miércoles, 1 de septiembre de 2021

El viaje de no retorno

El arte es un bálsamo. Es una vía de escape para aliviar el dolor. 

El amor es una saeta de luz. Es una especie de magia que te impulsa a llegar siempre más allá.


Cuando este amor se acaba, lo único que queda es el arte entre las ruinas.


Y es que como diría Elvira:
el amor se termina cuando hay más recuerdos que sueños.

El problema de ello es darse cuenta de que eso ha ocurrido
y que ya solo queda un desolado valle de silencio y ausencias.


Por eso es tan importante el arte, como diálogo interno con nosotros mismos, como herramienta de búsqueda cuando terminamos perdidos sin tabla en medio de la tormenta a la que agarrarnos para no hundirnos. Porque es en esa caída sin fondo, en ese pozo sin luz, cuando más debemos tener claro todo y no perder de vista quién una vez hemos sido.
Porque eso será un elemento imprescindible para hallar el norte.
El que se permite buscar,
se encuentra a sí mismo.
Y eso solo se puede hacer,
mirando hacia dentro,
hablándonos,
preguntándonos
y cuestionándonos.

Si lo hacemos con valor
y un poco de poesía,
quizás encontramos
lo que nuestras preguntas tanto ansían:
respuestas.

Y será ahí,
donde nos encontremos
porque volveremos a tener claro
quienes habíamos sido.

Aunque después de las heridas,
las ruinas
y las tormentas,
ya no habrá el mismo alma de vuelta.

Quedarán cicatrices,
silencio
y calma
que nos mostrarán
que ya no somos los mismos.

El espejo en el que nos mirábamos se habrá roto,
el reflejo es otro
y la mirada
diferente
nos traerá caminos de vuelta

para encontrarnos
donde un día comenzamos
nuestro viaje.

Y todo el círculo se habrá cerrado.
Y nosotros, 
los protagonistas, 
habremos sobrevivido,
triunfado,
vivido.


Porque el arte
es y siempre será
un bálsamo
para la vida.

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