- Ser cruel y duro es básico para la supervivencia del ser humano. El mundo es difícil y con el paso del tiempo te das cuenta de cual es la única manera de sobrevivir. Durante varios años fui el alimento del mundo, un desperdicio al que cualquiera podía mangonear y tratar como un desperdicio sin importar sus sentimientos ni sus ideas, pero ahora esto se ha acabado porque ahora yo soy el que se come a los demás. Ahora soy yo el que tiene el control y puede hacer daño o bienestar al resto de personas que están a su alrededor. Sentir como este poder te invade es gratificante, te sientes fuerte y dominante, sientes que todos deben ceder ante ti, pero al mismo tiempo eres consciente de que el sabor de la sangre humana ha despertado tus instintos más primitivos y todo lo que hagas te parecerá poco. Quieres llegar más allá en todo, probar más de lo que nunca te habrías imaginado, hacer lo que nunca habías creído, dañar con una crueldad que nunca habías creído posible. Y sabes que estás en la línea que te separa de ser un monstruo de un ser humano, pero es exactamente eso, estar en el límite de tu humanidad lo que hace que pareza maravilloso. Porque ahora sí, ahora más que nunca en mi vida, siento que puedo comer el mundo y siento que puedo hacer lo que me da la gana sin ninguna carga moral ni de conciencia. Porque el dolor me ha hecho evolucionar como persona y sé que el código moral y social actual está anticuado y es cerrado de mente, como todo en este mundo. Si pudiese arrasar con todo y establecer un nuevo orden mundial lo haría, no me cabe la menor duda. Porque no existe sensación como la del sabor de la sangre.-
Al terminar de escuchar estas palabras, del que había sido su amigo de la infancia, Felipe se horrorizó. En su mente no cabía la idea de que su mejor amigo hubiese cambiado tanto. El mundo es un caos, es cierto, pero eso no podía haber influido tanto. ¿En qué momento y de qué modo Jacobo había cruzado la línea de lo racional y lo irracional?
lunes, 27 de julio de 2015
sábado, 25 de julio de 2015
El alma condenada muerta
Y me doy otra vuelta
en las aguas revueltas de letras.
Y encajo otra estrofa,
otro golpe,
otro ataque,
otra contra.
Y me marco un Maxi,
de trankis,
en la Ría,
siguiendo la praxis
de la filosofía y de la rima que resuena como una melodía de tinta en la orilla.
Y me miro la espalda,
y veo que me han cortado las alas,
que me redimo de los daños que he sufrido
y de los daños ocasionados a todos los que un día llamé amigos.
Y me mandaron a abajo,
a acabar el trabajo que nunca llegué a terminar,
que mi tarea era proteger y luchar,
pero en el camino me perdí,
a mí,
a ti,
y ahora sólo busco sin rumbo
el infierno que en tu mente habito
como grito del cielo que en el purgatorio resuena como un lejano sueño,
cruel lamento del viento.
Y me doy otra vuelta,
e intento domar la pluma y la letra,
armonizarla, cultivarla y mantenerla alerta,
porque nunca se sabe quien es el poeta, un atleta de fondo que la mantiene alerta,
porque yo sólo se que yo no soy el que juega con la rima presa,
porque yo sólo soy un pobre alma perdida sin billete de vuelta,
un alma condenada a vivir en pena,
como un Carax que vive en la ciudad muerta,
un Itachi que sabe cual es su condena,
una simple sombra que nadie recuerda.
Porque yo no soy un poeta.
Porque yo sólo soy el fantasma que habita entre estas líneas y letras.
Porque yo sólo soy una mente en un cuerpo inerte, una idea confusa y sincera.
Porque yo sólo soy un rumor en la carretera.
en las aguas revueltas de letras.
Y encajo otra estrofa,
otro golpe,
otro ataque,
otra contra.
Y me marco un Maxi,
de trankis,
en la Ría,
siguiendo la praxis
de la filosofía y de la rima que resuena como una melodía de tinta en la orilla.
Y me miro la espalda,
y veo que me han cortado las alas,
que me redimo de los daños que he sufrido
y de los daños ocasionados a todos los que un día llamé amigos.
Y me mandaron a abajo,
a acabar el trabajo que nunca llegué a terminar,
que mi tarea era proteger y luchar,
pero en el camino me perdí,
a mí,
a ti,
y ahora sólo busco sin rumbo
el infierno que en tu mente habito
como grito del cielo que en el purgatorio resuena como un lejano sueño,
cruel lamento del viento.
