viernes, 12 de octubre de 2018

Eloy de la Iglesia: El cine al servicio de la realidad

Después de mucho tiempo volcándome en dar un poco de difusión al cine quinqui, y más concretamente a la obra de Eloy de la Iglesia, he decidido dar el paso siguiente y tratar de publicar un pequeño libro/fanzine sobre este director para que su cine pueda llegar a mucha más gente.

Consciente de las dificultades económicas de nuestro tiempo he tratado de hacer que todas las recompensas sean lo más asequibles posibles, bajo la premisa de que la cultura debe estar al servicio del pueblo.

No será una obra grandiosa ni con grandes pretensiones, pero es un proyecto sincero y personal con el que tratar de dar voz a un periodo histórico que trataron, por todos los medios, que enterrásemos y olvidásemos:

Un análisis pormenorizado a la figura del director más importante de la Transición y máximo referente del cine quinqui.

Gracias por vuestro apoyo, vuestro tiempo y vuestra ayuda. Cualquier tipo de difusión se agradece ^^























PD:

"Este libro es un ejercicio de revisión histórica de una época y un director que fueron olvidados por el relato oficial de la Transición. Es un intento de dar voz a quien no la tuvo y de echar una mirada hacia atrás para recuperar una de las figuras cinematográficas más importantes de nuestra historia.

Es, en definitiva, el análisis de una realidad socio-política que fue clave en la formación de nuestro país actual y de un cine cuya finalidad fue siempre mostrar dicha realidad."

* * *

PD2:

Os dejo por aquí el link:

https://www.verkami.com/projects/21696-eloy-de-la-iglesia-el-cine-al-servicio-de-la-realidad

La tristeza es tropezarse más veces con uno mismo que con las sombras que nos rodean

Que dolorosa puede ser la vida cuando un verso no llega para vaciar tu océano de miedos
y las inseguridades se arremolinan en torno a tu persona
tratando de encontrar salida a tanto rebumbio de futuros perdidos en el cielo de las dudas.

Aprender a caer es cuestión de la partida,
de este juego de azar y probabilidades que es el caminar a pesar de todo,
sin mirar atrás demasiado
no vaya a ser que la melancolía inunde el pecho
y ya no haya forma de salir a flote remando.

Acertar y fallar
es todo uno en el binomio existencial,
pero que cruenta puede ser la rutina cuando atenaza los instantes de calma,
cuando redundan sobre uno mismo los momentos de perderse,
cuando
por más que lo intentes
no puedes controlar los factores externos.

-Quizás por eso son externos,
porque no dependen de uno mismo-

Pero podría ser todo tan diferente y no dejaría de ser todo un cristo
padre señor nuestro
tiramos el reino de los cielos por el retrete y mejor
porque no había razón para creer en ello,
pero caminamos solos,
con nuestras dudas,
nuestros miedos,
y nuestra ausencia sistémica y sintomática de filosofía en vena.

Y ahí sí que falla todo,
sin religión
y sin filosofía
solo somos inertes cuerpos vacíos
carcasas sin futuros ni sueños
tratados de paz para los periodos de guerra interna
y miles y miles de hogueras ardiendo para cuando ya no hay luz que seguir
en la oscuridad de las miradas rotas.

Tengo un infierno de tinieblas listo para dispararse cuando sea necesario
-y autodestruirme,
convivir con el infierno es lo que tiene,
corres el riesgo de autodestruirte en cuanto lo liberes-.

Tengo un  infierno de tinieblas listo para dispararse cuando sea necesario
y utopías y fe a partes iguales
para creer en el colectivo y en el amor propio a uno mismo,
todo lo demás son vacuos intentos de engañarnos,
rebaños de corderos trashumantes que desfilar de norte a sur,
de este a oeste,
cuentos de falsas banderas que nos impusieron,
cunetas de olvido que se nos remueven por dentro,
dolor,
dolor,
y olvido en forma de castigos que nos enseñaron a capa y a espada,
y represión
-así de claro y sin medias tintas-,
décadas y décadas de represión
hasta que callamos del todo por miedo a estar peor de lo que ya estamos.

