jueves, 9 de enero de 2020

Las arenas del tiempo

El silencio de la inmensidad se abre paso a través de la soledad del desierto,
el mundo es un lugar inexplorado
y nosotros estamos aquí para ser
alguien en él.

La suerte y los dioses son para quien los necesita,
camino abre aquel que no tienen miedo.

Nadie llora por los mercenarios,
solo tienen su lanza,
nada más
y en esa ausencia
crece la valentía a una vida
sin más amo
que ellos mismos.

Veo en el destino algo tan certero
como un sueño premonitorio
de llegar más lejos que nadie,
donde nadie ha estado,
donde nadie ha sido,
solo torres de silencio que aullar sin voz
en la inmensidad del desierto
por toda la eternidad.

Esa es la soledad
recorrer ese camino en completa ausencia.


Las cimas están para alcanzarlas,
el resto es soñar.

miércoles, 8 de enero de 2020

Intro

Toi, tu dis que t´es bien sans moi
et qu´au fond de mes bras, il y fait trop froid.
Toi, tu dis que t´es bien, que t´es bien. que t´es bien sans moi
et moi, y a quelque chose qui fait que j´entends pas.
Toi, tu dis que t´es bien sans moi
et qu´au fond de mes bras il y fait trop froid.
Toi, tu dis que t´es bien sans moi
et moi y´a quelque chose qui fait que j´y crois pas.

Saez



Caminando por las vicisitudes de este mundo de niebla,
el humo se largó para no volver
y ahora las chimeneas arden en esta vorágine de llamas
mientras la tempestad ahí afuera se lo lleva todo
y la lluvia barre cada lágrima
que corrió por la mejilla ajena
que ya no sabe qué hacer.

Que sí,
que no,
que la guitarra todo lo rasguea
sin saber qué decir.

Porque sí,
porque no,
porque alguien podrá caminar,
y no seré yo.

La noche se ha perdido en un mundo de incertidumbres
y ya los dedos se dejan llevar
sin corregir nada
sin tratar de arreglar nada
sin tratar de mejorar nada
sin lograr nada
sin nada
sin nada
sin nada
que dejar entrever entre los puntos y comas
que desaparecen
como relojes de una contrarreloj
de un tiempo intempestivo que ya se marchó.

Nada.
No hay nada.

Ni fuerzas.
Ni ganas.

Ni paz en las mañanas
que ya no volverán,

que ya no volverán.

El caballero sin cabeza

Es el caballero sin cabeza
que anda por la vida dando vueltas
sin saber
muy bien
a dónde ir,
ahora es cuestión de mirar,
levantar la mirada
y contemplar
todo lo que se abre ante ti
y si por un azar del destino
el mundo se gira a soñar,
podremos tener la certeza
de que todo podría funcionar.

Es el caballero sin cabeza
un soñador con los pies en el cielo,
el suelo es para los realistas
y él camina por esta vida
con la certeza de hacerlo lo mejor posible
y con eso basta,
creedme,
con eso basta para que él pueda seguir.
Tropieza más veces de las que puede contar,
pero él seguirá
sin rendirse,
el amor es cosa de locos,
y él está más cuerdo que todos los sueños,
por eso cuando apuesta
juega a ganar,
y todo lo demás no importa,
porque lo demás valdrá
la pena
si él quiere,
creedme,
valdrá la pena si él quiere.

Es el caballero sin cabeza,
el loco soñador que camina por un mundo de cristales rotos,
y todo lo que importa es su avanzar
por campiñas floreadas y verdes colinas,
avanzando con su espada
para llegar más y más allá.

Es el caballero sin cabeza
que busca el amor
entre todos los sueños que rozó
con los dedos de la libertad.

Es el caballero sin cabeza
que encuentra el amor
entre la vida y la muerte
como un pobre demente que encuentra la paz.

Es el caballero sin cabeza
el seguidor de la libertad
y en esta vida que se forja
él todo lo podrá alcanzar.

Es el caballero sin cabeza
y todo lo demás no debería importar,
porque él es feliz,
y con eso basta, y con eso puede soñar.