Y me doy otra vuelta,
e intento domar la pluma y la letra,
armonizarla, cultivarla y mantenerla alerta,
porque nunca se sabe quien es el poeta, un atleta de fondo que la mantiene alerta,
porque yo sólo se que yo no soy el que juega con la rima presa,
porque yo sólo soy un pobre alma perdida sin billete de vuelta,
un alma condenada a vivir en pena,
como un Carax que vive en la ciudad muerta,
un Itachi que sabe cual es su condena,
una simple sombra que nadie recuerda.
Porque yo no soy un poeta.
Porque yo sólo soy el fantasma que habita entre estas líneas y letras.
Porque yo sólo soy una mente en un cuerpo inerte, una idea confusa y sincera.
Porque yo sólo soy un rumor en la carretera.
miércoles, 15 de julio de 2015
Dicen que quien no arriesga no gana
Dicen que quien no arriesga no gana. No se. La verdad es que nunca me he fiado de ese lema, supongo que tantas derrotas seguidas hacen a uno volverse desconfiado y replantearse las cosas.
Dicen que quien no arriesga no gana. Nunca he confiado demasiado en esa frase, y a pesar de ello una y otra vez me he lanzado con los ojos vendados al vacío, en un acto suicida que al final resulta más doloroso que un planchazo desde un trampolín.
Dicen que quien no arriesga no gana. No estoy seguro de que esto sea cierto. Es verdad que la suerte solo existe para quien crea su propio futuro a base de aumentar el índice de probabilidades, pero es que a veces es tan difícil confiar en el azar y la suerte...
Dicen que quien no arriesga no gana. Puede ser. No se. Ya no se que pensar. Tantas veces he arriesgado y tantas veces ha salido mi corazón herido que ahora las cicatrices no han hecho otra cosa que recubrirlo con una costra infectada, que supura intentando confiar, cuando el cerebro le grita: "¡No lo intentes más! ¡Detente! ¡¿No ves que sólo vas a seguir sufriendo?!
Dicen que quien no arriesga no gana. No acabo de estar seguro de que sean ciertas esas palabras, pero el corazón intenta por todos los medios imponerse a la razón y volver a jugar una nueva partida. Pobre iluso.
Dicen que quien no arriesga no gana. Puede ser. Pero bueno, tampoco pierde quien no arriesga, así que puede que vaya siendo hora de volver al combate y jugarse el randori al minuto de oro. Puede que esta vez gane por Ippon.
Dicen que quien no arriesga no gana. Pero ya me conoces, "Beam me up, Scotty", como diría Rockhound en Armageddom. Me gusta tropezar más de dos veces con la misma piedra.
Dicen que quien no arriesga no gana. Y aquí estoy yo, dispuesto a caer luchando.
Dicen que quien no arriesga no gana. Puede. Pero esta vez salgo a ganar.
Dicen... que más dará lo que digan si sé que puedo ganar.
Dicen que quien no arriesga no gana. Nunca he confiado demasiado en esa frase, y a pesar de ello una y otra vez me he lanzado con los ojos vendados al vacío, en un acto suicida que al final resulta más doloroso que un planchazo desde un trampolín.
Dicen que quien no arriesga no gana. No estoy seguro de que esto sea cierto. Es verdad que la suerte solo existe para quien crea su propio futuro a base de aumentar el índice de probabilidades, pero es que a veces es tan difícil confiar en el azar y la suerte...
Dicen que quien no arriesga no gana. Puede ser. No se. Ya no se que pensar. Tantas veces he arriesgado y tantas veces ha salido mi corazón herido que ahora las cicatrices no han hecho otra cosa que recubrirlo con una costra infectada, que supura intentando confiar, cuando el cerebro le grita: "¡No lo intentes más! ¡Detente! ¡¿No ves que sólo vas a seguir sufriendo?!
Dicen que quien no arriesga no gana. No acabo de estar seguro de que sean ciertas esas palabras, pero el corazón intenta por todos los medios imponerse a la razón y volver a jugar una nueva partida. Pobre iluso.
Dicen que quien no arriesga no gana. Puede ser. Pero bueno, tampoco pierde quien no arriesga, así que puede que vaya siendo hora de volver al combate y jugarse el randori al minuto de oro. Puede que esta vez gane por Ippon.
Dicen que quien no arriesga no gana. Pero ya me conoces, "Beam me up, Scotty", como diría Rockhound en Armageddom. Me gusta tropezar más de dos veces con la misma piedra.
Dicen que quien no arriesga no gana. Y aquí estoy yo, dispuesto a caer luchando.
Dicen que quien no arriesga no gana. Puede. Pero esta vez salgo a ganar.
Dicen... que más dará lo que digan si sé que puedo ganar.
sábado, 4 de julio de 2015
Porque a veces una simple chispa es capaz de iluminar el día más oscuro
A veces los días son oscuros. Días negros y cubiertos que no hacen otra cosa que ralentizar las manecillas del reloj, creando una espiral de negrura que encharca todo el corazón sumergiendo el cuerpo en una autotortura mental.
Hay días que son oscuros, y en esos días oscuros sólo te queda perderte en el laberinto que es tu mente autoflagelada. Tomando una y otra vez un rumbo errado, y subiendo hacia abajo y bajando hacia arriba buscando las piezas de tu propio puzle mental. El problema es que a veces esas piezas se pierden, y en un pozo de negrura sin luz resulta imposible hallarlas sin ayuda. Por eso a veces necesitas un hechizo externo que te permita avivar la llama de tu esperanza; por eso, a veces, necesitas un fósforo que reviva la hoguera de tu corazón en pos de acabar con tu vida en el limbo de la muerte y dejar de vivir como un muerto en vida.
Porque aunque aprendas a caer, a veces cuesta levantarte para un nuevo combate y porque a veces el golpe es más fuerte que tus ganas de luchar; por todo eso, a veces, necesitas una mano que te levante; porque a veces basta un pequeño empujón para volver a entrar en esta guerra que es la vida.
Porque a veces tu energía no es suficiente y necesitas de la voluntad y del fuego de otros.
Porque a veces una simple chispa es capaz de iluminar el día más oscuro.
Hay días que son oscuros, y en esos días oscuros sólo te queda perderte en el laberinto que es tu mente autoflagelada. Tomando una y otra vez un rumbo errado, y subiendo hacia abajo y bajando hacia arriba buscando las piezas de tu propio puzle mental. El problema es que a veces esas piezas se pierden, y en un pozo de negrura sin luz resulta imposible hallarlas sin ayuda. Por eso a veces necesitas un hechizo externo que te permita avivar la llama de tu esperanza; por eso, a veces, necesitas un fósforo que reviva la hoguera de tu corazón en pos de acabar con tu vida en el limbo de la muerte y dejar de vivir como un muerto en vida.
Porque aunque aprendas a caer, a veces cuesta levantarte para un nuevo combate y porque a veces el golpe es más fuerte que tus ganas de luchar; por todo eso, a veces, necesitas una mano que te levante; porque a veces basta un pequeño empujón para volver a entrar en esta guerra que es la vida.
Porque a veces tu energía no es suficiente y necesitas de la voluntad y del fuego de otros.
Porque a veces una simple chispa es capaz de iluminar el día más oscuro.
viernes, 26 de junio de 2015
A veces
A veces me gustaría correr y perderme en el tiempo, cruel
lamento, no sé ni que digo ni que siento, porque el cuento se reescribió y
ahora está firmado por alguien ajeno al que no entiendo.
Y escribo estas líneas en papel, espero que donde estés el
correo llegue bien. Pero miento, porque ni la frase es mía, ni las líneas están
escritas en papel, ni siquiera en un mísero billete de bus que contenga un
pareado breve, pero conciso, que contenga todos mis sentimientos hacia ti. Pero
no. Ni es un ticket, ni son líneas de papel, ni hay correo que enviar para que
el correo llegue bien. Porque por más que pase el tiempo, mi nombre seguirá
sonando melodioso, porque por más que pasa el tiempo, mi mente sigue encerrada
a orillas de ese río castellano, como una cárcel de Lucifer siempre a punto de
volverme loco. Aunque de eso va esto, ¿no? De rellenar con letras la vida de un
loco; como un diario que pierde hojas por todos lados.