Que dolorosa puede ser la vida cuando no hay forma de vaciar en el mar un océano de miedos
y dudas para las tardes de lluvia
y sueños para los días de sol,
y un reguero de pólvora preparada para explotar
en mil pedazos
y aún así,
a pesar de todo,
o quizás por todo,
lo que nos queda es seguir y caminar.

Soportar el dolor,
guardarlo bajo llave,
y seguir y caminar.

martes, 9 de octubre de 2018

Me esfuerzo por no sucumbir a la tristeza

Otro día triste. Otro más.

El mundo gira ahí afuera y yo, en mi propia mente borboteo, pero en el exterior, el vacío se abre paso poco a poco, inexorablemente, hasta que ya no queda salida. Estoy a dos pasos de tirar la toalla de nuevo y eso me da auténtico miedo, porque no quiero volver a caer. Me mantengo en pie, como puedo, agarrado a un clavo ardiendo, mi cordura, pero a veces resulta tan imposible que llega a asustar.

Mi pecho pasa las horas a punto de estallar, como pura metralla que salta en todas direcciones, sin tener cuidado siquiera de dónde acabará cuando la ansiedad domine el camino irremediablemente. Mientras tanto aguanto, para intentar no caer, pero a veces resulta tremendamente complicado.

Otro día triste.

Las horas pasan en el calendario y los días se escurren en las agujas del reloj, que giran, y giran, y giran, hasta que no hay vuelta atrás. Y todo lo avanzado se derrumba. Sobredosis de mí mismo en mi propia mente pondrá mi esquela -así, en primera persona, porque quiero, porque puedo y porque total da igual pues ya estaré muerto-.

Otro más.

Y yo mientras tanto me aferro a la supervivencia que tanto me ha costado. A disfrutar los momentos de felicidad y saborearlos, para tener energía de sobra para los malos tragos, pero cuando estos negros momentos se abren paso en la bóveda celeste de nuestra existencia... ¿Qué nos queda? -pregunto yo- ¿Qué nos queda?

Otro día triste. Otro más.

El mundo gira ahí afuera, como siempre, a pesar de todo, quizás por todo, gira, y gira, y gira sin final. Y mientras tanto yo, trato, por todos los medios, de seguir, aquí, en pie, para no caer. Lo intento. De verdad que lo intento. Pero a veces es muy complicado. Sobre todo cuando son factores externos a ti. Y mi propia mente que se llena de demonios y da vueltas, y vueltas, como un oscuro mecanismo que no se detiene hasta que llegue el final.

Otro más. Otro día triste. Otro más.

lunes, 8 de octubre de 2018

Le gaz

Males sin conciencia
tiran a los dados nuestro destino.

Mares sin consciencia
marinean el rumbo arriba y abajo superando olas.

Olas de plata y azul
y luna que riela.

Muerte.

Muerte al final del camino.

No mires hacia atrás,
no mires hacia adelante,
sigue,
sigue,
solamente sigue,
aunque la luna esté negra,
aunque la noche este nueva,
aunque no haya luz,
sigue,
sigue,
solamente sigue hacia adelante.

Como un marinero en alta mar
yo me perdí entre el humo
creyendo escapar del tiempo
como un corredor de fondo en una contrarreloj.

Absurdo.

Completamente absurdo.

Pero inevitable.

Perdí la conciencia entre todos los males
demonios de diferentes clases
tratando de detener el lento caminar.

Perdí la consciencia
y no queda otra que remar a contracorriente por salir a flote entre la tempestad.

Humo.

Humo de cigarros apagados.

Males sin conciencia.

Males inconscientes.

Marcan el final,
el final de todo cuanto pude soportar,
de cuanto pude avanzar,
de cuanto pude tragar.

Hacen falta defectos para ver virtudes.

Y las banderas ondean como la mar
levantando espuma a nuestro paso,
haciendo repaso de sueños.

Noches sin conciencia.

Noches sin consciencia.

Como perros en la noche aullando a la luna nueva.

Como lobos en la negra noche solitaria.

Como humo.

Como humo.

Como absurdo humo que no tiene hacia donde escapar.


*
*
*


Como humo que desaparece sin dejar rastro más allá.

