domingo, 24 de mayo de 2020

Las historias de guerra no tienen moraleja

El ritmo repetitivo, martilleante, de selva eterna, de la guerra que nunca se termina. Marcha, tras marcha, tras marcha. Sin final. Sin batallas, sin objetivos, sin motivos. Una sucia y tediosa guerra en la que enloquecer el alma, perderla, asesinarla. Sin causas, sin razones. Solo el constante ritmo repetitivo de la guerra difusa entre la selva que nunca se termina. Y la inndescriptible belleza del horror; del dolor.



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Vietnam no era una guerra, ni siquiera una batalla, era solo una marcha sin fin, de aldea en aldea, sin propósito, sin nada que perder ni ganar.


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Entre la muerte y el hedor viven los miedos que no nos atrevimos a cumplir.


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Una buena historia de guerra. Pero no era una guerra para hablar de historias de guerra, ni para hablar del valor, y nadie en el pueblo quería saber nada sobre el terrible hedor.


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Estaba solo.

Había perdido su alma, pero no le importaba. Solo quería un baño.

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