Afinamos la esperanza

No tenemos el dinero, pero la esperanza.
Saez


En la noche de los tiempos
te encontré
tan pura como la noche
y supe que valía la pena sonreír,
que valía la pena sonreír.

Jugué a las escondidas con el destino
y llegué más allá,
siempre más allá;
y ahora podría soñar,
podría soñar,
¿y quién dice que no soñé?

En el mundo de los vivos todos somos cantos,
en el mundo de los muertos somos una oportunidad,
y cuenta hasta 10:
1,
2,
10,
y la esperanza se ha ganado el día,
y la noche se ha ganado la suerte,
podría soñar,
podría soñar,
podría soñar hasta marcharme a otro lugar.

La esperanza es lo que crees atrapar con los dedos,
mientras en las manos ya lo tienes todo,
y somos sombras jugando a ser luz,
somos luz jugando a ser sombras.

Creí en la magia,
y vencí,
creí en la magia,
y fui a por mí.

En la noche de los tiempos
todo lo tuve
y ahora camino sonriendo,
camino siendo feliz.

martes, 7 de enero de 2020

Ganamos

Ni nos doblegaron, ni nos vencieron.



Ni nos doblegaron, ni nos vencieron. Porque más de 80 años de silencio no es suficiente para callarnos. Y que aunque lo gritásemos bien bajo y en silencio, seguíamos llorando nuestras heridas y destilando odio hacia quienes nos hicieron eso. Que escupimos al pasar a los que siempre nos pisaron, sin saber que nuestro orgullo es más fuerte que cualquier castigo. Que no nos rendimos. Que nos mantuvimos firmes, que nos mantuvimos vivos por todos los muertos, por todos los desaparecidos; por todo el olvido que nos obligaron a tragar en miles de celdas de este país de oscuro castigo.

Pero que hoy nos levantamos, y avanzamos y no nos rendimos. Porque abrimos camino, los hijos, los nietos, los descendientes de los que fuimos. Que somos clase y somos pueblo y somos sueños y somos victoria y nada nos para, y nada nos detiene y nada nos volverá a hundir en esa derrota que nos grabaron a fuego en la piel.


* * *


Camina con el paso cuidadoso de las vidas que se escurren entre los dedos y el mundo entre los ríos de olvido. Que a pesar de todo lo vivido, sigue en pie, sin haberse rendido. Yo lo sé y ella lo sabe. Que como una imagen difusa yo me acerco a ella y le sonrío, la abrazo y le digo que lo conseguimos, que hemos vencido, que no nos hemos rendido. Como ella siempre nos ha enseñado. A seguir.

Yo la abrazo y le digo, que habrá justicia, que habrá memoria, que habrá recuerdos que no olvidar nunca y grabar en la piel, en la poesía, en el cielo, en el mundo. Que no dejaremos que este país se vuelva a callar, que no dejaremos que esta vida se vuelva a silenciar.

Yo la abrazo y ella sonríe. Con esa mirada de niña sonriente. Sonríe. Como siempre. Y sigue caminando por el pasillo.

Por nosotros. Por ellos.


* * *


Cuando el tiempo está difuso y yo me dejo inundar por las lágrimas, me imagino encuentros así, en un pasado irreal que hacer más etéreo y firme que cualquier recuerdo que resucitar, con los dedos. Porque el tiempo es nuestro mayor aliado y la memoria se afianza y se endurece a medida que pasa. Y nosotros, sueños, somos tan reales como cualquier vida que se pueda plasmar en papel.

Cuando pasa eso, yo me dejo llevar por el tiempo y por el recuerdo, agarro el lápiz y el papel, y me dejo escapar entre los rincones de los versos, los abrazos y los besos
de buenas noches
en un quinto piso
con Monte Alto en el pecho.

Y ella sonríe.
Como siempre.
Sonríe hasta iluminar el cielo.

Y yo le digo que lo conseguimos. Que nuestros sueños vencieron. Por fin.


Gracias por todo.

Gracias por seguir.

Gracias por hacerme feliz.

lunes, 6 de enero de 2020

Cuchillos sintetizados para morder el polvo

Nos prometían luceros del alba
y solo encontramos rastros de soledad,
perdimos la cuenta a las cartas
y ya los dados se quedaron estáticos
sin poder girar,
¿dónde está la paz?
¿dónde está la gloria?
Solo un mundo en ruinas que nos devora
incapaz, como somos, de escapar
a ninguna parte,
y así,
tan rampantes,
nos dejamos llevar por la sucia vorágine
devoradora
como la noche, como las sombras,
como los futuros que se aferran a nosotros
y nos ahogan,
hasta dejarnos sin aire.

Supimos saltar al vacío
y tropezamos con los sueños rotos,
nos herimos más veces de las que pudimos contar
a nosotros
mismos
y así,
sin saberlo
supimos caer más alto que nadie,
para tropezar
con el destino
en un desierto miserable
que lo arrasa todo a su paso,
como encuentros salvajes que nos devoran
por dentro,
dejando regueros rotos
de cristales y añicos,
pedazos y trozos
de esperanzas que ya no tienen a donde huir,
a donde escapar
cuando ya no haya ni gloria, ni paz.

Sonreímos con tristeza
conscientes de que el camino se terminaba,
y ahí
cuando no queda nada
es cuando ya resulta imposible
avanzar
o retroceder,
creer que lo podemos hacer,
fingir que nos podemos domar,
asumir que muertos
y desangrados,
acunaremos con nuestros dedos
los instantes certeros
que todo lo consumieron
hasta no dejar nada,
nada
que podamos apreciar
más allá de las cenizas.

Nos prometían vidas irrealizables
y como un baile
de luz
tratamos de aferrarnos a las sombras,
heridas de nuestras voces remotas,
cicatrices ignominiosas
que es mejor no nombrar
para no atormentar más
a nuestros demonios,
a nuestros fantasmas,
a nuestras tristes y patéticas miradas
que nos persiguen entre el tabaco de la madrugada.

Porque ya no queda nada...
porque ya no queda nada.

viernes, 3 de enero de 2020

Me desperté de mis sueños y solo sonreí porque te iba a ver fuera de ellos

Entre los recovecos de la vida te encontré
tan pura
como los sueños en un atardecer.

Te vi,
tras la cortina de luz
y ahí solo pude volar
con creerme infinito en la eternidad del presente.

Solamente,
caminé
ciego,
seguro,
sin miedo,
tranquilo al saberme entre tus dedos,
salvaje al beber de tus besos,
onírico al perderme por tu cuerpo,
valiente, cobarde, pequeño, inmenso, en ti,
en tu mirada,
en la plenitud de tus palabras
que me atesoran como si no hubiera mañana,
que me reconfortan como si la paz llegara,
que me acunan como cuando la luna asoma.

Si el futuro es vida, el presente es viaje,
y este yo quiero que me lleve a cualquier parte
contigo
de la mano,
la mochila
en la espalda,
y un mapa sin rumbo
por las rutas inexploradas
que me sé de memoria por tu cuello, tus piernas, tu espalda;
como si todo lo demás no importara
y solo fuésemos tú y yo tumbados en la almohada de seda
que hacemos perdiéndonos allá
donde se unen el cielo y el agua,
salada y dulce
como el día a día
tras la niebla de arena y salitre
que es tu vigilia iluminada tras tus fantasías que reviven
una y otra vez en nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro ser,
fundiéndonos en un eterno amor de viaje tras el que ver
la libertad de tu mano,
las alas en la espalda
y las ganas de saltar
siempre, siempre, como si no hubiera tempestad en este tumultuoso mar de madrugada
que somos los dos
cuando ni el tiempo, ni los miedos, ni nada,
nos ganan,
solo el deseo de ser dos almas entrelazadas
acariciando el mundo
con nuestros sueños y versos hechos escudo y espada
en esta indomable ciudad que es nuestra trinchera de corazones cuando todo lo demás falla.

Cuando todo lo demás falla.

Menos nosotros surcando la vida a las cuatro cuarenta y cuatro de la mañana.




Con sonrisas, con gracias,
pequeña Auri
que todo lo cuida
como si nada,
como si nada más importara.