A veces me gustaría hacerme sólido y difuso, como un ligero
copo de nieve que adquiere forma a medida que la nube lo trabaja, poco a poco,
delicadamente, hasta que el cielo ya no puede seguir sosteniéndolo y cae por su
propio peso hacia la tierra. Surcando así el aire como una estela con forma de
obelisco que llega hasta el techo del inframundo. Y allí se derrite y se hace
agua, porque evoluciona, como un susurro al oído que te hace crecer, “poc a poc”, hasta convertirte en lo que eres. Porque aunque la gente rehuya el Infierno, todos
sabemos que en la oscuridad no se esconde nada más que tus propios demonios, y
a esos no hay porque temerlos, sino convivir con ellos y sacarlos a relucir
cuando la adrenalina lo dicte.
Y escribo líneas sin dosel. Líneas sin dosel y sin
argumento, porque todo son palabras sueltas sin ton ni son, sin pulso de reloj
que marque un simple y llana nota de sol. Porque todo son símbolos e imágenes que
nadie entiende, porque todo son palabras que se lleva la marea para dar paso a
una nueva historia, una nueva leyenda. Quizás las palabras escritas en la arena
no sean una mera idea, quizás simplemente sean todo metáforas que ocultan lo
que el corazón de hielo no quiere o no sabe susurrar, como una caricia al oído,
como un murmullo del mar.
A veces me gustaría correr y encontrarme en el tiempo,
porque quien fui ya no está y quien seré no volverá, y aquí, en este preciso
instante, no hay nadie más que la sombra de un ser que duda sobre su propia
existencialidad en la realidad.
A veces me gustaría correr y a veces perderme en el tiempo,
pero el que no sabe lo que busca nunca lo encuentra.
A veces me gustaría dejarme llevar en la orilla del tiempo y
que lo inexistente me guiase en su viaje iniciático esotérico.
A veces…
A veces ni se lo que pienso, así que escribo estas líneas en
el tiempo; impregnándolas con lo que siento.
lunes, 8 de junio de 2015
El viento rumorea que el aire vuela, se dice
que el mar no condena y salta de batea en batea,
saltándose la casilla de salida y sin llegar a la meta,
que pena que la cara del poeta sea un poema,
un romance de once sílabas de leyendas.
Sin duda no hay pieza suelta
en este puzle que no conecta,
pero la oca sólo sigue la senda,
una pata de concha, se cuenta,
la ruta de una estela
que no gana quien no besa
y el que calla no reza
que la esperanza es una estrella
y yo se que la recta no (y)erra,
pues diestra y derecha marca la tecla,
una blanca corchea, una cuerda tensa,
limada, pulida, letal y certera.
Que quien no apuesta no besa,
que quien algo quiere algo le cuesta.
Que se rumorea en las leyendas que la cara del poeta es un poema
ruborizado en este romance escrito en el mar de bateas.
que el mar no condena y salta de batea en batea,
saltándose la casilla de salida y sin llegar a la meta,
que pena que la cara del poeta sea un poema,
un romance de once sílabas de leyendas.
Sin duda no hay pieza suelta
en este puzle que no conecta,
pero la oca sólo sigue la senda,
una pata de concha, se cuenta,
la ruta de una estela
que no gana quien no besa
y el que calla no reza
que la esperanza es una estrella
y yo se que la recta no (y)erra,
pues diestra y derecha marca la tecla,
una blanca corchea, una cuerda tensa,
limada, pulida, letal y certera.
Que quien no apuesta no besa,
que quien algo quiere algo le cuesta.
Que se rumorea en las leyendas que la cara del poeta es un poema
ruborizado en este romance escrito en el mar de bateas.
sábado, 16 de mayo de 2015
Imparable
como un Dean salvaje
e incontrolable.
Adictivo,
como la sangre de demonio,
a tus oídos.
Ingobernable
como un ángel caído,
expulsado del cielo
como un Cas purgado
vivo a este lado
del infierno
renglones sinceros
lamentos de otros tiempos,
lucha indestructible,
se oye bien alto
balas inadmisibles
puños incombustibles
piedras de asfalto
¡la calle no se rinde!
como un Dean salvaje
e incontrolable.
Adictivo,
como la sangre de demonio,
a tus oídos.
Ingobernable
como un ángel caído,
expulsado del cielo
como un Cas purgado
vivo a este lado
del infierno
renglones sinceros
lamentos de otros tiempos,
lucha indestructible,
se oye bien alto
balas inadmisibles
puños incombustibles
piedras de asfalto
¡la calle no se rinde!
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