Adiós, adiós, soñemos con soñar

En la luz de la noche
la oscuridad de todos los niños que soñaron
se pierden por los rincones
creyendo que podrán detener el paso del tiempo
y se engañan
esperando esperanzas que ya no volverán
no miréis más atrás
no miréis más a vuestras huellas
avanzad
avanzad
mientras los truenos retumban por los oídos sordos
ya no hay salida
a tanta mala suerte
y el final está cerca
sagrado sueño de mi pecho
y después de lanzarse al vacío
y contar
y contar
1,
2,
3,
salto mortal hasta descansar
por siempre jamás.

Los fumadores de fe
se han tragado todo el humo
y haciendo oes con los dedos
creyeron poder detener el tiempo
cuando todos
todos
sabíamos que ya no había vuelta atrás.
Y jamás
jamás
podremos comprender el final de la partida
no hasta que cojamos distancia y perspectiva.

Los soles ya no están
y lloran
lloran riéndose de nosotros
fútiles intentos de construir castillos que se derrumban entre nuestros dedos.
Demasiado fuerte.
Demasiado débil.
Nuestra propia mente es cárcel de cristal
laberinto del que tratar de escapar
refugio de fantasmas y demonios del más allá.

Adiós
mis amigos.
Adiós
mis hermanos.
Adiós
mi país.

Adiós
a la luz.
Adiós
a la oscuridad.
Adiós
a todo.

Ya solo queda caminar.

Adiós
mis amigos.
Adiós
mis hermanos.
Adiós
mi país.

Nos veremos cuando nos volvamos a encontrar.

Adiós
a la luz.
Adiós
a la oscuridad.
Adiós
a todo.

Ya solo queda caminar.

viernes, 5 de octubre de 2018

Izanagi

Noche eterna en la espalda de la vida
desvive quien no atina en esta sucia partida
saltos al vacío por atrapar la salida.

Podría noquear al adversario
pero prefiero mirar hacia otro lado,
seguir y pasar de largo
los problemas aplastan a quien la mente le ha engañado
y la ansiedad soporta mi existencia bajo el peso del mundo
lloraría lágrimas de fuego por volver a ver
la bifurcación en que todo erró,
ahora podría llorar en un rincón,
pero prefiero luchar con el corazón
y el alma en la bandera
la palabra libertad cobra sentido
cuando atrapo el instante de tus labios.

Muero por todos mis fracasos
y cazo demonios en mis ratos libres
y en los findes
emborracho de silencio a los fantasmas de mi cuarto
sangra la mano
los cristales se han roto y me han dado un repaso
de seguir un paso y otro paso
para salir a flote durante más de lo que dura un rato.

Noche eterna en la espada de la vida
refilón afilado sobre el que todo se desliza
haciendo equilibrios tirando los dados en esta suerte de partida.

Pude ver luz al final a pesar de vivir consumiendo la mecha a toda prisa.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Gracias por el viaje. Es bonito, fácil y me hace feliz.

Tengo un cúmulo de presentes por si las dudas,
como esos pasados en que y si sí
y esos futuros en que y si no.
Y decenas y decenas de miradas hacia los lados
para ver dónde me encuentro ahora.

Las vidas no vividas se esconden en algún rincón de las paredes
y de la habitación cuelgan los recuerdos
carteles de otros tiempos
fotografías que te vigilan escrutinando
-mejor que tú mismo-
tus propios sueños.

Llegar a casa por las tardes con la rutina a cuestas
y dejarse caer con el libro ya listo sobre la almohada
es todo uno,
quizás el mejor remedio para el cansancio,
pero ya no se oyen tus pasos por el pasillo
y yo no estoy ya frente a esa ventana que tanto me ha inspirado.

Las vueltas que dan los años;
presente, futuro, pasado;
aún hay motivos por los que seguir.

Las estanterías se llenan de tus ausencias
y más cerca no significa más tiempo,
echo de menos ese rincón en el que acariciarte
y desvestirnos las ganas para hacernos infinitos
y -todo lo que tú ya sabes- durante un breve instante eterno.

Que sonrisas hay para largo,
-eso ya lo sé-
y esperanza se pinta de otoño en tu mirada,
pero a veces desearía retroceder un poco
y recuperar lo perdido.

Lo siento,
se me ha caído un poco de melancolía por la mejilla,
en seguida me recupero.

No te vayas de mi vida,
-si quieres, claro-
porque libertad se escribe en tu espalda muy bien con mis dedos.