miércoles, 25 de marzo de 2020

Adiós... nos volveremos a ver cuando no haya luz

Desdoblando mis pasos en una suerte de infortunio, percibí el agrío aroma de la muerte que se cuela sin darte cuenta dentro de tu alma y ahí, supongo que fue ahí, me di cuenta de que ya todo daba igual y lo mejor era morir.

Me lancé
en un torbellino de tinieblas
hacia ninguna parte,
sueños certeros
cortapisas de estantes vacíos,
impertérritas sonrisas de muertos,
las misas que no rezaron ya no están,
las misas que no rezaron ya no están,
y solo queda el fétido olor de la tristeza
colándose
por cada
resquicio
de este intersticio de mentes atormentadas
que nadan,
como náufragos,
tratando de llegar a algún lugar.

Y no existe.


Sí, no existe lugar a dónde ir cuando la muerte todo se lleva, y desangeladoramente, la suerte se ha fugado en una sucia reyerta de brillos al alba. El sol ha dejado deslucir sus galas, y quedan miradas yermas para años y siglos, ¿qué sabré yo?

Solo escribo.
y ya es bastante.
Solo escribo.
y ya es bastante.


Soplé todas las velas que quedaban por consumir
y ya los desiertos no hablan
no quedan ríos ni fuentes
de las que beber
en estas horas de olvido.

Katagena se ha caído,
y no soy capaz de levantarla otra vez.

Solo queda humo. Humo que se va
hacia ninguna parte. Solo queda humo
humo que se va quien sabe hacia qué parte.

No más,
por favor,
no más
bailes de sombras y dolor.
No más bailes de desgarrador frío interior.

El final está cerca
y solo quedan cenizas,
miro hacia abajo
y veo la caída libre
en este juego solitario de desesperación,
miro hacia arriba
y solo hay perdición.

Bien, entonces, ¿qué harás?
¿Te vienes o te quedas?
Tú eliges.

Yo elijo...
sí, yo elijo...

Yo elijo saltar de una vez al inmenso vacío
solo ahí
en el olvido
lograré ser eterno

y apagar 
de una vez y para siempre, 
este desolador frío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario