sábado, 25 de septiembre de 2021

Vivir es viajar

Siempre he tratado de viajar todo lo posible. Siempre incansable. Al menos desde que tengo la autonomía suficiente para hacerlo. Comencé con viajes sencillos, organizándolos con ayuda en ciudades fáciles: París y Roma. Seguí complicándome un poco más la vida y aprendiendo en excursiones improvisadas sobre la marcha durante mi estancia en Caldas da Rainha. Ahí aprendí a viajar solo, ahí aprendí a viajar en soledad. Ahí aprendí a viajar con total libertad. Y desde ese momento siempre quise seguir viajando, más, más, hasta el punto de algún lograr vivir viajando. Soñaba con eso... Sueño con eso.

Tras eso hice viajes a Salamanca, Madrid y finalmente el gran desafío que lo cambió todo definitivamente. Cogí un vuelo a Marsella y un vuelo de regreso desde Nantes. Por el medio una gran incógnita de destinos y 10 días para llegar de un punto al otro. Cada día entraba en internet en el móvil u ordenadores de albergues y decidía cuál iba a ser mi siguiente destino. Buscaba albergues y una vez en la ciudad los localizaba. Eso me llevó algún que otro imprevisto de última hora, como en Caen, dónde tuve que caminar 2 horas bajo la lluvia con la mochila buscando algún hotel que todavía tuviese habitaciones a las 8 de la tarde. Pero igualmente era gratificante. Era enero, así que pasé frío. Pero por dentro ardía de emoción cada día por poder estar viviendo eso que durante tanto tiempo había soñado: convertir mi vida en un viaje.

Desde entonces mi vida se ha convertido en períodos en casa donde ahorro para el próximo viaje y el próximo viaje dónde me siento totalmente vivo. Comencé a viajar en pareja y los viajes seguían sucediéndose. Hicimos nuestro primer viaje de mochileros en dos países distintos: París y el norte de Italia.

En mi erasmus en Lisboa hice mi primer road trip por el Alentejo y el Algarve.

También con los intercambios erasmus encontré nuevas formas de viajar.

Hice en pareja nuestro primer road trip con coche alquilado.

Y durante mi año en Francia ahorraba constantemente reduciendo mis gastos al mínimo para así poder cada fin de semana ir de viaje o de excursión a algún sitio. Recorrí la costa desde Bélgica hasta casi la desembocadura del Garona. El centro desde el País del Loira, la Auvernia y los Alpes. La costa mediterránea desde la desembocadura del Ródano hasta la frontera con Italia. Pinceladas de la Borgoña y del valle del Somme. Y todo el departamento de Sarthe.

Y viajé.

Y viajé.

Y desde entonces solo viajo. Porque mi vida no es algún viaje suelto. Mi vida es un viaje intercalado con pausas en mi casa en Vigo. Cobrando fuerzas y energías y medios hasta el próximo viaje que me lleve más allá.

Siempre más allá.

Porque vivir es viajar.

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