmemente
donde no ves que hay al otro lado de ese túnel que tanto deseas traspasar
entre tinieblas.
Existe una leyenda que habla de un castillo entre la bruma,
un lugar al que solo se puede acceder si no tienes miedo a soñar,
a soñar en todos los sentidos:
tanto pesadillas como fantasías de idilio,
es allí donde te encuentras contigo mismo
si te atreves a entrar
a través del portal que se alza inabarcable en el horizonte.
Existe una leyenda sobre un castillo que habita entre la bruma,
perdido en ninguna parte,
seguro en forma de sombra difusa,
como una constante que nos recuerda a donde queremos llegar,
que nos recuerda a donde queremos ir,
que nos susurra entre los lamentos del viento
que allí habitan todos los sueños que nunca nos atrevimos a vivir.
A veces como que solo necesitas que alguien te escuche
y con eso ya puedes ir tirando.
Lo suficiente como para lograr ser feliz.
Hasta volver a toparte con esa calma que se tuvo que ir.
A donde no habitan las palabras.
Y hablan las miradas.
Las caricias.
La poesía.
El alma.
A veces como que solo necesitas que alguien te escuche
para sentir en tu pecho la libertad de sonreír.
miércoles, 16 de octubre de 2019
Silencio en la muerte
Sudor, sangre y dolor,
el llanto onírico de un país sin nación,
que sufre represión,
que cae en ebulición
en un canto sin llanto a la rebelión.
¿Cuanto dolor podremos soportar?
Antes callar que olvidar,
mientras los muertos se acumulan en el camino,
abrimos miedos para el asilo,
seamos cadáveres en vida con la calma en la palabra,
arderemos cuando nada quede,
arderemos cuando no haya nada.
La vida y la muerte dependen del hemisferio,
por eso este cementerio
se llena de informativos que no nos interesan
donde está la miseria
quien empezó esta guerra,
acabemos con la baraja
y repartámonos nosotros las cartas.
Quiero gritar
cuando la lluvia me ahogue
cuando nada me inunde
cuando no haya salida para este derrumbe moral
que es el mundo que nos ha tocado vivir
que es este mundo servil que solo responde al sufrir.
Quiero huir y escapar
y ya no queda nada
quiero huir y escapar
y solo me queda la voz apagada.
el llanto onírico de un país sin nación,
que sufre represión,
que cae en ebulición
en un canto sin llanto a la rebelión.
¿Cuanto dolor podremos soportar?
Antes callar que olvidar,
mientras los muertos se acumulan en el camino,
abrimos miedos para el asilo,
seamos cadáveres en vida con la calma en la palabra,
arderemos cuando nada quede,
arderemos cuando no haya nada.
La vida y la muerte dependen del hemisferio,
por eso este cementerio
se llena de informativos que no nos interesan
donde está la miseria
quien empezó esta guerra,
acabemos con la baraja
y repartámonos nosotros las cartas.
Quiero gritar
cuando la lluvia me ahogue
cuando nada me inunde
cuando no haya salida para este derrumbe moral
que es el mundo que nos ha tocado vivir
que es este mundo servil que solo responde al sufrir.
Quiero huir y escapar
y ya no queda nada
quiero huir y escapar
y solo me queda la voz apagada.
martes, 15 de octubre de 2019
Deseo irrefrenable de conocer el mundo más lejos que nadie
Saco brillo a la navaja de la inteligencia
de la poesía del vivir, del sentir, del impulso irrefrenable de seguir
de llegar siempre más y más lejos de aquí
de saber todo
de comprender todo
de ser eterno para descifrar los misterios de este tiempo fugaz en el que seremos
segundos de un reloj sin miedo
que gira como el viento
como un canto inefable en el cementerio de los libros que no tienen dueño
esperando a encontrarte
a hallarte
a abrazarte
a ser un baile que espera salvaje
entre bosques y prados refulgentes al sol de enero
seremos, seremos
seremos todo lo que esperemos
pero no hay forma ajena de ser un mar en posición de defensa
atacando las fronteras de nuestro pensamiento
de este tópico ingobernable
que termina en un viaje eterno.
