miércoles, 21 de febrero de 2018

Cuando tú mismo te conviertes en tu peor enemigo

La tela de araña se desteje lentamente sobre mi mente,
atrapándome entre sus finas hebras de seda,
recluyéndome en una hermosa cárcel de resplandores y brillos
con el rocío de la mañana en la frente perlada.

El mundo palpita acelerado
borboteando bajo sus venas de sangre
todo el dolor de una existencia que nos obliga a vivir
aunque no queramos [ bajo tanto desaire ].

La presión
del estómago
hace escombros todo el temple
que algún día pudo forjar los pensamientos
que ahora yacen inertes
bajo horas y horas de ansiedad.

El frío manto de oscuridad
repele la luz en un tétrico baile de sombras
y la muerte acecha a cada instante
sabiéndose poderosa e inmutable.

La tristeza adorna las horas
y el dolor susurra pesadillas,
los sentimientos entran en bucle
y la tortura destila su pérfido aliento.

La inexpugnable fortaleza
a asaltar
por decenas de tropas
en minoría numérica
mantiene érguida toda su decadencia
sucumbiendo la vida a la eternidad de la desesperanza.

Y ya no hay templanza ni seguridad
ante la desidia de la derrota;
la parca se vuelve graznido y alas
y en agorera tempestad infundada cobra forma.


Caída balanza del corazón inestable.

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