martes, 14 de diciembre de 2021

Esperando la caída

Vivir esperando la caída,
el irremediable fin,
el saber que solo eres un tonto más de la lista
y que no sabes de nuevo cómo sobrevivir.

Te has perdido
y ahora no sabes salir,
te has hundido
y ahora solo puedes sucumbir.

El atenazante dolor que te paraliza,
que te asfixia,
que te quita las sonrisas
y te sumerge en la inmundicia
del lodo,
del fondo,
de lo más hondo
de esta miseria de vida.

A fin de cuentas,
solo te queda vivir esperando la caída.

Y todos sabemos que está a la vuelta de la esquina.

jueves, 9 de diciembre de 2021

La ciudad bruja

Esta ciudad es bruja, ¿Sabe usted, Daniel? Se le mete a uno en la piel y le roba el alma sin que uno se dé ni cuenta."
Carlos Ruiz Zafón - La sombra del viento




Ahora estoy frente al ordenador y mi mente a cientos de kilómetros, a orillas del mar, pero esta vez del Mediterráneo, a los pies de Montjuïc y con las piernas colgando en el rompeolas de la Barceloneta, comiendo pipas y el sol poniéndose a nuestras espaldas.

Tengo ansiedad. Así de crudo. Sin poesía. Sin versos bonitos. Me da miedo subir a un avión ahora mismo y volver a sentir la ansiedad que me devoraba en julio. Tengo miedo.

Mi mente va a mil revoluciones por hora y todas las huellas se desprenden del suelo y se aferran a mi mente y todo el dolor cobra forma en un torbellino de humo que me recuerda lo que he sufrido. Intento desprenderme de todo ello, pero no soy capaz. No lo sé. Quizás sí. Pero una parte de mí me dice que no soy capaz.

Sudores fríos...

Aún por encima me pongo música que no ayuda y todo me grita que deje de creerme este espejismo, que yo sé que es mentira, que mi mente sabe que es mentira, que la mentira sabe que es mentira. Todo es mentira. Y yo finjo seguirle el juego a las ilusiones que se romperán intentando arrastrarme y romperme a mí también en mil pedazos. Y no quiero.

Necesito a mis amigas. Por eso mi mente vuela y se va a cientos de kilómetros, para llegar junto a Mireia y recorrer la magia de la ciudad bruja. Y comer pipas en el rompeolas. Y ver el sol poniéndose a nuestras espaldas. Y tener el Mediterráneo a nuestros pies.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Amarillo luminoso

Cuando miro lo que tengo
me siento afortunado
porque tengo amigas
que valen toda la luz del mundo.

Cuando me pierdo
me detengo
miro a los lados
y sonrío
porque sé que ellas estarán ahí
esperando a que me pueda levantar
para tenderme la mano.

Cuando todo pesa
ellas me abrazan
y me cogen un asa de la mochila,
con ellas la carga es más ligera.

Cuando todo me sonríe
ellas me sonríen todavía más
porque mi felicidad
es también un poquito de su felicidad.

Y cuando estoy con ellas,
todo brilla,
todo es amarillo luminoso,
todo es poesía.

Porque cuando estoy con ellas
la brisa nos acaricia,
el sol se bebe las prisas
y la vida sabe a libertad, a risa.

Sí, lo grito,
soy feliz
cuando estoy con mis amigas.

lunes, 6 de diciembre de 2021

Un constante segundo en el viento

Descascaba la vida
mientras saboreaba el fruto del cielo,
podría comprenderlo
pero me negué
a ver más allá de ello,
solo intento
consumirme más rápido que el hielo,
salpicarme de reflejos
de sol y agua
y en cataratas
beberme todo el universo.

Supongamos que hablamos de ello,
solo lo supondremos,
y los trenes pasan
y el frío atenaza los dedos
y yo recito poemas,
leo libros,
y atesoro el tiempo.

Y entre todo ello encuentro el instante perdido que arranco a los relojes del desierto,
ya verás como pronto seré uno de ellos.

Un constante segundo en el viento.

sábado, 4 de diciembre de 2021

No pienso echarme atrás en lo que he dicho

Caminando entre túneles de sombras
que nos llevan a ninguna parte
creímos en nuestros sueños
y aprendimos que nada tenemos,
solo caminamos
por lograr avanzar,
sin retroceder,
nada me puede hacer cambiar.

Y es que el protagonista nunca debe renunciar,
sino la historia no tendría ya sentido o final.

Aprender a volar,
aprender a surcar
los cielos hasta que nada quede
hasta llegar siempre más allá.

Quiero ser libre,
quiero paz,
quiero el descanso
y saber que nunca dejaré de luchar.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Todas las miradas

Tous les regards tous les regards de tous les yeux.
Apollinaire




Todas las miradas
todas las miradas de todos los ojos,
pudiera ser
que en ellas me viese
y se reflejase un nosotros,
pero somos almas rotas
caminando en círculos
buscando salidas
buscando caminos
buscando maneras de quitarnos el frío
en esta orilla
donde un día nos perdimos.

Y ya no sabemos cómo llegar a ningún lugar,
tú lo sabes,
yo lo sé,
él lo sabe,
todos lo sabemos,
todos lo saben.

Y ya no sabéis cómo llegar a ningún lugar,
pero mientras os bebíais
os olvidasteis
de que también os bebíais a mí
y yo me quedé sin sed

y a partir de ese día caminé deshidratado
intentando saciarme
sin encontrar nada
que me quitase la sed,
la sed esa que quitasteis

sin que apenas importase.


Y no hablo de agua,
hablo de vidas,
de felicidad,
de esperanzas.

Y no hablo de agua,
hablo de sonrisas,
de sueños,
de caricias en el alma.


Y no hablo de tantas cosas...
porque no sabría ponerles nombre,
pero sí sé
que ahora
hecho añicos
busco miradas
que reflejen lo que un día tuve:

todo un mundo en mi interior.


Que ahora está vacío.


No pasa nada,
lo sé,
yo solo me reconstruiré,
pero qué difícil es destruirse para volverse a construir!



Aprender,
caer,
aprender,
seguir.


En eso consiste todo:

En aprender 
e intentar sonreír.

Non había escapatoria

A cortina de auga atravesaba o mundo e deixaba caer todas as inquedanzas por un futuro que día a día esnaquizábase. Qué facer? Viñera buscar respostas e nada atopara. Tan só todos os demonios que dende facía anos a perseguían. Non había nada que facer, sempre estaban alí, velando por ela, supervisando que ninguén máis a zorropicase contra os cantís das inquedanzas e as dores non esquecidas. Eran insaciables, e quizáis por iso mismo daban tanto medo. Non había escapatoria.

A chuvia o asolagaba todo, e os borbollóns de auga caían incasabeis como noites oscuras sen estrelas que se acochaban do pasado e do porvir. A tristura bañaba o seu rostro e as bágoas confundíanse ca soidade que acariñaba a súa lastimeira vida que non remataba nunca por se esborrallar de todo. Por máis que o intentanse, o pasado sempre a alcanzaba. E mira que ela, coa súa testarudez, tentara deixar tras de sí todas as incertezas que a asfixiaban cada noite en vela que pasaba tragando teito. Non había nada que facer. Non había escapatoria.

A fervenza que se desdebuxaba ante os seus ollos aquelaba tirabuzóns e remoliños que xogaban cas súas incertezas. Habería cura para un pasado tan esnaquizado en miles de cristais e espellos? Xa non había moito que reconstruir, pero ela intentaba unha e outra vez verse reflexada na mirada que lle devolvían os corpos inertes que consumía tras de sí, non fose ser o demo e alí atopase algunha solución. Aunque non había. Ela sabíao. Non había escapatoria.

A cortina de agua bañabao todo. Constante. Inquedante. Tristeira. A soidade que producía o paixase a través da finestra non daba lugar a outra cousa que a máis desacougante tristeza. Como se centos de cabazas se vacíasen, e só quedase a desesperante calma que abolla tras a maior das tormentas: hai paz, pero non liberdade na alma. E iso e o que ela sentía. Unha profunda e agonizante soidade que deixa só tras de sí o maior e más profundo esquecemento. Non hai lembranzas cando confundes vidas e soños. As veces só lembramos o que desexábamos vivir. E ó final, non chegamos máis aló ca o océano das ilusións rotas... Esnaquizadas... Como ela... Non hai máis. É así. Non hai máis.... Renunciamos a vivir e xa non sabemos a onde queremos chegar. E a fin de contas... Non había xa nada máis que facer. Ela sabíao mentres sorría tristemente. Non había nada que facer. Non había escapatoria.








A felicidade esborrallárase e só quedaba vivir para esquecer.