Inteligencia emocional para estos tiempos en que quieren acallar los sentimientos.
de la poesía del vivir, del sentir, del impulso irrefrenable de seguir
de llegar siempre más y más lejos de aquí
de saber todo
de comprender todo
de ser eterno para descifrar los misterios de este tiempo fugaz en el que seremos
segundos de un reloj sin miedo
que gira como el viento
como un canto inefable en el cementerio de los libros que no tienen dueño
esperando a encontrarte
a hallarte
a abrazarte
a ser un baile que espera salvaje
entre bosques y prados refulgentes al sol de enero
seremos, seremos
seremos todo lo que esperemos
pero no hay forma ajena de ser un mar en posición de defensa
atacando las fronteras de nuestro pensamiento
de este tópico ingobernable
que termina en un viaje eterno.
Inteligencia emocional para estos tiempos en que quieren acallar los sentimientos.
Regresa sin irte, vive sin miedo, sueña sin tocar el fondo, de un mundo de luz para todos
El mundo tiembla como los frágiles instantes antes de hallar tu destino,
no hay salida para las locuras
pero el camino es más llano cuando crees hacer lo correcto.
Tropezaría con la eternidad cien veces con tal de acariciar la fugacidad del instante,
y la noche se llevó todo
y la muerte se tragó de un soplo lo poco valioso que teníamos,
a cambio nos endureció como el cuero curtido
y el pelo se agitó al viento
sabiendo que el cuerpo fibroso
soportaría todos los dolores que el sudor le impusiese.
Abrimos la boca para callar los sueños
pero liberarlos es abrir los brazos a la suerte
y la felicidad es tan poco como atreverse honestamente a saborearla
así de alguna forma te toparás con ella
y todo cobrará sentido
sin temer nunca más a las caídas
nos tatuamos el cuerpo
para jamás olvidar quienes queremos ser y quienes somos
es un baile de locos
pero un baile que vale la pena
a fin de cuentas
¿Quién puede echarse atrás cuando ha elegido su camino?
Sonríe
porque valdrá más que cien soles
y sin saber donde encontrar los honores
salvamos el alma a base de paz con nosotros mismos
me baño en libertad para poder abrir las alas
y la poesía me envuelve como una bandada de aves que me alzan a los cielos
lejos
muy lejos
más allá de ese mar de atardeceres
que es la eternidad de los horizontes.
Saltaría siempre
por llegar más allá
sonreiría siempre
para ser feliz.
No temas a nada, solo a no ser tú mismo cuando elijas el camino que te dará ganas de vivir.
Llega siempre más allá, más allá de donde jamás haya llegado nadie siempre.
jueves, 10 de octubre de 2019
Parada sin descanso
El mundo da vueltas
en una vorágine sin final,
no hay salida, no hay nada,
solo una caída de párpados al más allá.
Los Cárpatos se deshacen en ríos de pena
y el dolor se cobija a la sombra del cielo,
cruel lamento sin gloria,
eterno reloj sin hora.
Timbran las campanas
golpes de inestabilidad,
me fallan las rodillas, me aflora el caos,
no logro comprender más allá.
De nuevo aquí
frente al dolor en blanco
y la cuerda ya se ha roto
sin pausa ni reparo.
Vaya desamparo que nos espera,
vaya inercia sin fin
vaya existir
vaya, en fin, en fin...
Salto y la pólvora salta,
caigo y la vida aplasta,
barro en el traspiés que resbalo,
fango, para retorcernos hasta lastimarnos.
¿Qué será?
¿Qué será?
en una vorágine sin final,
no hay salida, no hay nada,
solo una caída de párpados al más allá.
Los Cárpatos se deshacen en ríos de pena
y el dolor se cobija a la sombra del cielo,
cruel lamento sin gloria,
eterno reloj sin hora.
Timbran las campanas
golpes de inestabilidad,
me fallan las rodillas, me aflora el caos,
no logro comprender más allá.
De nuevo aquí
frente al dolor en blanco
y la cuerda ya se ha roto
sin pausa ni reparo.
Vaya desamparo que nos espera,
vaya inercia sin fin
vaya existir
vaya, en fin, en fin...
Salto y la pólvora salta,
caigo y la vida aplasta,
barro en el traspiés que resbalo,
fango, para retorcernos hasta lastimarnos.
¿Qué será?
¿Qué será?
jueves, 3 de octubre de 2019
Saborea la nieve para hervir la sangre helada
Las curvas bailan frente al paisaje
en ese erótico instante en que deslizarse
implica el riesgo de no volver atrás,
el sol de octubre se pierde en el horizonte
y Castilla se desviste ante la mirada estupefacta
con toda su sensualidad.
¿Dónde están los besos que no dimos?
¿Habitan en algún lugar o se han perdido para nunca regresar?
Las estaciones destilan la tristeza de las vidas que están de paso
como esos vínculos que nos negamos a profundizar
por miedo a salir dañados.
Sucia cobardía sin madurez emocional
que nos creemos fuertes por ser tan débiles de temer a abrir el corazón.
El tren ya está rodando
y los campos dorados relucen
bajo el refulgente astro mayor,
tenemos mariposas en el estómago
por sobredosis de sueños rotos
y hago camino con la mirada limpia,
perdónate amiga como he hecho yo mismo,
perdónate que solo así crecerás sin arrastrar la ristra de heridas
que brillan en lo alto del tiovivo en el que vivimos.
El mundo sonríe porque llorar es abrigo
y buscamos cobijo en abrazos de olvido
conscientes de que la solución sería trabajarnos
y cuidar los vínculos.
Somos poesías sin terminar
porque nunca dejaremos de aprender,
te juro hermana, que por muchos desastres de ansiedad
la vida nos llevará a donde sea que podamos ganar nuestra felicidad.
en ese erótico instante en que deslizarse
implica el riesgo de no volver atrás,
el sol de octubre se pierde en el horizonte
y Castilla se desviste ante la mirada estupefacta
con toda su sensualidad.
¿Dónde están los besos que no dimos?
¿Habitan en algún lugar o se han perdido para nunca regresar?
Las estaciones destilan la tristeza de las vidas que están de paso
como esos vínculos que nos negamos a profundizar
por miedo a salir dañados.
Sucia cobardía sin madurez emocional
que nos creemos fuertes por ser tan débiles de temer a abrir el corazón.
El tren ya está rodando
y los campos dorados relucen
bajo el refulgente astro mayor,
tenemos mariposas en el estómago
por sobredosis de sueños rotos
y hago camino con la mirada limpia,
perdónate amiga como he hecho yo mismo,
perdónate que solo así crecerás sin arrastrar la ristra de heridas
que brillan en lo alto del tiovivo en el que vivimos.
El mundo sonríe porque llorar es abrigo
y buscamos cobijo en abrazos de olvido
conscientes de que la solución sería trabajarnos
y cuidar los vínculos.
Somos poesías sin terminar
porque nunca dejaremos de aprender,
te juro hermana, que por muchos desastres de ansiedad
la vida nos llevará a donde sea que podamos ganar nuestra felicidad.
miércoles, 2 de octubre de 2019
A orillas del Atlántico
A orillas del Atlántico
donde nos lleva el viento
nos topamos con el camino
que siempre recorreremos.
A orillas del mar de enero
los ojos de octubre
nos recuerdan donde estaríamos
cuando dejemos de mecernos.
A orillas de esta niebla
que entre los vendavales
levantan el vuelo,
solo entonces podremos soñar con lo que soñemos.
A orillas de un mundo de recuerdos
nos balanceamos en la cuerda floja
a miles de metros del suelo
y es ahí donde estaremos.
Y es ahí donde estaremos
cuando nos encontremos.
Y es ahí donde estaremos.
Y es ahí donde estaremos
cuando nos encontremos.
A orillas de esta mar que es nuestro
el universo cobra fuerza en un atardecer de estreno
y el horizonte nos invita a perdernos
y el viento nos lleva lejos; lejos; muy lejos.
A orillas del Atlántico
será ahí donde estemos.
A orillas del Atlántico
será donde los recuerdos vivan eternos
cuando llegue el momento
en el que en la libertad del horizonte nos encontremos.
donde nos lleva el viento
nos topamos con el camino
que siempre recorreremos.
A orillas del mar de enero
los ojos de octubre
nos recuerdan donde estaríamos
cuando dejemos de mecernos.
A orillas de esta niebla
que entre los vendavales
levantan el vuelo,
solo entonces podremos soñar con lo que soñemos.
A orillas de un mundo de recuerdos
nos balanceamos en la cuerda floja
a miles de metros del suelo
y es ahí donde estaremos.
Y es ahí donde estaremos
cuando nos encontremos.
Y es ahí donde estaremos.
Y es ahí donde estaremos
cuando nos encontremos.
A orillas de esta mar que es nuestro
el universo cobra fuerza en un atardecer de estreno
y el horizonte nos invita a perdernos
y el viento nos lleva lejos; lejos; muy lejos.
A orillas del Atlántico
será ahí donde estemos.
A orillas del Atlántico
será donde los recuerdos vivan eternos
cuando llegue el momento
en el que en la libertad del horizonte nos encontremos.
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